¿Es necesaria la preparación al parto?

RESOLVEMOS TUS DUDAS

¿Es necesaria la preparación al parto?

Conocer bien el proceso, desmitificar falsas creencias surgidas durante la etapa de medicalización del nacimiento y conseguir confiar en la sabiduría del cuerpo son algunos de los propósitos.

Pilar de la Cueva

Nuestras abuelas decían que en sus tiempos no había tantas complicaciones para dar a luz. Quizá en parte es verdad. Hemos llegado a tal grado de desconexión de lo instintivo –por la medicalización a veces innecesaria de los procesos de salud y por nuestra vida alejada de la naturaleza y sus ritmos–, que necesitamos mucha información. ¿Es necesario saber tanto? ¿O lo que realmente necesitamos es desaprender ideas y conceptos erróneos?

Si las mujeres vieran a otras amamantar desde niñas, y socialmente la lactancia estuviera reconocida y protegida, probablemente habría menos madres con dificultades para dar el pecho. Lo mismo ocurre respecto al parto: existen muchos temores porque hemos generado miedo como colectivo social.

El parto medicalizado ha generado experiencias, a menudo poco agradables, que han contribuido a crear una cultura del parto muy alejada de lo que en realidad es.

Al final, parece que un acontecimiento la mayoría de las veces fisiológico y seguro es un peligro amenazante.

Recuperar la sabiduría interna

Una mujer conectada con su instinto puede parir sin saber absolutamente nada sobre el tema. Cuando las hormonas comienzan a hacer efecto, el control del neocórtex (o cerebro intelectual) se reduce, y la mujer de parto se deja llevar por el instinto. Buscará un refugio, intimidad, silencio y poca luz, y en cada contracción irá adoptando posturas espontáneas que favorecen el descenso y flexión del cuerpo y cabeza del bebé.

Ninguna mujer dejada a su libre expresión se coloca boca arriba con las piernas colgadas, forzadamente abiertas.

En la primera fase del parto, el cuerpo la llevará a moverse, a pasear y cambiar de postura. Al avanzar la dilatación, la respiración se hará más profunda. Durante las contracciones se moverá, para luego quedarse descansando, como en trance, con los ojos cerrados, ausente, incluso semidormida entre contracciones. Asimismo, la mujer tiene una percepción alterada del tiempo, del espacio físico que la rodea e incluso de las sensaciones internas, que un observador no sería capaz de interpretar. Este efecto lo producen las endorfinas y los opiáceos, sustancias que producen analgesia y placer, y que el organismo segrega de modo natural junto a la hormona del parto, la oxitocina, que es la que contrae los músculos del útero y la que produce el flechazo por el bebé cuando nace.

Todo esto es lo que ocurre en un parto sin interferencias, sin medicación, en el que no hay personas observando ni se dan situaciones que creen intranquilidad o miedo a la mujer. Así, de modo espontáneo, ella busca un refugio y se aisla de estímulos que activarían su parte racional. El protocolo de atención al parto de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) así lo refleja: en lo posible, la espiral miedo-tensión- dolor debe evitarse.

Los tres puntos básicos

Los cursos de preparación son programas que constan de varias sesiones, entre cinco y doce, de una o dos horas de duración. Las sesiones teóricas tratan de resolver las dudas sobre el embarazo, parto, posparto y lactancia, para que los futuros padres sepan lo que va a pasar en cada momento, y reducir así el miedo y la ansiedad ante lo desconocido.

  • Información suficiente. Uno de los principales objetivos es proveer a la mujer de información y autonomía sobre sus decisiones, tras conocer los pros y contras de las diferentes opciones. Con frecuencia se tiene la idea de que cuantas más pruebas se realizan en un embarazo normal, mejor controlada se está. Saber que hacer menos pruebas no es estar mal atendida, e incluso que así se genera menos estrés, tranquiliza y da confianza.
  • Decidir por separado. Otra idea importante a transmitir es que cuando en un parto normal se recurre a una intervención, no hay por qué aplicar todas las demás. Si una mujer decide optar por la analgesia epidural, por ejemplo, no tiene por qué quedarse con prácticas ahora consideradas inadecuadas: rasurado, enema, forzar las contracciones con un gotero con medicación, rotura artificial de membranas, postura inmovilizada boca arriba, episiotomía, separación del bebé, aspiración con sondas y tubos, etc. Este concepto está claramente recogido en la Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Normal del Ministerio de Sanidad y las de las sociedades profesionales.
  • Seguir el instinto. La tercera idea, y quizá la más olvidada, es entender que la verdadera preparación para el parto pasa por aprender a “desconectar” de ideas y miedos para permitir que funcione el cerebro mamífero, o más profundo, que de modo automático ya está programado para parir bien.

Tipos de analgesia

Una de las principales preocupaciones de las embarazadas es tener mucho dolor. En la actualidad, se ha abierto un abanico de posibilidades dentro de lo que se conoce como “métodos no farmacológicos de alivio del dolor”, que son un recurso inestimable para la mujer que no desea la anestesia en un inicio.

De todos modos, si el parto se hace duro para la mujer, siempre tiene la posibilidad de cambiar de idea y solicitar analgesia farmacológica.

Aun así, no hay que olvidar que la analgesia más importante es el propio cerebro de la mujer y sus recursos para producir sustancias analgésicas. Esa capacidad no depende de técnicas externas, aunque estas pueden convertirse en un apoyo en momentos puntuales. Así, el agua caliente, las pelotas, las cuerdas o los taburetes de apoyo son medios para mejorar el confort y ayudar a la mujer de parto a conectar con su capacidad innata para producir hormonas y sustancias cerebrales analgésicas. Lo ideal es explicar todas la opciones posibles en las sesiones de preparación, siendo conscientes de que no todos los paritorios tienen los mismos recursos y de que el silencio, la calma, la intimidad y el acompañamiento profesional afectivo y responsable sin interferir en el proceso fisiológico son la mejor ayuda.

