No bañemos al bebé al nacer

BEBÉS FELICES

No bañemos al bebé al nacer

El descubrimiento de la función protectora de la vérnix caseosa, la crema blanca que recubre al recién nacido, y sus múltiples beneficios han obligado a revisar sus primeros cuidados y la práctica de bañarlo tras el parto.

José María Paricio

Entre la decena de rutinas erróneas que se han implantado en las últimas décadas en el medio sanitario está la de bañar a los bebés inmediatamente, en el paritorio, o en los primeros días en el hospital.

Es una rutina ancestral y no solo atribuible a la medicina "higienista" de los siglos XIX y XX, pero no hay evidencias ni circunstancias que la justifique: es errónea siempre. Porque con el baño se alteran cuatro ecosistemas o parámetros muy importantes para la buena adaptación del recién nacido a su nueva vida extrauterina:

  1. El baño implica la separación de la madre, lo que es perjudicial.
  2. Aumenta considerablemente el riesgo de enfriamiento.
  3. Puede afectar el sentido del olfato, tan esencial en esta etapa.
  4. Suprime la vérnix caseosa de la piel del bebé.

Analizando en detalle estos puntos, lo más obvio es que bañar al recién nacido en el paritorio o durante el primer día supone una separación innecesaria de la madre.


Recibirlo con cuidado

Al recién nacido que permanece en estrecho contacto piel con piel le resulta tranquilizador comprobar que, aunque todo es muy diferente, su madre huele parecido, le da un calorcito parecido, su corazón lo oye más lejano, pero le recuerda al que oía, y su voz, la que escuchaba tan bien en aquella cuevita, es la misma.

Bueno, si lo dejamos así un ratito más, seguro que se tranquilizará, sobre todo si llega a lamer una de esas dos colinas que sobresalen y que huelen y saben como el líquido que le bañaba todos esos meses. Arrancarlo de ahí puede no resultarle plato de buen gusto.


Al nacer, el bebé tiene la temperatura de la madre. Nace mojado y, si no se seca pronto, la evaporación del líquido le hace perder grados de temperatura rápidamente. En ese momento, si su temperatura rectal desciende por debajo de 35,8 °C hablamos de hipotermia, es decir, de enfriamiento grave, y muchas veces esta circunstancia acaba con un ingreso en la unidad neonatal. La situación suele ser peor en los lugares en los que hace frío, y yo no he conocido muchos paritorios que no lo sean. Así que la mejor opción nada más nacer es ponerlo desnudo sobre el pecho-abdomen de su madre y secarlo con una buena toalla previamente calentada para, inmediatamente después, mientras sigue en contacto piel con piel, taparlo y ponerle un gorrito.

Se ha demostrado que para no perder temperatura, esta rutina es más eficaz que ponerlos en la cuna térmica de reanimación con un foco de luz y calor a un metro de distancia. El calor que recibe al abrazarse a un radiador a 37 °C (la madre) es más seguro que el transmitido por con-vección, a distancia.

¿Que por qué conviene ponerle un gorrito? Porque la cabeza es muy grande en proporción al cuerpo y porque la piel de la cabeza puede llegar a perder mucho calor.

El baño no es necesario

Bañarlos, enjabonarlos y, lo que aún es peor, perfumarlos con alguna loción o colonia, son acciones que consiguen anular o confundir momentáneamente el sentido más desarrollado del recién nacido: el del olfato, gracias al cual encuentra y se engancha al pecho materno e inicia la lactancia materna.

El olfato se ha ido ejercitando en el interior del útero con el líquido amniótico que cambia de olor y composición en cada madre, en cada embarazo, con cada comida. En las primeras horas, los recién nacidos prefieren el olor del líquido amniótico a cualquier otro, incluso al del calostro. En días sucesivos van cambiando poco a poco sus preferencias hacia la leche materna.

  • Conviene evitar el baño en los primeros días, ya que la vérnix se acaba de absorber hacia el 5° día y es un buen jabón e hidratante.
  • No se debe usar jabón ni perfumes, solo acariciar el cuerpo con la mano mojada, y secar sin frotar, presionando suavemente con la toalla.
  • El empleo de cremas hidratantes (no perfumadas) no es necesario mientras persista la vérnix y no se observe sequedad en su piel.

Mientras persista la vérnix conviene no lavarlo ni hidratarlo.

Conservar la vérnix

Cada vez se conocen más datos que apoyan que no conviene bañar pronto a los recién nacidos por que se les quita prematuramente la capa de vérnix caseosa con la que nacen, y de la que en las dos últimas décadas se han descubierto sorprendentes propiedades. ¿Qué sabemos?

