La risa en el parto

PARTO FLUIDO

La risa cambió un parto que no evolucionaba

La ley de los esfínteres, establecida por la comadrona americana Ina May Gaskin, encierra claves muy básicas para descubrir cómo podemos favorecer el proceso del parto para que sea más fácil y fluido.

Blanca Herrera

Déjame que te haga unas cuantas preguntas indiscretas. ¿Eres capaz de hacer pipí delante de gente o te resulta mucho más fácil hacerlo cuando estás sola?, ¿eres capaz de hacer caca si están observándote?, ¿y si estas personas son desconocidas? Y una pregunta más: ¿alguna vez se te ha escapado la orina de la risa?

Bueno, todas estas indecorosas preguntas me ayudan a ponerte en situación para poder explicarte mejor a qué se refiere la matrona americana Ina May Gaskin con la “ley de los esfínteres”.

Ina May Gaskin es una de mis matronas preferidas. La lectura de sus libros me ha abierto los ojos en muchos aspectos, a mí y a comadronas y mujeres en todo el mundo. Cuando ya ejercía como matrona, al releer sus obras encontraba muchas respuestas o explicaciones a situaciones a las que yo me enfrentaba cuando acompañaba a algunas mujeres en sus partos. De alguna forma ponía palabras a mis intuiciones y observaciones. Por esa razón se ha convertido en un gran referente para mí y mi trabajo. Además, Ina May es una activista defensora de las mujeres, de su innata capacidad para parir y para amamantar. Y también ha criticado férreamente las prácticas médicas injustificadas sobre las mujeres y los recién nacidos.

Esta introducción sobre ella es casi obligatoria, puesto que hoy quiero contaros algo sobre lo que ha reflexionado mucho y que creo que nos puede ayudar.

El poder de la risa

Hace unos días, me acordé mucho de ella cuando estaba acompañando un parto en el hospital. Se trataba de una mujer que estaba pariendo a su segundo bebé y tenía un muy mal recuerdo de su primera experiencia; por esa razón, estaba bastante nerviosa. Tenía puesta la analgesia epidural y lo cierto es que el proceso no evolucionaba como cabía esperar en un segundo parto.

Cuando entré de turno, estuvimos hablando de su parto anterior y de cómo veía yo la situación. Decidimos bajar la intensidad de las luces, crear un ambiente más cómodo y tranquilo, y comenzamos a hablar de forma distendida con el objetivo de que se fuese relajando y apartando sus malos recuerdos. Al poco tiempo ya se encontraba en dilatación completa, pero el hecho de decírselo le generó de nuevo mucha tensión, ya que volvió con fuerza a su cabeza su primer parto: un expulsivo traumático que acabó en fórceps, con una episiotomía y rodeada de mucha gente.

Entró a ayudarme un compañero de la unidad, que con mucha discreción fue preparando lo que necesitábamos. Y cuando me di cuenta de que estaba tensa y que entre la epidural y el temor no podía reconocer lo que sentía en su cuerpo, decidí cambiar de estrategia. Me acordé de “la ley de los esfínteres de Ina May” y se me ocurrió una idea. Le pregunté: “¿Sabes algún chiste?, ¿quieres que te cuente yo uno?”. El caso es que empezamos a contarnos chistes y a reírnos a carcajadas, de modo que al poco tiempo empezó a asomar la cabeza de su bebé, y cada vez que ella reía la cabeza se hacía más y más visible en la vulva. Se lo mostré a través de un espejo y ella notó cómo cuando reía, tosía o simulaba un estornudo, asomaba más y más. Eso aún le produjo más risa, y todos reímos con ella, y así este bebé nació en mitad de un torrente de carcajadas y lágrimas de emoción. No es necesario explicar cuánto disfrutamos todos de este nacimiento. Al salir de la habitación, mientras la madre y el bebé estaban en contacto piel con piel e iniciaban la lactancia, mi compañero me comentó:

“Nunca había visto algo así, me parece lo más increíble que he presenciado jamás”.

Una sonrisa para Ina May.

