¿Conoces la walking epidural?

PARTO

¿Conoces la walking epidural?

La inmovilidad es uno de los factores que más pueden entorpecer la evolución del parto. Sin embargo, incluso con la epidural es posible moverse en algún grado.

Blanca Herrera

El parto es movimiento y el movimiento facilita el parto. Eso ya es algo evidente para los profesionales de la atención al parto de hoy.

Lo que sucede durante esas horas podría compararse a los movimientos que realizamos para sacarnos un anillo del dedo: no lo hacemos tirando de él con fuerza en línea recta. El dedo vendría a ser nuestro bebé, que está dentro del canal del parto, y el anillo, nosotras, nuestro cuerpo, nuestra pelvis.

Este símil nos permite entender cómo el movimiento ayuda al bebé a nacer. Para sacar el anillo es necesario, por una parte, mover el dedo (como nuestro bebé, que va moviéndose, rotando y flexionando su cabeza a medida que va avanzando por la pelvis, empujado por las fuertes contracciones del útero), y por otra, que nosotras vayamos desplazando el anillo de un lado a otro, girándolo (como movemos nuestro cuerpo según las necesidades que vamos notando durante el parto, “bailando” la pelvis, agachándonos, levantando una pierna, etc.).

Pero ¿qué ocurre cuando recurrimos a la analgesia epidural?

Bien, la Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Normal del Ministerio de Sanidad y la evidencia científica recogida en todas las recomendaciones internacionales nos dicen que el mejor método de alivio del dolor en el parto es la analgesia epidural. Aunque también nos dicen que el alivio del dolor no es un factor determinante en el grado de satisfacción que tiene la mujer en relación a la experiencia vivida durante el parto.

Son más determinantes otros factores, como:

  • Un adecuado acompañamiento profesional.
  • Estar involucrada en la toma de decisiones.
  • La relación existente con los profesionales que te acompañen.
  • El cumplimiento de las expectativas que se tienen, etc.

La misma guía y la misma evidencia científica también nos dicen que, en caso de escoger este tipo de analgesia, es preferible la epidural a baja dosis, o walking epidural, que permite a la mujer moverse libremente, ya que provoca menor bloqueo motor, aunque la sensación dolorosa no termina de eliminarse.

Es decir, parece más sensato mantener un cierto grado de dolor (de manera que este sea tolerable) y poderse mover (para seguir moviendo el anillo), que eliminar toda sensación dolorosa y estar inmovilizada durante la dilatación y el parto.

No obstante, aún hay muchos hospitales en los que el tipo de analgesia epidural que se utiliza provoca mucho bloqueo motor, circunstancia que enlentece el parto, especialmente el período de expulsivo.

Por ello, es importante que si decidimos recurrir a la analgesia epidural como método de alivio del dolor, la solicitemos a baja dosis. Así, al menos, nos podremos mover un poco durante la dilatación.

Intensidades variables

Las caracterísiticas generales de estos dos tipos de analgesia son:

Epidural a baja dosis o walking epidural

  • Mantiene un cierto grado de sensibilidad y, por lo tanto, una molestia ligera bastante tolerable.
  • Este tipo de analgesia permite que la mujer se pueda mover durante el proceso de dilatación de forma bastante “normal” e, incluso, percibir la sensación de pujo.

Epidural a alta dosis o “epidural tradicional”

  • Provoca un bloqueo sensitivo mayor.
  • Apenas se nota sensación dolorosa (salvo que aparezcan “ventanas” o se lateralice).
  • No permite la movilidad, salvo en la cama, porque hay un importante bloqueo motor.

Con las epidurales a baja dosis, la mujer podría y debería poder moverse libremente durante la dilatación y el expulsivo, buscando posiciones que faciliten el proceso, según la fase del parto en la que se encuentre. Así, durante las fases iniciales de la dilatación, cuando la cabeza del bebé todavía está alta, debería buscar posiciones que abran el estrecho superior de la pelvis y que faciliten la entrada del bebé: deambular moviendo las caderas y balanceando la pelvis.

