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Cómo prevenir la deshidratación de tu bebé

Algunas enfermedades o condiciones ambientales pueden provocar una pérdida de agua superior a la que se ha ingerido y pueden desequilibrar el balance de sales minerales del organismo. Así se puede dar una deshidratación que pone en riesgo la salud de nuestro hijo y que debemos prevenir y tratar.

Síntomas y causas

Boca seca, ausencia de lágrimas, disminución de la diuresis (orina), ojos hundidos y, en casos graves, consciencia alterada, que puede ir desde el letargo a la obnubilación e incluso al coma, son los síntomas de la deshidratación. En el lactante puede apreciarse un hundimiento de la fontanela, que es la zona sin hueso del cráneo situada en el vértice.

La causa más frecuente de la deshidratación es la pérdida de líquidos por una gastroenteritis con diarrea y vómitos. Pero también puede darse por una sudoración excesiva, una diabetes descontrolada, fiebre alta y prolongada, quemaduras extensas o una enfermedad que impida la correcta ingesta de líquidos, como una estomatitis con grandes aftas en la boca. Si bien los niños son más susceptibles que los adultos a la deshidratación, esta ocurre con mayor frecuencia en los niños más pequeños, especialmente cuando son menores de 12 meses.

Cuando se presentan síntomas como vómitos, y hay diarrea o fiebre, es preciso asegurarse de que el niño recibe el líquido necesario para restablecer su estado fisiológico óptimo. De hecho, la deshidratación se recupera completamente con tratamiento en la gran mayoría de ocasiones.

La causa más frecuente de la deshidratación es la pérdida de líquidos por una gastroenteritis con diarrea y vómitos

Cómo actuar

Ante los síntomas de deshidratación, las soluciones de rehidratación oral (SRO) al contener agua, iones (sodio, potasio, cloro) y ser fuente de glucosa, ayudan en gran medida. Se pueden adquirir en la farmacia o bajo prescripción del pediatra, y hay que ofrecer de manera constante pequeñas cantidades (con cuchara o jeringuilla), evitando que el niño tome de golpe grandes cantidades de suero que pueden acabar provocando vómitos. Si tiene fiebre, no hay que taparlo demasiado para no aumentar la sudoración.

Si los vómitos son continuos, de más de 12 horas, la diarrea dura más de una semana, el niño está muy irritable o aletargado, o la eliminación de orina es superior a la habitual (sobre todo con antecedentes de diabetes en la familia) y cuando haya sangre en las heces o en los vómitos, es preciso acudir al pediatra. También si el niño vomita incluso las pequeñas cantidades de líquido que le ofrecemos o, si no lo hace, cuando las deposiciones superen en cantidad y frecuencia a los líquidos que ingiere.

Las complicaciones posibles, muy excepcionales hoy en día, están ligadas a los daños que produce la falta de agua y nutrientes en órganos vitales como el cerebro o el riñón.

Te puede ayudar

· La deshidratación no es una enfermedad, sino un efecto secundario de una enfermedad (fiebre, gastroenteritis…) que debemos tratar hasta que desaparezca y evitar los riesgos asociados.

· Los bebés que solo toman leche materna no necesitan tomar agua. Si toma alimentación complementaria, sí ofrécele agua y soluciones de rehidratación oral, en pequeñas dosis pero constantes.