El hierro en la dieta del bebé

ALIMENTACIÓN

El hierro en la dieta del bebé

No hay que obsesionarse: si a partir de los seis meses los menús de tu hijo se basan en alimentos saludables, difícilmente tendrá carencias ni anemia. Los suplementos son para casos muy especiales.

Julio Basulto

El hierro es un auténtico polemista, es decir, le encanta sostener una polémica tras otra: que si el hierro de las espinacas es la clave de los músculos de Popeye, que si el hierro de la leche materna es de poca calidad, que si el perejil es una buena fuente de hierro según Arguiñano, que si todos los niños vegetarianos están anémicos porque no comen ningún tipo de carne... Pese a que todas las afirmaciones anteriores son falsas, el hierro sigue centrando conversaciones, conquistando la fama y ganando adeptos a su causa.

A partir de los seis meses comenzamos a ofrecer a nuestros bebés alimentos distintos a la leche materna (o de fórmula, si se ha elegido esta opción), y en esta época de grandes cambios empezamos a preocuparnos por las posibles carencias de la dieta de nuestro hijo y la palabra hierro acude a nuestra mente. El miedo a que la anemia provoque problemas fisiológicos y mentales, o afecte al bienestar del bebé se dispara. Y también lo hacen las dudas sobre si su alimentación es adecuada. Veámoslas una a una.

¿Un bebé necesita hierro?

Desde luego. Y también calcio, fósforo, folatos y unos 40 nutrientes más. Y también no-nutrientes: inmunoglobulinas, factor de crecimiento epitelial, factor bífido, ácido, lactoferrina, interferón, gangliósidos y una larga lista de sustancias presentes en la leche materna. Pero el caso es que el hierro es sólo un nutriente, y no es el más importante.

Porque en nutrición no hay nutrientes “más importantes”. Lo importante es que todos estén en una correcta proporción. O, visto de otra manera, lo importante es que no haya desproporciones.

El cordón y las reservas de hierro

La anemia por déficit de hierro es preocupante, sin duda. Por eso se debería evitar el corte temprano del cordón umbilical. Cuando esperamos unos minutos, idealmente hasta que deje de latir, el bebé recibe más sangre y eso se traduce en unas mayores reservas de hierro.

Y las reservas al nacer el bebé son importantes para prevenir una futura anemia.

Tal y como indica la Academia Americana de Pediatría, no tiene mucho sentido evaluar la deficiencia de hierro antes de los 4-6 meses, ya que las reservas de hierro pueden empezar a escasear, si es que lo hacen, a partir de esa edad.

Cortar el cordón puede esperar

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¿Cómo sé si toma el suficiente?

Hay dos posibilidades para que los niños tomen la cantidad de hierro que necesitan: la buena y la mala. La posibilidad mala es tomar nota de los miligramos diarios de hierro que recomiendan los expertos a los niños de su edad y, con una buena tabla de composición nutricional de los alimentos en mano, decidir qué alimentos necesita tomar para cumplirla. Hechos los cálculos, solo nos queda ofrecérselos (bien pesados). Eso sí, en ese momento deberíamos cruzar los dedos, rezar o invocar a algún ente inmaterial para que se los coma todos y siempre.

La segunda posibilidad (la buena) es guardar los alimentos superfluos fuera del alcance y de la vista de los niños. También los conocemos como “calorías vacías” porque aportan muchas calorías y muy pocos nutrientes. Por alimentos superfluos entendemos:

  • el azúcar
  • la miel
  • las golosinas
  • los zumos (sean o no caseros)
  • las bebidas azucaradas
  • la bollería
  • los aperitivos salados
  • los helados
  • las galletas de cualquier clase.

Si un bebé los toma de forma excepcional, no ocurre nada. Pero si lo toma a menudo, aumentará su riesgo de anemia.

Si, tal y como señalan los expertos, ofrecemos a nuestros hijos leche materna (o de fórmula) a demanda, ponemos a su alcance exclusivamente alimentos “alimentos”, predicamos con el ejemplo y permitimos que su sabio metabolismo guíe su apetito, es muy poco probable que tenga carencias. De hierro o de cualquier otro nutriente.

¿Cuándo tiene anemia un bebé?

