Anestesia epidural: Pros y contras

PARTO

Anestesia epidural: los pros y los contras

La anestesia epidural alivia el dolor casi inmediatamente, pero también tiene riesgos y efectos secundarios. Informando y ayudando a la embarazada a ver el parto con confianza puede tomar su propia decisión.

Emilio Santos Leal

La mayoría de mujeres y profesionales consideran la epidural como una mágica solución al dolor del parto y no conciben que se pueda dar a luz sin ella. Así, la anestesia epidural se ha convertido en un símbolo de modernidad y casi de liberación de la mujer.

Sin embargo, es importante conocer que el dolor del parto está muy mediatizado por múltiples elementos. Por ejemplo, cuando se decide inducirlo o estimularlo con oxitocina intravenosa las contracciones son más dolorosas que cuando está guiado por la oxitocina endógena, la que produce la propia mujer, y por el resto de hormonas del parto. La postura horizontal obligada puede hacer que un dolor de contracciones se haga muy intenso, cuando si ese mismo parto pudiera desarrollarse en una postura libre podría ser llevadero.

Otro factor importante es la influencia del estado emocional de la embarazada, que resulta muy condicionado por el de las personas que le acompañan. Un estado mental de prisa, miedo o ansiedad puede hacer que las contracciones del parto sean vividas como insoportables, mientras que con calma, confianza y serenidad, se vive el mismo momento con satisfacción.

Pero aún hay más. En un estudio publicado en 2002 en el American Journal of Obstetrics & Gynecology se evaluaron los factores que influyen en la satisfacción con la experiencia del parto. Los autores encontraron que:

  • Las expectativas
  • La calidad de la relación profesional-paciente
  • El apoyo
  • Y el grado de involucración de la mujer en las decisiones sobre su parto

Son factores tan importantes que superan incluso la influencia del uso de analgesia.

Cuándo debe aplicarse

El momento en que se administra la epidural es importante. Si se hace demasiado pronto puede enlentecer el desarrollo del parto. Lo ideal es esperar hasta que la dilatación esté ya en la fase activa, es decir, unos cuatro cm de dilatación con contracciones muy seguidas.

Si se espera en exceso podría no dar tiempo a administrarla; pero si una mujer ha soportado bien el dolor de la dilatación, suele sobrellevar mejor aún el dolor del expulsivo. Esta fase es psicológicamente más llevadera, ya que el hecho de sentir la necesidad de empujar y poder hacerlo proporciona alivio, además de la sensación de que el parto avanza.

¿Cuáles son sus efectos secundarios?

  • Fórceps y ventosas. La epidural es eficaz para quitar el dolor y proporciona un alivio casi inmediato en la mayoría de los casos. Sin embargo, es necesario conocer que alarga la duración del parto, obliga a una vigilancia más estrecha de la frecuencia cardíaca del bebé y aumenta las tasas de partos instrumentales (fórceps, ventosa), lo que a su vez puede aumentar el riesgo de sufrir un desgarro perineal.
  • Hipotensión. Es bastante frecuente que ocurra un episodio transitorio de tensión muy baja tras su administración, que a veces se refleja en una caída de la frecuencia cardíaca del bebé. Hasta un 30% de las mujeres pueden tener náuseas tras la anestesia epidural y entre un 3 y un 7% presentan vómitos.
  • Afecta a los bebés. Los estudios muestran que nacen menos alerta.
  • La lactancia en riesgo. También se ha constatado que las madres que dan a luz con epidural son más proclives a no dar el pecho o a abandonarlo pronto.

Cuando la situación se complica

La diferencia entre un efecto secundario y una complicación es que el primero se produce aun en el caso que la técnica haya dado resultado. La complicación es resultado de un contratiempo accidental causado por la técnica.

