Un parto respetado

MATERNIDAD GOZOSA

Por un parto respetado

Capaces de dar a luz a una nueva vida, justo entonces somos tan vulnerables que solo la atención y la compañía adecuada evitarán posibles secuelas emocionales.

Ibone Olza

El parto es un momento irrepetible en nuestras vidas. Tanto es así que muchas mujeres embarazadas se lo imaginan como el día más hermoso de sus vidas, aquel en el que por fin podrán conocer a su deseado y esperado bebé.

Otras, en cambio, aunque anhelan vivir ese encuentro, tienen tanto miedo al parto o al dolor que puedan llegar a experimentar que desean sentir lo menos posible y que todo pase cuanto antes, en definitiva, que sea, como se suele decir, “una horita corta”.

Malos recuerdos

Aquello que esperamos o tememos que suceda en nuestro parto está muy condicionado por las historias escuchadas a las mujeres de nuestra familia y a las amigas. Si a esto le sumamos la información que recogemos de todo tipo de fuentes –a menudo sin darnos cuenta– antes del embarazo, el resultado es que cada mujer llega a este momento con unas expectativas personales y únicas. Pero lo que ninguna mujer desea ni espera nunca es que el parto sea traumático emocionalmente. Sin embargo, los estudios más recientes a nivel internacional revelan que, para una de cada tres mujeres, esta puede ser una experiencia traumática desde el punto de vista psíquico y que, para un 5%, el trauma será tan grave como para desencadenar un verdadero trastorno de estrés postraumático, también conocido como TEPT.

A diferencia de la depresión posparto, este se caracteriza por tener recuerdos constantes e inesperados de instantes del parto, tanto imágenes como flashbacks, los cuales generan una enorme ansiedad, además de la desagradable sensación de revivir una experiencia en la que se pasó muchísimo miedo.

Alarma innecesaria

El parto es un momento de gran vulnerabilidad para la embarazada, en el que a nivel cerebral hay un escenario neurobiológico y hormonal específico preparado para la impronta y el establecimiento del vínculo con su recién nacido. Esta situación hace que lo acontecido a lo largo del parto y de las primeras horas del puerperio pueda quedar vívidamente grabado en la memoria consciente de la mujer, tanto si es positivo como si es traumático.

Muchas madres han experimentado en su propia piel cómo durante el parto se les practicaban intervenciones quirúrgicas (episiotomías, cesáreas...) bajo el argumento de que había un “grave riesgo para la salud de sus bebés o de ellas mismas de no hacerlo urgentemente”. En realidad, no es tan importante la manera en la que haya transcurrido el parto objetivamente, ni cuán real fuera el peligro, ni que el bebé haya salido indemne del parto, sino el hecho de que en ese transcurso de tiempo las madres pensaran que ellas o sus bebés corrían un grave peligro, y sintieran miedo, indefensión u horror, emociones que han quedado ligadas al recuerdo de la experiencia del parto.

¿Cuáles son las causas?

Saber hasta qué punto puede llegar a ser traumática esta vivencia si se dan ciertas condiciones ayuda a prevenir sus secuelas. Es importante entender que las causas de los traumas son absolutamente personales, es decir, que una cesárea de carácter urgente puede ser muy traumática para una mujer, mientras que para otra es gratificante. Influyen muchísimo las expectativas, las vivencias previas y las razones médicas que haya o no para la intervención, pero sobre todo, y como veremos más adelante, la calidad del acompañamiento y el trato recibido durante la cirugía son elementos claves.

Cuando revisamos los estudios más recientes que abordan el tema del parto traumático, encontramos que existen varias causas que favorecen la aparición de los traumas emocionales. Algunas de ellas resulta difícil conseguir evitarlas, como, por ejemplo:

  • Ser primíparas, es decir, que sea el primer parto para las embarazadas.
  • Tener una complicación urgente que haga que el parto termine en cesárea o en parto instrumental.
  • Que el nacimiento del bebé se produzca antes de lo previsto.

En cambio, los efectos de otros elementos sí podrían evitarse con una atención respetuosa. Es el caso de:

  • El alto intervencionismo obstétrico –que supone exponerse a prácticas invasivas, desagradables e incluso dolorosas– aumenta el riesgo de vivir situaciones que requieran ser abordadas con posteriores intervenciones: fórceps, cesáreas...
  • Separar al recién nacido de su madre justo después del parto, la mayoría de veces solo por una cuestión de protocolo hospitalario.
  • Sentir que no se ha recibido el trato adecuado. La atención que los profesionales ofrecen a la parturienta influye enormemente en la percepción que ella tiene de su parto, y puede ser un factor crítico tanto en la prevención como en el desencadenamiento del síndrome de estrés postraumático.

Evitar intervenciones

El alto intervencionismo durante el parto, o lo que es lo mismo, que se realicen muchas prácticas innecesarias como:

  • rasurar
  • pinchar la bolsa
  • acelerar el proceso con oxitocina sintética
  • la episiotomía

Está siendo denunciado por diversas instituciones sanitarias, empezando por la Organización Mundial de la Salud. Precisamente, han sido estas denuncias las que han favorecido un cambio en la atención al parto, con el que se intenta evitar los procedimientos invasivos o dañinos.

Las nuevas recomendaciones del Ministerio de Sanidad están encaminadas a eliminar de la asistencia sanitaria las prácticas sin utilidad demostrada, cuando se hacen por rutina y puedan hacer del parto una experiencia desagradable. Pero, por desgracia, este cambio no ha llegado a todos los paritorios, y de ahí la importancia de informarse antes del parto sobre las rutinas hospitalarias, así como de optar por los centros y profesionales cuyas prácticas se basan en la evidencia científica.

