Parto en hospital

PARTO

Sí, en el hospital ¡pero a gusto!

Si el entorno influye en el parto y cada vez hay más maternidades con espacios cálidos que lo favorecen, ¿te conformarás con cualquier tipo de sala?

Ángela Müller, Marta Parra

Todos somos conscientes de la influencia que tiene el espacio y el ambiente sobre lo que en ellos ocurre: nunca elegiríamos la cafetería de una ruidosa estación de autobuses para una cena romántica, pero sí un coqueto restaurante a la luz de las velas.
¿Verdad que es fácil darse cuenta de que el clima que se respiraría en estos dos lugares sería completamente distinto? Pues lo mismo puede aplicarse al parto, ya que, como alguien dijo una vez, es una cita a ciegas con el amor de tu vida.

Los espacios donde las mujeres dan a luz necesitan ofrecer todo aquello que es esencial para favorecer el proceso, es decir, intimidad, seguridad, confort, calidez... En definitiva, lo ideal sería poder sentirse “como en casa”.


La distribución del espacio, el mobiliario, los acabados y los tonos elegidos, los elementos decorativos, la privacidad que ofrecen, el clima que logran crear... son factores que influyen en todo aquello que acontece en un lugar, y los espacios destinados a atender partos no escapan a esta realidad.

Sin cambiar de sala

Antiguamente, respondiendo a la filosofía de entonces de la atención al parto, las salas de dilatación estaban separadas de los paritorios. Esto generaba –y aún lo sigue haciendo en los hospitales que no han cambiado su distribución– un traslado de las parturientas en el peor momento del proceso, justo al final de la dilatación. Entre la fase de dilatación y el expulsivo, hay un periodo de transición variable que requiere un extra de tranquilidad e intimidad. Esta fase le sirve a la madre para coger fuerzas para el expulsivo, y al bebé para recuperarse antes del nacimiento. Tener que ir de una sala a otra durante el parto, pero especialmente al final de la dilatación, significa ignorar la necesidad del cuerpo en esa transición, y es contraproducente. Hoy en día, los hospitales que han modernizado sus instalaciones cuentan con las llamadas Unidades de Trabajo de Parto, Parto y Recuperación (UTPR), las cuales acogen el proceso en su totalidad.

También es conveniente que este espacio esté separado de la zona quirúrgica, porque cuando los paritorios forman parte de esta área el parto se suele entender y atender como un proceso médico potencialmente peligroso, en lugar de como algo fisiológico y natural.
Algunos hospitales ni siquiera disponen de paritorios, sino que los partos tienen lugar en los mismos quirófanos “multiuso”. De esta manera, se condiciona la atención e impregna el proceso de cierta sensación de miedo y peligrosidad, entre otros aspectos, porque todo el personal sanitario, incluso la persona que la mujer ha elegido para que la acompañe, debe llevar vestimenta estéril, o lo que es lo mismo, bata, gorro y calzas.

Si bien no es para nada recomendable que los paritorios estén dentro de la zona quirúrgica, sí que se considera un indicador de calidad que las salas de operaciones se encuentren lo más cerca posible del bloque obstétrico, por si fuera necesario realizar una cesárea.

Observa cada detalle

Cuando visites la sala de parto escucha tus primeras sensaciones, fíjate en todo e imagínate dando a luz allí. ¿Cómo te sentirías? ¿Crees que tendrías suficiente intimidad? ¿Hay una puerta o ventana por la que te puedan observar? ¿Se escucha lo que pasa fuera? ¿Es posible regular la temperatura o la luz, o bajar las persianas? ¿Hay un potro obstétrico en el centro de la habitación o hay una cama en un lado? Estos aspectos te darán pistas sobre la atención al parto que ofrece el hospital y sobre cómo te podrías sentir ese día. Confía en tus primeras impresiones.

Lo ideal sería que el lugar te invitara a entrar y a quedarte, y que fuera confortable para todas las personas que participen. Eso sí, no olvides que por muy pequeño que sea, tienes derecho a estar acompañada.

¿Puedes moverte?

Este es un dato crucial. El parto es movimiento y, por lo tanto, el espacio debe permitirle a la mujer caminar y adoptar la posición que necesite en cada momento.
En los diseños antiguos, la cama (o el obsoleto potro) está situada en el centro de la sala, como pieza dominante. A su alrededor, hay espacio libre para que los profesionales se puedan mover, mientras la mujer, tumbada e inmovilizada, se ve obligada a dar a luz en la posición menos fisiológica posible.

En cambio, en el nuevo concepto de espacio, la cama se ubica en un lado para que la mujer pueda moverse con libertad y, además, se provee de mobiliario que pueda ayudarla a adoptar distintas posturas durante la dilatación: una liana en el techo, una barra de agarre específica, una pelota de pilates, una silla de partos... También se aconseja que la mujer tenga acceso al aseo y a la ducha sin tener que salir de la propia sala de parto.

Requisitos indiscutibles

La habitación debe disponer de todo aquello que sea necesario para atender tanto un parto natural como uno instrumental, e incluso si la mujer desea recurrir a la epidural debe poder administrársele allí mismo.
Aun así, el agua caliente debería formar parte de la oferta de cualquier maternidad moderna, porque es un potente analgésico y sedante natural. Una bañera de partos, o en su defecto una ducha, es un elemento deseable, pero disponer de una no es suficiente; para poder dar a luz dentro de ella es necesario asegurarse de que el personal que asistirá el parto cuenta con formación específica. Y es que son muchos los centros que se han subido al tren de “lo natural”, pero en realidad todavía se encuentran a medio camino.

