Desconocemos nuestro gran poder en el parto

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Desconocemos nuestro gran poder en el parto

No se puede subestimar la capacidad de trasformación que tiene el nacimiento para la madre y para el bebé. Ni tampoco olvidar que las mujeres estamos "bien diseñadas" para parir.

Ina May Gaskin

El nacimiento importa. Importa porque es la manera de comenzar nuestra vida fuera de la matriz, fuera del cuerpo de nuestra madre. Es el proceso a raíz del cual salimos al mundo exterior y vivimos nuestras primeras impresiones.

Es una experiencia que estremece y transforma a cada madre en lo más íntimo.

La percepción de su cuerpo y de las capacidades de los bebés estará profundamente influenciada por el cuidado que se ha recibido en los momentos cercanos al parto. No importa cuánta presión pueda ejercer sobre nosotros la sociedad para aparentar algo que no somos. El embarazo, el parto y el nacimiento provocan importantes cambios en el cuerpo, en la psiquis y en la vida de la mujer, independientemente de la manera en que nazcan los bebés, ya sea de forma natural o quirúrgica. Por tanto, la manera en que se organicen y provean los cuidados tendrá un efecto impactante sobre cualquier sociedad humana.

Vale la pena proporcionar las mejores atenciones a la madre y al bebé durante esta etapa tan extraordinaria.

El nacimiento también importa porque la experiencia del embarazo y del parto ofrece una oportunidad única para que las mujeres exploren su esencia, su mente, su cuerpo y la naturaleza de una manera más profunda.

Esta experiencia de autodescubrimiento ayuda a prepararlas para el duro, y muchas veces subestimado, trabajo en su papel de madre, en un mundo plagado de complejidades y retos.

La capacidad femenina innata de dar a luz encierra un poder sagrado. Es uno de los procesos primordiales y continuos de la naturaleza que solo las mujeres tienen la oportunidad de experimentar y es el único acto de creación humana que los hombres no pueden compartir. Entonces ¿por qué no explorar este territorio?

La atribución del término «sagrado» al nacimiento es intencional y no tiene nada que ver con la religión. Significa que el nacimiento es un hecho tan importante que hace a la mujer merecedora de todas las consideraciones especiales por parte de los que son responsables de su cuidado.

Por tanto, si no respetamos el poder del parto, estaremos contribuyendo a generar ignorancia y una falta de armonía en el mundo.

Dar a luz puede ser una de las experiencias más enriquecedoras en la vida; una iniciación hacia una nueva dimensión de conciencia del cuerpo y la mente. Pero también puede convertirse en uno de los peores acontecimientos si se priva a la nueva madre de cualquier noción de fuerza interior o de capacidad, y se la deja creer que su cuerpo fue creado por una fuerza malévola que la castiga con el dolor del parto.

La acción de parir puede ir seguida de un regocijo fortalecedor, de una euforia que nunca se olvida, o de una depresión que hace que la madre se sienta extraña ante sí misma y ante todos los que la rodean. Existe una gran cantidad de «efectos» relacionados con el parto que dependen de la experiencia de cada mujer, de su estilo de vida, del estado de su salud durante el embarazo, de las decisiones que tomó con respecto a los cuidados disponibles para ella y de la forma en que es tratada cuando llega el momento de alumbrar.

Las culturas tradicionales en todo el mundo siempre han considerado el parto como algo de dominio exclusivo de las mujeres. Debido a que solo las mujeres dan a luz, muchas culturas indígenas, consideraban evidente que eran las más calificadas para decidir los tipos de cuidados necesarios durante el embarazo, el parto y después del nacimiento. Incluso en aquellas tribus en las que los hombres desempeñaban un importante papel durante el periodo de gestación y parto, las mujeres (y en particular las comadronas) ejercían, y aún ejercen en muchos lugares remotos, una gran influencia en la planificación de las obligaciones masculinas.


Sin imponer reglas

Qué gran contraste se aprecia entre esa manera de asumir las responsabilidades y lo que contempla mayoritariamente la gente en Estados Unidos. Como en otros muchos países, las mujeres tienen muy poco poder de decisión sobre el tratamiento que reciben durante el embarazo o el parto. Es en estos países donde la comadrona ya ni siquiera existe, o se la margina tanto que no puede ejercer sus influencias.

Yo en cambio, pude aprender la partería de una forma que me permitió observar de cerca el proceso del parto en cientos de mujeres, sin la imposición de reglas que interfirieran con dicho proceso. Esta manera de tratar el parto era muy inusual para la época, y también tuve la oportunidad de apreciar fenómenos, y su relación causa-efecto, que rara vez (si es que hay alguna) se les presentaba a muchos estudiantes de medicina, enfermería y partería.

Pude observar, por ejemplo, cuán rápidamente se calmaba y perdía el miedo una mujer aterrada si se realizaba la acción correcta o se decían las palabras apropiadas.