La preparación al parto también ayuda a prevenir un posible trauma y a elegir la atención más adecuada. Conviene escoger un programa basado en:

  1. reforzar la confianza en el propio cuerpo
  2. la comunicación activa con el bebé
  3. en el uso de alternativas no farmacológicas para aliviar el dolor. Medidas como tener el apoyo de una doula, la compañía adecuada o un baño de agua caliente durante la dilatación permiten minimizar el riesgo de sufrir intervenciones innecesarias.

Conocer su protocolo

La percepción del trato recibido es otro de los factores que favorecen la aparición del trastorno de estrés postraumático. Cuando una mujer siente que no ha sido atendida de la manera adecuada, se genera un malestar difuso, y a menudo vago y difícil de comprender. Muchas madres han salido del hospital agradecidas, con el bebé en brazos, y semanas o meses después han comenzado a sentir que no fueron del todo bien tratadas. ¿Cómo se puede prevenir que esto suceda? Estando de parto es casi imposible reclamar un trato diferente, por lo que el papel del acompañante suele ser crucial. También es cierto que el buen trato se potencia cuando los deseos se piden explícitamente. Si nos dirigimos a los profesionales sanitarios educadamente, tratándolos de la misma forma que a nosotras nos gustaría ser atendidas, pidiendo de manera asertiva el respeto hacia nuestras elecciones y decisiones (presentadas en un plan de parto, por ejemplo), será más probable que todo vaya rodado.

Obviamente, esto ha de prepararse con meses de antelación, y no esperar a que el parto haya comenzado. Y es que, como ya sabemos, elegir el lugar y los profesionales adecuados para que estén a nuestro lado en ese momento es una decisión crucial, porque mientras en algunos centros se da el valor que le corresponde a nuestros deseos y está previsto que tomemos decisiones respecto al parto, en otros no lo está y, por lo tanto, la asistencia se ajusta al protocolo vigente en el hospital.

Las revisiones durante el embarazo y la presentación del plan de parto sirven para tomar el pulso a la calidad de la asistencia y a la receptividad del centro hacia los deseos de las parturientas. Nunca hay que dudar en cambiar de centro o de profesional si intuimos que no es el lugar apropiado.

Durante el embarazo es importante trabajar las expectativas que se tienen del parto para evitar que se vuelva una experiencia traumática.

Obsesionarse con el parto soñado favorece la desilusión. Es preferible abrirse a la incertidumbre, recordando que lo mejor es sentirnos respetadas y acompañadas. La doula norteamericana Joni Nichols dice:

“Cualquier nacimiento, sea parto sea cesárea, si es respetado es gozoso”.


Pero ¿Cómo reconocer un proceso traumático?

Algunas mujeres se enfrentan a su segundo parto sin haber digerido todavía el trauma provocado por el anterior nacimiento, ya que ni siquiera son conscientes de que realmente fue traumático. ¿Cómo saberlo?

  • Si pasaste mucho miedo, temiste por tu vida, la de tu bebé o por su salud, y si sientes que ese miedo se te ha quedado grabado.
  • Cuando revives constantemente lo ocurrido, si te vienen a la mente momentos de tu parto cada vez que ves imágenes y noticias sobre el tema, o si no puedes ni acercarte al hospital donde ocurrió sin sentir aprensión.
  • En el caso de que pensaras tener más hijos, pero a raíz de tu primera experiencia no te sientes capaz de volver a pasar por el mismo trago.
  • Si retomar la actividad sexual te resulta difícil, e incluso imposible, porque no logras evitar acordarte de lo que viviste durante el parto o porque sientes pánico ante la posibilidad de volver a quedarte embarazada.
  • También es sintomático que desees quedarte embarazada lo antes posible para intentar tener el parto soñado más que porque realmente desees tener otro hijo tan pronto.
  • Si no puedes evitar estar enfadada con las personas que te atendieron porque te sentiste maltratada y no logras superarlo.

Aun así, esto solo es una pequeña guía, ya que solo tú puedes saber qué sentiste y si lo fue o no.

Cesárea respetada

Nunca se tiene la garantía de que el parto transcurra según lo deseado, por eso hay que pensar cómo nos gustaría ser tratadas si necesitáramos una cesárea.

Hoy en día, en algunos hospitales, las madres pueden estar acompañadas durante la intervención porque están conscientes, ya que se realiza con anestesia epidural.

En caso de cirugía, el posparto inmediato también es importante. Salvo excepciones, el bebé puede estar piel con piel con la madre antes de concluir la operación. Eso reduce el estrés de ambos y ayuda al inicio de la lactancia.

Hasta hace poco, por norma, se separaba a la madre de su hijo durante unas horas. Las guías actuales aconsejan no solo el contacto inmediato tras el nacimiento, sino mantenerlo todo el ingreso.

Siempre acompañada

Estar acompañada durante todo el trabajo de parto se ha demostrado que es fundamental para mejorar el bienestar de la madre y para reducir la tasa de intervenciones.

El acompañante puede ser la pareja, la madre, la doula... Sea quien sea, es esencial que apoye las decisiones de la mujer y sepa estar disponible sin tratar de imponer sus ideas.

La guía de práctica clínica de atención al parto normal recomienda que la mujer esté acompañada por alguien que ella elija y puede cambiar de opinión cuando quiera.

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