¿Es necesario bajar la fiebre?

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¿Es necesario bajar la fiebre?

Es una respuesta adaptativa del organismo que le permite luchar más eficazmente contra la enfermedad. Por este motivo, no conviene actuar contra ella por sistema.

Luis Ruiz

En nuestra cultura persiste un miedo ancestral a la fiebre, un miedo que proviene de cuando una temperatura corporal muy alta era síntoma de infecciones que no se podían combatir y que, muchas veces, tenían un desenlace fatal.

Es cierto que la fiebre en ocasiones acompaña a enfermedades graves, pero desde la aparición de los antibióticos hemos conseguido que la gran mayoría de estas infecciones tenga un tratamiento adecuado y con curación completa. Así pues, sería bueno valorar este síntoma en su justa medida.

En general, nuestro organismo está a una temperatura de 37 grados, con oscilaciones que siguen un ritmo circadiano: durante la tarde suele subir y de madrugada es menor. La variación puede ser de hasta un grado.

Cuando existe una elevación de la temperatura corporal podemos hablar de fiebre o de hipertermia.

  • En el primer caso, en la fiebre, el centro del hipotálamo (una región cerebral) está alterado, pero los mecanismos de control de la temperatura están activos, de tal forma que persiste el ritmo circadiano en la temperatura.
  • En cambio, la hipertermia se produce por un fallo de los mecanismos de control de la temperatura: se genera más calor del que se puede eliminar.

Cómo se regula la temperatura

El organismo tiene la capacidad de generar calor, médicamente denominada termogénesis, imprescindible para vivir. Los mecanismos que usa la termogénesis son el temblor muscular y la disminución de la sangre en la periferia. Los padres lo detectan sin saberlo cuando te dicen: “Le toqué las manos y las tenía heladas, pero le puse el termómetro y estaba a 39. ¡Y tiritaba!”.

Perdemos calor por la evaporación, comúnmente a través del sudor. La evaporación del agua en la superficie corporal hace que la temperatura se controle y disminuya. De todos modos, para que se produzca se precisa una buena hidratación e iones que se pierden al sudar (sodio y cloro).

La evaporación es más difícil si la humedad ambiental es alta y si no se sigue una buena alimentación y los niveles de azúcar en sangre están alterados.

Defensas más eficientes

La fiebre es un mecanismo de defensa, no una patología. En su producción actúan unas sustancias, los pirógenos, que pueden proceder de las bacterias o los virus (pirógenos exógenos) o ser liberados por las células por la acción de los gérmenes (pirógenos endógenos).

Cuando notamos que nuestros hijos tienen fiebre, lo primero que nos planteamos es que tenemos que bajarla... lo que en la mayoría de los casos no es necesario.

Aun así, en algunos niños –los que padecen alguna malformación cardiaca o enfermedades respiratorias crónicas, por ejemplo– una temperatura demasiado alta podría suponer un peligro. En estas circunstancias los pediatras solemos recomendar una actuación rápida ante su aparición.

Dejando de lado estos casos, la primera reacción ante la fiebre tendría que ser esperar; es la expresión de una respuesta general del organismo frente a un ataque, generalmente infeccioso, con una estimulación general de los mecanismos defensivos.

Además, la elevación de la temperatura tiene un efecto directo de inhibición de la replicación bacteriana y de incremento de la actividad metabólica para mejorar la respuesta contra los agentes infecciosos.

Por otra parte, la modificación de la curva febril puede hacer más difícil la evaluación del paciente por parte del médico.

El momento de actuar

Hoy en día recomendamos bajar la fiebre cuando la temperatura está por encima de los 38,5° C, si se ha tomado en la axila, o de los 39° C, si es la temperatura rectal. También aconsejamos la toma de antitérmicos si el niño tiene mucho malestar.

El estado general que acompaña a la fiebre es un aspecto a valorar. Si nuestro hijo tiene fiebre pero está jugando, saltando y corriendo como siempre, seguramente habrá que ir al médico, pero no urgentemente.

En muchas ocasiones, cuando los padres acuden al pediatra asustados por la temperatura de su hijo, si ha pasado menos de una hora desde su detección, no le han administrado antitérmicos y el niño presenta un buen estado general... la respuesta que reciben es que hay que esperar unas horas y ver la evolución del cuadro.

Las madres y los padres conocéis mejor que nadie a vuestro hijo. Si al subir la fiebre notáis que no está como siempre, pero no hay ningún síntoma que indique que necesita ser atendido con urgencia (manchas en la piel, vómitos, dificultad respiratoria...), lo mejor es esperar su evolución.

Si tras administrarle un antitérmico le baja la fiebre pero sigue el mal estado general, acudid al médico.


Cuando es una urgencia médica

  • Si el niño tiene menos de seis meses, necesita que le vea un médico con premura: en un lactante con fiebre que no tiene hermanos ni va a la guardería, la posibilidad de proceso infeccioso es mayor, y la probabilidad de que necesite tratamiento precoz, más alta.
  • Si el lactante rechaza el alimento o es menor de tres meses, la urgencia es aún mayor.
  • Si al desnudarlo nos damos cuenta de que tiene manchas en la piel, el médico debería verlas. Si las manchas son pequeñas, de menos de un milímetro de diámetro, y no desaparecen al presionarlas, la visita al médico más próximo es urgente. Si desaparecen al apretar, habrá que ver a un pediatra pero ya no es necesario salir corriendo.
  • Los vómitos continuados y el mal estado general del niño son otros dos motivos de asistencia urgente.
  • También lo es la respiración rápida y dificultosa. Cuando sube la temperatura se incrementa la frecuencia respiratoria a causa del mayor gasto energético. Si esta frecuencia es mayor de 60 respiraciones por minuto en los recién nacidos y lactantes, mayor de 50 en los menores de dos años y mayor de 40 en el resto de niños, deberíamos acudir rápidamente al médico.
  • Puedes consultar las recomendaciones de la Sociedad Española de Urgencias Pediátricas (SEUP) en: http://www.seup.org/seup/pdf/publicaciones/fiebre.pdf

Medidas sensatas

  • La fiebre no se puede tomar con la mano o poniendo los labios sobre la frente del niño. La única manera de asegurarse es usando un termómetro. Hay que hacerlo en condiciones: bien colocado, durante el tiempo indicado y mientras el niño está levantado (muy abrigado o en la cama su cuerpo estará aún más caliente). La indicación es bajar la fiebre si es superior a 38,5° C o el niño tiene muchas molestias.
  • Es importante desabrigar al niño que tiene fiebre. La temperatura ambiental también debe ser agradable. Es bueno hidratarlo con líquidos, pero sin forzarle.
  • Las medidas físicas, como los baños, son una ayuda para los antitérmicos; no hay que aplicarlas solas. El agua de la bañera tiene que estar a la temperatura corporal normal (37°), nunca fría.
  • Debemos actualizar las dosis y el tipo de antitérmico con el pediatra. Hay que tener en cuenta que las dosis de los niños están decididas en función del peso, no de la edad, y este varía mucho en períodos de crecimiento.

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