Alumbrar la placenta

PARTO RESPETADO

Aún falta la placenta

El bebé ya se encuentra en brazos de su madre, pero el parto aún no ha terminado. Sin interferir en este primer contacto, en un ambiente íntimo y cálido, el cuerpo dispone de las condiciones idóneas para alumbrar la placenta.

Pilar de la Cueva

Cuando nos quedamos embarazadas, solemos centrarnos en vivir estos nueve meses lo más saludablemente posible, en prepararnos para el parto, informarnos y debatir sobre la lactancia y la crianza, pero a menudo olvidamos ese momento tan importante que transcurre entre el nacimiento del bebé y el alumbramiento de la placenta, y que tiene una gran repercusión en la salud de la madre y de su bebé.

Un momento de calma

La primera fase del parto es el periodo de dilatación. El útero se contrae rítmicamente durante horas, y a veces días, hasta que el cuello tiene el mismo diámetro que la cabeza del bebé, es decir, unos 10 centímetros. En la segunda fase, el bebé se gira y desciende por la vagina hasta asomar la cabeza y salir. Entonces, hay un momento de calma. Ya ha comenzado la tercera fase, que terminará cuando la placenta haya salido completamente.

En ese lapso de tiempo suceden muchas cosas a nivel fisiológico y hormonal, y es vital no interferir con maniobras innecesarias que pueden alterar el proceso. Perturbar esta fase de calma puede aumentar el riesgo de que la placenta quede retenida, de que el útero sangre en exceso, que el bebé no inicie bien sus funciones fisiológicas, o que el vínculo bioquímico y emocional entre madre e hijo no se realice del modo adecuado. Todo está perfectamente interconectado y autorregulado, y si observamos sin intervenir y confiando en la sabiduría del instinto, funciona a la perfección, salvo excepciones.

Vuelven las contracciones

El recién nacido comienza a interactuar con la madre, el cordón deja de latir y empieza a respirar por sí mismo, para más tarde iniciar la lactancia materna. Al mismo tiempo, el útero se contrae para volver a cerrarse fuertemente tras quedar vacío. Es entonces cuando se produce el alumbramiento de la placenta, que hasta ese momento ha estado unida al útero por una amplia superficie adherida a su cara interna mediante vasos sanguíneos que han enraizado en ella.

Hacia el final del embarazo, la placenta se ha ido calcificando y los vasos sanguíneos se han hecho menos fuertes. El sistema inmune va notando que es un tejido ajeno, diferente, y bajo el proceso hormonal del parto, tras la salida del bebé y un periodo de descanso de más o menos minutos, se inicia un nuevo ciclo de contracciones que van desprendiéndola poco a poco, de forma que cada parte que se suelta va quedando contraída, y así esos vasos sanguíneos se sellan con el cierre del músculo uterino y no sangran. La poca sangre que se desprende en cada zona queda acumulada y sale de golpe después de la placenta, o bien poco a poco al mismo tiempo que ella, dependiendo de si sale de lado o se ha desprendido por el centro. De color rojo oscuro y gruesa, la placenta aparece rodeada por membranas blancas que antes eran la bolsa de las aguas que envolvía al bebé.

La función del cordón

El momento en el que se pinza el cordón umbilical es muy importante en este proceso de transición a la vida fuera del útero materno, porque después del nacimiento aún está unido al bebé, que ya está en brazos de su madre, y a la placenta, que todavía permanece adherida al útero. En ese momento, a través del cordón continúa fluyendo alimento y oxígeno de la madre al bebé.

La urgencia por cortar el cordón es un mito sin base científica y una imprudencia en la mayoría de los casos. En algún momento entre la salida del recién nacido y la de la placenta, el cordón dejará de latir. Hasta entonces es muy importante para asegurar el aporte ininterrumpido de oxígeno al bebé, que logrará autoabastecerse sin su placenta cuando comience a respirar.

