Episiotomía

PARTO RESPETADO

Todo lo que necesitas saber YA de la episiotomía

No es un simple cortecito sin más en el periné, sino que en pocos casos es útil y tiene importantes secuelas, sobre todo en el posparto. Moverte libremente al dar a luz, te ayudará a evitarlo.

Pilar de la Cueva

No sé qué te habrán contado o qué habrás leído sobre la episiotomía, pero ese corte que se hace durante el parto en el periné –más exactamente en el extremo inferior de la vulva– suele ser innecesario. En teoría, se realiza para facilitar la salida del bebé, pero, en realidad, lo único que suele acarrear son molestias y problemas en el posparto.

¡Por fin se cuestiona su práctica!

Temida por las madres, la episiotomía ha sido aceptada durante décadas como una praxis normal en los hospitales de todo el mundo, aunque solo sea una consecuencia más del exceso de medicalización del nacimiento. En cambio, hoy en día está muy cuestionada por los profesionales de la salud, ya que, según ha demostrado la experiencia y la ciencia, en la mayoría de los casos causa más daños que beneficios.

Mitos sin confirmar

¿Quieres saber cuáles eran los argumentos en los que se basaban para practicarla de forma rutinaria? Aquí los tienes:

  • Menos dolor. Las mujeres que la han sufrido saben que duele mucho más que un desgarro, que se produce por las líneas de los tejidos donde hay menos tensión. Es mejor esperar un par de contracciones más, sobre todo si son generadas por las propias hormonas (no sintéticas), que tener dolor durante días al moverse.
  • Evitar un desgarro. Parece poco probable que se pueda prevenir haciendo otro corte que puede favorecer que los tejidos se sigan rasgando por esa línea, salvo que la lesión que se quiera prevenir sea mayor y con más repercusión.
  • Facilitar el descenso y la salida. Si el bebé no está preparado, una episiotomía no lo ayudará a salir, ya que los huesos y músculos que se encuentra por el camino necesitan su tiempo para abrirse. En cambio, si se opta por cortar mucho y antes de tiempo, el sangrado será mayor, y el posparto con una anemia sería agotador.
  • Acortar el proceso. Un parto más rápido no es necesariamente mejor ni para el bebé ni para la madre, sobre todo si hablamos de una diferencia de minutos. Sin embargo, un puerperio sin molestias físicas se disfruta más.
  • Sin lesiones. Dañar los músculos perivaginales por sistema para evitar una dudosa lesión no parece un método eficaz; hay mujeres que sufren problemas durante años por esto, problemas que no aparecen en ningún registro porque no se contabilizan. Para evitar lesiones en el parto, es más importante saber cuáles son las posturas que las favorecen o las previenen, así como ser consciente de que forzar las contracciones y el nacimiento con oxitocina sintética también aumenta el riesgo de que se produzcan.
  • Prevenir la incontinencia. Las causas de este trastorno son muchas, entre ellas el embarazo en sí y el peso del útero, que debilitan y hacen descender los músculos de la pelvis. Aun así, si la mujer tiene esta musculatura fuerte y la rehabilita tras el parto de forma adecuada, no suele tener incontinencia. Este trastorno es más habitual en mujeres sedentarias, con tejidos débiles. Otra de las causas principales son los malos hábitos, y el más común es aguantarse las ganas de orinar; no se sabe que ignorar ya la primera señal hace que las paredes se vayan dilatando y perdiendo su tono habitual.

¿Necesaria? En contadas ocasiones

En muy pocos casos la episiotomía puede ser necesaria, y precisamente es el hecho de no hacerla de forma habitual lo que permite a los profesionales que atienden el parto detectar en qué momento, realmente, la piel de la parte posterior de la vagina puede estar en peligro de romperse de forma más seria, y solo realizarla en estos casos. En cambio, cuando se observa que el desgarro que se va a producir será pequeño, siempre es preferible no practicarla y dejar que esa separación de los tejidos se produzca espontáneamente por la línea de menor resistencia.

Las consecuencias

Como todo acto quirúrgico, puede implicar:

  • Hemorragias
  • Dolores en el posparto
  • Hacer más difícil la lactancia materna, por culpa de esos molestos puntos que en muchos casos producen tensión y malas posturas.
  • También es habitual que cause dificultades a la hora de reanudar las relaciones sexuales.
  • E incluso algunas mujeres han llegado a tener una fístula comunicada con el recto que ha requerido de otra nueva cirugía.

Es indiscutible que la episiotomía de rutina debe desaparecer, pero entonces...

¿Por qué sigue siendo tan difícil cambiar esta práctica?