La ley de las tres ‘P’

Una vez contada la práctica, ahora trataré de explicar la teoría de Ina May Gaskin. Cuando tratamos de encontrar, en la obstetricia clásica, alguna razón que justifique por qué muchas mujeres no pueden parir a sus hijos, lo que se hace es recurrir a la “ley de las tres P” :

  • Pelvis: Tamaño y diámetro de la pelvis que debe atravesar el bebé.
  • Pasajero: Tamaño del pasajero, es decir, del bebé.
  • Poder: Fuerza de las contracciones de parto.

Alguno de estos tres elementos parece “fallar” para que las mujeres no puedan iniciar, continuar o culminar el parto por sus propios medios sin ayuda farmacológica o quirúrgica. Y esta interpretación se ha generalizado de tal manera que pocas mujeres en el mundo actual, especialmente en los países desarrollados, son capaces de dar a luz por sus propios medios. Si esta incapacidad para parir tan generalizada fuera intrínseca a la hembra humana, la humanidad se habría extinguido hace mucho tiempo.

Ina May afirma que el cuello del útero y el periné se comportan como un esfínter, como el anal o el vesicular. De hecho, todos ellos son músculos, estructuras musculares que actúan cerrando un saco muscular contenedor de “algo” (orina, heces, bebés...) y que están preparados para abrirse y relajarse cuando llega el momento de evacuarlo, si se dan las circunstancias adecuadas. Sin embargo, los esfínteres son muy sensibles... no trabajan demasiado bien bajo presión y a destiempo, ¿a que es verdad?

¿Cómo se comportan?

Cuando Ina May habla de cuáles son los mecanismos de funcionamiento de los esfínteres, lo expone de la siguiente manera:

  • Los esfínteres se abren mejor en condiciones de intimidad y privacidad. ¿O no? Esta afirmación responde a muchas de las preguntas que os formulé al principio y explica también por qué cuando salimos de viaje y estamos en un entorno no doméstico, a menudo estamos estreñidos durante dos o tres días, hasta que entramos en confianza.
  • Los esfínteres no responden bien a las órdenes del tipo: “empuja”, “empuja ahora” o “una, dos, tres... pipí”. ¿Os resulta familiar? De igual forma que no podemos defecar cuando lo decidimos racionalmente pero sí podemos colaborar cuando es el cuerpo el que decide que es el momento adecuado. Es entonces cuando sentimos las ganas.
  • No están exactamente bajo nuestro control voluntario, porque no podemos abrirlos y cerrarlos a nuestro antojo, salvo que estén preparados para abrirse, en cuyo caso podemos “cerrarlos” y después relajarlos cuando estamos en disposición de hacerlo.
  • Los esfínteres son tímidos, incluso en el momento en que están en proceso de apertura; si de repente cambian las circunstancias, pueden volverse a cerrar. En muchas ocasiones, una presencia inoportuna puede llegar a bloquear el parto.
  • Tampoco responden muy bien a los elogios. Imaginaros la situación: “Venga adelante, defeca un poco más, así, muy bien”. ¿Podrías seguir? Seguro que no.
  • Los esfínteres se abren muy bien cuando se abre la boca. Por esta razón, cuando estornudamos, tosemos o vomitamos se nos puede escapar el pipí o incluso los gases. Y también por la misma lógica, cuando reímos todos los esfínteres están mucho más relajados y quienes padecen de incontinencia pueden tener pérdidas de orina.
  • Los esfínteres se abren mejor cuando su dueño está relajado. Bueno, esto creo que no necesita explicación. Hay personas que tienen que hacer sus necesidades en su propio cuarto de baño, porque es el único lugar en el mundo en que se encuentran lo suficientemente relajados para lograrlo.

Es muy curioso, pero ella refiere incluso casos en que el cuello del útero se ha “cerrado” o el proceso del parto se ha detenido ante una modificación de la situación: un cambio de escenario (por esta razón ahora se tiende a unir dilatación y paritorio en la misma habitación), irrupción en la escena de una persona que rompe la sensación de relajación y confianza, etc. En la literatura obstétrica del siglo pasado se encuentran historias en las que el médico era llamado para asistir un parto inminente y cuando entraba en la habitación de la mujer el parto se detenía. Probablemente por la presencia repentina de una persona “extraña”. En la actualidad esto es difícil verlo, puesto que cuando la dilatación se ralentiza en la mayoría de los hospitales se administra oxitocina a través del gotero. Y en muchos casos las contracciones se estimulan por sistema desde el principio del proceso. Todo esto hace difícil que los profesionales puedan aprender a discernir qué es “normal” y qué no, de un modo general.

