Familias viajeras

SALUD INFANTIL Y VIAJES

Los consejos del pediatra a las familias viajeras

Todo aquello que necesitas tener previsto ante los contratiempos típicos de viajar con niños.

Luis Ruiz

A estas alturas ya hemos decidido el lugar donde vamos a pasar las vacaciones. A todos nos conviene cambiar de aires y vayamos donde vayamos con nuestros hijos, todos los viajes tienen un denominador común que siempre preocupa a madres y padres: ¿Estará bien de salud? Disfrutar de estos días de ocio en familia dependerá en gran medida de que nuestros hijos no tengan nigún problema de salud.

La exposición al sol y los protectores son dos aspectos fundamentales. Aunque tomar ligeramente el sol y el aire es muy saludable, un exceso de rayos solares sin protección es peligroso a corto y medio plazo. Hay que tomar los baños de agua y disfrutar de la playa a las horas en las que el sol no esté en lo más alto, es decir, antes de las 11 y después de las 17 h.

De todas formas, aunque el sol esté bajo hay que usar siempre un protector solar especial para niños con un factor suficientemente alto.

El protector se debe aplicar media hora antes de la exposición solar, renovarlo cada dos horas, e insistir su aplicación en las zonas más delicadas:

  • rostro
  • nuca
  • hombros
  • espalda
  • muslos

Además de los filtros solares, en los niños más pequeños una camiseta de algodón les protegerá un poco más.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que aunque nos coloquemos bajo las sombrillas, los reflejos de los rayos en la arena y en el agua hacen que la insolación sea muy fuerte. En la montaña la insolación es mayor y hay que respetar los mismos horarios.

Organizar las comidas

No es lo mismo viajar con un lactante de un mes que toma pecho y, por lo tanto, con sus necesidades de hidratación y alimentarias cubiertas, que viajar con un bebé que toma leche adaptada, caso en el que tendremos que asegurarnos de que será fácil adquirirla en el lugar de destino o incluir en el equipaje la cantidad que vayamos a necesitar durante esos días.

Si los niños son mayores, no es preciso que sus comidas varíen mucho de las de los adultos. En general, no hace falta tomar precauciones, salvo si el niño es alérgico a algún alimento o padece alguna enfermedad como la celiaquía. En ese caso, viajar con una reserva de alimentos permitidos y tener claros los componentes de todo lo que coma el niño será suficiente.

Una buena idea es llevar una nota escrita en el idioma del país de destino con una explicación sobre la alergia al alimento o proteína, explicando el riesgo que se correría en caso de ingerirlo. De esta forma los cocineros de restaurantes y hoteles pueden ofrecer comidas que no los incluyan.

Probar nuevos alimentos es uno de los atractivos de las vacaciones, una oportunidad para conocer otras formas de alimentarse y preparaciones distintas de las que tomamos habitualmente. Aprovechando su curiosidad innata, durante estas semanas nuestros hijos pueden ampliar sus gustos. Por ejemplo, pueden probar algunas frutas propias de esa zona.

Con las altas temperaturas del verano es importante que los niños vayan reponiendo los líquidos que pierden con el sudor bebiendo agua (menos los lactantes, que con la leche ya tienen toda la que necesitan: si beben agua, se sacian y toman menos alimento del que necesitan). No hay que obligarles, simplemente ofrecérsela para que ellos decidan. Puede ser necesario optar por el agua embotellada si la del grifo no es de fiar o tiene un gusto desagradable para el niño; con mucho cloro o gusto a sal, por ejemplo.

5 Contratiempos típicos

Existen algunos trastornos propios del verano ante los cuales tenemos que saber cómo reaccionar. Estos son los tratamientos básicos:

1. Diarreas

Son frecuentes en los viajes y la causa es la colonización de nuestro intestino por virus diferentes a los habituales en nuestra zona. En general, son situaciones autolimitadas, con curación espontánea en una semana o menos, y en las que se debe tratar la pérdida de agua e iones. Evitando la deshidratación y comiendo lo antes posible se curan solas.

Las sales de rehidratación oral son la mejor opción para evitar la deshidratación mientras se espera que la diarrea desaparezca. Se pueden encontrar en cualquier parte del mundo y UNICEF las reparte de forma gratuita en países de renta baja.

No es recomendable administrar bebidas y refrescos gaseosos a los niños para prevenir la deshidratación ya que tienen una gran carga de sales e iones y pudieran ser perjudiciales.

Tomar preparaciones caseras tradicionales como diluir azúcar y un poco de sal en un litro de agua puede ser un recurso para los adultos, pero es mejor no usarlo con los niños. Las que se comercializan tienen la formulación exacta que necesitamos.

2. Fiebre

Es un síntoma que aparece ante la mayoría de infecciones o inflamaciones.

