Cómo prevenir la muerte subita

BEBÉS SANOS

Cómo prevenir la muerte subita

A pesar de que no se conocen las causas, sí sabemos qué podemos hacer en los primeros meses para rebajar los riesgos al máximo.

Luis Ruiz

El Síndrome de la Muerte Súbita del Lactante (SMSL) es una patología de reciente reconocimiento. De hecho, hasta el año 1969 no se definió como tal. Posiblemente, las otras causas de muerte infantil la habían infravalorado.

En 1985 un pediatra de Hong Kong descubrió que entre las familias chinas con el hábito de dormir boca arriba el SMSL era un caso muy raro. En base a este dato, en los años posteriores se pusieron en marcha las campañas para que los niños durmieran boca arriba: en 1987 en Holanda, y entre 1991 y 1993 en Gran Bretaña, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Australia, Suecia y Canadá.

En nuestro país se empezó a trabajar en el SMSL en el año 1991 con la creación del Grupo de Trabajo para el Estudio y Prevención de la Muerte Súbita del Lactante en el seno de la Asociación Española de Pediatría. La primera campaña institucional de prevención se hizo en el año 2002. Pero a pesar de todas las investigaciones realizadas en los últimos años tanto en España como en todo el mundo, este síndrome permanece impredecible e imprevisible.

Aún sin explicación

El SMSL continúa siendo un proceso desconcertante con investigaciones de laboratorio conflictivas y para la que no disponemos de una etiología (estudios que expliquen sus causas) biológicamente plausible. Como desconocemos el origen y posiblemente dependa de muchos factores, los médicos usamos el término síndrome.

Así, se define como Síndrome de la Muerte Súbita del Lactante la muerte inesperada de un bebé que permanece inexplicada tras una minuciosa investigación del caso: autopsia sin resultados, visita del lugar de la muerte y revisión de la historia clínica. Según la hipótesis del triple riesgo propuesta por algunos autores, la causa de este proceso sería la conjunción de un paciente vulnerable (probablemente por condicionantes de origen prenatal) y la presencia de factores estresantes externos (como infecciones o hipertermia) que actúan en un período crítico (entre el mes de vida y el año).

En los últimos años hemos visto como el SMSL se ha convertido en una de las principales causas de mortalidad infantil en España. Seguramente, uno de los motivos ha sido la disminución de otras patologías con más peso en las estadísticas, por ejemplo, infecciones que se han ido controlando con medicación o vacunaciones, o diarreas que antes tenían alto riesgo de deshidratación y que ahora los padres, mejor informados, sabemos afrontar de forma adecuada desde el principio.

Las malformaciones congénitas o los problemas obstétricos del parto son los principales responsables de las muertes en el primer mes de vida, pero a partir de entonces y hasta el primer año el SMSL es la causa más importante. En el año 2006 se dieron 71 casos en España, lo que representa una incidencia de 0,17 por cada 1.000 recién nacidos.

Los adultos, como hemos visto en algunos deportistas de élite, también pueden fallecer por muerte súbita, pero en ellos va asociada a alteraciones vasculares o cardiacas en un 97% de los casos. En cambio, en el lactante no se aprecia causa orgánica alguna.

Lo que está en nuestra mano

¿Qué podemos hacer los padres para prevenir esta situación? Las principales recomendaciones se resumen en:

  • que duerma de forma segura (boca arriba y en un buen colchón)
  • que no se convierta en fumador pasivo (en una casa con niños nadie debe fumar, ni siquiera cuando el bebé no está presente)
  • que esté fresco (por miedo a que cojan frío por la noche, les podemos abrigar en exceso)
  • que tome leche materna.

En los prematuros es recomendable que antes de salir de las unidades de neonatos con el alta ya se les coloque en posición supino (boca arriba); como tienen mayor riesgo de SMSL, y la edad corregida (el tiempo que han permanecido en el útero materno más el que han pasado en la Unidad) los equipara a los bebés nacidos a término, hay que aplicarles las mismas medidas de prevención.

Apesar de la utilidad de estas recomendaciones es necesario tener en cuenta algunas apreciaciones que evitarán ciertos “efectos secundarios”:

  • Dificultades con la lactancia. La Academia Americana de Pediatría recomienda el chupete y dormir junto al niño. Pero el uso indiscriminado del chupete afecta a la movilidad de la lengua y puede ocasionar el síndrome de confusión del pezón en los bebés de madres que están amamantando, ofreciendo a su hijo el mejor alimento, y previniendo así el SMSL. En realidad, si la lactancia está bien establecida, el bebé puede aceptar el chupete sin dificultades. La lactancia materna y el chupete podrían ser compatibles en un bebé mayor de un mes.
  • Desarrollo. Se ha visto que aquellos niños que duermen boca abajo a los seis meses tienen un desarrollo cognitivo diferente a los que duermen boca arriba. Esta diferencia de movilidad y desarrollo neurológico no es evidente a los 18 meses, momento en el que los dos grupos tienen un nivel similar.
  • Deformación del cráneo. Se ha mencionado la plagiocefalia (forma de la cabeza en la que la porción dorsal ha quedado aplanada) como un efecto indeseado de permanecer muchas horas tumbado boca arriba. Si los bebés están todo el tiempo durmiendo en esta posición, podría producirse. De todos modos, y teniendo en cuenta que hay quien considera que esto no es así, con poner al bebé boca abajo a ratos cuando está despierto se reduce el riesgo.
  • Otros trastornos. Hay estudios que han asociado la posición en decúbito supino (boca arriba) con apneas del sueño, alteraciones del crecimiento, insomnio diurno o problemas de memoria y emocionales. Si, además, asociamos la postura boca abajo con un menor número de escoliosis, la mejora en la subluxación de cadera del recién nacido o una disminución del riesgo de reflujo gastroesofágico... la controversia está servida.

