Cortar el cordón puede esperar

NACIMIENTOS MÁS RESPETADOS

Cortar el cordón puede esperar

No hay prisas. Tras el parto continúa latiendo y suministrando un oxígeno que ayuda al bebé a entrar en su nueva vida libre de estrés.

Pilar de la Cueva

Una de las mayores preocupaciones cuando se produce un parto en un lugar inesperado suele ser encontrar rápido algo con lo que cortar el cordón. En estos nacimientos, además de comentar el buen estado de la madre y el bebé, se insiste en que se logró cortar el cordón con éxito. Pero cortar el cordón cuando ha acabado su función no es bueno ni malo. No hay prisa. Todo lo contrario, cortarlo antes de tiempo puede ser perjudicial.

CONEXIÓN VITAL

El cordón está formado por dos arterias y una vena enroscadas en espiral, que conectan a la madre y el bebé a través de la placenta. Ésta absorbe oxígeno, azúcar y muchos otros nutrientes de la sangre de la madre y los lleva a través del cordón hasta el ombligo del bebé. Desde allí llegan al corazón y se distribuyen por todo su organismo. Luego, la sangre vuelve al cordón umbilical llevando de regreso sustancias que hay que eliminar y que pasan a la sangre de la madre, que se encargará de expulsarlas por sus riñones y su respiración. El bebé aún no puede respirar para desprenderse del exceso de CO2, ni su riñón está suficientemente maduro para eliminar los deshechos del metabolismo.

GANAR MÁS TIEMPO

Cuando el bebé ya ha nacido, el cordón umbilical continúa latiendo proporcionándole sangre oxigenada. Hasta que realiza la primera inspiración hay un pequeño lapso de tiempo en el que aún no recibe oxígeno a través de los pulmones.

Iniciar la respiración es un sofisticado y complejo proceso que casi siempre sucede por sí solo y sin problemas. Pero cada bebé tiene su ritmo. Cuando inspira y consigue despegar por primera vez sus alveolos pulmonares, empieza a recibir oxígeno en su sangre, que llega al corazón rebosante del gas vital y produce una cadena de sucesos fisiológicos mediante los cuales toda la circulación sanguínea cambia de dirección. Así se cierran conductos que sólo funcionan durante la vida intrauterina. Después, el cordón se colapsa y deja de latir.

De las sustancias que lleva la sangre del cordón, sólo hay una que el bebé no puede de dejar de recibir en ningún momento: el oxígeno. Unos minutos sin él podrían suponer una lesión en su cerebro. Esos primeros momentos en que el bebé aún no respira, y que pueden durar en algunos casos hasta más de un minuto, no son peligrosos porque el cordón umbilical sigue latiendo y suministrando oxígeno.

UNA REACCIÓN DE ESTRÉS

Los mamíferos, especialmente los humanos, estamos muy bien dotados para la supervivencia. Al cortar el cordón e interrumpir de inmediato el flujo de oxígeno se produce una reacción de estrés que acelera el despegamiento de los pulmones. Los bebés sanos suelen tener la capacidad de pasar unos momentos sin oxígeno sin secuelas. Pero que muchos bebés se adapten bien a esta práctica con un sobreesfuerzo, no quiere decir que sea lo mejor, aunque se lleve haciendo muchos años.

La expresión de un bebé al que no se corta el cordón hasta que empieza a respirar –sobre todo si está desnudo sobre el cuerpo de su madre, el lugar idóneo para él– habitualmente es relajada. No tiene nada que ver con la cara de un bebé al que se corta el cordón de modo brusco nada más nacer y sin esperar a que inicie la respiración.

Un médico francés, Frédérick Leboyer, hace muchos años documentó este fenómeno con imágenes impactantes. Los bebés sienten, oyen, huelen, ven y se enteran de todo, en contra de lo que durante décadas se pensaba. Ante un estímulo molesto hacen muecas de dolor, y si hay una luz potente, cierran los ojos. Cuando se les priva de oxígeno, los bebés muestran estrés –al fin y al cabo es una situación de asfixia–. Si tras el corte del cordón el bebé logra iniciar la respiración pronto, no suele haber daño posterior. Si le cuesta, a veces sufre alteraciones en el tono, coloración, latido cardiaco, movilidad o temperatura, y puede necesitar maniobras de reanimación que se hubieran evitado manteniendo un aporte extra de oxígeno por el cordón.

