Baby-led weaning

Baby-led weaning

Descubrir la comida a los seis meses

Comenzar la alimentación complementaria a los seis meses no es una necesidad nutricional, ni es dejar la leche materna. Es aprender a coger y a tragar. Pero, sobre todo, es que disfrute de los sabores y las texturas él solito.

Carlos González

¿Por qué a partir de los seis meses damos a los bebés otros alimentos además del pecho?

Algunos creen que, a cierta edad, la leche materna ya no es suficiente, ya no alimenta, es aguada, o simplemente desaparece. Pero no es cierto. La leche sigue saliendo, y cada vez saldría más si el bebé mamase cada vez más. No es que el bebé se vea obligado a comer otras cosas porque hay menos leche, sino al revés: a medida que el bebé coma más y más de otras cosas, mamará cada vez menos, y la madre fabricará cada vez menos leche. Porque la producción de leche se autorregula y se adapta en cada momento a las necesidades del bebé.

Tampoco pierde calidad la leche, al contrario, con los meses y años aumenta la cantidad de grasas y por tanto de calorías. Si al principio tiene unas 70 calorías por 100 gramos, después del año tiene 80 y sigue subiendo hasta las 85 y 90; tal vez más en algunas mujeres.Frente a esto, muchos de los alimentos que damos a los bebés son pobres en calorías: las frutas tienen unas 50 o 60 calorías, y las verduras entre 10 y 30. Además, todas, unas y otras, sin grasas y con proteínas de bajo valor biológico.

Un poco de hierro

Tampoco es cierto que la leche materna no pueda aportar todos los nutrientes que el bebé en crecimiento necesita. La leche lleva proteínas de sobra, calcio de sobra, vitamina C de sobra... Lo único que puede faltar a algunos niños (que no a todos) a partir de los seis meses es el hierro. También el zinc puede ser necesario, aunque del zinc no nos solemos preocupar, ni siquiera venden pastillas en las farmacias.

Entonces, ¿les damos a los niños otros alimentos para que tengan suficiente hierro? En parte sí, pero es solo una preocupación muy secundaria. Si la gran cuestión fuera el hierro, solo les daríamos leche materna y alimentos que contengan hierro; ¿para qué darles fruta, arroz o macarrones, que apenas llevan hierro? ¿Y para qué arriesgarse con algo tan impredecible como la comida rica en hierro pudiendo darle gotas de hierro, mucho más prácticas y cómodas?

En conclusión, el motivo principal para dar a los bebés otros alimentos no es nutricional, sino educacional.

No es que necesite fruta o verdura o cereales para estar bien alimentado. Lo que queremos es que se acostumbre a comer normal, porque no puede tomar teta toda la vida.

Objetivo: aprender

¿Qué significa comer normal? Pues igual que comen sus padres. Pero, ¿lo que comemos nosotros es una dieta sana? Se supone que sí; y si no lo es, infórmese y cambie de dieta. Tenemos que comer sano por nuestro propio bien y por el de nuestro hijo, porque de lo contrario el mal ejemplo que le demos con nuestra alimentación será más poderoso que cualquier intento puramente teórico de enseñarle a comer sano.

Así que partiendo de la base de que ustedes ya comen sano, hay mil formas distintas de hacerlo, la dieta de cada familia depende de sus tradiciones y preferencias. Ahora tiene que plantearse sus objetivos a medio y largo plazo.

  • ¿Qué quiero que coma mi hijo a los diez años, a los seis y a los tres?
  • ¿Quiero que coma unos polvos que se compran en la farmacia y se mezclan con leche, o un puré de fruta o de verdura?
  • ¿Quiero que coma a base de metérselo yo en la boca, distrayéndole con los dibujos animados para que abra la boca, haciendo el avión con la cuchara?
  • ¿O quiero que coma macarrones o lentejas o estofado, lo que suelo comer yo, y que lo haga él solito, con su propia mano y sus propios cubiertos, masticando y tragando normalmente?

Tiene que establecer su objetivo final, saber a dónde quiere llegar, y entonces, avanzar en esa dirección.

Porque el bebé que agarra con sus deditos un fideo o media albóndiga y se lo lleva a la boca está avanzando por el camino correcto. Dentro de unos días tal vez hasta se trague el fideo, y más adelante se comerá tres o cuatro.

Está aprendiendo:

  • A coger la comida.
  • A llevársela a la boca.
  • A distinguir los sabores y texturas.
  • A decidir qué quiere comer y qué no quiere.
  • A masticar.
  • A deglutir sólidos.
  • Y sobre todo a disfrutar con la experiencia.

Y como solo va a comer tres fideos, o cinco lentejas, va a tomar mucha leche materna, con su calcio y sus vitaminas y sus proteínas, y va a estar bien nutrido.

Un descubrimiento feliz

En cambio, el que traga un puré de verduras o un biberón de leche con cereales, a base de distraerle y engañarle y forzarle, no aprende nada.

