¿Existen cesáreas más naturales?

PARTO RESPETADO

¿Existen cesáreas más naturales?

Cuidando todo lo que envuelve a esta cirugía, tu bebé y tú podréis vivir una experiencia lo más parecida posible a un parto vaginal. El bebé también se beneficiará de tu calor.

Dra. Pilar de la Cueva

Hace unos años se practicaban tantas cesáreas que en un grupo de madres podías llegar a ser la excepción si tu parto había sido vaginal. Sí, sí, lo que lees. La forma natural de traer hijos al mundo había sido sustituida por una cirugía muy importante que puede incluso salvar la vida de la madre y del bebé, pero que solo es necesaria en contadas ocasiones.

Detalles que harán que todo vaya mejor

Aunque en los últimos años el número de cesáreas ha disminuido, aún estamos lejos de alcanzar las tasas que aconseja la Organización Mundial de la Salud. Por eso científicos e investigadores llevan tiempo evaluando el impacto que tiene esta intervención en la madre y el bebé, tanto a nivel físico como psicológico, y que hayan encontrado efectos negativos no significa que no se pueda hacer, sino que habría que reservarla para cuando es imprescindible.

Tu confort, la prioridad

El personal sanitario se ha dado cuenta de que basta con cuidar algunos detalles antes, durante y después de esta cirugía para lograr disminuir e incluso revertir las consecuencias adversas -tales como el estrés de la madre y de su bebé-, al mismo tiempo que favorecen otros aspectos importantes como el inicio del vínculo. Entonces, ¿a qué sería necesario prestar especial atención?

  • A garantizarle tranquilidad a la mujer para que no se angustie y respire sin problemas. De lo contrario, los vasos sanguíneos del útero y de la placenta se contraerán y llevarán menos oxígeno al bebé. Explicarle en cada momento y de forma clara lo que se le va a hacer y por qué también la ayudará a estar más relajada.
  • A mantenerla informada cuando la cesárea se debe realizar con urgencia, comentándole todo lo que va bien y evitando citar posibles problemas que no han aparecido. Es prioritario confirmarle, en el caso de que así fuera, que el bebé está perfectamente. Esto reducirá el susto inicial de saber que no tendrá el parto con el que soñó, y el miedo a complicaciones o a problemas graves del bebé.
  • A asegurarle la compañía ininterrumpida de una persona que ella misma haya elegido, incluso si antes de entrar al quirófano debe esperar en una sala. Está demostrado que esto reduce la aparición de posibles complicaciones.

Según te traten, así recordarás la experiencia

Dar a luz es un momento maravilloso en la vida de una mujer. Es una experiencia única cargada de una gran intensidad emocional, donde todo lo que acontece a su alrededor puede influir en el desarrollo del parto. De manera que:

  • Un espacio íntimo, aunque sea limitado con un biombo, sin luces potentes, con el material quirúrgico fuera de la vista... hace que la mujer se sienta más segura. Esto cobra mayor importancia cuando se hace una cesárea.
  • El trato del personal sanitario también es determinante, y es que una palabra, una mirada o un gesto amable puede hacer milagros ante una embarazada en pánico. Así pues, detalles como pedir permiso para entrar, presentarse o no despojarla -siempre que sea posible- de eso que ha traído (música, un objeto personal...) y le da tranquilidad y ayuda a reducir los niveles de estrés.
  • Ofrecer atención psicosocial a veces es necesario, porque permite a la mujer nombrar problemas o experiencias traumáticas, lo que la ayudará a vivir un parto y un posparto en total plenitud.

¿Programada o no?

No es lo mismo una cesárea programada que tener que hacerla una vez se ha desencadenado el parto. La diferencia es importante, ya que, si el nacimiento se produce sin que haya habido contracciones, se priva al bebé de recibir ese torrente hormonal que acaba de madurar algunos de sus órganos, sobre todo los pulmones. El riesgo que supone para la vida del bebé es pequeño, pero sigue siendo mayor si el parto se inicia de manera espontánea. Y es que, salvo que existan problemas que hagan que el bebé esté mejor fuera del útero que dentro, la ciencia aconseja no practicar una cesárea antes de las 39 semanas de gestación.

Cuando realmente existe algún motivo por el cual es necesario programar una cesárea, la madre puede prepararse emocionalmente para afrontar la pérdida del parto ideal. Conocer a los profesionales que la acompañarán en ese momento, el lugar concreto donde le realizarán la intervención , así como los pasos que se seguirán desde el mismo momento en el que ella ingrese en la maternidad, puede aportar a la mujer un poco de valiosa tranquilidad.

