¿Tiene el frenillo corto?

Le cuesta mover la lengua

A los bebés que tienen el frenillo lingual corto les resulta difícil lograr una buena posición para mamar bien y sin esfuerzo.

Luis Ruíz

Los verbos disfrutar y amamantar deberían ir siempre íntimamente ligados. Para muchas mujeres es así; disfrutan de la lactancia porque están convencidas de que están haciendo lo mejor para su hijo: le están dando un gran alimento y saben que, muy probablemente, enfermará menos. Que todo esté yendo como lo tenían planeado, y para lo que se habían preparado, es una satisfacción. Pero la pregunta es, ¿disfrutan físicamente?

Yo estoy convencido de que es así. No creo que la naturaleza, que durante millones de años ha creado mecanismos para mantener la especie, primando con placer los actos reproductivos, permitiera que la lactancia, imprescindible para la supervivencia, fuera dolorosa en ningún momento.

No olvidemos que las hormonas que se liberan durante la lactancia son las mismas que se liberan en la relación sexual.

En cualquier caso, cause placer o no, dar el pecho a un bebé nunca debería molestar. Si la madre nota algún dolor, existe algún aspecto que se puede mejorar. Por ejemplo, una de las causas más frecuentes de dolor al amamantar son las grietas en el pezón. Es el mismo caso que el callo de lactancia que a veces se aprecia en el labio superior del bebé: si la posición en el pecho es correcta, no aparecen.

Los sanitarios o especialistas en lactancia, al observar la toma, son los que mejor pueden comprobar la posición:

  • verán si el bebé tiene la boca abierta y los labios evertidos (doblados hacia fuera)
  • si las succiones son lentas
  • la cabeza está en el antebrazo y la mano de la madre entre los omoplatos del niño....

Si su hijo hace pipís y cacas, las madres solo tienen que saber una cosa para reconocer que todo va bien: ¡dar el pecho no tiene que molestar lo más mínimo!

Un trastorno olvidado

Si además de las grietas existen otros síntomas del síndrome de mal posición al pecho –acumulación de leche, dolor al amamantar, poca ganancia de peso–, pero el agarre es el correcto, deberíamos pensar en una alteración en la boca del recién nacido que dificulta la lactancia.

La más frecuente es la presencia de un frenillo lingual corto.

La Real Academia Española define el frenillo como la “membrana que sujeta la lengua por la línea media de la parte inferior, y que, cuando se desarrolla demasiado, impide hablar o mamar con soltura”. Es posible que no lo sepamos todo sobre el frenillo sublingual, pero creemos que es un resto evolutivo. La mayoría de las veces es muy fino, y en algunas ocasiones, genera dificultades.

Las complicaciones que las características del frenillo podían causar al amamantar se conocían bien antes de la aparición de las leches artificiales. Las matronas cortaban ellas mismas el frenillo sublingual tras el parto para favorecer la supervivencia de los bebés. Pero con la aparición de las leches adaptadas y la administración sistemática de sueros y suplementos a los recién nacidos, la influencia del frenillo en la alimentación quedó olvidada.

Los bebés no hacían daño a su madre aunque tuvieran una causa anatómica que les impidiera mamar bien, ya que la alimentación con biberón no precisa de movilidad de la lengua; con solo chupar la punta de la tetina es suficiente para obtener la leche. En los últimos años, con el resurgir de la lactancia materna, nos hemos tenido que replantear esta cuestión seriamente.

Aun así, en el mundo científico hay mucha controversia sobre la necesidad de seccionar el frenillo para permitir una lactancia placentera. Los pediatras de la Asociación Canadiense de Pediatría critican el corte sistemático. La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria tampoco lo considera preciso. Pero cuando se han hecho revisiones de trabajos de seguimiento y de distribución al azar en grupos de bebés tanto intervenidos como no, se ha podido comprobar que la sección del frenillo sublingual promueve una lactancia materna más duradera y menos dolorosa para las madres.

Una movilidad limitada

En la consulta hemos podido comprobar que, en muchas ocasiones, la lactancia no funciona aunque el bebé esté bien prendido al pecho. A pesar del buen agarre, las molestias y el dolor en el pezón persisten. En estos casos, hay que buscar la causa en las características del frenillo sublingual. La dificultad al mamar radica en que la lengua tiene una menor movilidad: al quedar fijada atrás, roza continuamente el pezón y no comprime la areola. Este roce continuo y el mascar insistente de las encías dañan la piel del pezón y provocan las grietas.

