bebé pañal infección orina

Fichas de salud

Infección de orina en bebés: causas, síntomas y tratamiento

La infección de orina es de las más frecuentes en bebés. Detectar sus síntomas a tiempo y saber prevenirla es clave para el bienestar de nuestros hijos.

Jose María Paricio

Es una de las infecciones bacterianas más frecuentes en niños. Un diagnóstico a tiempo ayuda a empezar el tratamiento y evitar que se agrave. Para ello, los padres debemos muy atentos, sobre todo cuando son más pequeños, ya que los síntomas pueden pasar desapercibidos.

Cistitis y pielonefritis: infecciones urinarias en bebés

La infección urinaria es una enfermedad que consiste en la inflamación de cualquier parte del sistema urinario (riñones, uréteres, vejiga o uretra) debido a una infección por bacterias que se localizan en la orina. Si hay infección de los riñones se llama pielonefritis (la versión más grave) y si solo es de la vejiga urinaria, se llama cistitis.

El mayor riesgo de la infección urinaria es que puede pasar desapercibida, sobre todo en niños menores de 2 años, porque los síntomas de alarma más usuales en los adultos (como escozor al orinar, dolor en zona lumbar…) no se manifiestan a tan cortas edades, lo que puede retrasar el diagnóstico y acabar provocando daños en el riñón, en forma de cicatrices que darán luego problemas en la vida adulta.

Los síntomas más usuales en los adultos (escozor al orinar, dolor en zona lumbar…) no se manifiestan a cortas edades

Afortunadamente, el diagnóstico precoz y los tratamientos antibióticos de los que se dispone actualmente, ayudan a evitar que esto ocurra y, en general, después del susto que se llevan los padres, se produce una recuperación plena del niño, y no tiene mayor trascendencia.

Síntomas según la edad

Los síntomas de la infección urinaria dependen de la edad. En los menores de un mes puede provocar sueño excesivo, decaimiento o irritabilidad, falta de apetito, vómitos, ictericia intensa (color muy amarillo de la piel), falta de incremento de peso, fiebre o al revés: hipotermia (temperatura menor de 35º C).

Hasta los 2 años, podemos notar falta de apetito, que el niño no gana peso, vómitos, dolor abdominal, irritabilidad, sueño excesivo o fiebre sin causa aparente (no hay catarro, ni diarrea ni otros síntomas…).

En niños mayores de dos años, además de cualquiera de los síntomas anteriores, puede haber claramente dolor o escozor al orinar, sensación de ganas de orinar, orinar muchas veces y dolor en la zona baja del abdomen, del costado o lumbar.

En los menores de un mes puede provocar sueño excesivo, decaimiento o irritabilidad, vómitos, ictericia intensa

Los síntomas descritos aparecen poco a poco y cuando los detectemos conviene pedir cita preferente con el pediatra habitual, que es el que mejor conoce el historial médico de nuestro hijo. Pero si el bebé es muy pequeño (menor de 2 o 3 meses) y tiene fiebre o lo vemos muy decaído, hay que ir a Urgencias del centro de salud o del hospital.

Infección por bacterias

La infección de orina la producen bacterias de origen intestinal que están en la zona perineal (la zona alrededor de los genitales y del ano) y que suelen penetrar en el trayecto urinario desde abajo, por la uretra, ascendiendo a la vejiga e incluso, sobre todo en menores de dos o tres años, al riñón. La bacteria más frecuente es Escherichia coli; otros patógenos son Proteus y Klebsiella.

La infección de orina es mucho más frecuente en niños menores de 1 año, quizá debido a la fimosis natural (estrechez del prepucio) que presentan, donde se acumulan bacterias si no se mantiene una higiene cuidadosa en esta zona, y a partir de los 3 años es más frecuente en niñas, al haber menos distancia entre el exterior y la vejiga.

¿Cómo prevenir la infección de orina?

Te ofrecemos un total de cuatro consejos básicos para tener a tu bebé prácticamente a salvo de sufrir cistitis o pielonefritis.