La autoridad europea en pediatría, la European Society for Paediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition (ESPGHAN) cree que no se puede responder exactamente a esta pregunta ya que todavía no conocemos bien cómo funciona el metabolismo del hierro en bebés menores de dos años. Así que no podemos definir claramente los “puntos de corte” donde empieza la anemia por déficit de hierro y donde un proceso normal de adaptación metabólica. En cualquier caso, una anemia real (bien diagnosticada) provocará problemas fisiológicos y afectará a su bienestar, por lo tanto, debe ser tratada.

¿Cómo se reconoce?

En muchos casos, las señales que nos alertan de una anemia son:

  • clarísima falta de apetito (no confundir con “no come lo que me gustaría que comiera”,
  • retrasos notables en el crecimiento
  • fatiga
  • apatía
  • mareos
  • mucosas y piel pálidas.

Si tu hijo presenta alguno de estos síntomas, habla con tu pediatra.

¿Cómo se trata?

Los suplementos de hierro en bebés tienen su utilidad (cuando son necesarios), pero también tienen sus riesgos. Por eso solo deben ser prescritos por el pediatra tras un buen diagnóstico. La ESPGHAN considera que los dos principales riesgos que debemos valorar ante un exceso en la ingesta de hierro son:

  1. Dificultades para absorber otros minerales como el zinc.
  2. Efectos pro oxidantes que podrían traducirse, a largo plazo, en un mayor riesgo cardiovascular.

Por eso, si estás dando un suplemento de hierro a tu hijo, no superes la dosis pautada por el pediatra (las dosis altas pueden ser tóxicas).

La anemia ferropénica una vez instaurada no remite por sí sola ni a base de comer alimentos sanos. No prevenimos una enfermedad igual que la tratamos.

La cantidad justa de carne

La carne contiene un tipo de hierro (hierro “hemo”) que nuestro cuerpo aprovecha mejor que el de los vegetales (hierro “no-hemo”).

Esta diferencia se puede compensar con la vitamina C, que mejora la absorción del hierro de los alimentos de origen vegetal. Lo afirma la Comisión Europea:

“Comer frutas y hortalizas ricas en vitamina C junto con alimentos ricos en hierro tales como judías, lentejas y cereales integrales, mejorará la absorción del hierro”.

De este modo, es probable que el mayor consumo de vitamina C en vegetarianos compense su menor ingesta de hierro.

De todos modos, un exceso de carne podría traducirse en un exceso de ingesta de proteínas e incluso en un mayor riesgo de obesidad. Así que lo más sensato es no superar los 30 gramos diarios de carne en bebés de 6 a 12 meses y los 50 gramos diarios en niños de 1 a 3 años.

Prudencia con la leche

Los niños no deberían beber la leche de vaca que tomamos los adultos como bebida principal antes de los 12 meses. Así de rotunda es la sociedad pediátrica de referencia en Europa: la ESPGHAN.

La Organización Mundial de la Salud, considera que “la incorporación demasiado precoz de la leche de vaca y de los productos lácteos no modificados es un importante factor de riesgo nutricional para el desarrollo de la anemia por deficiencia de hierro”.

No solo contiene poco hierro sino que se ha asociado también a pérdidas intestinales de sangre (y por lo tanto de hierro) en criaturas que la toman demasiado pronto.

Eso se debe a que el intestino del bebé no está preparado para digerir bien la leche de vaca hasta, aproximadamente, el año de edad.

Sobre las infusiones

Algunos datos señalan que en varios países está aumentando el número de bebés a los que se ofrece té e infusiones, algo nada recomendable.

El té o cualquier otra infusión “natural” aumenta el riesgo de que los bebés acaben teniendo anemia ferropénica, porque son productos que contienen taninos y otros compuestos químicos que pueden “bloquear” el metabolismo del hierro y de otros minerales. En adultos esto no tiene excesiva importancia, pero sí en bebés, ya que son más vulnerables a estos efectos farmacológicos.

Por otra parte, dar café a un bebé, además de ser una barbaridad, puede producir una anemia ferropénica severa.

Casos especiales

Antes de pautar un suplemento de hierro a un bebé hay que esperar al resultado de la analítica. Pero los bebés prematuros y los que han sufrido un retraso del crecimiento intrauterino son una excepción. En este caso las asociaciones de pediatría recomiendan la suplementación con hierro hasta el año, ya que, al nacer, presentan unas cifras de hierro inferiores a las del resto de bebés.

Aun así, si reciben una fórmula infantil especial para prematuros (con más hierro), el pediatra puede considerar que no es necesario suplementar.

Los hijos de madres diabéticas también nacen con reservas bajas de hierro, por lo que también podrían necesitarla.

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