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Entrevista

"Cuanta más gente asiste al parto, más difícil es"

El doctor Michel Odent lleva décadas luchando por un parto más humanizado. Aboga por dar a luz en un entorno muy tranquilo y en total intimidad

Gemma Salgado

Nacido en Francia hace 84 años, Michel Odent es una de las personalidades más influyentes en la investigación y divulgación de un parto más humanizado. Este obstetra fue el primer médico que introdujo en un hospital público (la maternidad del Hospital de Pithiviers, cerca de París, de la que era director) el concepto de parto natural, utilizando además piscinas inflables llenas de agua tibia para aliviar el dolor de la madre y como alternativa al uso de fármacos. También es el ideólogo de las home birthing rooms (habitaciones de ambiente hogareño y acogedor) para favorecer un parto más rápido y seguro.

En su reciente obra, Nacimiento y la evolución del Homo sapiens, que acaba editar Liebre de Marzo, aborda cómo los cambios que están teniendo lugar en el nacimiento –como el aumento de cesáreas o la inhibición de la oxitocina natural– pueden influir en el ser humano.

Dibuja un panorama un tanto alarmante acerca del futuro que nos espera si se siguen realizando nacimientos tan medicalizados. ¿Cree que habrá cambios tan drásticos a medio plazo?
En el libro no he querido hacer de profeta, pero es un hecho constatable que el periodo de nacimiento es la fase de la vida que se ha transformado más profundamente en las últimas décadas. Por ejemplo, ahora podemos decir que no son necesarias las llamadas "hormonas del amor" para dar a luz a un bebé, y eso es nuevo. O bien que, cuando un bebé acaba de nacer, a menudo su sistema inmunitario no se ve programado por los millones de microbios que son familiares para la madre, ya sea porque muchos de estos bebés se ven expuestos a antibióticos que toma la madre y que matan todos los microbios, o bien porque nacen por cesárea en una sala quirúrgica donde impera una asepsia total. Es decir, que el bebé no se ve colonizado al nacer por los mismos microbios que alberga la madre y que hasta ahora eran los que empezaban a educar su sistema inmunitario.

¿El nacimiento constituye un periodo crítico en la formación del individuo?
Sí, y cada vez hay más estudios que explican que la manera de nacer tiene consecuencias a largo plazo. Esto nos lo enseña una disciplina científica nueva como la epigenética, que se interesa en investigar cómo los genes se educan en cada fase de la vida, y se les educa, entre comillas, para manifestarse y expresarse o no. Parece que el momento del nacimiento es importante. Además, hoy comprendemos mejor cómo funciona el mecanismo de la evolución. Hace veinte años solo se pensaba en las mutaciones genéticas –transformaciones muy lentas–, y hoy comprendemos que pueden darse transformaciones rápidas. Por otra parte, la bacteriología moderna nos enseña, por ejemplo, que la madre le transmite al bebé mucho más que sus genes. Le transmite también el microbioma, es decir, todos los microbios que forman parte de su cuerpo. Antes conocíamos el proceso de selección natural, pero lo asociábamos a las mutaciones genéticas. Ahora la selección natural también hay que asociarla a estas transformaciones rápidas.

La madre transmite al bebé mucho más que sus genes, le transfiere todos los microbios de su cuerpo

¿Cómo puede influir el aumento de los nacimientos por cesárea en los seres humanos del futuro?
De múltiples maneras. Se suele decir que desde el momento en que comenzamos a separarnos de los demás miembros de la familia de los chimpancés, hace unos seis millones de años, las dimensiones de nuestro cráneo empezaron a aumentar, y lo hicieron hasta que se alcanzó un límite. Porque, ¿qué hubiera sucedido si el perímetro craneal hubiera continuado creciendo? Pues que la mujer no habría podido dar a luz. Las dimensiones de la pelvis de la madre también habrían tenido que ampliarse, y eso no hubiera sido posible porque habría limitado su locomoción.