  • No aprende a coger la comida, ni a llevársela a la boca.
  • No aprende a distinguir los sabores porque todo está mezclado, ni las texturas, porque todo está triturado.
  • No aprende a masticar ni a deglutir.

Cada vez vemos más niños de dos años y medio o tres que no mastican nada, que no comen comida normal, que solo comen triturados (y a veces en biberón).

Al final todos acaban comiendo, claro; pero lo que hubiera sido a los seis o nueve meses un alegre descubrimiento, acaba siendo a los tres o cuatro años un largo conflicto familiar. Y encima, el bebé que tiene la barriga llena de papilla baja en calorías no tomará leche, y estará peor nutrido.

Pero lo preocupante es que está aprendiendo que comer es algo desagradable, un tormento. Más de una madre explica que su hijo “ve la cuchara y se pone a llorar”. Bebés que se llevan a la boca las llaves, el mando de la tele, y hasta la tierra de las macetas, lloran solo de ver una cuchara. ¿Qué experiencias habrá tenido para haber llegado a esta situación?

Si no saben muy bien por dónde empezar, simplemente coman con su bebé sentado a la mesa. Muchas madres y padres lo hacen con su hijo en su regazo, más que nada porque, si intentan dejarlo en cualquier sitio, este se pone a llorar y no les deja comer. Y así suele ser como el bebé intenta, tarde o temprano, agarrar algo de lo que sus padres tienen en el plato. Al principio probablemente ni tiene hambre ni se lo quiere comer, simplemente se lo está llevando a la boca, como hace con todo lo demás.

Tiempo y paciencia

Se recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses. Pero si un poco antes, entre los cuatro y los seis, es el propio niño el que insiste en llevarse algo a la boca, no hace falta impedirlo. Total, lo más probable es que ni siquiera se lo trague.

A partir de los seis meses ya empezamos a lanzar indirectas, a poner trozos selectos de comida a su alcance. Sobre todo, es cuestión de paciencia y respeto. Y de que se le deje jugar, “guarrear” un poco la comida. No se trata de que se le dé la papilla que “le toca” porque no necesita más alimentos que los que él mismo quiera y pueda llevarse a la boca. Al principio comerá entre muy poco y nada; pero poco a poco irá tomando cada vez más cantidad, en un proceso que no durará unos días, sino unos meses.

Esta manera de empezar a comer todavía sorprende y crea desconfianza a muchos padres. Así que busque en internet la expresión baby-led weaning (alimentación complementaria a demanda). Encontrará muchas páginas en inglés y español, y verá fotos y vídeos de docenas de bebés de meses comiendo tranquilos y felices comida normal con sus propias manos.

Por dónde hay que empezar

  • Hoy en día se recomienda introducir el gluten antes de los siete meses, pues se ha visto que hacerlo muy tarde tampoco es bueno. Es decir, bien puede ser que lo primero que un bebé coma en su vida sea un trozo de pan.
  • Según los expertos, no está demostrado que retrasar el huevo, el pescado o los lácteos ayude a prevenir alergias. Se podrían dar a los seis meses, pero personalmente pienso que tampoco corre prisa. Como no empezará con todo a la vez, el pescado, el huevo y los lácteos mejor “después”, aunque no sé decir si a los ocho meses o los once.
  • Los niños que maman no necesitan ninguna otra leche ni derivado. Y los que toman lactancia artificial deben tomar solo leche adaptada hasta cumplir el año. Otra cosa es que si el niño ve los canalones de la abuela con bechamel y los pide, pueda probar una cucharadita. Pero la base de su alimentación debe ser o la leche materna o la adaptada.
  • Cuando los niños que toman pecho empiezan a beber agua, deben usar un vaso desde el primer día. Y los que toman lactancia artificial, conviene que, a partir de los seis meses, alguna de las tomas sea con vaso para que vayan aprendiendo y puedan suprimir los biberones al año.

¿Y si al principio se atraganta?

  • Es imposible aprender a comer sin atragantarse nunca. “Atragantarse” significa simplemente que cuesta tragar, que la comida se queda a medio camino. En ese caso tendrá tos o náuseas, echará o acabará de tragar lo que tiene en la boca y seguirá comiendo. No tiene más importancia.
  • El peligro de ahogarse o asfixiarse está en que la comida vaya hacia el pulmón. Eso ocurre sobre todo con alimentos duros y redondeados (cacahuetes, avellanas...). Hay que evitarlos rigurosamente hasta los tres años o más, igual que hay que evitar que juegue con piezas pequeñas.
  • Solo hay que estar presente cuando el niño come, cortar o aplastar los alimentos demasiado grandes o duros y apartar los que presenten algún peligro.
  • Y, sobre todo, es importante no obligarlo a comer, además de por todo lo dicho, para que no tenga comida en la boca si llora. Tampoco si está o riendo o distraído.