Quizá, en su formación, a muchos profesionales se les enseñó que la episiotomía debía practicarse de forma casi sistemática si:

  • Se encontraban con situaciones como un primer parto donde el bebé fuera grande.
  • En el caso de que se usara epidural para que la parturienta tuviera que empujar menos.
  • Ante el riesgo de pérdida del bienestar del bebé, cuando hubiese necesidad de acelerar la expulsión.
  • O si se usaban fórceps, ventosas...

Pero, aunque ahora ya no se considera necesaria en ninguna de estas situaciones, seguramente aún se requiere un cambio más profundo.

Parir es algo natural

Las guías científicas actuales en todo el mundo, así como la Estrategia de Atención al Parto del Ministerio de Sanidad, recomiendan limitar al máximo su uso, dentro de una atención al parto más respetuosa con su fisiología.

Todo va unido a un cambio en la concepción del nacimiento, en la que este deja de ser considerado un acto médico potencialmente peligroso, para ser visto como lo que realmente es, un proceso natural, trascendente e íntimo, que forma parte de la sexualidad de las mujeres.

En esta nueva visión, los peligros no se ignoran, sino que se vigila con discreción, sin interferir y sin generar emociones negativas que paralicen y compliquen el parto, al mismo tiempo que se favorece que la mujer adopte la postura que le resulte más cómoda en cada momento, y es que si no lleva epidural, o la lleva pero tiene sensaciones suficientes, notará la necesidad de moverse y de colocarse en diferentes posiciones durante el expulsivo.

Es bueno saber que hay centros que tienen índices de episiotomías inferiores al 6%, lo que demuestra que si se respetan los tiempos y se dan las condiciones apropiadas, el cuerpo está diseñado para parir sin hacer “ampliaciones”.

Y si al final te la hacen ¡Es muy importante cuidar la herida!

  • Toma analgésicos, como paracetamol o ibuprofenos, para reducir el dolor de los primeros instantes. Lógicamente, también podrás recurrir a aquellos que te prescriba el personal sanitario, ya que con su experiencia te darán aquellos que no estén contraindicados con la lactancia materna. Si a pesar de seguir el tratamiento que te hayan recomendado sigues teniendo mucho dolor justo los días siguientes al parto, o bien persiste una vez la herida ya ha cicatrizado, sería conveniente que te acercaras a visitar a tu matrona para que te explorara, y así descartar una infección o hematoma.
  • Aplica compresas de hielo y cataplasmas de arcilla roja en la zona de la herida, porque alivia mucho.
  • También es muy importante que la mantengas limpia, pero se desaconseja usar agua caliente para que no proliferen microorganismos, ni tampoco frotar la herida a la hora de secarla para que no se irrite. En realidad, lo mejor sería que dejaras secar los puntos al aire, y si el tiempo lo permite, que te pusieras un poco al sol. En su defecto, siempre podrás echar mano de un secador.

Se insiste mucho en lo de mantener la zona seca porque acelera el proceso de cicatrización.

  • Los dolores de cicatrices ya cerradas se alivian con distintos métodos de fisioterapia (masajes, técnicas miofasciales, etc.). En ocasiones la mejoría es muy lenta, pero merece la pena continuar; al final, los tejidos se van relajando y recuperando su elasticidad.
  • Otros tratamientos naturales, como la acupuntura o la osteopatía craneosacral también pueden ayudarte.

Vigila al sentarte, mejor tumbada

  • No lo hagas de cualquier manera. El mejor modo de hacerlo es con la espalda bien pegada al respaldo y contrayendo los músculos de las nalgas, para disminuir la tensión sobre la herida.
  • Con tal de evitar que los puntos se abran, es mejor que no te sientes sobre un flotador.
  • Aun así, la posición más adecuada para los primeros días tras el parto es tumbada, para que la zona de la pelvis, que ha hecho tanto trabajo durante el embarazo y el nacimiento del bebé, pueda recuperarse sin tener que hacer el esfuerzo de sostener todo el peso de tu cuerpo.
  • Continuar haciendo los ejercicios de contracción del suelo pélvico, que seguro que ya hacías durante la gestación, también te ayudará a que los tejidos se regeneren todavía más rápido, porque así llega más sangre y se facilita la renovación de las células dañadas en la zona.

Y durante el embarazo: no te olvides de tus masajes perineales

  • Se recomienda dedicarle cinco minutos al día durante las seis últimas semanas del embarazo, y si no, como mínimo, dos veces a la semana.
  • Pon aceite de rosa mosqueta en tus pulgares e introdúcelos en tu vagina haciendo una ligera presión hacia el ano, y luego balancea suavemente tus dedos. También te lo puede hacer tu pareja.
  • Aunque el periné está listo para recibir al bebé, así se flexibilizan los tejidos y se reduce el riesgo de sufrir una episiotomía.

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