Niños activos, adultos más sanos

JUEGO LIBRE

Niños activos, adultos más sanos

El movimiento va unido a la infancia, y sabemos que el juego libre es uno de los pilares de su fortaleza y su salud física, pero también de la emocional. Es básica para desarrollar su confianza y su capacidad de aprendizaje.

Luis Ruiz

El ser humano inició su andadura según los evolucionistas siendo un mamífero nómada en busca de frutos con los que alimentarse, persiguiendo a los animales para comer su carne o huyendo de aquellos que amenazaban su vida. Estar en buena forma física era a la vez una necesidad imperiosa y la consecuencia del ejercicio físico que tenía que realizar para sobrevivir.

En las épocas primitivas, los niños iban con los adultos, y los más débiles y menos capaces de seguir al grupo se quedaban atrás, realizándose así una cruel selección natural.

Los cachorros humanos, muy dependientes, eran transportados (y todavía lo son en algunas culturas primitivas) por los adultos, en general la madre, y cuando estaban suficientemente maduros para seguir al resto del grupo se hacían autónomos.

Para eso requerían un entrenamiento y ejercitación progresiva. Es evidente que los que se adaptaban de manera más rápida y perfecta tenían ventajas sobre los demás.

Con la agricultura, el ser humano se hizo más sedentario, pero la forma física permaneció con esta nueva actividad porque se mantuvo la necesidad de movimiento. En cambio, en nuestra sociedad actual hemos abandonado mayoritariamente las tareas que implican una actividad física importante y las hemos sustituido por actividades intelectuales en las que no es imprescindible o intensa.

Sin embargo, nuestros cuerpos siguen siendo los mismos y necesitan ser ejercitados para estar sanos. Y en la infancia y la adolescencia, para poder desarrollar su potencial.


Niños activos, adultos más sanos

Fomentar la afición por la actividad física es una inversión en salud a largo plazo. Los beneficios en los adultos son múltiples, diversos y casi innombrables. Los nuevos estudios no dejan de sorprendernos y la lista crece día a día:

  • Alarga la esperanza de vida.
  • Estimula la formación de neuronas y las conexiones entre ellas. Mejora la capacidad cognitiva: la habilidad para resolver problemas, la memoria, la concentración, la productividad...
  • Fortalece el corazón y disminuye el riesgo de infarto. Favorece la circulación de oxígeno y nutrientes por el cuerpo, aumenta la eficiencia respiratoria, disminuye el colesterol malo (LDL) y el riesgo de derrame cerebral.
  • Mejora la función digestiva, previniendo o aliviando problemas del estreñimiento.
  • Ayuda a combatir la obesidad: es la alternativa a dietas peligrosas, que nos privan de nutrientes esenciales. Moldea el cuerpo, reduce la grasa corporal y aumenta la masa muscular.
  • Previene enfermedades crónicas: diabetes tipo 2, hipertensión, algunos tipos de cáncer...
  • Mejora la postura corporal, flexibiliza las articulaciones, fortalece los músculos y huesos, y reduce el riesgo de osteoporosis, dolores de espalda y otros problemas músculo-esqueléticos.
  • Atenúa los síntomas de la menopausia en las mujeres y compensa sus efectos.
  • También mejora la calidad de vida en general: ayuda a controlar el estrés, aumenta la resistencia a la fatiga, favorece el sueño, es divertido, fomenta la sociabilidad y aumenta la autoestima.
  • Es una alternativa a los antidepresivos, ya que reduce la ansiedad, alivia los síntomas de la depresión y mejora el humor y el estado de ánimo al instante, especialmente si se hace en equipo.

El movimiento: una necesidad vital

Los niños de hoy en día también necesitan esa actividad, no porque busquen esos beneficios, sino porque su naturaleza se lo pide. Sabemos ahora que con el ejercicio físico también se entrena la mente.

Hay una mejora en la función mental, una memoria más activa, y más agilidad y rapidez mentales, todo ello con una mayor sensación de bienestar.

Los niños son activos, no están quietos nunca y, cuando no pueden dar rienda suelta a esta necesidad, aumenta su nerviosismo. A algunos, por el hecho de ser más movidos, virtud que posiblemente los hubiera hecho ser mejor valorados en épocas remotas, les ponemos en ocasiones la etiqueta de hiperactivos, sin aceptar que para su propio desarrollo necesitan una gran cantidad de actividad.

El juego libre, el mejor ejercicio

Pensemos en la niña que ha conseguido ponerse en pie y mientras aprende a caminar ejercita todos los músculos del cuerpo una y otra vez. Cuando por fin lo consigue se siente compensada por el logro e inicia el perfeccionamiento de la técnica y la búsqueda de nuevos retos.