1. Una buena higiene genital

Para evitar infecciones, es importante mantener una buena higiene genital, lo que implica el cambio frecuente de pañales y limpiar siempre a la niña o al niño de delante hacia atrás, para no arrastrar bacterias del ano hacia la zona de los genitales.

Las infecciones urinarias, por otro lado, son menos frecuentes en bebés y niños que mantienen la lactancia materna, porque se benefician de las defensas que aportan las madres a través de la leche.

2. Antitérmicos e hidratación

La infección de orina es una enfermedad que requiere tratamiento médico y los padres debemos colaborar facilitando su cumplimiento. Si el bebé o el niño tiene fiebre, hay que darle un antitérmico (paracetamol o ibuprofeno) mientras esperamos a que lo vea su pediatra habitual.

Conviene también darle de beber toda la cantidad de líquidos que admita. Para la visita médica, si el bebé o niño toma pecho, hay que ofrecérselo en la sala de espera con frecuencia; y si no, hay que llevar preparados biberones o bebidas, ya que, además de combatir la fiebre y la infección, facilitará el análisis que casi seguro que le van a pedir.

Es aconsejable darle de beber toda la cantidad de líquidos que admita o el pecho con frecuencia

Con los síntomas que le contemos al pediatra, y si no encuentra otra causa (anginas, otitis, catarro, bronquitis, diarrea) necesitará un análisis de orina y posiblemente uno de sangre; el de orina para confirmar la infección y el de sangre para ver si es una pielonefritis (infección del riñón) y la gravedad de la misma.

El análisis de orina debe basarse en el examen y cultivo de la orina para diagnosticar la presencia de bacterias (no en las tiras reactivas de orina, que dan un resultado meramente orientativo). En el análisis de sangre el médico verá los signos típicos de una infección más o menos grave: si están muy aumentados el número de glóbulos blancos (leucocitos) y la proteína C reactiva (PCR), hay más probabilidades de que el riñón haya sido alcanzado por la infección y se trate por tanto de una pielonefritis.

En algunos centros hospitalarios pueden hacer, en lugar o además de la prueba de la PCR, la prueba de la velocidad de sedimentación globular (VSG) o la prueba de la procalcitonina (PCT), que también estarán aumentadas si hay infección.

3. Tratamiento con antibiótico

Todos los menores de 1 mes, casi todos los menores de 3 meses y los mayores de 3 meses muy enfermos serán ingresados en el hospital para ser tratados con antibióticos: intravenosos los primeros 3 a 5 días, hasta ceder la fiebre y mejorar el estado general, y luego orales, generalmente en casa, hasta completar un total de 10 a 14 días.

Los mayores de 3 meses con poca afectación del estado general y que tomen bien los medicamentos por boca, serán tratados en su casa durante unos 10 días con antibióticos. Pero si no los toman, vomitan o empeoran, hay que volver a la consulta con rapidez. En la mayoría de los casos, antes de los 4 días ceden los síntomas, pero hay que seguir con el tratamiento el tiempo recomendado.

4. Posibles complicaciones en adultos

La complicación más frecuente si no se hace el diagnóstico a tiempo o no se trata, es la lesión del riñón con cicatrices, que en la edad adulta puede provocar insuficiencia renal o hipertensión arterial. Las recaídas pueden ser frecuentes, sobre todo si hay lesiones congénitas previas. Y los bebés menores de 1 mes pueden acabar con una infección generalizada (sepsis o septicemia) si no son tratados. Por eso es tan importante reaccionar y buscar soluciones médicas a tiempo.

Te puede ayudar

  • Al bebé o al niño le van a realizar en el centro ambulatorio u hospitalario algunos análisis para confirmar el diagnóstico y el alcance de la infección. En esa situación, la calma de los padres es lo que más ayuda a los hijos y a los sanitarios.
  • Para evitar recaídas, es importante completar adecuadamente el tratamiento con antibióticos, y si el niño lo rechaza, hablarlo con el médico.

Artículos relacionados