Consigue tener una operación lo más respetuosa posible

Puedes pedir, si lo deseas, que te ayuden a levantar la cabeza para ver cómo está naciendo tu bebé. Con la anestesia epidural no hay prisa por sacarlo, así que se puede hacer poco a poco, de tal manera que su paso por la incisión del útero sea lo más parecido posible al que hubiese tenido por la vagina. Esta comprensión momentánea del tórax mientras el cordón sigue suministrando sangre oxigenada hace que los pulmones se expriman y salga el líquido, y en cuanto todo su cuerpo esté fuera, se colocará sobre tu pecho desnudo.

El bebé que nace por cesárea también espera encontrarse con su madre nada más salir.

El personal observará que todo va bien, pero sin interferir en un momento tan especial.

Los profesionales continuarán con los pasos finales de la intervención, mientras tú tienes a tu hijo en contacto piel con piel. Esto hace que te huela, que te reconozca e incluso que empiece a mamar antes de salir del quirófano. Para ello es necesario que el ambiente sea cálido, que no haya ruidos fuertes ni conversaciones que rompan la armonía, así como tampoco deben haber paños quirúrgicos entre tú y tu bebé.

Los anestesistas también han observado que los bebés nacidos por cesárea que no se separan de sus madres precisan con menos frecuencia reanimación y tienen menos complicaciones respiratorias.

Alejarlos aumenta el estrés y el riesgo de bajada de temperatura, de glucosa y de las defensas.

No hay prisa para cortar el cordón umbilical, puede dejarse latir hasta que el bebé empiece a respirar por él mismo, y para que la placenta se desprenda suavemente, siempre que no haya un sangrado excesivo.

Una vez finalizada la cesárea, lo ideal sería que te trasladaran, con tu hijo sobre el pecho, a una sala de despertar acompañada de esa persona que tú has elegido y que lleva todo el tiempo contigo. Allí podrás continuar con el contacto piel con piel con tu bebé, ya que escuchar el latido de tu corazón reduce automáticamente el nivel de estrés provocado por un nacimiento sorpresivo. Además, está científicamente demostrado que el pecho es la mejor incubadora, ya que tiene un sofisticado sistema para subir o bajar la temperatura de su piel en función de las necesidades del bebé.

En caso de que tú no pudieras estar con tu hijo, el pecho del padre o de la persona que está a tu lado es mucho mejor que estar solo en una cuna, donde aumentará su nivel de estrés, consumirá más glucosa y oxígeno, y tendrá peores patrones de respuesta cardíaca y respiratoria.

Pequeños cambios: una gran diferencia

Siempre se ha dicho que la experiencia es un grado, y quizá la ventaja de que se hayan realizado tantas cesáreas innecesarias en los últimos años -por encontrarle alguna- es que ginecólogos, cirujanos, anestesistas y todo aquel profesional que haya estado al lado de una mujer a la que se le ha practicado una cesárea han podido darse cuenta de que hay pequeños cambios, insignificantes para ellos, que pueden cambiar por completo el recuerdo que guarde la mujer de esta experiencia.

Cómo administrar la epidural

​El interior del cuerpo tiene una temperatura de 37 ºC, así que cuando se le introduce la anestesia directamente de la nevera, donde ha estado guardada, se disparan los niveles de estrés. El frío invade todo el organismo de la mujer, llegando incluso a hacerla tiritar, lo que aumenta aún más su sensación de miedo.

Un gesto tan sencillo como calentarla poniéndola al lado de una bombilla encendida (por ejemplo la que más tarde sirve para observar al niño) hace que el cuerpo no deba realizar un trabajo extra y que la mujer pueda estar algo más relajada.

En la sala de operaciones

  • Una vez puesta la epidural, la mujer puede estar tumbada de lado, para evitar que le baje la tensión arterial y para que no le moleste la luz de los focos en la cara.
  • Los electrodos que controlan el latido del corazón se le pueden colocar en el costado, y el manguito del tensiómetro, en el tobillo, para que pecho y brazos estén preparados para recibir al bebé.
  • También se procurará no usar el arco de metal con un paño de quirófano, que impide que la mujer vea, si así lo desea, el nacimiento de su hijo.

Máxima calidez

Es inevitable ponerse nerviosa antes de una operación, así que es imprescindible ofrecerle a la mujer un trato cariñoso para que pueda guardar un recuerdo inolvidable de la llegada de su bebé.

Y para el posparto...

  • Sin dolor. Es necesario que te encuentres bien para poder cuidar al bebé. Si lo necesitas, hay remedios y medicinas compatibles con la lactancia.
  • Apoyo físico. Permite que tu entorno te ayude, porque después de la cesárea no deberías hacer esfuerzos de ningún tipo. Piensa que solo hay una cosa que nadie puede hacer por ti: darle el pecho a tu hijo.
  • Piel con piel. Si estáis juntos, cuerpo a cuerpo desde el inicio y le ofreces el pecho a demanda, la leche te subirá igual que si hubieras tenido un parto vaginal.

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