La parte práctica

Durante mucho tiempo se asociaba las sesiones de preparación para el parto con ir a practicar respiraciones. Prestar atención consciente a la respiración puede ser útil si es parte de ejercicios de relajación, siempre beneficiosos. Pero respirar a un ritmo forzado más frecuente puede provocar mareos, y si esto se llevara a un límite, provoca alteraciones del equilibrio orgánico y de los iones y gases en sangre.

En el parto ocurre lo mismo. Ya no se recomienda la respiración forzada, porque lo verdaderamente importante, sobre todo en los partos sin epidural, es permitir la expresión física espontánea de la mujer, incluido el modo de respirar.

¿Es necesario aprender a respirar?

PREPARACIÓN AL PARTO

¿Es necesario aprender a respirar?

¿Dónde son las sesiones?

Habitualmente, en los centros de atención primaria. Es un enfoque diferente al del hospital-enfermedad: la matrona imparte las sesiones y, además, en algunos casos comparte el seguimiento de algunas de las visitas y los controles del embarazo. Esta atención cercana aporta tranquilidad tanto a la mujer como a su familia, y facilita que la gestante pueda consultar pequeños imprevistos o aclarar dudas.

En otras ocasiones, es un hospital el que ofrece estas clases dentro de sus instalaciones. Puede ser ventajoso si la mujer piensa dar a luz allí, ya que así podrá conocer físicamente el lugar al que acudirá en el momento del parto. Si la preparación va dirigida al modo en que se atiende el parto en ese hospital en concreto, y la mujer no se encuentra cómoda con ese planteamiento, siempre puede buscar otros centros como alternativa.

¿Sola o en pareja?

Si es posible, la mejor opción es que la pareja acuda a estas sesiones. No se trata de que comparta y sienta del mismo modo los cambios del embarazo y la aventura de la crianza, sino que tenga un espacio donde expresar sus dudas y miedos, un lugar donde pueda aportar algo y, a la vez, sentir que también es protagonista. Teniendo la información adecuada podrá comprender mejor los procesos que experimenta su pareja y ayudarla. La corresponsabilidad en el cuidado del bebé –salvo en la tarea de dar el pecho– y en las tareas domésticas es fundamental para una buena recuperación de la nueva madre.

Elegir actividades saludables

  • Durante el embarazo es conveniente realizar algún tipo de ejercicio porque facilita el parto y la recuperación posterior. Pero este no es el verdadero objetivo de las sesiones de preparación al parto.
  • Si la mujer estaba en forma, ya tendrá el hábito. Si nunca lo ha practicado, no es momento de ponerse a entrenar, aunque sí para realizar ejercicios que ayuden a lograr bienestar y flexibilidad y una mejor conexión con el cuerpo.
  • El Pilates, la natación, la gimnasia suave o pasear al aire libre son ejercicios muy saludables. O quizás prefieres practicar yoga, relajación, haptonomía... Existen muchas técnicas que pueden ayudar a la embarazada a conectar con su interior, aprender a relajarse y reducir el control racional, y liberar tensiones.
  • En las sesiones de preparación al parto puede ser útil realizar ejercicios concretos para aliviar trastornos muy habituales en el embarazo, como el dolor de espalda, o para estirar las zonas que se sobrecargan a causa de los cambios posturales que se producen durante la gestación.
  • Será muy positivo dedicar un tiempo a la expresión de dudas y temores, para liberarse de miedos, preocupaciones o tensiones.

Grupos de Lactancia

Además de la información facilitada por los profesionales, resulta de gran ayuda compartir algún momento con madres que ya han tenido a sus bebés. Así que te recomendamos acudir desde el embarazo a tu grupo de apoyo a la lactancia más cercano.

Plan de parto

En este documento la mujer expresa sus preferencias, necesidades y deseos sobre el parto, lo que facilitará la comprensión del proceso y su participación activa, algo muy útil para el equipo que la atiende. Así se evita tener que comunicarlas el día del parto.

¿Cuándo es el mejor momento? Puede ser entre las semanas 28 y 32, después de recibir la información necesaria y aclarar cualquier duda con los profesionales. Según cómo se desarrollen los acontecimientos, la mujer puede modificar cualquiera de las preferencias expresadas, aunque no se contempla la posibilidad de elegir prácticas desaconsejadas por ser innecesarias o perjudiciales.

¿Y si surgen imprevistos? Un plan de parto no tiene como objetivo planificar el desarrollo del parto y nacimiento. Si surgen circunstancias imprevisibles, el personal sanitario aconsejará la intervención más oportuna y la realizará tras informar y pedir el consentimiento. Los cuidados y buenas prácticas se realizarán según las recomendaciones de las guías de evidencia y las preferencias expresadas por la mujer.

Pensar en la vuelta a casa

  • Muchas mujeres se preparan para el parto, pero el puerperio es más largo. Y muy importante.
  • Prepararse significa ser conscientes de lo que va a suceder y empezar a organizarse, por ejemplo, teniendo presente que necesitarás ayuda para organizar el día a día de las comidas, que hay que dormir suficientes horas, de noche o en siestas a lo largo de día.
  • Es conveniente hablar antes de cómo se van a dividir las tareas domésticas para que la mujer descanse y se recupere. O cómo organizar las visitas los primeros días, si realmente se desean, y llegar a un acuerdo, modificable, para evitar problemas.
  • El mejor regalo a pedir a familiares y amigos puede ser un masaje o unas horas de ayuda en la cocina.
Después del parto, piensa en ti

Aceptar los cambios

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