Es posible que con un abrazo más intenso, una mayor presión del niño hacia el pecho, una mayor apertura de la boca y un mayor volumen del pecho en la boca del niño se consiga una extracción de leche suficiente e, incluso, un dolor “aceptable”. Pero si seguimos la máxima que dar de mamar ha de ser placentero, quizá nos podríamos plantear mejorar la succión con una intervención del frenillo.

Criterios de evaluación

¿Cuándo hemos de sospechar la existencia de un frenillo sublingual corto? Hay una serie de síntomas que a los sanitarios nos sirven de pista –callo de lactancia, mentón hacia atrás...–, pero la mamá que siente molestias a pesar de estar dando el pecho en la forma adecuada, podría pensar en esa posibilidad. Desde luego, la visión del frenillo cuando el bebé llora o abre la boca, añadido a los síntomas de dolor y dificultad de agarre al mamar son suficientes para hacernos pensar en él como causa de las grietas y el malestar generalizado.

El diagnóstico de frenillo lingual patológico es una cuestión médica, es decir, para evaluar si el frenillo debe de ser cortado o no, es necesaria una opinión profesional. Está aceptado médicamente que la valoración objetiva de Hazelbaker (un test que sirve de herramienta de diagnóstico) nos permite decidir si el frenillo es candidato a ser intervenido o si la anquiloglosia (el término médico de este trastorno) no es significativa.

Los criterios para la evaluación son morfológicos y funcionales:

  • la forma dentada de la lengua con una muesca en la punta
  • la longitud del frenillo menor o igual a un centímetro
  • la elasticidad al estirarlo
  • así como si está fijado en la punta de la lengua y en la encía o en la base son algunas de las características que se valoran.

Los relativos a la función serían, por ejemplo, si la lengua se levanta o no cuando el bebé llora. Todos estos datos nos permiten decidir si es necesario cortar.

¿Son todos los frenillos iguales?

No. Se conocen cuatro tipos de frenillo. Pero pertenecer a un grupo no implica un grado de gravedad mayor o menor.

  • En el tipo 1, una membrana corta une la punta de la lengua con el centro de la encía inferior.
  • El tipo 2 une la lengua por detrás de la punta con el borde superior de la encía, o un poco más abajo.
  • El de tipo 3 es un pequeño cordón.
  • El tipo 4 se identifica porque la lengua queda hundida cuando el niño llora.

Puede haber frenillos que sean una mezcla de tipos distintos. Eso puede explicar por qué algunos muy evidentes permiten una lactancia aceptable, mientras que otros que ni se ven la impiden.

Bajo observación

  • El callo de lactancia –también llamado callo de succión– es uno de los aspectos a observar. Se trata de una especie de ampolla que aparece en la mitad del labio superior del bebé. Tiene un color más pálido que el resto del labio, y parece que tenga que ir perdiendo capas de piel. De todos modos, algunos niños tienen un callo de succión durante un tiempo al principio de la lactancia, y maman sin problemas.
  • Otro factor a tener en cuenta a la hora de detectar un frenillo corto es la existencia de casos similares entre los miembros de la misma familia. Eso llega a ocurrir en un 30% de los casos.
  • La presencia del mentón hacia atrás, que médicamente se denomina retrognatia, es una característica que también se observa con frecuencia en los niños que tienen el frenillo lingual corto. Este tipo de mentón suele dificultar el buen agarre al pecho materno.
  • Una última pista puede ser la forma del paladar del recién nacido. Se basa en la teoría que la lengua, fijada desde abajo y con poca movilidad, no ha podido presionar el paladar durante la época de desarrollo fetal. De este modo, el paladar ha acabado adquiriendo una forma ojival, es decir, puntiagudo como un arco gótico.

Más de lo que parece

La intervención, con anestesia local, no es complicada. Se puede realizar en la consulta del pediatra en apenas unos minutos, aunque si el niño es mayor o tiene dificultades para mantenerse quieto, puede necesitar sedación. Los beneficios derivados de esta intervención no se limitan a la lactancia. Posteriormente, puede influir en la movilidad lingual relacionada con el habla, la disminución de lesiones dentales y una mejor posición de los dientes.

A pesar de ser un caso más habitual de lo que parece, no debemos caer en la tentación de atribuir al frenillo corto todas las dificultades en la lactancia. Hay que seguir pensando en el agarre y la posición, la mucosidad por contagio de los hermanos mayores o la falta de seguridad...