¿Necesitará ortodoncia?

BOCA SANA

¿Necesitará ortodoncia?

Respirar siempre por la boca, chuparse el dedo muchos años o resistirse a abandonar el chupete pueden perjudicar el desarrollo de la boca. En algunos casos, la corrección es inevitable.

David Ruiz

En el crecimiento de la boca intervienen muchos factores que debemos tener en cuenta, ya que podemos influir en algunos de ellos. Desde que nacemos, la boca está en constante desarrollo –una de las primeras cosas que hace el bebé recién nacido es succionar–, por lo que será importante conocer qué hábitos lo perjudican y cuáles lo favorecen.

Hay dos tipos de succión, la nutritiva (lactancia materna o artificial) y la no nutritiva (chuparse el dedo –normalmente el pulgar– y la succión del chupete). Ambos juegan un papel determinante. En cuanto a la lactancia materna, la Organización Mundial de la Salud y las autoridades sanitarias recomiendan amamantar de manera exclusiva durante los seis primeros meses. El principal motivo es que la leche materna es el mejor alimento para el bebé, pero hay estudios que sugieren que también ayuda al desarrollo adecuado de la mandíbula, gracias a los movimientos que el niño hace para obtener el alimento.

En cuanto al biberón, debemos de prestar especial atención a la tetina: es importante que sea blanda, elástica y con una forma anatómica adecuada para que, durante la deglución, la lengua se mueva de delante hacia atrás para estimular el crecimiento adecuado del paladar. Algunas veces, los padres creen que agrandando el agujero ayudan al bebé, pero así lo único que logran es que acabe antes y con menos esfuerzo. De este modo, además de no estimular el crecimiento horizontal del paladar, el niño no se siente saciado ni cansado, quiere seguir succionando y acaba con el chupete. Y a partir de ciertas edades, el chupete y el dedo en la boca son la causa del 67% de las malas mordidas.

Un margen para actuar

Los hábitos de succión no nutritiva son normales hasta los tres años y no conllevan ningún peligro para el desarrollo normal del maxilar y la mandíbula, pero si el hábito continúa más allá de esta edad, puede acabar provocando problemas como una mordida abierta (los incisivos no contactan entre sí cuando el niño cierra la boca) o una mordida cruzada posterior (al morder, las muelas de abajo sobresalen, no encajan bien).

El momento ideal para retirar el chupete es cuando al bebé le salen los dientes de delante.

Para intentar que el niño abandone el hábito de chuparse el dedo es mejor esperar a los cuatro años; antes de llegar a esta edad suelen dejarlo espontáneamente y los posibles problemas de mordida se corrigen solos. Pero si el niño continúa con esa costumbre a partir de entonces, podemos hablar con él para intentar que lo deje y estar atentos a tener presente de otras formas su necesidad de consuelo.

Las soluciones creativas siempe serán mejor recibidas, por ejemplo, pintarnos caras en las yemas de los dedos y proponernos que no se borren (algo que las mantendrá fuera de la boca). En cualquier caso, lo que nunca debe hacerse es culpabilizar ni ridiculizar al niño.

Fijarnos en la respiración

Otro hábito muy importante, y quizá el que más influye en el desarrollo de la boca, y también en el de la cara, es respirar por la boca en lugar de hacerlo por la nariz. A veces los niños son incapaces de respirar bien por la nariz por diferentes motivos:

  • gran desarrollo de las amígdalas palatinas
  • rinitis alérgicas
  • desviación del tabique...

En estos casos lo ideal es tratar primero la causa y luego, poco a poco, ir entrenando la respiración nasal. Si este problema no se soluciona a tiempo, el niño crecerá con una cara alargada (entre otros motivos, porque al tener la boca abierta mucho tiempo los dientes erupcionan más, buscando contacto) y un paladar estrecho (cuando respira por la nariz, la lengua se coloca en una posición de contacto con el paladar, estimulando su crecimiento).


La edad adecuada para iniciar el tratamiento

Es habitual que los padres tengan dudas sobre cuál es el mejor momento para poner un aparato de ortodoncia a su hijo. Las visitas periódicas con el especialista les darán la tranquilidad que necesitan.

La edad idónea para empezar con el tratamiento dependerá del tipo de problema, ya que, en ocasiones, actuando a tiempo se puede evitar que la situación se agrave.

  • Hay casos de mordida (la forma en que encajan los dientes superiores e inferiores) que cuanto antes se traten mejor, aunque al niño no se le haya caído ningún diente de leche.
  • En cambio, en otros casos es necesario esperar a que dé un estirón (11-12 años en las niñas y 12-13 años en los niños) o, simplemente, esperar a que tenga las piezas permanentes.

Signos que nos dicen que la boca crece bien

Las sonrisas de los más pequeños se caracterizan por la presencia de diastemas (los incisivos no se tocan, sino que existen pequeños espacios entre ellos). Si hubiese contacto entre los dientes de leche en la parte de delante, significaría que la mandíbula o el maxilar superior –o los dos– son estrechos y que, posiblemente, los dientes permanentes saldrán apiñados y con poco espacio si no actuamos.

El objetivo de los tratamientos tempranos de ortodoncia es corregir los malos hábitos orales, determinados problemas dentales y también problemas estructurales (forma del paladar, por ejemplo) para que cuando al niño le salgan todos los dientes permanentes tenga un mejor entorno bucal.

Pero llevar aparato de ortodoncia a los cinco, nueve u once años no implica que luego no necesite volverlo a llevar en una segunda fase.

Cuidar la higiene, aún más importante

Es vital que el niño se implique en el tratamiento y comprenda bien sus nuevas responsabilidades.

  1. Una excelente limpieza bucal y del aparato es imprescindible, ya que el riesgo de placa y caries aumenta mucho.
  2. Otra responsabilidad es ponerlo las horas que el profesional haya indicado (si no es un aparato fijo), de lo contrario, el tratamiento no será efectivo.

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