Asimismo, comprobé que se reducían dolores insoportables si se procedía de la misma manera.

Las mujeres en mi comunidad estaban felices de parir sin el uso de medicamentos, en sus propias casas. Nadie me ordenaba que las privase de la ingestión de alimentos o bebidas, o les prohibiera que se echaran una siesta antes de dar a luz, o que les impidiese que se movieran con libertad durante el trabajo de parto, o les impusiera límites de tiempo para que naciera el bebé. Siempre y cuando los signos vitales de ambos se mantuvieran dentro de los valores normales, la madre permaneciera calmada y no hubiera indicios prematuros de ningún tipo de complicación, la práctica podía continuar.

Debido a que superé bastante bien mi primer parto, sin necesidad de medicamentos, aparentando ser una leona (a pesar de ser obligada a permanecer acostada), me pareció lógico ayudar a las mujeres a imaginarse a sí mismas como animales competentes, en lugar de insistir en la idea del excepcionalismo humano.

Es una locura asumir que la hembra humana es el único mamífero sobre la faz de la tierra que es un error de la naturaleza.

Nosotras estamos tan bien diseñadas para parir como cualquier otro animal. El hecho de que caminemos sobre dos piernas y no a cuatro patas no limita esta habilidad. Y si es necesario, podemos adoptar esta postura.

Pero las intervenciones durante el parto no deberían ser más necesarias en las mujeres que en el resto de las hembras, siempre y cuando nos hallemos bien nutridas y preparadas, seamos concientes de cómo funciona nuestro cuerpo y nuestra mente, y estemos sanas.

Repito: los humanos no somos inferiores a los hámsteres, rinocerontes, ardillas u osos hormigueros en lo que respecta a nuestro diseño reproductivo. Es nuestra mente la que en ocasiones lo complica todo.

Pequeños gestos poderosos

Cualquiera que sea el lugar en el que se dé el parto, el peor enemigo siempre es el miedo, porque puede exacerbar el dolor.

Todos sabemos que puede ser muy doloroso parir sin medicamentos, pero también que algunas mujeres han pasado por esta experiencia sin dolor. ¿Quiere decir que será igual para todas? No. Sin embargo, el hecho de que es posible que así sea significa que no existe tal maldición sobre las mujeres.

Las parturientas a veces se sorprenden al darse cuenta de cuánto disminuye el dolor con tan solo ralentizar y hacer más profunda la respiración. Aquellas que pueden moverse sin restricciones durante el trabajo de parto, en lugar de obedecer y permanecer en cama, también se dan cuenta de que el movimiento alivia el dolor.

De hecho el dolor de parto, por imposible que pueda parecer, puede aliviarse de muchas maneras: contando con la presencia de una persona conocedora (como una doula, persona autorizada para la atención al parto), sumergiéndose en agua tibia, bailando o también riendo.

¡Sí! ¡Ríendo! Incluso una pequeña sonrisa estimula, de manera inmediata, los niveles de beta-endorfinas en el torrente sanguíneo, lo cual adormece el dolor. La risa ayuda mucho más, y colabora igualmente con la dilatación del cuello uterino.

Todas estas acciones ayudan a entrar en estado de trance e incrementan la secreción de oxitocina y beta-endorfinas, que facilitan el parto. También desplazan la sangre que se concentra en la zona de la frente hacia las zonas bajas, donde debe ocurrir la dilatación. Y mientras mejor funcione, mejor se siente la mujer.


Para saber más

El siguiente texto ha sido extraído del libro Nacimientos, de Ina May Gaskin (RBA Integral).

Ina May Gaskin, originaria de un país -Estados Unidos- que eliminó la profesión de comadrona, supo en los años 70 recuperar un modo de hacer que había sucumbido ante la marea tecnológica.

Es autora de varias obras. Nacimientos (RBA Integral) es la primera traducida al español. Su obra Spiritual Midwifery se convirtió en el libro de cabecera de muchas comadronas, y su centro The Farm (La Granja) el único sitio en Estados Unidos donde aprender el auténtico oficio.

Ella supo conectar con la sabiduría ancestral de las generaciones anteriores de comadronas, integrando los cono-cimientos y recursos actuales para un parto más humano, placentero y seguro.

En Nacimientos, Ina May Gaskin recoge el saber de una vida, pero que ya descubrió en su primer parto: "Cada mujer en proceso de alumbramiento merece ser tratada con amor y ternura, y esto sirve para prevenir muchas complicaciones". Sus reflexiones van más allá de la técnica, profundizan en los aspectos psicológicos, emocionales, espirituales, y sociales del acontecimiento más trascendente de nuestra vida.

  • Su web: www.inamay.com
  • http://watch.birthstorymovie.com, con información sobre su documental Birth Story.