Hasta hace poco se afirmaba que el crecimiento del cráneo había llegado ya a su límite en relación al tamaño de la pelvis, y que la tendencia al aumento del volumen craneal no podría transmitirse a las siguientes generaciones. Pero ahora, con las técnicas modernas de la cesárea, la tendencia al aumento del perímetro craneal –lo que los científicos llaman el grado de encefalización, es decir, el tamaño comparativo del cerebro con el resto del cuerpo–, ya puede ser transmitido genéticamente. De modo que podemos pensar que, a partir de un determinado número de generaciones, el grado medio de encefalización tal vez habrá aumentado.

Pero eso es una suposición.
Solo es un ejemplo de algo que podría ser factible. Y hay otras transformaciones que pueden darse. La epigenética enseña que cuando una función fisiológica se utiliza menos se va debilitando. Un buen ejemplo de ello es el sistema de la oxitocina. Hasta hace poco, para dar a luz al bebé y a la placenta, tenía que activarse de forma muy intensa el sistema de la oxitocina de la mujer. Ahora las mujeres ya no necesitan la oxitocina natural para tener a sus hijos, pues la sustituyen, en la mayor parte de los casos, por una profusión de oxitocina sintética. O bien se les hace una cesárea. Como cada vez necesitamos menos este sistema fisiológico, podemos preguntarnos si no va a debilitarse en un futuro. Eso es importante.

Dice en su libro que una de las posibles transformaciones debidas a esta falta de oxitocina es la merma de empatía. ¿Seremos cada vez menos empáticos?
Cuando abordaba la debilitación del sistema de la oxitocina en el organismo humano me planteaba si eso nos podría conducir hacia una sociedad menos empática. Pero también podemos preguntarnos si ese proceso no está ya en marcha o si el sistema de la oxitocina no está ya debilitado actualmente. En mi libro cito un estudio que se publicó en junio de 2010 por una sociedad científica americana, la Association for Psychological Science. Era una síntesis de 72 estudios sobre la capacidad de empatía de los estudiantes norteamericanos. En él se llegaba a la conclusión de que la capacidad media de empatía de esos estudiantes, que sin duda tiene relación con la capacidad de amar en general, disminuyó en un 40% entre 1979 y 2009.

Con tantas cesáreas, quizás el sistema de producción de oxitocina natural se debilite en el futuro

¿El cambio en el microbioma debido a estas transformaciones en el nacimiento podría dar lugar a diferentes enfermedades posteriores?
En efecto, porque el sistema inmunitario del recién nacido ya no se ve programado de la misma manera que antes en cuanto acababa de nacer. Cabe preguntarse si en el futuro no puede ser que ocurran más desregulaciones del sistema inmunitario de las personas, como por ejemplo enfermedades alérgicas o autoinmunes, que se dan cuando el sistema inmunitario se equivoca de objetivo y ataca órganos en el propio cuerpo en vez de luchar contra microbios que le perjudican. Por ejemplo, en la diabetes del tipo 1 el sistema inmunitario se equivoca y empieza a destruir el páncreas. También podemos preguntarnos si no está empezando ya a haber una transformación en este sentido, porque es un hecho que cada vez hay más enfermedades alérgicas y autoinmunes.

¿Estas alteraciones podrían deberse a la falta de contacto con estos microorganismos primarios?
Claro. Si el bebé nace en una sala de operaciones su cuerpo no se ve colonizado de forma inmediata por muchos microbios, porque se trata de una zona aséptica. Hay muchos menos y no son los mismos que cuando nace por vía vaginal en un entorno familiar, en que el cuerpo del recién nacido es inmediatamente colonizado por microbios que viven en el cuerpo de la madre y que esta le transmite, por ejemplo a través del periné. Y los que son familiares para la madre también lo son para el bebé, porque la placenta humana es muy eficaz para transportar los anticuerpos que llamamos inmunoglobulinas G hacia el bebé. Así que hasta hace poco el sistema inmunitario seguía colonizado por todos estos microbios familiares y además eran muy numerosos.