Si el cordón se corta antes de que esto ocurra, hay un momento en que se suspende la oxigenación de todos los órganos de su cuerpo, sobre todo de su cerebro. Durante décadas de nacimientos medicalizados e intervenidos, la ciencia no reparó en cuál sería la vivencia del bebé en ese momento de angustia que experimenta cuando permanece unos segundos sin recibir oxígeno hasta que consigue empezar a inhalar suficiente mediante sus propios pulmones.

Dejar el cordón sin cortar, esperando que poco a poco deje de latir, permite que la transición hasta recibir oxígeno del exterior sea lenta, gradual y sin estrés.

Empezar a respirar

Desplegar los pulmones que se crearon plegados y que han permanecido así durante nueve meses es una tarea compleja y delicada que se realiza con un cambio de presiones brusco tras la salida del bebé y el inicio del desprendimiento de la placenta. Este cambio de presiones se produce en la circulación de la sangre que cambia de dirección en todo el cuerpo, invirtiendo los flujos dentro del corazón.

La sangre oxigenada que antes entraba desde la madre y la placenta por el cordón umbilical ahora llegará de los pulmones al corazón, que la repartirá por todo el cuerpo a través de la arteria aorta.

Empezar a respirar por sí mismo con oxígeno que aún llega por el cordón umbilical, encima del pecho cálido de la madre, con su olor y sus caricias, es una experiencia muy diferente a tener que hacerlo en un lugar frío, rígido o áspero, con luces potentes, sin la contención física que antes proporcionaba el útero y con sensación de asfixia.

La llamada humanización de la atención al nacimiento va más allá de realizar o no determinadas prácticas clínicas, y abarca aspectos emocionales que influyen en la salud psicológica, tanto del bebé como de la madre, probablemente más de lo que pensamos. No hay que olvidar que el recién nacido está diseñado para permanecer en contacto con la madre, igual que ocurre con los demás mamíferos.

Un ambiente adecuado

En ocasiones, la temperatura fuera del útero es más baja que en el cálido ambiente donde el bebé ha permanecido nueve meses. Por suerte, la madre sigue funcionando como un perfecto calefactor que le ofrece a su hijo la temperatura ideal.

Cuando se coloca a un bebé encima del pecho desnudo de su madre, ella aumenta o reduce la temperatura de su propia piel hasta adaptarla a la que necesita su hijo. No hay mejor incubadora, salvo que haya un problema grave.

Ahora los sonidos ya no están atenuados por el líquido amniótico, tampoco las luces están tamizadas. Por esta razón, el ambiente debe ser cálido, silencioso e íntimo, así los primeros sonidos y olores podrán ser los de su madre, y el primer contacto con bacterias nuevas se dará con las de la piel materna.

La primera mirada

En este tercer periodo ocurre un proceso paralelo al alumbramiento que facilita que la salida de la placenta sea más segura. Es el inicio del contacto de la mujer con su hijo y la interacción entre ambos, que provocan un aumento de la producción de oxitocina, esa hormona natural que crea el cerebro de la madre ante estímulos como el contacto con el bebé, su mirada y su olor. No solo eso, sino que además hay un mecanismo de seguridad añadido. Si se deja a un bebé encima del pecho desnudo de la madre sin interferir con ruidos, voces o luces, poco a poco irá reptando hacia el pecho proporcionando estímulos táctiles en la zona del pecho y del torso de la madre, acariciando y chupando el pezón hasta llegar a hacer un agarre perfecto para poder mamar.

Toda esta danza produce la descarga de grandes cantidades de oxitocina, encargada de contraer el útero potentemente para que no se produzca una hemorragia.

Impedir este primer contacto en intimidad, crear en la mujer miedo o tensión, o llevarse al bebé, reduce este aumento de la producción de oxitocina. En contadas ocasiones está justificado separar a la madre y al bebé, o realizarle pruebas como pesarlo, ponerle medicación... justo en ese momento tan importante, cuando intercambian las primeras miradas, caricias, palabras... a partir de las cuales se establece ese vínculo tan especial entre ambos.