Técnicas consecuentes

Bueno, realmente creo que se ha avanzado mucho gracias a la obstetricia moderna, igual que con la agricultura o la ganadería moderna. Pero también pienso que a veces hemos realizado estos avances sin valorar las implicaciones y las consecuencias de inhibir o bloquear lo que el cuerpo está preparado para hacer por sí mismo. Es decir, no hemos tenido en cuenta todos los factores de la ecuación. Quizá una manera de avanzar sería usar estas técnicas de forma apropiada, sin aplicarlas a todas las mujeres, sino simplemente a aquellas que las necesitan y en el momento en que las necesitan.

Creo, sinceramente, que hay que profundizar en el estudio de la fisiología del parto y tratar de entender que si hay medidas sencillas, inocuas y naturales que pueden solucionar problemas sin recurrir a intervenciones o fármacos, y, sobre todo, que pueden evitar la creación de nuevos problemas innecesarios, deben ser puestas en práctica en lugar de seguir medicalizando todo el proceso del parto, que se está desnaturalizando y haciendo más difícil.

Os aconsejo que leáis algunos de los escritos de Ina May Gaskin. Creo que disfrutaréis mucho de esta poderosa mujer que promueve el empoderamiento de las madres y de sus criaturas en el parto, el nacimiento y la lactancia.

Ambiente y compañía: el entorno es determinante

Al igual que la presencia de observadores indiscretos puede inhibir un proceso involuntario como el del sueño, una compañía inadecuada puede complicar un proceso involuntario como es el parto.

  • Hay que crear entornos que favorezcan la intimidad y la privacidad, sabemos que las mujeres pueden parir mucho más fácilmente en ambientes agradables, sin que haya interrupciones ni distracciones, donde se respete la intimidad. Por tanto, no te conformes y solicita que así sea.
  • Demanda que las puertas estén cerradas, las luces no sean demasiado intensas y las personas que entren y salgan lo hagan solo en caso necesario y siempre de forma discreta, pidiendo permiso y presentándose. Recuerda que quien pare eres tú y quien debe sentirse cómoda, segura y en intimidad eres tú. Asegúrate de antemano que el entorno será propicio.
  • No dudes en pedir a tu matrona y a las personas que te acompañen que sean comprensivos, que respeten tu pudor y tu timidez, y también tu ritmo, tus tiempos y tu derecho a la privacidad.
  • Tú o tus acompañantes deben ser de tu total confianza, hasta el punto que podrías ir al baño u orinar sin pudor, gritar o gemir delante de ellos. En definitiva, personas ante las que no te sientas en la obligación de guardar ninguna compostura. Piénsalo muy bien a la hora de decidir la compañia.

Relajada, los pujos son más eficaces

Todo el cuerpo está conectado de forma que no es posible relajar una parte mientras el resto permanece contraído. Para lograrlo, conviene tener en cuenta estas pautas.

  • Es importante disminuir la tensión, relajar la boca, y si es posible tratar de reírse, o al menos gemir, emitir sonidos graves que consigan relajarla.
  • Las matronas sabemos que es mejor no dirigir los pujos, salvo en los casos que una epidural muy bloqueante no permita que la mujer perciba las sensaciones. En estas circunstancias, no queda otro remedio que avisarla de que viene una contracción de expulsivo.
  • Los pujos son mucho más eficaces cuando se sienten las ganas de pujar. Igual que la defecación es fácil cuando tienes ganas de ir al baño. No dejes que te dirijan. Cuando llegue el momento, haz lo que tu cuerpo te diga y pide que no te den órdenes que contravengan lo que tu cuerpo está sintiendo.
  • Es mejor realizar pujos a glotis abierta, es decir, soltando aire, antes que empujar bloqueando el aire en tus pulmones, porque este tipo de pujos aumentan mucho la presión en la cabeza y son menos eficaces.
  • Los más eficaces y rápidos son aquellos que suceden sin que los podamos controlar. Esta situación recibe el nombre de reflejo de eyección materno-fetal y solo ocurre si la madre está muy relajada y confiada.

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