El papel del padre en el parto

PARTO

¿Cual es el papel del padre? El que tú necesites

La presencia del padre en el parto ha pasado de ser tabú a ser la regla. Ahora conviene tener una actitud flexible y pensar qué es lo mejor en nuestro caso.

Isabel Fernández del Castillo

Lejos han quedado aquellos tiempos en los que el papel de la pareja durante el parto era cercano a nulo.

Todos recordamos decenas de películas antiguas en la que las escenas de nacimiento eran muy parecidas: la mujer daba a luz en la habitación, rodeada de una o dos mujeres expertas de su entorno, mientras el padre de la criatura calmaba sus nervios cumpliendo con la muy noble misión de hervir agua, fumando o tomando unas copas en el bar del pueblo.

Actualmente el imaginario sobre el parto ha variado mucho, y cualquier escena de este tipo en una película o serie de televisión se resuelve de una manera muy distinta... y grotesca: a la primera contracción, el padre del bebé que va a nacer se pone a hacer respiraciones forzadas y artificiales con su mujer, como si a ella, de repente, se le hubiera olvidado cómo respirar, y como si en ello fuera la vida de la madre y la criatura.

Entre ambos tipos de escena han pasado más de 50 años, y muchas cosas han cambiado.

Ya no es cosa sólo de mujeres

En todas las culturas de la tierra el parto ha sido siempre un asunto femenino.

La irrupción del hombre en el paritorio ha sido algo reciente en la historia de la humanidad, y paralelo al proceso de progresiva medicalización y tecnificación de los partos.

El traslado de escenario del hogar al hospital cambió profundamente el ambiente en el que transcurría el nacimiento, y de parir en una presencia femenina, la mujer pasó a dar a luz rodeada de perfectos desconocidos que trabajaban sobre su cuerpo, y con un control prácticamente nulo del proceso.

Es en este contexto de soledad y falta de protagonismo que la mujer embarazada comenzó a reclamar la presencia de su pareja en la sala de partos.

Así, la cultura en torno a la figura del marido cambió en muy pocos años, hasta el punto de convertirse casi en una norma que la pareja estuviese presente en todo momento. ¡Qué duda cabe que la evolución de los roles y de la relación entre hombres y mujeres ha tenido una gran influencia en este proceso! Sin embargo, cabe preguntarse si la presencia de la pareja es beneficiosa en todos los partos, hasta el extremo de convertirla en una regla de oro.

La compañía que te conviene

En principio, la presencia del padre no es buena ni mala. Depende. De todos modos, es mucho más fácil saber qué es lo que más conviene cuando se conocen las necesidades básicas de las mujeres de parto.

El parto es un acontecimiento instintivo, e involuntario, en el que la primera necesidad es sentirse segura, en intimidad y no observada.

Si una embarazada se siente observada tendrá problemas para dilatar. Es por ese motivo que cuando se intenta filmar el parto de una hembra mamífera de cualquier especie, el parto siempre se complica y alarga. Michel Odent cuenta en su obra El granjero y el obstetra cómo unos reporteros quisieron filmar el parto de una elefanta en el zoológico de Nueva York. El desenlace fue que hubo que practicarle una cesárea para que el elefantito pudiera nacer. Es impensable que algo así pudiera suceder a una elefanta salvaje.

Si extrapolamos esta experiencia al entorno en el que dan a luz las mujeres, mamíferas al fin y al cabo, se entienden las dificultades que algunas suelen experimentar para dar a luz en el hospital. El Dr. Michel Odent asegura que muchas mujeres afirman verbalmente necesitar a su marido en el parto, mientras su lenguaje corporal indica lo contrario. También ha observado en numerosas ocasiones cómo mujeres que dilataban muy lentamente en presencia del marido, se deshinibían, comenzaba a gritar a su antojo, y parían a su bebé en unos minutos... cuando el marido salía a hacer unas compras. Y ésa es la clave sobre la que merece la pena reflexionar al valorar la presencia del padre en el parto: Más allá de lo que deba o no deba ser, que el padre esté presente...

¿Inhibe o favorece el progreso del parto?

Esta valoración puede variar muchísimo de una pareja a otra, de un hombre a otro. Que la pareja sea la persona idónea o no depende de muchas cosas: de la relación que haya entre ambos, de la idea que tengan del parto, del miedo o la confianza que uno y otro tengan en la naturaleza...

