Elegir el pediatra

SALUD INFANTIL

Cómo elegir el mejor pediatra

Acudiremos a él en tantas ocasiones durante la primera infancia de nuestro hijo que es fundamental que tengamos una relación sincera y confiada.

Luis Ruiz

Los pediatras somos especialistas en patología y en puericultura, es decir, en cuidados de los niños. Eso nos permite hacer diagnósticos y tratamientos médicos y, en muchas ocasiones, orientar a los nuevos padres.

Pero, en realidad, los verdaderos especialistas en ese cuidado son las madres y los padres de los niños.

Por esta razón, otra de nuestras labores es conseguir que esos padres sientan la confianza en que ellos van a saber cuidar de su bebé, que lo van a conocer mejor que nadie y que, por eso, sabrán ofrecerle lo que necesita en cada momento.

Las recomendaciones que podemos hacer los pediatras en ocasiones están basadas en estudios científicos, sobre todo las referentes a la salud. Pero no todas las opiniones de los profesionales sanitarios tienen el mismo background científico: la diversidad de informaciones sobre un mismo tema implican diferentes formas de solventarlo.

Por ejemplo, en cuanto al método de crianza –cómo afrontar el descanso nocturno, dejando que los niños lloren a intervalos hasta que se duerman o acunarlos y acompañarlos hasta que lo logren o dormir con ellos– las opiniones difieren. Es entonces cuando los padres tienen que decidir.

Diferentes opiniones

Escoger es arriesgado y nos da miedo. Por eso, antes de tomar una decisión escuchamos opiniones y buscamos información. A veces entran en juego nuestros recuerdos: es posible que pensemos en el pediatra que nos asistió durante la infancia y la primera adolescencia, y con ese ejemplo in mente busquemos una persona que se le parezca y trabaje de forma similar.

La relación con los ginecólogos o las matronas también puede ser determinante en este proceso de búsqueda. Son ellos quien en muchas ocasiones dirigen a los padres hacia un pediatra, que suele ser neonatólogo del hospital donde ha nacido el niño.

Las opiniones de las abuelas, amigas o compañeras de trabajo también son de ayuda, ya que a todos nos gusta tener referencias directas sobre un profesional, y más si nos las da alguien a quien conocemos bien y con quien coincidimos en la manera de pensar. Finalmente, Internet puede ser una buena herramienta: a través de la Red podemos encontrar un pediatra respetuoso con la lactancia en Valladolid, por ejemplo.

¿Del seguro o privado?

En los servicios de salud de las distintas comunidades autónomas hay una asistencia pediátrica pública reconocida con muy buenos resultados. En este caso, la elección vendrá determinada por la disponibilidad de los cupos asignados.

Si preferimos la libertad de elegir un pediatra que atiende en una consulta privada, deberíamos tener en cuenta una serie de condiciones. La primera y más importante es que estemos de acuerdo con él o ella. También es fundamental que la comunicación en la consulta sea fluida: de nada nos sirve acudir a un gran especialista si no conseguimos aclarar nuestras dudas. Así, sería deseable que fuera fácil de localizar cuando nos surgen dificultades. En este caso, evidentemente, debería estar disponible y ser paciente con nuestras dudas, comprensivo ante preguntas que pueden parecer simples o absurdas, pero que responden a la angustia de unos padres primerizos.

Algunas administraciones han creado unos teléfonos de consulta de salud para cuando se nos presentan estas dudas a horas intempestivas.

Recursos diagnósticos

En cuanto a la manera de trabajar, un buen profesional debe conocer sus limitaciones y tener en cuenta las características sensibles de los posibles diagnósticos. Así, deberá ser sensato ante las sospechas diagnósticas, pero claro a la hora de orientarlas; hacer el trabajo de una forma no alarmista, pero siendo resolutivo. Evidentemente, ha de ser franco y certero en lo posible con sus diagnósticos, y tener un conocimiento de los especialistas de referencia y los mecanismos de derivación pertinentes. Los recursos de apoyo diagnóstico han de ser utilizados cuando sea preciso, sin escatimarlos pero sin acudir a ellos para calmar una angustia excesiva.

Creo que es importantísimo que el pediatra sea dialogante y que sepa convencernos de las circunstancias que determinan una acción sin necesidad de imponer su criterio.

¿Hombre o mujer?

Siempre se ha dicho que las mujeres se acercan mejor a los niños que los hombres... pero siempre ha habido más hombres pediatras que mujeres. De todos modos, actualmente la situación está cambiando: los estudiantes de medicina son mayoritariamente mujeres.

Personalmente, no creo que el sexo del pediatra deba influir en su elección, aunque pudiera ser que algunos padres tengan esa preferencia. Ser hombre o mujer no garantiza que cumpla todas las premisas para ser un buen pediatra. La experiencia previa de haber tenido hijos o no, o el tipo de vivencias que haya podido tener, sí que son factores determinantes. Y eso no se puede determinar a priori.

¿Joven o maduro?

La madurez es un grado y los médicos que ya tenemos cierta edad seguramente atesoramos una experiencia mayor que los pediatras jóvenes. En algunos casos, incluso somos los pediatras de los hijos de los que fueron nuestros pacientes hace unos años, que hoy, convertidos en padres, mantienen la confianza que anteriormente tuvieron sus progenitores en nosotros. Por otra parte, el pediatra joven probablemente estará más disponible y, quizás, conectará mejor con los padres al usar un lenguaje similar y compartir inquietudes parecidas, lo que puede favorecer la relación.

Actualizar nuestros conocimientos y formarnos continuamente es algo que hacemos todos los pediatras, por lo que la edad no tiene mayor relevancia. Tenerla en cuenta al decidirse por un pediatra u otro dependerá de los padres.

