Pero ¿cuánto tiene que comer?

NIÑOS MÁS SANOS

Pero ¿cuánto tiene que comer?

Él decide. Lo único que debemos hacer los padres es poner a su alcance alimentos saludables, sin obligar ni prohibir.

Julio Basulto

"Estás creciendo mucho”, le dice a Caillou su mamá al inicio de cada capítulo de los dibujos animados de la tele. Caillou, que tiene cuatro años, se siente querido e importante. Pero en un capítulo Caillou siente celos de André, un amigo dos años mayor que él, y le pregunta a su madre: “¿Qué puedo hacer para crecer tanto como André?”. Momento delicado. Abrazo a mi hija de cuatro años, con quien comparto sofá, mientras tiemblo al imaginarme la respuesta de la madre. Y la respuesta es: “Comer mucho y dormir mucho, hijo mío”. Me lo temía. Suspiro decepcionado. Con lo que me gustaban estos dibujos. En las siguientes escenas vemos a Caillou acostándose más pronto de lo normal y comiendo con voracidad. Y a su madre feliz y radiante de satisfacción, claro.

SOBRE DORMIR Y CRECER

Un niño que se acuesta antes no se duerme antes. Pero imaginemos que sí, que duerme más horas. Mi querida y admirada Rosa Jové, experta en el tema, dice que las horas de sueño no determinan el crecimiento, porque la hormona del crecimiento, que se secreta mientras dormimos, lo hace pero al principio del sueño, y no depende de las horas que se duerma. Hagamos como que no hemos oído lo de “dormir mucho” y vamos a la alimentación. Creo que muchos padres están convencidos de que “comer más” –es decir, comer por encima del propio apetito– hace crecer más. Y es verdad, se crece más, pero a lo ancho, no a lo alto.

Según las últimas directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS), para igualar a André cuando tenga su edad, Caillou debería ganar unos 4 kilos en los próximos dos años. Para que un niño gane 1 gramo de peso extra hacen falta unas 5 kilocalorías. Así, si la mamá de Caillou insiste en que su hijo coma más, por ejemplo tres galletas María extra cada día (unas 96 kcal), al cabo de dos años Caillou habrá engordado nada menos que 14 kilos. Y eso sólo a costa de unas galletas. Es decir, será un niño con una incuestionable y peligrosa obesidad.

Eso nos lleva al motivo de este artículo: nuestros hijos van a comer lo que necesitan. No hay más misterio. Comerán en función de lo que tienen que crecer. Si les damos menos calorías de las que necesitan, se despertará su apetito.

El apetito, que según la Real Academia es un “impulso instintivo”, ha hecho sobrevivir a la especie humana durante millones de años, así que a nuestros hijos no se les olvidará comer lo que necesitan, como a nadie se le olvida pestañear. Y si les obligamos a tomar más calorías de las que necesitan, ¿crecerán hasta convertirse en jugadores de baloncesto? Pues no, las almacenarán en forma de grasa. Si acaso podrían convertirse en luchadores de Sumo... cuya vida es 10 años inferior a la media por culpa de la diabetes, la hipertensión o las enfermedades del corazón que acaban padeciendo por su obesidad.

CAMBIO DE RITMO

Un bebé de un mes dedica el 35% de las calorías que toma a crecer. Es lo normal: en un año tiene que triplicar el peso que tenía cuando nació. Sin embargo, el mismo bebé, cuando cumpla un año, sólo dedicará a crecer un 3% de las calorías que tome. Dicha cifra será suficiente para el crecimiento lento que se produce a partir de entonces. Ese porcentaje aumentará sólo un 1% en la pubertad, y disminuirá pasada esa etapa. La Academia Americana de Pediatría explica que es un porcentaje “insignificante”, y que no es de extrañar que el apetito de los niños mayores de un año sea “errático e impredecible”2.

La preocupación de los padres al ver que su hijo cada vez come menos es normal, pero injustificada. Así que para eso estamos los profesionales sanitarios, para tranquilizarles y decirles que lo que está sucediendo es lo correcto y lo deseable.

¿Y si se saltan las comidas? Cuando eso sucede los padres ponemos el grito en el cielo. Craso error, dicen los expertos3. No sólo es normal que los niños se salten comidas, sino que, además, debemos permitir que nuestros hijos autorregulen las calorías que toman y nunca forzarlos a comer si no tienen hambre. Los niños varían la cantidad de calorías que ingieren en las distintas comidas en función de su sabio metabolismo. Su hijo sabe cuánto tiene que comer, no lo sabe usted, ni el dietista, ni ningún otro supuesto experto.