Lo mismo ocurre con el niño que juega en la piscina. Salta, nada hasta la pared, sube, va corriendo hacia atrás y vuelve a saltar. Intenta saltar haciendo una pirueta y lo repite y lo repite hasta conseguir caer de cabeza o hacer la bomba de forma que moja a todos los que hay alrededor.

En el parque, el niño que se sube a una de sus estructuras, y baja, y vuelve a intentarlo de otra manera... Hace como los niños que tienen la suerte de estar en la zona rural y trepan por los árboles a coger frutos o escalan por las piedras.

Todo esto forma parte del juego no estructurado, tan importante o más que el deporte de equipo, porque se convierte en uno de los pilares de su desarrollo, no solo físico, también del emocional. Y además, cuando son pequeños, sienta las bases de sus mecanismos de aprendizaje.

Y no solo hacen ejercicio cuando están en clase de gimnasia en la escuela, hacen un partidillo o asisten a clases de baile durante sus actividades extraescolares. También lo hacen cuando saltan a la comba en el recreo, montan en bicicleta o juegan con sus amigos a juegos activos o de persecución.

Y también de formas que a veces nos exasperan a los padres, como cuando corren con el carro del supermercado o se persiguen en la sala de espera del médico.

Cuando hablamos de ejercicio físico en los adultos pensamos en el gimnasio o en un campo de fútbol, en las pesas y en todo tipo de actividades extenuantes. Pero con los niños, como hemos visto, no se trata de llevarlos a un centro deportivo de alto rendimiento, sino favorecer el juego espontáneo y al aire libre cada día.

Los padres deben asegurarse de que sus niños hagan suficiente ejercicio. Entonces, ¿cuánto es suficiente? Todos los niños mayores de dos años deben hacer al menos 60 minutos de ejercicio de moderado a enérgico, en lo posible todos los días de la semana.

Con estas recomendaciones, entre los educadores y desde la Alianza Americana para la Salud, Educación Física, Recreación y Danza se ha iniciado en los colegios el programa Escuela Activa, que incorpora la actividad física antes, durante o después de las clases por lo menos durante 60 minutos diarios.

Redescubrir lo evidente

Los expertos sanitarios “estamos descubriendo la sopa de ajo” y ahora recomendamos el ejercicio físico como una actividad promotora de salud para todos los niños. Se ha constatado que el ejercicio físico en los niños:

  • fortalece la musculatura y los huesos, y favorece un cuerpo más equilibrado en su peso, ya que el ejercicio ayuda a controlar la grasa en el cuerpo.
  • Al crecer, el riesgo de tener diabetes tipo 2, hipertensión o hipercolesterolemia se reduce, además de proporcionar una mejor actitud ante la vida.
  • Los niños que están en forma duermen mejor y enfrentan los desafíos físicos y emocionales con mayor seguridad.

Prevenir accidentes

En la infancia, los accidentes y caídas son comunes y eso se acrecienta al practicar deportes, aunque en contrapartida estos también ayudan a desarrollar una mayor habilidad y pericia.

Hay también una explicación física. Los niños tienen la cabeza más grande que el cuerpo y una mayor superficie corporal con relación al peso. También, en los huesos, el cartílago de crecimiento es una zona más vulnerable a las tensiones y contusiones.

Finalmente, los niños todavía dependen de nosotros en sus hábitos nutricionales y de hidratación, y esto los hace vulnerables. Hemos de ayudarlos y acompañarlos.

Como con la lactancia materna, podemos vivir sin el deporte, pero posiblemente nuestra vida será mucho mejor si podemos realizarlo.


¿Cuánto ejercicio necesitan hacer los niños?

La Asociación Americana para el Deporte y la Educación Física ofrece pautas detalladas de actividad para lactantes, niños pequeños y niños en edad preescolar y recomienda el juego libre.

  • Lactantes. La actividad física incentiva el desarrollo motor, pero no hay requisitos específicos de tiempo.
  • Niños pequeños. Mínimo un hora y media
  • Niños en edad preescolar. Mínimo dos horas
  • Niños en edad escolar. Una hora o más al día. No deben permanecer inactivos durante más de dos horas.
  • Los lactantes y los niños pequeños no deben permanecer inactivos durante mucho tiempo: no más de una hora a menos que estén durmiendo.

La Academia Americana de Pediatría recomienda que los menores de 2 años no vean la televisión y evitar el sedentarismo a cualquier edad.

Pero, sin duda, los niños saben mejor que ningún experto cuánto necesitan jugar libremente, al aire libre. Ofrezcámosles su generosa cuota diaria.

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