La cualidad más importante que debe tener la persona que acompañe a la mujer es la discreción. Si la primera necesidad de una mujer es sentirse segura, pero no observada, el marido debe poder comportarse de esa forma: estar disponible, pero en la retaguardia, situado en una esquina, sin intervenir ni hablar si ella no lo solicita.

Hay hombres muy resolutivos que pueden tener dificultades para esperar durante horas sin hacer nada, o casi nada, esperando con paciencia a que su mujer complete el proceso. Quizás este marido insista a su mujer para que acepte la epidural, a pesar de que era algo que no estaba entre sus planes.

Tú eres quien decide

Según Michel Odent, con la maestría obtenida en 50 años de vida profesional, la compañía más beneficiosa para una mujer de parto es la de otra mujer más madura, que haya sido madre y haya vivido una o varias experiencias positivas de parto.

Hay mujeres, sin embargo, que aseguran que no habrían conseguido tener una buena experiencia sin su marido. Finalmente, quizá no sea tan importante el género de la persona que permanece junto a la mujer de parto, como sus cualidades y la relación de confianza entre ambos.

La empatía, el respeto, el cuidado o el apoyo son básicos. Y esas cualidades no son exclusivas del género femenino.

En cualquier caso, lo importante es poder decidir con libertad.

Libertad para elegir

El acompañamiento en el parto por una persona de confianza ha demostrado ser un factor que favorece su evolución, y reduce la necesidad de analgesia y la tasa de intervenciones médicas, como episiotomías, inducción con oxitocina o cesáreas.

Pero la elección de esa persona corresponde únicamente a la mujer, quien además debe poder cambiar de parecer en cualquier momento.

En nuestro país, en muchos centros hospitalarios se da por sentado que la persona que va a acompañar a la parturienta es el padre del bebé. Eso hace que muchas parejas ni siquiera se planteen la posibilidad de hacerlo de otra manera.

Sin embargo, la Estrategia de Atención al Parto Normal recomienda “permitir y alentar a todas las mujeres a que cuenten con personas de apoyo en todo momento durante el parto” y “promover una política institucional que permita a las parturientas elegir libremente desde las etapas más tempranas del trabajo de parto”.

¿Cuáles serán tus necesidades básicas?

Seguridad

El miedo aumenta la producción de adrenalina, y ésta inhibe la secreción de oxitocina, hormona del parto. Y la adrenalina, y el miedo, son contagiosos.

Si tu pareja tiene una idea negativa del parto podría impedir que estés lo suficientemente relajada como para dilatar bien.

Privacidad

La parturienta necesita intimidad. Sentirse observada, la luz intensa o estar obligada a mantener conversaciones estimula su neocórtex (cerebro racional), y entorpece el parto.

Si tu pareja no es capaz de permanecer en un segundo plano y necesita dirigir o “resolver” la situación, quizá no sea la persona idónea.

Desinhibición

En el parto la mujer debe abandonar el control y comportarse de manera totalmente deshinibida.

A algunas mujeres puede no apetecerles que su compañero sexual las vea en esa situación. En ese caso, su presencia puede actuar como un factor inconsciente de inhibición.


Así es el buen acompañante:

Transmite confianza

Lo primero que necesita una mujer de parto es tener confianza en su capacidad para llevar a cabo el proceso.

La pareja puede ser de gran ayuda si conecta con las necesidades y deseos de su mujer, confía en ella y la apoya incondicionalmente. También, si confía en la sabiduría de la naturaleza y entiende que todo tiene su ritmo... aunque sea lento.

Media ante el hospital

El padre puede jugar un importante papel como intermediario ante el hospital, ocupándose de que las circunstancias externas se acomoden a los deseos de su mujer, y así ella pueda relajarse y permitirse entrar en el estado alterado de consciencia que acompaña al parto.

Sabe estar

Es muy importante que la persona que acompaña a la mujer de parto sepa estar, sin interferir. Si se sitúa frente a la mujer, mirándole a los ojos, será difícil que ella se pueda relajar. Es mucho mejor situarse a su espalda, en una situación discreta, hablar lo imprescindible, y no intervenir si ella no se lo pide.


¿Cómo prepararse (él) para la experiencia?

Acompañar a la propia mujer en su parto no es algo que se pueda improvisar. Si la mujer decide que desea tener a su marido en el parto, es importante que éste se informe a fondo sobre la fisiología del parto y las necesidades de la mujer.

Y que conozca cuáles son las motivaciones, los deseos y preferencias de su mujer.

Pero, sobre todo, que esté dispuesto a apoyarla.

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