CUESTIÓN DE EQUILIBRIO

Otra frase de uso común es que los niños “tienen que comer de todo”. Pues no, tienen que comer equilibrado, que no es lo mismo. El equilibrio en nutrición se refiere a nutrientes, no a alimentos. Tomando pocos alimentos –no incluyo aquí a los superfluos– es perfectamente posible conseguir una dieta equilibrada. La responsabilidad de lo que come y de cuánto come un niño hay que delegarla sobre él, indica la Academia Americana de Pediatría. En realidad, las guías serias de alimentación infantil dicen que lo que tenemos que hacer los padres, además de predicar con el ejemplo, es potenciar la lactancia materna y limitarnos a poner al alcance de nuestros hijos alimentos saludables, preferentemente de origen vegetal –frutas, verduras, hortalizas, cereales, frutos secos y legumbres–. Ellos equilibrarán su alimentación si no lo estropeamos todo a base de prohibiciones u obligaciones.


Picar no es perjudicial

Los expertos que se dedican en cuerpo y alma a la nutrición indican que los niños tienen que comer lo que quieren y cuánto quieren de lo que los adultos ofrecen (alimentos saludables, no cabe duda). ¿Y si pican entre horas?

  1. Picar entre horas no es malo. Hay quien dice que el estómago “tiene que descansar”, lo cual no es cierto (tu cerebro y tu corazón no descansan y funcionan la mar de bien).
  2. Tanto en adultos como en niños pequeños se ha observado que quien come a menudo presenta menos riesgo de padecer trastornos como obesidad, hipertensión e hipercolesterolemia.
  3. ¿Y quien pica alimentos “insanos” entre horas? Pues hace mal, claro, pero no por comerlos entre horas, sino simplemente por tomarlos.

Siempre a demanda

  • Los bebés lactantes tienen que comer a demanda. Creo que a nadie que lea habitualmente esta revista puede tener la menor duda al respecto: para que un bebé se nutra correctamente, tanto el pecho como el biberón se le ofrecen cuando muestra el mínimo signo de apetito, y se permite que tome la cantidad y el tiempo que quiera.
  • ¿Y cuando ya no toma el pecho? Pues igual. Los niños, como bien indican los expertos en alimentación infantil, son capaces de regular milimétricamente los nutrientes que necesitan si tienen alimentos sanos a su alcance, si se les deja comer cuanto quieren y no se les imponen horarios arbitrarios e inflexibles.

Todo empieza en la infancia

Las células que almacenan grasa, los adipocitos, se crean en la infancia.

  1. Cuando los adultos engordamos no creamos más adipocitos, sino que aumentamos su tamaño. Al adelgazar no se destruyen, empequeñecen.
  2. Cuando los adipocitos aumentan mucho crean sustancias peligrosas que pueden causar diabetes o hipertensión. Por eso es importante prevenir.
  3.  Las claves son: fomentar la lactancia materna y el ejercicio, permitir la autorregulación de las calorías que toma, poner a su alcance alimentos saludables y dar ejemplo.

Cada niño es diferente

  • En el año 2000, el Centro de Investigación en Nutrición Infantil del Ministerio de Agricultura de Estados Unidos llevó a cabo un estudio sobre las calorías que necesitan tomar los niños hasta los dos años.
  • Concluyeron que un niño totalmente sano puede necesitar la mitad de calorías que otro niño, también sano, de su misma edad. ¿Quién sabrá cuál de los dos necesita más? Sólo ellos, con su sabio mecanismo del apetito. Así que si dicen que tu hijo es “mal comedor”, no les creas. Come lo que necesita.

7 principios para su futuro

Conviene recordar que un niño que come “bien” no es el que se toma todo lo que se pone por obligación, sino el que disfruta en la mesa. Memoriza estos siete principios:

  1. La variación del apetito de bebés y niños es muy grande. Algunos comen el doble que otros y eso es algo totalmente normal.
  2. Tu hijo comerá lo que necesita en cada momento de su crecimiento. Él lo sabe mejor que nadie.
  3. Prohibir es despertar el deseo. Si consideras que un alimento no es saludable, limítate a no ponerlo al alcance de tu hijo.
  4. Que pique entre horas es perfectamente normal y saludable, siempre y cuando lo que coma sea saludable. Y si en la siguiente comida quiere comer menos, o no comer, que no coma. También vosotros cenáis algunas noches más que otras.
  5. Predica con el ejemplo. Si comes alcachofas al horno a menudo, tu hijo acabará probándolas.
  6. No lo obligues a comer. Si come cada día “una galleta de más” (es decir, por encima de su apetito) puedes convertirlo en obeso.
  7. Para comer saludable hay que tener alimentos saludables en los armarios y la nevera. Revisa tu despensa. Cuantos menos alimentos superfluos, mejor.

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