EN CASO DE URGENCIA

Durante décadas, se ha pensado que cortar enseguida el cordón umbilical era lo correcto. Pero a la luz de los estudios científicos, se ha comprobado que es mejor esperar.

Hay excepciones en que es aconsejable un corte rápido: cuando un bebé tiene un problema serio y no se puede tratar encima de la madre, ante una hemorragia o urgencia vital de la madre, etc.

Si cuando nace el bebé, sale la cabeza y se ve que tiene una o varias vueltas de cordón en el cuello que tiran demasiado, o que hacen que el cordón no pueda latir, en ese caso sí hay que cortarlo para desenroscarlo de su cabeza y que no tire cuando salga el resto del cuerpo. Pero la mayoría de las veces las circulares son flojas y se pueden soltar sin que sea necesario cortar el cordón.

SABER ESPERAR

Siempre es mejor aguardar unos segundos tras el nacimiento, cuando la respiración ya ha empezado. Pero aún es mejor hacerlo cuando el cordón ya ha dejado de latir. Mientras late, el bebé sigue recibiendo sangre con sustancias adecuadas y acaba teniendo un aporte extra de hierro. También es muy beneficioso mantener ese flujo de oxígeno para los bebés que han empezado a respirar pero lo hacen con dificultad por algún motivo, o tardan más en poder obtener oxígeno suficiente a través de sus pulmones.

Cuando el parto ha sido complicado y el pediatra está valorando el estado del recién nacido, puede hacerlo mientras el bebé descansa sobre su madre, y así no privarlo del beneficio de la sangre que le llega por el cordón. Sólo ante casos graves y muy infrecuentes en que se le tenga que reanimar de un modo intensivo, el pediatra puede decidir llevarlo a una cuna especial donde tenga a mano los instrumentos necesarios.

No cortar el cordón favorece también el contacto piel con piel con la madre. Allí no perderá temperatura si se tapa a ambos con una sábana o manta y se coloca al bebé un gorrito en la cabeza. De hecho, en contacto con su madre el recién nacido mantiene mejor las constantes que en una incubadora: temperatura, glucosa en sangre, y frecuencia respiratoria y cardiaca.


Casos en los que aún es más necesario

  • Líquido amniótico teñido. Si las aguas han tomado un tono verde porque el bebé ha hecho su primera deposición dentro del útero o en el transcurso del parto, habitualmente la matrona o pediatra aspiran la boca y las vías respiratorias del bebé para prevenir que no aspire este líquido (meconio) que podría irritar los pulmones y causar una neumonía o dificultad para respirar. En estos casos es especialmente útil no cortar pronto el cordón para retrasar lo más posible la primera inspiración, intentando limpiar antes la boca y la nariz del bebé. Esta maniobra se puede realizar con una sonda mientras el bebé está encima de la madre.
  • Sufrimiento en el parto. Cuando un bebé ha pasado por esta situación es especialmente sensible a la privación de oxígeno. En el momento en que la respiración se inicia, gran parte del volumen de sangre se dirige hacia el pulmón, en detrimento del cerebro, agravando aún más la situación. Mantener el cordón latiendo y aportándole oxígeno es una ayuda extra para su recuperación y para evitar posibles secuelas.


La donación, un tema muy personal

  • Se realiza para poder congelar células madre que servirán para tratar una posible enfermedad futura o para donarlas a enfemos que las necesiten.
  • La extracción de la sangre ha de ser rápida y el corte del cordón, precoz. Esta situación obliga a plantearse que es lo mejor: el beneficio inmediato para el bebé o un beneficio a largo plazo o altruista.
  • Actualmente se está estudiando cómo poder obtener suficiente sangre retrasando la extracción o mediante otros métodos.


¿Y en caso de cesárea?

No cortar el cordón precipitadamente sigue siendo importante. Así el bebé gana tiempo para adaptarse a la vida exterior y comenzar a respirar.

  • Con paciencia. Durante una cesárea, cuando se saca al bebé del útero el cordón umbilical aún late con fuerza y está unido a la madre a través de la placenta. En la gran mayoría de estos casos se puede esperar un poco y cortar el cordón con calma, tras limpiar las secreciones de la nariz del bebé si el líquido amniótico estaba teñido.
  • Menos fármacos para el bebé. Si se usa anestesia general –caso infrecuente en la actualidad– retrasar el corte del cordón permite al anestesista añadir oxígeno y disminuir la cantidad de anestésicos en la sangre del bebé. Tras el corte puede aumentarlos, para que la madre esté más anestesiada mientras acaban la intervención.

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