¿Alternativo o clásico?

En los últimos años están popularizándose métodos terapéuticos alternativos a la medicina convencional. Algunos padres que acuden a un médico homeópata, a un osteópata, o a otro especialista en técnicas no utilizadas tradicionalmente en nuestro país, y están satisfechos con los resultados, se plantean llevar también a sus hijos pequeños. Elegir un tipo de método terapéutico u otro es, desde luego, decisión de los padres, pero, en cualquier caso, es imprescindible un buen diagnóstico previo y una buena formación en el método terapéutico aplicado por parte del pediatra o del especialista en cuestión.

¿En línea o en el consultorio?

Cada vez son más los números de teléfono de consulta que dan respuesta, en ocasiones de urgencia, a un problema de salud o a otras dificultades que plantean los usuarios. Y aunque resulte extraño, cada vez somos menos los pediatras que estamos trabajando en un consultorio y localizables.

En algunas comunidades autónomas se están usando las nuevas tecnologías en especialidades médicas como la dermatología. Un especialista se sitúa frente a un ordenador y a través de una cámara web se comunica con un paciente –habitualmente, un adulto– que vive a decenas de quilómetros de distancia. Este sistema, que optimiza recursos en los lugares de baja densidad de población, seguramente sería el que querrían muchos padres para tener el pediatra en todo momento. ¡Quién sabe! Quizás eso suceda en un futuro. De hecho, algunas administraciones están favoreciendo la resolución de consultas telefónicamente y se están primando este tipo de conexiones.

Personalmente, considero que el contacto directo entre el pediatra de la familia y el niño es primordial. Aunque la utilización de las nuevas tecnologías permite mejoras en la accesibilidad a situaciones de urgencia y de búsqueda de información, creo que tener a los padres y al bebé en el mismo ambiente y el contacto físico no se puede suplir.

Buscad y escojed. Y tened en cuenta que siempre podéis cambiar de médico si no os gusta o no os entendéis bien con él.

Madurando la decisión

Hacernos algunas preguntas nos ayudará a reflexionar antes de hacer nuestra elección.

En primer lugar deberíamos pensar en cuestiones prácticas sobre la ubicación del consultorio.

  • ¿Está cerca de nuestra casa o de nuestro lugar de trabajo?,
  • ¿cuánto tiempo tardaríamos en llegar allí en las horas del día de mayor tráfico?
  • ¿se puede estacionar en la zona?
  • ¿el pediatra atiende en más de un consultorio?

Conocer el funcionamiento del centro es vital.

  • ¿Cuál es el horario de atención?
  • ¿Atienden fuera de este horario o los fines de semana?
  • ¿Cómo se obtiene una cita?
  • ¿Existe una sala de espera agradable para los niños?
  • ¿Existe un hospital de referencia?
  • ¿El pediatra trabaja en él?
  • ¿Los empleados del centro médico parecen amigables y demuestran interés por los niños?

Es importante conocer la formación y la experiencia del pediatra a través de otros profesionales o conocidos.

  • ¿Tiene alguna especialidad?
  • ¿Su actitud frente a la crianza coincide con nuestras inquietudes?
  • ¿Será él quien visite siempre a nuestro hijo o será alguien de su equipo?

El profesional perfecto

Si cumple estas características, es que se ha acertado de pleno:

  • Trata con personas que no saben de medicina: no debe ser alarmista.
  • Certero en sus diagnósticos, tiene que transmitir seguridad.
  • Debería mostrarse resolutivo, solucionando los problemas eficazmente.
  • Franco y claro, es vital que sepa hacerse entender por los padres.
  • Deberíamos sentir que está disponible, que nos dedica su tiempo.
  • Necesita ser una persona paciente con los niños y con los padres.
  • Es importante que sea una persona dialogante y comprensiva.
  • Su profesionalidad debe estar contrastada.
  • Debería ser fácilmente localizable para tranquilidad de todos.

Planificar la primera visita

Hacerlo en la recta final del embarazo, como recomiendan algunas sociedades científicas, proporciona una buena dosis de tranquilidad.

En algunos países, existe una visita previa programada para todos los futuros padres. Aunque en nuestro país no es muy habitual, sería recomendable, ya que de este modo podemos tener un primer contacto, empezar a conocernos y planificar las visitas posteriores.


Las visitas rutinarias suelen ser mensuales en el primer año y, posteriormente, se espacian. En cada autonomía hay un calendario de visitas en las que se comprueban unos parámetros de salud, se controla el crecimiento y bienestar de los niños, y se comentan las medidas preventivas recomendadas por las autoridades sanitarias.


También se realiza formación en puericultura, que en estos momentos está pasando a manos del personal de enfermería, siguiendo modelos como el inglés, donde los pediatras sólo visitan al niño enfermo.

¿Qué tener en cuenta para favorecer un encuentro relajado?

  • Cuando se trata de una revisión, no de una visita de urgencia, hay que escoger la hora más adecuada a los ritmos del bebé.
  • Cerca de su madre el bebé se siente seguro y relajado: el pediatra puede realizar muchas maniobras sobre su regazo.
  • El confort del bebé es lo principal: conviene que tenga el pañal limpio, su muñeco preferido a mano, que mame si lo reclama...

No

  • Es innecesario ir a la consulta con su hermano o la abuela. La atención de los padres tendría que estar centrada en el bebé.
  • Mostrarse recelosos o poco habladores. Si se comportan así, el niño desconfiará: la actitud de los padres le influye mucho.
  • Ir con prisas nunca es conveniente. Llegar con tiempo suficiente es el mejor antídoto contra la ansiedad.

Artículos relacionados