5 dolencias típicamente infantiles

SALUD INFANTIL

Diferenciar (y detectar) 5 dolencias típicamente infantiles

Algunas, como la varicela, las tenemos muy presentes. Otras, como el sarampión o las paperas, prácticamente han desaparecido.

Luis Ruiz

Algunas enfermedades parecen propias de los niños pequeños. Pero aunque nuestros hijos se resfríen más que nosotros, tengan dolor de garganta más a menudo que nosotros y sufran trastornos gastrointestinales en más ocasiones que nosotros, ningún adulto está a salvo de virus y bacterias.

En general, cualquier enfermedad infecciosa puede afectarnos en cualquier momento: la gripe no entiende de edades y es temible para dos grupos especialmente vulnerables, los recién nacidos y los ancianos, casos en los que hay que tener muchísimo cuidado.

Las enfermedades producidas por bacterias tampoco tienen edad: una pulmonía, unas anginas o una otitis externa veraniega puede aparecer en cualquier momento de la vida.

El sistema inmunitario tiene memoria, de tal forma que, cuando hemos padecido una enfermedad, nuestros linfocitos (células del sistema inmunitario) memorizan las características del germen que la causa y crean anticuerpos contra él. Así, cuando entramos de nuevo en contacto con el mismo agente infeccioso, nuestro organismo responde generando rápidamente grandes cantidades de anticuerpos.

Habitualmente, cuando hemos superado una infección causada por un germen, tenemos anticuerpos contra ella. Sin embargo, algunos gérmenes tienen varios tipos distintos; en ese caso, podemos pasar la infección más de una vez. Este sería el caso del neumococo: tiene 15 serotipos distintos, por lo que desarrollar una infección al entrar en contacto con uno de ellos no evita volverla a pasar si tenemos contacto con alguno de los otros 14. En el caso de virus como el sarampión solo hay un serotipo identificado, por lo que con pasarlo una vez quedamos inmunizados para siempre. Puede ocurrir que en algunos casos la memoria inmunológica falle: en esas circunstancias podría ser que una persona pasase más de una vez por la misma enfermedad.

De todos modos, siempre ha habido enfermedades infecciosas típicas de la infancia, que si bien podían producirse en edades adultas, la realidad es que los niños las sufrían con mayor frecuencia. Estas enfermedades fueron llamadas en su momento “enfermedades propias de la infancia”. Vamos a recordar algunas de esas enfermedades que antes pasábamos todos cuando éramos niños y que ahora, ya no las pasamos o hay menos casos. Algunas de ellas incluso están a punto de ser erradicadas. Empecemos por la más habitual.

1. Varicela, un picor insoportable

La varicela es una enfermedad provocada por un virus de la familia de los herpes que, por lo general, no causa una infección grave. Su principal característica es la aparición de unos granos que empiezan a salir en la cabeza y se van extendiendo al resto del cuerpo. Durante el proceso cohexisten diversos tipos de lesiones –unas más recientes, otras más secas–, que suelen picar y provocan malestar. En muchas ocasiones se tiene fiebre.

La evolución de los granos es típica. Primero aparece una lesión de un tono rojizo en cuya punta se observa una vesícula (con un aspecto parecido al de una quemadura pequeña). Tras romperse, surge una costra que se cura en unos días sin dejar cicatriz, siempre que no se rasque insistentemente.

La varicela es muy contagiosa y aparece tras haber tenido un contacto previo con niños con varicela o con personas con herpes zóster. Se transmite por el contacto directo con los granitos o las gotas de saliva que se expulsan al estornudar. El período de incubación –desde el contacto hasta que aparecen los síntomas– es de dos o tres semanas. Para su diagnóstico no se realizan pruebas específicas; con un reconocimiento físico es suficiente.

Esta enfermedad no provoca grandes complicaciones, salvo en algunos casos que puede derivar en una inflamación pulmonar con neumonía. De todos modos, en personas inmunodeprimidas puede producir gran patología. Estos casos extremos ocurren más a menudo en recién nacidos y en adultos.

Este virus puede quedar “recluido” en el organismo y reaparecer en forma de herpes zóster. Se trata de unas lesiones del tipo de la varicela que siguen el trayecto de un nervio y que provocan dolor. Bajo esta forma, también es contagioso.

Existe una vacuna contra la varicela que se administra sistemáticamente a todos los niños de entre 10 y 14 años que no han pasado la enfermedad y no han sido vacunados previamente (en algunas comunidades autónomas se hace vacunación preventiva). Por otra parte, el tratamiento específico con antivirales para disminuir la intensidad y la duración de la enfermedad no se ha visto efectivo más que en aquellos niños que se han infectado mucho (por convivir con un hermano que le contagia la varicela) o en los casos de más riesgo (adultos, adolescentes, personas inmundeprimidas). En la mayoría de los casos, los pediatras recomendamos un tratamiento para aliviar y controlar los síntomas.

¿Cómo enfrentarse a la varicela?

Es muy molesta y contagiosa, por lo que ante su aparición hay que seguir unas normas de actuación claras. El tratamiento más habitual busca, básicamente, aliviar los síntomas.