¿Y por qué nos obstinamos en matar a los microbios si esto se sabe?
Por nuestro condicionamiento cultural, que nos lleva a ver a los microbios como enemigos. Están asociados a enfermedad y los queremos eliminar. Yo viví la época en la que cuando una mujer llegaba de parto a la maternidad se le aplicaba un enema. El objetivo era eliminar los microbios. Incluso se ponían soluciones antisépticas alrededor de los pezones. En cambio, los científicos hoy dicen que lo realmente preocupante en momentos como el nacimiento es la privación de microbios.

¿La sexualidad también puede cambiar con estas intervenciones?
Sí. Por ejemplo, si el sistema de la oxitocina se debilita esto podría explicar que haya más dificultades con la lactancia, porque se necesita oxitocina para el reflejo de eyección de la leche; y también más disfunciones sexuales genitales. Tampoco se puede dar acoplamiento sexual sin oxitocina: no se produce erección ni lubricación vaginal. Si el sistema humano de la oxitocina se debilita esto va a modificar todos los episodios de la vida reproductiva. Se trata de cuestiones de muy amplio alcance.

Los científicos hoy dicen que lo realmente preocupante es la privación de microbios en el nacimiento

¿A tal extremo cree que podría hacernos llegar el debilitamiento de la oxitocina?
Hablo de cosas plausibles. Como decía, no quiero jugar el papel del profeta. Solo me planteo preguntas, porque no hay ninguna fase de la vida que se haya transformado tan profundamente como el periodo del nacimiento, y es una parte importante en la formación del individuo. Hasta ahora, cuando se valoraban las prácticas obstétricas solo se pensaba a corto plazo: número de bebés vivos al nacer, número de bebés con buena salud al nacer… Pero ahora estamos llegando a una fase de la historia en la que vemos que, si solo tenemos en cuenta estos criterios a corto plazo, estaría justificado aconsejar a todas las embarazadas que parieran por cesárea, porque los progresos técnicos son cada vez más grandes y las cesáreas cada vez más fáciles y rápidas y con una mínima pérdida de sangre. Nos hallamos, pues, en esta encrucijada. Pero todas estas preguntas nos obligan a pensar a largo plazo. Hoy los investigadores se están empezando a interesar por los efectos transgeneracionales. Esto significa que aunque la cesárea hoy sea una intervención tan fácil y rápida, a pesar de eso debemos intentar que el mayor número posible de embarazadas puedan dar a luz por sí mismas.

¿La mujer tiene hoy más miedo a parir o quizá piensa más que nunca que no podrá dar a luz por sí misma?
El miedo a parir forma parte de la especie humana. Hoy sabemos muchas cosas, valoramos el control más que las generaciones que nos precedieron, y tenemos miedo. Y como hoy el entorno donde las mujeres paren no es en absoluto favorable y los partos son cada vez más difíciles es posible que aumente el miedo, pero de hecho siempre ha existido.

Dice en su libro que en los partos en casa es donde se producen con más frecuencia problemas posteriores e intervenciones hospitalarias.
Es bastante fácil de entender. La incomprensión de cómo funciona la fisiología del parto y la incomprensión de las necesidades básicas de las mujeres de parto es cultural. Y los ambientes de nacimiento natural están también sumergidos en esa incomprensión. Por ejemplo, en los vídeos de nacimiento natural suele verse a una mujer de parto rodeada de tres o cuatro personas que la están mirando... Esa es precisamente la receta para que el parto sea largo y difícil.

¿La mujer tiene necesidad de estar sola entonces?
Puedo describir una situación que conozco y que habitualmente facilita un parto fácil y rápido. Imagínese una mujer que está de parto en una habitación pequeña, en penumbra, bien caliente, si es necesario con la calefacción bien fuerte y nadie más alrededor, a excepción de una comadrona con experiencia sentada en un rincón y tejiendo en silencio. Esto es muy simple y en nuestro mundo es desconocido, incluso en ambientes de nacimiento natural.