  • Las complicaciones pueden proceder de puncionar accidentalmente la duramadre (membrana que envuelve y protege el encéfalo y la médula espinal), inyectar medicación en el torrente sanguíneo, o de que se forme un hematoma epidural.
  • La punción de la duramadre ocurre aproximadamente en el 1-4% de los casos y causa cefaleas pospunción, dolores de cabeza de intensidad tal que requieren inmovilización y que pueden durar días, semanas o meses, lo que tarde en cerrarse el orificio creado en la duramadre.
  • La inyección accidental del fármaco en el torrente sanguíneo es más rara y puede producir convulsiones o pérdida de conciencia.
  • El hematoma epidural comprime los nervios de la zona y puede producir desde dificultad para mantener el tono en uno de los pies, que llegaría a colgar al caminar, o falta de sensaciones con respecto a la micción, con el consiguiente problemas de falta de vaciado de la vejiga.
  • Tasas de cesáreas. Los estudios no demuestran que la epidural aumenta los índices de cesáreas. Curiosamente, sin embargo, esos mismos estudios demuestran que, en global, la analgesia epidural tampoco influye en la satisfacción materna con respecto al alivio del dolor tras el parto.

La walking epidural

Recientemente, en algunas maternidades los anestesiólogos han empezado a utilizar una variante que se conoce comúnmente como walking epidural, y consiste en ajustar la dosis de fármaco para que sea lo suficientemente baja como para no afectar la movilidad ni la percepción, pero lo suficientemente alta como para quitar, al menos parcialmente, el dolor.

La ventaja es que la mujer puede caminar o moverse mejor durante el parto y, además, puede percibir las contracciones.

El inconveniente es para el profesional, pues exige mayor dedicación.

¿Es la mejor opción para todas?

No. Es erróneo pensar en términos absolutos y dar por hecho que la epidural es la mejor opción para todas las mujeres.

Hay algunas que tienen el deseo de vivir su parto, de sentirse libres y poderosas, llenas de energíay fuerza en el momento de dar a luz, y de vivir de una forma plenamente consciente y con todos los sentidos bien abiertos uno de los momentos de su vida más intensos y que más van a recordar.

El parto, como acto de la esfera de la sexualidad a la que pertenece, cuando es libre y no está interferido, se desarrolla en medio de una mezcla de estados emocionales que hace que la mujer que está de parto no sea consciente del tiempo que pasa, del espacio en el que se encuentra, ni de todas las demás cuestiones que pertenecen a la lógica.

Esta mezcla de emociones se debe a la bioquímica interna del organismo, ya que durante el parto se liberan múltiples hormonas que forman entre sí un cóctel en el cual el dolor es sólo una más de las sensaciones intensas que la mujer percibe.

Cuestión de emociones

Además, este estado hormonal durante el parto tiene una función trascendental de cara al establecimiento del vínculo madre-bebé. Básicamente, las endorfinas, que de forma natural se segregan en un parto compensando el dolor, actúan tras el nacimiento con la función de fortalecer un intenso enamoramiento entre la madre y el bebé.

Si alguien ha practicado un deporte de invierno ha podido percibir el disfrute que hay detrás del intenso frío de la ventisca y de la nieve en una excursión de montaña o de esquí. Las sensaciones de fuerza, de salud, de vitalidad y de libertad que uno percibe al practicar tales aventuras, compensa con creces el frío y el dolor del granizo al caer sobre la cara. Hasta tal punto compensa, que los montañeros se sienten mal el fin de semana que no han podido salir. A nadie se le ocurre proponer a un intrépido montañero hacer una excursión por la carretera de montaña en un taxi. Sin embargo, quien desconociera estas sensaciones podría pensar que sería mucho más inteligente disfrutar de las vistas sin sufrir el frío del aire ni el dolor de los músculos al caminar. La analgesia epidural es un derecho de la mujer y se debe respetar a quien la quiera. Pero hay que tener en cuenta que también es un elemento de medicalización del parto y, por tanto, un factor más de los que transforman a la mujer que pare en una paciente a la que se atiende. Por este motivo, también se debe respetar a quien no la quiera y ocuparse de ella de manera que el dolor no se incremente artificialmente.

Las cosas cambian

Cada vez más hospitales tienen equipos de matronas que trabajan teniendo en cuenta estos factores. La atención al parto en estas unidades se ha hecho mucho más llevadera tanto para los profesionales como para las mujeres. En ellos la analgesia epidural está disponible y se administra a las mujeres que lo piden.

La conclusión es que en estas condiciones, es decir, cuando la mujer da a luz por sí misma, con sus propias hormonas y sin intervenciones innecesarias, la demanda de epidural se reduce sensiblemente, con lo que la madre y el bebé se recuperan del parto con más rapidez.

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