A medida que avanza el proceso y la cabeza del bebé va descendiendo por el canal del parto, se deberían buscar posiciones que abran un poco más el estrecho medio e inferior de la pelvis, y que faciliten el encajamiento y el expulsivo.

Si se opta por una epidural a alta dosis, cambiar de postura puede ser complicado, ya que la mujer está inmovilizada y las sensaciones, adormecidas.

Al inicio de la analgesia, y con objeto de que se distribuya de forma similar por ambos lados, es frecuente pedirle a la mujer que se quede recostada boca arriba durante un rato. Una media hora suele ser suficiente.

Pasado este tiempo, en el que además es habitual que se controlen las constantes maternas y se monitorice de forma más concienzuda la frecuencia cardiaca del bebé, se debería poder cambiar de postura.

En la primera fase del parto, al igual que en el caso de las mujeres que no tienen analgesia o que tienen una epidural a baja dosis, se las debería ayudar a buscar posiciones que abran el estrecho superior de la pelvis, para que el bebé se pueda encajar.

Y en la fase más avanzada y en el expulsivo, posiciones que abran el estrecho inferior de la pelvis.

Es importante recordar que no es aconsejable mantener la misma posición durante largos períodos de tiempo.

Especialmente con epidurales a alta dosis, tampoco es aconsejable mantener posiciones que estiren demasiado los músculos y los ligamentos: los receptores sensitivos de músculos y ligamentos que nos avisan están dormidos por la anestesia. Así, podemos estar adoptando posiciones demasiado forzadas que pueden derivar en alguna lesión que cause molestias y dolores, complicando considerablemente el posparto inmediato.

¿En qué momento pedirla?

La epidural puede ponerse en cualquier momento de la dilatación (¡incluso en el expulsivo!). No hay criterios clínicos para no hacerlo.

El dolor puede variar mucho según la propia vivencia, la evolución del parto y el tipo de asistencia. Por eso, merece la pena que la analgesia no sea un objetivo, sino un recurso disponible en caso de necesidad.

No obstante, ponerla cuando la mujer está ya en fase activa del parto (a partir de los 4 cm de dilatación) disminuye alguno de los posibles efectos secundarios de la misma (fiebre intraparto, evolución lenta, etc.).

Si la progresión del parto ha sido buena y se prevé que va a continuar siéndolo, ponerla con la dilatación muy avanzada o en fase de expulsivo no parece tener mucho sentido, puesto que lo peor ya ha pasado y se trata de una técnica médica con posibles efectos adversos.

Aun así, cada mujer debe ser dueña de su cuerpo y, por lo tanto, libre de elegir el modelo o tipo de parto que desee y, consecuentemente, el uso o no de analgesia epidural.

Una posibilidad es mantenerse a la expectativa. En el parto fisiológico, no estimulado con oxitocina sintética, el dolor es menor y más llevadero, y la analgesia puede no ser necesaria, o serlo en una fase avanzada.

Elegir moverte en libertad

En condiciones normales, cuando la mujer que está de parto puede moverse libremente, en esta fase se suelen buscar posiciones como estas:

  • En cuclillas, reclinadas hacia delante.
  • A cuatro patas.
  • De pie apoyadas, inclinadas sobre algo o alguien...
  • Incluso algunas mujeres optan por tumbarse en la cama en decúbito lateral (de lado) flexionando una de las rodillas.
  • También espontáneamente, se suelen buscar posiciones de asimetría, puesto que es habitual que el bebé esté entrando más por un lado que por otro, y con estas posturas lo ayudamos a acomodarse mejor en la pelvis.

Obviamente, con la analgesia epidural a alta dosis la mujer no puede ayudar a su hijo de la misma manera, puesto que su movilidad está mucho más reducida, al igual que sus sensaciones.

Dejarse llevar en la dilatación

Mantener cierta sensibilidad permite a las mujeres “sentir” qué posición les va mejor en cada momento.