El miedo a parir forma parte de la especie humana, pero como el entorno hoy no es en absoluto favorable es posible que aumente

¿Por qué la comadrona ha de estar tejiendo?
Desde la fisiología moderna este hecho es más que un detalle, porque hay estudios que indican que cuando una persona realiza un acto repetitivo como tricotar está permitiendo a sus niveles de adrenalina bajar, bajar y bajar. Y hay otros científicos que con métodos sofisticados, de imagen cerebral, nos ayudan a entender que si la comadrona hace subir su nivel de adrenalina eso se contagia, por tanto lo transmite a la mujer de parto, que libera adrenalina y no oxitocina. También hemos hablado de que la habitación tiene que ser pequeña y estar en penumbra. Cuando la mujer pare, su cerebro intelectual tiene que ponerse en reposo, y hay que proteger a esta mujer de cualquier tipo de estímulo de su intelecto. Algo que puede estimular su cerebro es sentirse observada. Y si está en una habitación pequeña en penumbra hay menos posibilidades de que eso suceda.

Hemos dicho que la habitación tiene que estar bien caliente, porque si la mujer tiene frío, libera adrenalina. También es importante que esté en penumbra, porque si no hay mucha luz se libera la hormona de la oscuridad, la melatonina. Cuando vamos a dormir apagamos la luz para reducir la actividad del cerebro que piensa. Y este año –2014– precisamente acabamos de saber que el útero posee receptores para la melatonina. La melatonina y la oxitocina trabajan juntas. Esto pone de relieve esos pequeños detalles que tienen que trabajar en conjunto. Además, dijimos una comadrona, una, porque hay más riesgo de que la mujer se sienta observada si hay otras personas aparte de la comadrona. Y si esa comadrona tiene experiencia, la mujer de parto estará más tranquila y segura. Hemos dicho que debía haber silencio, porque durante el parto el enemigo es el lenguaje, que estimula el neocórtex. Y añadimos otro detalle: sentada en un rincón; por tanto, no se coloca en un nivel de observadora: permanece en un ángulo, en segundo plano.

¿Por qué no se adopta este escenario como el habitual en los partos?
Aquí hay que remontarse muy atrás en el tiempo, a ese momento que supuso un gran giro en la historia de la humanidad y que comportó la socialización del parto. Ese momento clave fue la Revolución Neolítica, la aparición de la agricultura y la ganadería. Desde entonces la estrategia de supervivencia de los grupos humanos empezó a ser dominar la naturaleza, todos los aspectos de la naturaleza, incluido el proceso fisiológico humano. A partir de ahí se empezó a socializar el parto.

Lo ideal sería parir en una habitación en penumbra y bien caliente, y sin nadie más alrededor, solo una comadrona

Tenemos suficientes datos para poder afirmar que antes de la Revolución Neolítica, antes de la agricultura y la ganadería, las mujeres se aislaban para parir: se separaban de su comunidad y se quedaban a solas. A partir del momento en que comenzamos a dominar la naturaleza en todos los aspectos, el parto cada vez fue más socializado. Diríamos que la base de nuestro condicionamiento cultural por lo que respecta al parto es la idea de que la mujer no es capaz de parir por sí misma. En cambio lo que la fisiología nos dice es que el parto es un proceso involuntario. Lo importante es proteger a la mujer contra cualquier cosa que la pueda perturbar, como la luz o el lenguaje. Así que la palabra clave es «protección». Sin embargo, desde hace miles de años la palabra clave es «ayudar». Eso es otro paradigma. Cuanta más gente asiste a los partos, más difíciles son y más pensamos que lo que necesita la mujer es ayuda. Y hoy llegamos al límite máximo, incluidos los ambientes de nacimiento natural.

Usted fue precursor del parto en el agua. ¿Lo sigue recomendando actualmente?
Hay que recordar en qué situación y circunstancias introdujimos la piscina para partos. Empezó para evitar los medicamentos cuando un parto era largo y difícil, porque todos los medicamentos comportan efectos secundarios. La cuestión era: ¿cómo podemos evitarlo? Cabría suponer que la inmersión del cuerpo en el agua a temperatura corporal podría ayudar a las mujeres a romper un círculo vicioso cuando la dilatación se veía bloqueada por un dolor muy grande. Eso permitiría evitar el uso de medicamentos y la experiencia nos lo confirmó.