Unas prácticas inadecuadas aumentan el riesgo de hemorragia y toda una serie de problemas ya conocidos, como el aumento del riesgo de infecciones, la hipoglucemia, la dificultad para regular la temperatura, el aumento de las hormonas del estrés, la bajada de las defensas y los problemas con la lactancia.

Dirigir o no la expulsión

Diferencias importantes

La oxitocina sintética y la endógena no son iguales, ya que mientras la primera solo contrae el útero, la segunda tiene efectos sobre el comportamiento y el vínculo amoroso madre-bebé.

¿Conviene estimular?

  • Muchos estudios han demostrado que poner medicación y presionar la placenta tirando del cordón para extraerla más rápido reducen las probabilidades de sangrar y el riesgo de hemorragia.
  • Las Guías de Práctica Clínica recomiendan inyectar oxitocina tras la salida del bebé, aunque en la versión para los padres ofrece la posibilidad de prescindir de esta práctica si no es necesaria.

Un trato personalizado

Puede haber situaciones en las que realmente sea más seguro dirigir el alumbramiento con medicación; por ejemplo, úteros muy distendidos por un embarazo gemelar, mujeres multíparas en las que el útero no se contrae igual o problemas de salud que lo aconsejen. Pero cada caso debería ser supervisado de forma individual y la mujer informada.

Favorecer el proceso fisiológico

En el alumbramiento de la placenta influye el estado emocional de la mujer y el entorno y el clima que la rodea. Por eso es muy importante:

  • Mantener un clima tranquilo, cálido, acogedor, silencioso y con una luz tenue que ofrezca intimidad y evite distracciones a la mujer.
  • Una temperatura cálida es básica para evitar que la madre eleve la producción de adrenalina.
  • Estar en compañía de las personas que desee, sin observadores externos y con las puertas cerradas.
  • Controlar y observar las constantes vitales y los signos clínicos en silencio, y sin crear sensación de peligro cuando realmente no lo hay.
  • Si fuera necesario hablar con la mujer, siempre debe hacerse con mucha calma.
  • Respetar los tiempos que un nacimiento sin complicaciones necesita. Se deben evitar anestesias prolongadas y no agotar al útero con fármacos, salvo necesidad.
  • Asegurar el contacto piel con piel inmediato e ininterrumpido de la madre y el bebé, que beneficia al recién nacido, y al mismo tiempo favorece la producción de oxitocina natural y la expulsión de la placenta.

Estudios incompletos

Solo en el hospital

  • Las investigaciones demuestran que poner oxitocina y presionar la placenta reduce el riesgo de hemorragia, pero también aclaran que se han hecho con datos de partos hospitalarios donde es más probable que se estimulen con medicación, que las mujeres no tengan libertad de movimiento o las separen de sus bebés.

No existen datos

  • Estos mismos estudios señalan que las recomendaciones no son aplicables a nacimientos en casa, por lo que cabe suponer que tampoco lo son a partos en condiciones fisiológicas en los que el útero conserva la capacidad de contraerse, aunque sean en un hospital.
  • En realidad, no se ha valorado qué ocurre en aquellos partos que tienen lugar en entornos amigables que no generan tensión y permiten permanecer en contacto con el bebé, partos donde las mujeres sanas producen grandes cantidades de hormonas naturales.

Un reto pendiente

  • Quizá en un futuro se realicen trabajos teniendo en cuenta todos estos factores, y entonces se podrá valorar realmente cuál es el modo más apropiado de actuar.

El primer contacto con el padre

  • La unión primigenia y biológica del bebé se realiza con su madre, pero no debe dejarse a un lado la importancia que supone para ambos que la persona que la acompaña pueda disponer de un momento de intimidad para realizar ese primer contacto con el bebé, a la vez que la madre lo sostiene sobre su pecho acompañándolos sin interferir, u horas más tarde dándose su primer abrazo a solas.
  • Ser un apoyo emocional, tranquilo y silencioso es un pilar más para el perfecto funcionamiento del cuerpo en esta tercera fase del parto, y también para el propio bienestar emocional y familiar.

Artículos relacionados