Devolvamos su lugar a las matronas

PARTO RESPETADO

Devolvamos su necesario lugar a las matronas

Si estas profesionales vuelven a atender los partos normales y a las mujeres de una forma más respetuosa y natural, no solo se beneficiarán la madre y el bebé, sino también el sistema sanitario.

Isabel Fernández del Castillo

Los ginecólogos no siempre han sido los responsables de atender un parto, puesto que hasta el siglo XVIII eran las mujeres las encargadas de acompañar y asistir a otras mujeres, tanto en el embarazo como en el parto y en el posparto.

En el momento en que se produjo este cambio de papeles, las rutinas también lo hicieron: a partir de entonces se daría a luz tumbada en una cama, porque facilitaba el trabajo del doctor, y era habitual el uso de instrumentos concebidos para resolver complicaciones, que paradójicamente eran consecuencia de estos nuevos hábitos.

Fue en el siglo XIX cuando los partos normales se trasladaron al hospital, y contrariamente a lo que se piensa, la mortalidad materna aumentó, ya que la atención médica sin agua corriente, la falta de higiene y el desconocimiento sobre los microorganismos hacían que la transmisión de las fiebres puerperales de unas a otras se propagase con facilidad.

En realidad, y según reconoce la Organización Mundial de la Salud (OMS), el factor más importante a la hora de reducir la mortalidad perinatal a comienzos del siglo XX fue la mejora de las condiciones de vida en las ciudades:

  • el alcantarillado
  • el acceso al agua corriente en las casas y los hospitales
  • la calefacción
  • el acceso a una alimentación regular
  • o la reducción del número de hijos.

Los datos avalan su trabajo

Recientemente, una revisión de 13 estudios llevada a cabo por la Cochrane Library, una entidad sin ánimo de lucro que se dedica a realizar análisis independientes de los trabajos ya publicados, confirma que el papel de las comadronas es muy importante desde el momento que la mujer está embarazada. Después de revisar los datos de ocho estudios sobre embarazos de bajo riesgo y cinco de riesgo, que reunían a 16.242 mujeres, se comprobó que, cuando el seguimiento del embarazo lo realizaba la matrona, se recurría menos a la anestesia epidural y la tasa de episiotomías se reducía, al igual que la de los partos instrumentales. Además, aunque la tasa de cesáreas fuera la misma, las embarazadas atendidas por matronas tuvieron un menor riesgo de sufrir un parto prematuro o de perder a su bebé antes de las 24 semanas.

Pero es que devolverle su función original a estas profesionales también ahorra recursos, tal y como lo confirmó el Ministerio de Salud canadiense en el 2003 tras comprobar que la mujer atendida por una matrona supone entre 800 y 1.800 dólares menos al sistema sanitario.

Recomendaciones oficiales

En 2001, la OMS hizo público un documento en el que explicaba cuáles eran los 10 principios del cuidado perinatal, y en el que dedicaba un apartado a las formas que debían ser abandonadas, entre las que se podía leer:

“Hacer participar a los médicos en la atención de todas las mujeres”.

Un año más tarde, la Guía de práctica clínica sobre la atención al parto normal afirmaba que la atención al embarazo, el parto y el puerperio por matronas proporcionaba mayores beneficios que otros modelos médicos o de atención compartida, y sin efectos adversos.

Los datos eran claros:

  • Disminuía el uso de analgesia regional y la episiotomía.
  • Aumentaba la tasa de parto vaginal espontáneo.
  • También un mayor porcentaje de inicio de la lactancia materna.

Si tomamos como referente el número de cesáreas que se practican en España, observaremos que estos datos no van nada desencaminados puesto que la medicina privada, donde cada mujer es atendida por su doctor y las matronas son solo las ayudantes, año tras año recurre a esta intervención quirúrgica en más ocasiones que la medicina pública, cuyos partos normales son atendidos por matronas.

Una preparación diferente

El servicio que ofrece un doctor o una matrona a una mujer embarazada es distinto, ni mejor ni peor, simplemente está determinado por su formación y sus competencias profesionales, que en ningún caso son las mismas.

La matrona es la persona preparada para acompañar a la mujer en un parto normal y que vela porque las condiciones en las que transcurre esta última fase del embarazo favorezcan su fisiología, reduciendo la necesidad de intervenir.

En cambio, el obstetra está formado para actuar y resolver situaciones de riesgo, en las que es imprescindible practicar una cesárea, usar los fórceps para ayudar al bebé a salir...

El problema surge cuando este profesional debe atender partos en los que no se necesita ningún tipo de intervención, y es él el encargado de dirigir a las matronas. Al final acaban atendiendo un proceso fisiológico sin riesgos aparentes desde la perspectiva peligrosa que tiene su jefe.

Por lo tanto, el papel de las matronas varía en función de los hospitales, de las propias profesionales e incluso del país donde trabajen, pero sin lugar a dudas es la persona idónea para acompañar a la mujer en el parto, porque sabe respetar los ritmos del cuerpo.

