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Fichas de salud

Bebés: los cólicos del lactante

Son episodios de llanto “excesivos”, difíciles de consolar y que pueden durar horas. Suelen empezar entre la primera y la tercera semana de vida sin una causa conocida y aunque suelen desaparecer antes de los cuatro meses, preocupan y desconciertan a los padres.

Llanto al atardecer y al anochecer

El bebé comienza a inquietarse y al poco llora, se agita, flexiona o levanta las piernas, su rostro enrojece, frunce el ceño, la tripa parece ponérsele dura, como si le doliese, a veces expulsa peditos y sobre todo llora desconsoladamente, chillando muy agudo.

Estos episodios se dan con mayor frecuencia al atardecer y al anochecer y suelen durar entre una y cuatro horas. Al cabo de este tiempo, el bebé se queda dormido plácidamente (lo más habitual), o despierto, pero calmado como si no hubiese pasado nada.

Las razones de los cólicos

Lo que le ha ocurrido es que ha tenido lo que llamamos cólico del bebé, que tanto desconcierta a los padres porque temen que los lloros y molestias sean por una enfermedad. El cólico no lo es, aunque a veces el llanto puede ser tan exagerado que se han dado casos de vecinos que han sospechado que no se trataba bien al bebé. El mayor misterio de los cólicos es su origen, que hasta el momento es desconocido. Se interpretan como dolores abdominales, pero no hay nada que lo asegure.

Hay “falsos cólicos”, cuando la toma en cada pecho dura 10 o menos minutos y el lactante no obtiene la leche final

Se ha sugerido que puede ser provocado por una alergia a las proteínas de la leche de vaca, ingeridas a través de la leche de la madre, pero no se ha podido demostrar. También se ha estudiado que una de las causas podría ser un exceso de estímulos. Se ha apuntado, asimismo, al tipo de lactancia, de manera que los lactantes que ingieren biberón tendrían más cólicos que los amamantados, pero no está suficientemente comprobado.

Hay “falsos cólicos” que parecen darse cuando se limita la duración de la toma del bebé en cada pecho a 10 o menos minutos, por lo que el lactante no obtiene la leche final, rica en grasas, del primer pecho, se sacia menos, toma más cantidad de leche inicial, con menos calorías y más lactosa: se le hincha la barriga, tiene flato y se queda con hambre.

Intolerancia a la proteína láctea

Algunos bebés con lactancia materna –sobre todo si en la familia hay intolerancia a la leche o la madre o el padre apenas la beben o beben poca– mejoran cuando la madre lactante deja de beber leche y de consumir derivados lácteos. Merece la pena probarlo al menos una semana y seguir o no en función de los resultados. En este caso, no hablamos de un cólico, sino de una intolerancia a la proteína de la leche de vaca a través de la leche materna.

Temperamento y vínculo con los padres

Puede que tenga importancia el temperamento del bebé y la relación entre el bebé y los padres y cómo viven estos el llanto de su hijo, las expectativas que tienen sobre su hijo y su propia flexibilidad ante los problemas. Pero en general hay pocas evidencias. Una es que se dan más cólicos en niños muy comedores y que van bien de peso. Y se sabe que los padres que son prevenidos en las clases de preparación al parto sobre los cólicos, refieren menos cólicos en sus hijos.

Se dan más cólicos en niños muy comedores y que van bien de peso

En todo caso, los padres no tienen la culpa de que un bebé tenga cólicos. Lo que podemos intentar es prevenir su aparición o disminuir su duración con algunos medidas que mantendremos o no en función de la respuesta del bebé.

Medidas para prevenir el cólico

Una vez comienza el llanto, conviene averiguar si puede ser por un motivo diferente al cólico, como tener el pañal mojado, hambre, zapatito apretado, pendiente infectado, picadura de mosquito, fiebre… Y hay que procurar tranquilizar al bebé lo más pronto posible, cogiéndolo en brazos, abrazándolo y hablándole… Cuanto más nervioso esté, más llorará, y por eso cogerlo en brazos antes de que empiece o de que llore demasiado es útil, aunque algunos se empeñen en que es “malacostumbrarlo”.

Muchos niños prefieren estar bien cogiditos, apretujados contra sus padres, en los brazos de estos, en mochilas o en pañuelos porteadores. Otros prefieren estar contra el brazo o el cuerpo de sus padres, con la barriguita sujeta, apretada. Y los hay que se calman con el baño en agua calentita.

Algunos bebés con lactancia artificial y que tienen cólicos muy exagerados, y llegan a no querer comer o a vomitar mucho, pueden mejorar con fórmulas muy especiales de leche artificial de las llamadas hidrolizados de caseína. Hay que ser muy cautos en emplearlas, pues no son fórmulas alimenticias normales y resultan muy caras. Solo hay que darlas bajo prescripción del pediatra, y previamente debe demostrarse alergia o intolerancia a las proteínas de leche de vaca.

El pecho de la madre, el dedo del padre, un chupete... Succionar los alivia

Algunas de las cosas que alivian a los bebés es dejarles succionar: el pecho de la madre, el dedo del padre, un chupete… Acunarlos, mecerlos, cantarles, bañarlos, darles un masajito, sacarlos a pasear en su carro o en el coche de los padres… Pero en ningún caso debemos darles ningún tipo de infusiones o medicamentos. No sirven para nada y pueden estropear la lactancia materna.

Comentarlo al pediatra

No conviene llevar a los bebés con cólicos a los servicios de urgencia, sencillamente porque suelen llegar dormidos. La frase típica en estas situaciones suele ser: “Doctor, aunque usted no se lo crea, le aseguro que estaba llorando y parecía que le pasaba algo grave…”. Pero sí puede ser adecuado comentárselo al médico en una de las visitas de control de salud.

En esos casos, si los síntomas del bebé referidos al pediatra son los mencionados en este capítulo y se han dado a las horas usuales de esta molestia, una simple exploración le bastará para confirmar el diagnóstico de un cólico del lactante típico, y no será preciso hacer nada más.

Calmar a los padres

El pediatra muchas veces lo que procura es tranquilizar a los padres, que pueden tener el ánimo alterado por el llanto de su bebé. Intentará convencerlos de que es algo que entra dentro de lo normal y hasta un signo de buena salud si el niño come bien, aumenta lo que debe su peso y los cólicos remiten o disminuye su frecuencia.

A veces se cae en la tentación de pedir al médico alivio farmacológico para nuestro bebé, pero conviene evitar la administración de medicamentos anticolinérgicos: suelen ser eficaces, sin duda, porque adormecen, pero presentan alto riesgo de toxicidad. El remedio es peor que el cólico.

Te puede ayudar:

· Aprender a distinguir el patrón de llanto del hijo (por hambre, cansancio, sueño, pañal sucio, fiebre…) ayuda mucho a diferenciar las causas.

· El llanto excesivo suele causar temor e inseguridad en los padres. En esas situaciones conviene evitar ponerse nerviosos y turnarse la madre y el padre o quien corresponda en la atención al niño, para no agotarse y descansar.