  • Es conveniente aislar al enfermo para evitar que tenga contacto con otras personas que no sean sus cuidadores hasta que las heridas estén secas.
  • Se pueden lavar y secar sin frotar, aunque es mejor prescindir del baño. Evitar el rascado es importante, ya que si se infectan, dejan cicatriz.
  • Hay que vigilar los segundos casos en el mismo domicilio: al ser infectados con más carga viral, el cuadro clínico puede ser más importante.
  • Es imprescindible evitar el contacto con embarazadas que no hayan pasado la enfermedad.
  • No deben usarse antitérmicos de la familia del ácido acetilsalicílico porque aumentan el riesgo de aparición del síndrome de Reye.
  • Aplicar lociones antipruriginosas puede aliviar el picor. Los antihistamínicos orales solo pueden tomarse por prescripción médica.

2. Escarlatina, escondida en las amígdalas

Otra enfermedad de la piel que se ve con frecuencia en la infancia es la escarlatina. Esta afección está causada por una toxina que producen algunos tipos de estreptococo, una bacteria que suele afectar a las amígdalas, produciendo pus. La escarlatina provoca una erupción en todo el cuerpo, sobre todo en las zonas de los pliegues. Es granulosa y la evolución sin tratamiento provoca la descamación de la piel. Es importante identificarla y tratarla, ya que la toxina podría afectar a otros órganos y producir una alteración en el riñón (hay que consultar al pediatra rápidamene si la orina empieza a teñirse de rojo).

El diagnóstico se hace mediante la comprobación de que en las amígdalas hay estreptococos. Esta prueba, que se llama faringotest, es muy sensible y específica, y nos ayuda a orientar el tratamiento con antibióticos. El estreptococo suele ser sensible a la penicilina, por lo que este es el tratamiento de elección. Si existe una alergia a ese medicamento, el pediatra optará por una alternativa adecuada.

3. Sarampión: Un trastorno casi olvidado

El sarampión es una enfermedad grave. El virus provoca un cuadro febril importante, acompañado de malestar general, y afecta fundamentalmente a piel y mucosas, produciendo una erupción de color muy intenso. Aparece en la cabeza y tras las orejas, va bajando hacia las extremidades, y desaparece del mismo modo.

El germen afecta a las mucosas, que se inflaman: las conjuntivas enrojecidas causan malestar y rechazo a la luz, la inflamación de la faringe produce molestias y la inflamación de las vías respiratorias provoca una tos muy seca e importante. Son típicas y exclusivas unas manchas que aparecen en la cara interna de las mejillas que se conocen con el nombre del autor que las descubrió: las manchas de Koplik.

Este es un trastorno que en ocasiones se complica, sobre todo porque conlleva una disminución de la capacidad de defensa contra otras bacterias, con lo que pueden darse sobreinfecciones: neumonía, diarreas infecciosas, conjuntivitis e inflamación de la córnea...

En estos momentos, no se ven casos de esta enfermedad. Aun así, desde los departamentos de salud pública se hace un control riguroso de las enfermedades infecciosas y cualquier caso de sarampión debe ser declarado de inmediato para actuar con urgencia.

4. Rubeola, riesgos para un embarazo

La rubéola es una enfermedad benigna, que produce un exantema (erupción), un aumento de volumen importante de los ganglios de todo el cuerpo y un cuadro febril de pocos días de duración.

El riesgo de esta enfermedad reside más en la posibilidad de que llegue a afectar a la mujer embarazada que a los niños en sí. Posiblemente muchos niños pasarían la enfermedad de forma banal sin más complicaciones. En cambio, cuando una mujer no ha pasado esta enfermedad y está embarazada, el contagio va a provocar al feto, en un 50% de los casos, una serie de malformaciones que van a persistir a lo largo de toda la vida:

  • cataratas
  • sordera
  • microcefalia con retraso mental.

5. Paperas, una hinchazón dolorosa

La inflamación de las glándulas salivares situadas en la porción posterior de la mandíbula se conoce como paperas. El término médico es parotiditis (inflamación de la glándula parótida). La causa un virus que, además de afectar a esta glándula salival, puede afectar también a testículos y meninges (capas de tejido que recubren el cerebro y la médula espinal), provocando cuadros de orquitis y meningitis.

Es una enfermedad generalmente benigna que tiene un pronóstico muy bueno, aunque causa molestias en la movilidad del cuello y la tumefacción de las glándulas.

En el caso de los varones adultos, la inflamación de los testículos puede provocar lesiones y, posteriormente, esterilidad. Asimismo, la inflamación que el virus produce en las meninges origina un cuadro de meningitis que, aunque la palabra nos asuste, no requiere más que un diagnóstico y un tratamiento de apoyo y observación. En ocasiones estas meningitis víricas pueden producir diferentes grados de pérdida de audición.

La parotiditis no tiene un tratamiento específico, más allá de los antiinflamatorios para calmar el dolor. Sin embargo, en el momento del diagnóstico hay que descartar que la inflamación de la glándula se deba a otras causas. Una muy frecuente es la obstrucción del conducto de salida de la glándula por un pequeño cálculo, lo que provoca un aumento del volumen doloroso, con o sin fiebre.

En el sistema sanitario tenemos establecido un sistema de alarma para identificar y diagnosticar con certeza las infecciones por virus de las paperas, no solo por el peligro que implica la enfermedad en sí misma, sino por la posibilidad de que la vacuna que se administró en su momento no hubiera sido eficaz (ni contra las paperas, ni contra el sarampión y la rubéola).

En los casos sospechosos se realiza una prueba de diagnóstico específico viral en la saliva y una analítica de sangre. Es una enfermedad de declaración urgente a las autoridades sanitarias.

Crecer sin premios ni castigos

CRIANZA RESPETUOSA

Crecer sin premios ni castigos