También cuando se toma excesivamente el sol. Hay que intentar bajar el exceso de temperatura con medidas físicas (quitarle la ropa, refrescarlo con trapos húmedos o, incluso, darle un baño), y si éstas no sirven administrar el antitérmico que habitualmente utilicemos. Si persiste, hay que consultar a un pediatra.

3. Vómitos

Para evitar los mareos y los vómitos en los viajes en coche o en avión se puede administrar a los niños fármacos antimareo que habrá que pedir al pediatra.

Si los vómitos son un síntoma de un cuadro de diarrea es importante intentar pararlos para poder hacer un tratamiento de la gastroenteritis por la vía oral. Para conseguirlo, en niños es recomendable usar el método de la jeringa y el reloj, que consiste en dar con frecuencia pequeñas cantidades de solución rehidratante con una jeringa durante las primeras horas (1,2 y 5 cc cada cinco minutos, incrementando la cantidad cada hora, por ejemplo). Cuando pasadas unas horas el niño tolera bien estas pequeñas cantidades el suero de rehidratación se administra a pequeños sorbos y se reinicia la alimentación habitual.

Contrariamente a lo que se ha transmitido durante años, los alimentos astringentes no son útiles: hay que tender a reestablecer una dieta normal.

4. Heridas superficiales

Para evitar la infección de cualquier herida lo mejor es lavarla con agua y jabón. La mayor parte de las veces esta medida de higiene es suficiente para que no se sobreinfecte. Aplicar un desinfectante como la povidona yodada o cualquier otro antiséptico son medidas que ayudan.

En el caso de quemaduras superficiales de primer y segundo grado por el sol u otra fuente de calor es importante la limpieza y la aplicación de alguna pomada con antibiótico y cicatrizantes. Preguntad a vuestro pediatra.

5. Picaduras de insecto

Son muchos los tipos de picaduras que podemos recibir en verano, pero las de los mosquitos son las más frecuentes. Para evitarlas es útil usar repelentes, que se deben aplicar sobre la piel a la hora que salen los mosquitos, habitualmente al atardecer y durante toda la noche. No es así en todos los casos: el mosquito tigre, cuya población está aumentando en muchos lugares de España, tiene hábito de picar durante todo el día. Los repelentes ambientales eléctricos también son eficaces.

Las picadas de arañas y pulgas pueden producirse en aquellas casas que han estado cerradas durante todo el año y que se abren para las vacaciones. Si se tiene esa sospecha, la medida más útil es fumigar antes de ocuparla. En el caso de mordeduras de otros insectos o animales más grandes la mejor opción es consultar con los especialistas de la zona.

Algunos niños, y también algunos adultos, reaccionan de forma muy exagerada a las picaduras de insectos como las abejas o los tábanos. Si esas personas conocen los peligros que representan estas picaduras para ellos, es importante que siempre lleven consigo medicación específica y muy activa para poder administrársela lo antes posible en caso de necesidad.

El botiquín básico para un viaje

  • En los viajes conviene llevar con nosotros aquellos medicamentos que solemos usar. Si viajamos al extranjero, debemos tener en cuenta que el idioma nos puede dificultar su compra o que sea imprescindible presentar la receta médica.
  • Puede ser útil llevar un desinfectante tópico, unas gasas estériles para cubrir heridas, esparadrapo y las tiritas de siempre.
  • También estaría bien tener a mano una pomada para las quemaduras que sirva también para las picaduras. Suelen ser un compuesto de antibiótico y corticoide. Hablad con el pediatra.
  • Las soluciones de rehidratación oral pueden llevarse en el botiquín de viaje en forma de sobres. Aunque algunas tienen mal sabor, son el mejor remedio.
  • Los antitérmicos es mejor llevarlos en polvo o en comprimidos porque el transporte de jarabes es más complicado. En cuanto a los supositorios, pensad que necesitan estar endurecidos para ponerlos, por lo que en verano no es muy útil llevarlos en la maleta.


Vacunas

En algunas lugares existen enfermedades que requieren vacunación:

  • La fiebre amarilla en África y en Sudamérica.
  • La encefalitis de los Balcanes en zonas rurales del centro europeo.


Atención médica ... y al volante

Antes de iniciar un viaje hay que tener asegurada una asistencia sanitaria. Si nos quedamos en España esto no supone ninguna dificultad ya que nuestra constitución nos la asegura a todos y la tarjeta sanitaria sirve en todas las comunidades autónomas.

En los países europeos también tenemos derecho a asistencia, pero es importante tener la Tarjeta Sanitaria Europea (www.seg-social.es).

Para el resto de países, es interesante contar con algún seguro específico.

Todas las Direcciones Generales de Tráfico en Europa nos recuerdan que hay que tomar las medidas de seguridad en la conducción y en el uso de medidas de sujeción. Los cinturones de seguridad son básicos y las sillas de adaptación para que se sienten nuestros niños, imprescindibles. Hay que pensar en ello al alquilar un coche.