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Qué hacer cuando tu bebé tiene fiebre

El niño tiene fiebre a partir de 37 ºC medidos en la axila. Es una reacción defensiva del organismo ante algo que lo enferma y que debe sanar. Cede por sí misma o con antitérmicos, pero entretanto, podemos aliviar el malestar que causa con hidratación, intentando que el bebé o el niño esté cómodo y tranquilo.

Defensa ante infecciones

La fiebre no es una enfermedad, aunque genera alarma entre los padres. La importancia depende del estado general del niño y la gravedad dependerá de la causa que origina el síndrome febril. Los síntomas habituales son: malestar general, apatía, pérdida del apetito, tendencia al sueño, dolor de cabeza, dolores articulares y musculares, náuseas y vómitos y frecuencia cardiaca y respiratoria aceleradas. En algunos casos, muy raros –se estima que afecta al 4% del total–, el niño puede sufrir convulsión febril.

La causa más frecuente de fiebre en niños son las infecciones. El aumento de temperatura corporal responde, precisamente, a un mecanismo del propio organismo para combatir de forma más eficaz las infecciones, activando las propias defensas. Es importante conocer esto para entender que las medidas que los padres pueden llevar a cabo y el tratamiento deben ir encaminados a mejorar el confort del niño y no exclusivamente a bajar la temperatura corporal.

El aumento de temperatura corporal responde a un mecanismo del organismo para combatir de forma eficaz las infecciones

Lo importante es identificar el foco infeccioso de la fiebre, ya que ello determinará el tratamiento a seguir. Por otra parte, aunque la gran mayoría de veces son las infecciones las que causan fiebre, existen algunas enfermedades mucho más raras que también pueden causarla. En esos casos, la fiebre se prolonga en el tiempo y los médicos tardan más en encontrar el origen.

Reposo, confort e hidratación

El objetivo primero debe ser ofrecer medidas de confort al niño, como tranquilidad, reposo e hidratación adecuada. El niño con fiebre necesita tomar más líquidos de lo habitual. Asimismo, es importante mantener un ambiente fresco que le resulte agradable. Algunas medidas como friegas de alcohol o sumergir al niño en agua fría no son aconsejables, aunque hace un tiempo se recomendaran… Lo importante es mantener al niño cuidado y lo más tranquilo posible, porque eso le ayudará también a superar la causa de la fiebre.

Si la temperatura corporal es elevada o el niño siente un gran malestar, podemos darle antitérmicos para bajar la fiebre. Conviene elegir la mejor opción posible. Es preferible que los tomen por vía oral antes que por la rectal, ya que esta no ofrece ninguna ventaja demostrada y genera incomodidades evidentes. En lactantes y preescolares, se opta preferentemente por las fórmulas en jarabe o sobres, en función del peso. Sin embargo, en niños que puedan tragar comprimidos, es preferible evitar los jarabes por el elevado contenido que tienen en azúcar y edulcorantes, que no son muy aconsejables..

Antitérmicos habituales

Los antitérmicos más utilizados en pediatría son el paracetamol y el ibuprofeno. Las dosis recomendadas son 10-15 mg/kg/dosis cada 4-6 horas en el caso del paracetamol, y 5-10 mg/kg/dosis cada 6-8 horas si se toma ibuprofeno. Ambos sirven para bajar la fiebre y disminuyen el dolor. El ibuprofeno tiene además efecto antiinflamatorio, lo que puede ser útil en algunas ocasiones que haya inflamación.

Si un recién nacido, menor de 1 mes, tiene fiebre es motivo de visita al pediatra

Existen dos prácticas extendidas que no deberíamos seguir. La primera es alternar varios medicamentos para la fiebre, porque no se ha demostrado ser más eficaz. La segunda es utilizar antitérmicos de forma preventiva cuando, por ejemplo, se le haya puesto al bebé o al niño una vacuna porque estos fármacos pueden reducir la respuesta inmunitaria.

Cuándo acudir al médico

Si cuando le baja la fiebre, el niño está contento y sigue comiendo sin modificar sus actividades, podemos esperar a ir al pediatra, porque ello indicará que no se siente tan mal. Es la situación más habitual. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que los síntomas de la fiebre pueden deberse también a otras causas diferentes, por lo que conviene valorar su presencia en los intervalos de tiempo en que el niño no tiene fiebre.

Si los síntomas desaparecen, es que son debidos únicamente al estado febril. Si los síntomas persisten hay que consultar con el pediatra. Si un recién nacido (menor de 1 mes) tiene fiebre, es motivo de visita al pediatra. Y si además de la fiebre el niño presenta otros síntomas, como vómitos que no ceden, manchas en la piel que no desaparecen cuando las apretamos, aumento de las veces que respira cada minuto (sensación de jadeo o de ahogo), o en el caso de mal estado general, que no mejora en el niño cuando le administramos un antitético… En esos casos hay que acudir al pediatra de Urgencias para que pueda hacer una valoración y diagnosticar el motivo.

Convulsiones por fiebre

Un niño tiene fiebre a partir de 37ºC medidos en la axila o de 37,5ºC medidos en el recto. Generalmente, la fiebre transcurre con los síntomas habituales, pero a veces, entre los 9 meses y los 5 años, el niño puede tener convulsiones que suelen empezar con contracciones repentinas de los músculos y acabar por sí mismas al cabo de pocos segundos o minutos. Si esto ocurre, aunque no tienen consecuencias para el niño, conviene explicárselo al pediatra.

Buscar la causa

El tratamiento que aplicará el médico irá encaminado a mejorar el estado general del niño y no a bajar la temperatura corporal por debajo de una medida determinada, porque la fiebre en sí no es el problema. La función del pediatra en esos casos consiste en valorar el estado general del niño y, en función de los síntomas que la acompañan y de la exploración física, determinar la potencial gravedad de la enfermedad. Si los datos y los medios disponibles lo permiten, el pediatra buscará también la causa de la fiebre, generalmente el foco de la infección. Y según lo que encuentre, decidirá tratar la causa específica o no.

La fiebre en sí no es el problema, por lo que el pediatra buscará la causa

En los casos en que no se consiga identificar el foco de la fiebre y esta persista en el tiempo, será necesario realizar algunas pruebas como análisis de sangre, análisis de orina o una radiografía de tórax, entre otras posibles, para encontrar el foco infeccioso de la fiebre o descartar otras causas más inusuales del síndrome febril. Al salir del pediatra, los padres deberían encontrarse más tranquilos e informados sobre los síntomas que tienen que alertarles para consultar de nuevo. Forma parte del cometido del médico.

Te puede ayudar

· La fiebre se vuelve peligrosa cuando supera los 40,5 ºC. Si no baja con las medidas habituales, incluido el antitérmico, hay que avisar al médico o llevar al niño a Urgencias.

· Si tiene escalofríos, no conviene envolverlo, sino lo contrario: quitarle el exceso de ropa y dejarlo con una sola capa de ropa ligera. La estancia debe permanecer, asimismo, con una temperatura agradable.