En aquella época escribía artículos explicando esto para las revistas científicas, y mencioné que hay que saber que ocasionalmente es posible que un bebé nazca en el agua, porque las mujeres se encuentren cómodas en ese medio o no les dé tiempo de salir si el parto va demasiado deprisa. Yo dije que el nacimiento en el agua es una posibilidad, pero eso es lo único que recordó la gente a favor de un nacimiento natural de mis artículos. Y eso fue lo que provocó que el nacimiento en el agua se convirtiera a veces en un objetivo, cuando lo que hay que saber, en cambio, es que es algo que puede ocurrir y que la piscina simplemente ayuda a sustituir los medicamentos. Curiosamente hoy, en muchos vídeos modernos, cuando se habla de nacimiento natural siempre se alude al parto en el agua y se muestra a la mujer y al marido en una piscina.

Lo importante es proteger a la mujer contra cualquier cosa que la pueda perturbar, como la luz o el lenguaje

Algunos hospitales integran en sus salas de partos bañeras para parto natural...
Sí, se asocia nacimiento natural a piscina, cuando lo de menos es si la mujer tiene a su hijo en el agua o en el aire. Lo realmente importante es que haya el mínimo de personas posible a su alrededor. Con todo esto es fácil entender que los partos sean cada vez más difíciles y eso hace que el miedo aumente también. Hay que romper este círculo vicioso. La fisiología nos puede ayudar. Por eso he explicado anteriormente el escenario ideal, que no presento como modelo, diciendo «tiene que ser así», sino más bien como un ejemplo de situación que comporta un parto lo más rápido posible.

¿Cómo podemos disminuir los partos programados y las cesáreas evitables, tan frecuentes en la vida moderna?
Hay que comprender que cuando hablamos de nacimiento estamos en el ámbito de la sexualidad y no en el de la racionalidad. Por eso a todos los conceptos de planes y programas les tendríamos que dar menos importancia. Habría que dar más espacio para lo imprevisible. En la primera edición de mi libro en inglés en la portada se advertía que este libro sobre la evolución del Homo sapiens lo deberían leer las personas que se interesen por el futuro de la humanidad... salvo las embarazadas, porque su tiempo es demasiado valioso. Ellas tienen que dedicarse a mirar la luna, a escuchar música… No tienen que dedicarse a leer estas cosas.

No importa si la mujer tiene a su hijo en el agua o el aire, pero sí que no haya personas alrededor

Conozco a bastantes mujeres que programan el parto para que les coincida bien con el trabajo y a los 4 meses finalizan la lactancia porque concluye su permiso laboral.
Eso es un problema cultural, una cuestión de condicionamiento cultural, por eso es difícil de resolver. Muy a menudo para cuestiones que amenazan la supervivencia de la humanidad la ciencia puede ofrecernos una solución, pero esas soluciones ponen en entredicho este condicionamiento cultural y resultan inaceptables precisamente por el modo en que lo cuestionan. Podríamos decir esto a propósito del cambio climático, de la contaminación del aire y del agua... y también del parto.

La solución que proponemos para el nacimiento –la mujer en una habitación en penumbra, caldeada, con una comadrona experimentada en segundo plano y en silencio– es una solución sencilla. Nos la ofrece la fisiología moderna, pero culturalmente resulta inaceptable, es una utopía. Si se lo explicamos a los profesionales modernos solo ven los obstáculos. Por ejemplo, cuestionan que la comadrona esté tejiendo por verlo sexista. Luego dicen: ¿y qué pasa con el padre del bebé?, ¿y si la comadrona es un hombre?, u otros supuestos. Esa es la paradoja en la que nos encontramos. Tenemos objetivos aceptables. Si digo: «Hay que reducir las cesáreas», todo el mundo va a estar de acuerdo. Pero si describo una situación que hace que los partos sean más fáciles estamos entrando en el ámbito de la utopía. Lo importante es que nos hagamos conscientes de estas paradoja.

Etiquetas:  Bebé Maternidad Postparto

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