Rasgos característicos

  • La máxima incidencia del SMSL es entre los dos y los cuatro meses. Es esporádico de los seis a los 12, y excepcional después del año. El 90% de casos ocurren durante el primer semestre. Es más frecuente en los niños que en las niñas, y el riesgo es 10 veces mayor si existe el antecedente de un hermano.
  • Los casos se dan mayoritariamente en áreas urbanas, en los meses fríos y durante el sueño (de las 24 horas a las 9 horas de la mañana).
  • El SMSL es más común en prematuros pequeños por su edad de gestación, con displasia bronco pulmonar, neonatos con anoxia neonatal, test de Apgar bajo, menor respuesta a estímulos o mayor frecuencia de ingresos hospitalarios...
  • Se relaciona con madres con intervalos cortos entre los embarazos, madres jóvenes, anemia durante el embarazo, historia de abortos previos, adicción al tabaco o drogas, o falta de cuidados y controles pre y posnatales.

Actuar con prudencia

Hay otras situaciones médicas que no responden a un SMSL pero que podrían estar en relación y que deben de ponernos en alerta.

  • Antecedentes de apneas o EAL (episodio aparentemente letal). Ante un episodio de EAL es importante que los padres estén atentos a: lugar y circunstancias de la crisis, relación con el sueño y la toma de alimento, reacciones sensoriales, color de la piel (morada o pálida), tono muscular, postura o movimientos anormales, duración y tipo de reanimación requerida.
  • Sistema digestivo. Hay que ser cautos con los casos de reflujo gastroesofágico, estenosis de píloro, aspiración, infección, malformación congénita o anomalías funcionales.
  • Sistema neurológico. Los niños con epilepsia, hematoma subdural, infección, malformaciones congénitas...
  • Aparato respiratorio. La lista incluye infección, alteraciones respiratorias congénitas o adquiridas...
  • Metabolismo y sistema endocrino. Patologías como la hipocalcemia, la hipoglucemia, el hipotiroidismo, la fructosemia y otras intolerancias.
  • Salud cardiovascular. Cardiomiopatías, arritmias, infección (endocarditis), anomalías de los grandes vasos y otras malformaciones.

El papel del entorno

Es imprescindible informar a la sociedad a los padres y a los propios médicos del amplio contexto que comprende el tema del SMSL, para humanizar y normalizar el entorno que se genera ante un fallecimiento tan inesperado.

En ocasiones, el trato administrativo y los problemas que crecen alrededor no permiten a los padres pasar el duelo. En este sentido, las asociaciones de afectados que han surgido son un recurso de interés para las familias que están viviendo un proceso de esta índole.

Como ocurre en las situaciones extremas de la vida, la pareja que ha sufrido un SMSL ve aflorar discrepancias; cada uno puede tener ideas y pensamientos que le llevan en direcciones totalmente opuestas al otro en momentos esenciales de la vida en común. Incluso puede haber casos en que la separación aparezca como algo inevitable. Hablar largamente y buscar ayuda para aclarar conceptos será vital para mantener la convivencia y superar mejor la situación.

Reduciendo los riesgos

Que el bebé y los padres duerman en la misma habitación favorece la lactancia materna y los cuidados durante los períodos de sueño. Éste es el primer paso para poner en práctica las recomendaciones para prevenir el SMSL.

  • Acostad a vuestro bebé boca arriba; dormir boca abajo duplica el riesgo. Si el niño tiene reflujo gastroesofágico, comentadlo con el pediatra.
  • Escoged un colchón de calidad. Debe ser rígido y la ropa de cama estar bien ajustada. Evitad poner edredones amplios, juguetes blandos...
  • No lo abriguéis demasiado: el exceso de ropa o el calor en la habitación aumenta el riesgo. Constatad su temperatura corporal tocando su abdomen.
  • Mantened limpio el ambiente. No permitáis que nadie fume en el interior de vuestra casa bajo ningún concepto. Habilitad un espacio exterior.
  • Amamanta a tu bebé: es el mejor alimento para tu hijo y está científicamente comprobado que reduce el riesgo.
  • Si estás embarazada, recuerda que el consumo de alcohol, tabaco o drogas durante la gestación multiplica el riesgo de sufrir SMSL.