En cuanto a la iluminación, tanto la natural como la artificial, sería preferible que fueran regulables. La luz tenue ayuda a bajar el nivel de alerta de la mujer y es un factor más de tranquilidad. En un momento dado, una lamparita de mesa puede resultar de gran ayuda.

¿Y si es cesárea?

Todas soñamos con el parto perfecto, pero la realidad es que una de cada cuatro mujeres en España (una de cada tres en la sanidad privada) traen a sus hijos a este mundo mediante cesárea. Por tanto, no está de más informarse sobre cuál sería el procedimiento que seguirían los profesionales si fuera necesario realizar esta operación.

La primera pregunta es si el hospital tiene un quirófano obstétrico dentro del área de partos o si para practicar una cesárea la mujer tiene que ser trasladada al bloque quirúrgico general. Especialmente delicado es el momento inmediato tras la operación, cuando la madre suele pasar a una sala de reanimación, frecuentemente separada de su bebé. Esta es una de las razones por las que sería conveniente asegurarse de que el centro tiene un protocolo que apoya los cuidados piel con piel, tal y como recomiendan los documentos sanitarios oficiales, así como que, si todo va bien, madre e hijo no serán separados en ningún momento.

Asegurarse de que podrás estar acompañada en todo momento por la persona que tú elijas, incluso en el quirófano, te dará mucha tranquilidad, sobre todo cuando algo no va como esperabas.

Pensando en el bebé

El recién nacido es el otro gran protagonista del parto. Un buen diseño y organización de los espacios en función de la calidad de la asistencia también repercutirá en un nacimiento lo más tranquilo y saludable posible. Tras el parto, lo normal es que la mujer desee descansar junto a su hijo recién nacido. Pero el padre también. El inconveniente es que en España es poco frecuente que en las salas de parto haya una cama de matrimonio para acoger este posparto inmediato, mientras que en otros países del norte de Europa, como Alemania, Holanda o Noruega, se está convirtiendo en algo común. Por seguridad, es importante que haya una cuna térmica provista de todo lo que sea necesario para reanimar al bebé si fuera necesario. Aun así, lo mejor es que no esté a la vista de la madre para no causarle un temor innecesario.

Cuando el bebé necesita ser ingresado en una Unidad de Cuidados Intensivos Neonatal es imprescindible que los padres puedan cuidarlo durante las 24 horas del día. Para ello, un sillón reclinable con espacio para dejar el bolso, la ropa o una botella de agua son detalles esenciales que marcan la diferencia. Un hospital respetuoso también ofrece espacios adicionales para madres y padres, donde pueden descansar, comer, hablar, llorar y coger fuerzas.

¡Que no te engañen!

Hay hospitales que ofrecen un parto natural o de “mínima intervención”, y luego, cuando ves la sala de parto, te encuentras con un potro obstétrico y ningún tipo de material que pueda ayudar en el momento del parto (pelota de pilates, liana, bañera...). También puede ocurrir que dispongan de unas estupendas salas de parto, pero que estén reservadas para un grupo selecto de mujeres.

Que el hospital cuente con la acreditación IHAN (Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia) lanzada por la Organización Mundial de la Salud y Unicef no siempre garantiza que sus protocolos apoyen la unidad madre-bebé. Muchos hospitales aún se encuentran en el camino del cambio, así que es importante aprovechar el embarazo para buscar el centro que más y mejor satisfaga tus necesidades.

Preguntas importantes

Cuando visites la maternidad sería conveniente que te fueras sin dudas. Te proponemos algunas cuestiones que podrías plantear.

Respecto a las instalaciones:

¿La dilatación se hace en la misma sala que el expulsivo? Si necesitara anestesia, ¿vienen a la habitación a ponérmela? ¿Disponen de métodos no farmacológicos para aliviar el dolor? En caso de cesárea, ¿podré estar con mi hijo en la sala de reanimación tras la operación?

Sobre la atención al parto:

¿Cuál es su tasa de inducciones, partos instrumentales y cesáreas? ¿Puedo estar acompañada por quien decida todo el tiempo? ¿Se practica el contacto piel con piel tras el nacimiento?

Instalaciones:

Asegúrate de que podrás disponer de...

  • Un espacio único donde dilatar y dar a luz. La sala debe acoger todo el proceso para evitar el traslado de una habitación a otra en pleno trabajo de parto, porque este cambio de sala puede resultar contraproducente.
  • El material médico necesario, pero fuera del alcance de tu vista, porque, si no, puede ser un factor estresante para ti y tu acompañante. Cualquier tipo de instrumental y medicación, así como los gases medicinales, tienen que estar a mano, pero preferiblemente en un segundo plano para darte un mayor confort.
  • Una luz agradable ofrece más calidez a la habitación. La luz natural es terapéutica en sí misma, y aún es mejor si a través de la ventana se observan unas vistas bonitas. La luz artificial debería ser regulable, ya que la iluminación tenue favorece la sensación de intimidad, tan beneficiosa para el parto.
  • Alternativas para aliviar el dolor durante las contracciones: una pelota de pilates, algo para agarrarte o colgarte, apoyos... Llevarte tu música favorita o alguna foto también te ayudará a que te sientas como en casa.
  • Una bañera de parto es un buen aliado tanto en la fase de dilatación como durante el expulsivo. El agua caliente es un potente analgésico que debería formar parte de la oferta de cualquier maternidad. Si no fuera posible, una cómoda ducha podría ser un eficaz sustituto.

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