Hay varias opciones:

  • Sentada en un sillón. Si es posible, y con ayuda de nuestra pareja y la matrona, podemos sentarnos en una butaca. Necesitaremos ayuda para ir de la cama al sillón. Es importante recordar que para desplazarnos no deberemos doblar las rodillas, sino andar con las piernas rectas, porque es en las flexiones cuando perdemos fuerza y nos podemos caer. Nos sentaremos bien derechas sobre los isquiones (los huesos de la parte baja de la pelvis) con la espalda erguida, evitando estar recostadas.
  • Sentada en la cama. Se puede adoptar la posición semisentada en la cama, con las piernas estiradas o, si nos resulta posible, con las rodillas flexionadas y las piernas abiertas (posición de Buda). Si nos colocamos en esta postura es muy importante recordar que, con la analgesia epidural, los músculos y ligamentos no nos avisan de que estamos sobrepasando su límite de estiramiento y que podemos lesionarnos algunos ligamentos o articulaciones si forzamos mucho la posición o la mantenemos durante demasiado tiempo. Se puede minimizar el riesgo poniendo almohadones o cojines bajo las rodillas para evitar que las piernas cuelguen demasiado. Es una muy buena postura para abrir el estrecho superior.
  • Decúbito lateral (de lado). Otra opción es tumbarse en la cama con la barriga apoyada sobre el lado del dorso del bebé (es decir, el lado donde el bebé tiene su espalda), con almohadones o cojines en nuestra espalda para ayudarnos a mantener la posición.

Cómo colocarse al final

Durante el expulsivo, que en mujeres con epidural puede prolongarse unas cuatro horas, es muy importante cambiar de posición frecuentemente. Es recomendable hacerlo cada 30-40 minutos para evitar que la vulva se inflame o edematice en exceso, favorecer el descenso del bebé por el canal de parto y no sobrecargar los ligamentos y las articulaciones innecesariamente.

  • Posiciones verticales. Podemos intentarlas siempre que seamos capaces de mantenernos en pie o en una silla de partos de forma confortable, eso sí, con ayuda de alguien. Las posiciones en cuclillas suelen ser bastante difíciles con epidural.
  • Cuadrupedias. A cuatro patas, de rodillas apoyada sobre un sillón o de pie apoyada en la cama e inclinada hacia delante, siempre que el tono motor lo permita. Son posiciones que ayudan a descender al bebé cuando es grande o cuando su cabeza está mal posicionada, algo que ocurre con relativa frecuencia en mujeres con epidural.

Estas dos modalidades son posibles siempre que se conserve cierto grado de fuerza motora, si no es así y no se puede mantener la posición, se tendrá que recurrir a otras posturas en las que no sea necesario realizar fuerza con las piernas (por ejemplo, echada de lado).

  • En la cama. En posición semisentada se puede empujar casi sin hacer esfuerzo con las piernas. Con la ayuda de nuestra pareja y de la matrona quizá podremos flexionar las rodillas, llevándolas hacia los hombros, adoptando la posición de cuclillas, pero tumbada en la cama. Cuando termine la contracción y dejemos de empujar, podremos volver a estirar las piernas para tratar de relajarnos y descansar.
  • SIMS o decúbito lateral. Es una de las posiciones más cómodas para las mujeres que tienen puesta analgesia epidural: de lado en la cama sobre el dorso del bebé. La pierna de abajo debe de estar más estirada y echada hacia atrás, de manera que el vientre quede bien apoyado en el colchón. Así, la pierna que está por encima caerá flexionada sobre la que reposa en el colchón, casi como si quisiéramos tumbarnos boca abajo. Cuando venga una contracción, podemos (con o sin ayuda de nuestra pareja o de la matrona) flexionar la rodilla superior en dirección al hombro.

En general, con o sin epidural, el movimiento tiene una importancia fundamental en el parto, especialmente en la fase de expulsivo, siempre que nos guiemos por nuestras sensaciones, por lo que el cuerpo nos pida en cuanto a postura o descanso y por la necesidad de confort.

Una mujer puede probar diferentes posiciones durante la dilatación y el parto. Finalmente, en una de ellas culminará el nacimiento de su bebé.

No es que esa posición final sea la mejor, sino que, simplemente, el camino que había de recorrer su bebé a través de su pelvis ha terminado.

Todas las posiciones ayudan de una manera u otra, y muchas veces es el cambio de posición, el movimiento en sí mismo, lo que facilita el descenso y el nacimiento de nuestro bebé.