Sin embargo, cuando su formación profesional se ha realizado en base a un modelo que tiene una percepción médica de este proceso natural, donde sin tener en cuenta la sabiduría de la naturaleza se aplica el protocolo medicalizado del hospital (estimulación con oxitocina, analgesia epidural, inmovilización tumbada boca arriba, episiotomía, rotura de la bolsa...), todo se complica.

Más allá del parto

En realidad, las funciones que desempeña la matrona van más allá de ayudar a la mujer en el momento de dar a luz. Teóricamente cuida la salud reproductiva y sexual de las mujeres desde la adolescencia a la menopausia:

  • ofrece información sobre los riesgos de transmisión sexual, los métodos anticonceptivos...
  • las apoya en la búsqueda del embarazo y en las pérdidas
  • hace un seguimiento de la gestación, el parto y el puerperio
  • asesora en la lactancia
  • aconseja en la menopausia...

Sin embargo, en la práctica, su intervención se limita a acompañar durante el embarazo, el parto y, a veces, la lactancia.

Cooperación o jerarquía

Los países donde tradicionalmente se ha mostrado un mayor respeto por los derechos de la mujer, y los ciudadanos en general, son también aquellos que cuentan con las menores tasas de cesáreas y de intervenciones en el parto, máximos exponentes de la calidad de la atención que tienen las mujeres a la hora de dar a luz. Hablamos de países como Suecia, Noruega o Finlandia, cuyos sistemas de atención al parto más respetuosos y menos medicalizados no son fruto de la casualidad, sino de una mentalidad que busca en todo momento la equidad.

En estos países, las matronas y los médicos trabajan juntos, uno no es jefe del otro. Mientras las matronas se ocupan de los partos normales, los médicos atienden aquellos que son de riesgo o se complican. Forman un equipo. Lógicamente, en los lugares que defienden este modo de organizarse, la mujer es considerada una adulta capaz de tomar decisiones informadas y con derecho a un trato digno y a una atención respetuosa.

En el otro extremo está el modelo jerárquico, el cual ha heredado nuestro país, y donde las mujeres están (por mentalidad y por costumbre, no por derecho) en manos de los profesionales. De este modo, en la obstetricia se pasan por alto derechos que se respetan en cualquier otra disciplina médica (un trato digno, información...) sin ninguna consecuencia. Esta jerarquía se mantiene en el ámbito profesional, ya que las matronas, a pesar de ser personal perfectamente cualificado, dependen del jefe de Servicio que es quien marca el estilo de la atención al parto de todo el departamento.

Afortunadamente, todo está cambiando. Las mujeres, poco a poco, reconquistamos nuestro derecho a un trato digno y respetuoso, al mismo tiempo que cada vez hay más matronas que se desprenden de las praxis obsoletas e intentan recuperar sus competencias, para así poder ofrecer una atención basada en la ciencia y las buenas prácticas.

Su situación actual en Europa

  • Formación: Al contrario que en España, allí donde los médicos y las matronas tienen el mismo estatus, esta no es una rama de enfermería, sino una carrera independiente.
  • En equipo: En Inglaterra, las mujeres están adscritas a un equipo de cinco matronas, que atenderán su parto tanto en el hospital como en casa, ambos cubiertos por la sanidad pública.
  • Colaboración: En Alemania existe una red pública de casas de partos dirigidas y atendidas por matronas. Están coordinadas con un hospital cercano, por si hay complicaciones.

Entrevista:
La matrona Blanca Herrera ha participado en la elaboración de la Guía de Práctica Clínica de Atención al Parto Normal

¿Están bien delimitadas las funciones de la matrona y el obstetra?

Ni en la práctica, ni en las costumbres, ni tampoco la ley es del todo clara. El Estatuto Marco parece dejar claro que la matrona es responsable del embarazo, el parto y el puerperio normal, pero también lo es el obstetra. En la práctica diaria queda diluido, pero cuando una matrona trabaja bien y tiene buenos resultados actuando en base a la evidencia científica y según la Guía de práctica clínica, suele tener pocos problemas. Al menos, ese es mi caso.

¿Qué implica asumir las funciones que os corresponden?

Cuando hablamos de la importancia de que a las matronas se nos reconozcan nuestras funciones, eso lleva implícito asumir nuestra responsabilidad. No hay autonomía ni competencias sin responsabilidad. En un trabajo delegado, la responsabilidad la asumen otros/as. En los hospitales grandes, las matronas tienen una mayor dificultad para hacer respetar su trabajo, y para conseguirlo han de demostrar que son responsables.

¿En qué se diferencia un modelo de atención al parto de otro?

En la literatura científica se habla de dos modelos: uno biomédico y otro “de matronería”, más holístico y complejo, que no solo contempla la parte biomédica de la mujer y su bebé, sino también, y de manera muy especial, su esfera emocional, psicológica, social, cultural y familiar. Y englobándolo todo presta una atención más integral y preventiva.

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