  • Es una crema natural con la que nacen más o menos cubiertos los bebés.
  • Recibe su nombre de dos palabras latinas que quieren decir "barniz de consistencia como el queso".
  • Es de color blanco-grisáceo, de consistencia untuosa y está fabricada por las glándulas sebáceas de la piel; por eso también se le llama unto sebáceo.
  • Recubre sobre todo la espalda, cabeza y pliegues cutáneos como axilas e ingles.
  • Está formada por agua (81%,), grasas (9%) y proteínas (10%) y contiene restos de células descamadas de su piel.

Se sabe que la producen las glándulas sebáceas de la piel del bebé desde el mismo momento en que aparecen en la vida intrauterina, hacia las 20 semanas de gestación.

Poco a poco va recubriendo grandes zonas de la piel y hacia la semana 36 de gestación deja de producirse. En ese momento las células de los alveolos del pulmón están produciendo en gran cantidad un jabón natural llamado surfactante que hace que los pulmones del bebé maduren y puedan expandirse y funcionar bien en el momento de nacer.

Ese mismo surfactante sale con los movimientos respiratorios del bebé y va a parar al líquido amniótico que lo baña y así comienza a lavar su piel removiendo y limpiando gran parte de la vérnix caseosa que lo recubre y que se incorpora al líquido amniótico, enturbiándolo.

Además es deglutido por el bebé y tiene gran importancia en la maduración de su intestino.


Un manto de protección

Si no se quita por medio de un baño o frotando al nacer, como suele ser la costumbre, la vérnix caseosa se reabsorbe de modo natural en pocos días: cinco para la que recubre la piel en general y diez para la que se localiza en los pliegues. Se conocen varias propiedades muy intere-santes de esta sustancia que hacen aconsejable no retirarla de modo inmediato y dejar que se reabsorba por ella misma.

Lo más sorprendente es que actúa como barrera defensiva frente a infecciones que puedan penetrar por la piel.

Por una parte, se han identificado en ella más de 20 proteínas, además de la lactoferrina y la lisozima, con propiedades inmunitarias (defensivas) que protegen del ataque de bacterias, hongos y otros parásitos.

Y por otra, los ácidos grasos y triglicéridos que contiene forman un manto ácido sobre la piel. Esta acidificación de la superficie dificulta la colonización de bacterias dañinas y, en cambio, facilita que las bacterias saprofitas o comensales que conviven habitualmente con los humanos se asienten en la piel del recién nacido.

Además, como hay una gran similitud entre los elementos defensivos que hay en la vérnix caseosa, el líquido amniótico y la leche materna, retrasar el baño unos días, manteniendo esa capa protectora hasta que la lactancia materna esté bien establecida puede prevenir infecciones en el periodo neonatal.

Hidratación y limpieza

La vérnix caseosa también protege la piel frente a roces y pequeñas heridas y es hidratante. Ahora la escuda frente a la sequedad ambiental del nuevo medio aéreo, de la misma manera que antes, en el útero, la defendía de la excesiva humedad del líquido amniótico.

Manteniendo la hidratación se evita la descamación excesiva de la piel del bebé. Incluso se han estudiado sus propiedades limpiadoras, y los resultados llegan a ser comparables a los de los mejores detergentes del mercado.

Esta crema natural tiene numerosas virtudes que día a día se van descubriendo y que todavía se siguen investigando.

  • La vérnix caseosa es muy rica en vitamina E y tiene propiedades antioxidantes. Aunque no se conoce bien qué implica, se sabe que protege de la radiación ultravioleta y que facilita la regene-ración de la piel y la curación de heridas.
  • En los bebés prematuros facilita la hidratación evitando pérdidas calóricas por evaporación de agua.
  • Se está investigando el papel que puede tener en el vínculo, al facilitar la atracción de los cuidadores mediante las feromonas que estarían en su composición.

Se ha visto que la cantidad de vérnix caseosa que tienen los recién nacidos al nacer depende mucho del número de semanas de embarazo:

  • Los bebés muy prematuros, de menos de 30 semanas de gestación, tienen muy poca cantidad porque aún no ha dado tiempo a que se produzca bastante.
  • Los bebés prematuros de 33 a 36 semanas tienen mucha, el 70% de su piel está recubierta de esta crema protectora natural.

A partir de ahí, el efecto limpiador del surfactante producido por los pulmones hace que vaya disminuyendo:

  • un 35% entre las semanas 37 y 40
  • y apenas un 10% de la superficie corporal está cubierta de vérnix caseosa en los nacidos con más de 40 semanas. Por ello la piel de los nacidos tras 40 semanas se reseca y agrieta en pocas horas, y son más propensos a tener exantema tóxico alérgico, una erupción que no molesta y se va en pocos días. Se cree que se debe al contacto de la piel con la ropa, detergentes, etc.

Hay otros factores que influyen en la cantidad de vérnix: Nacen más cubiertos los bebés nacidos por cesárea, las niñas, los de piel blanca y cuando no ha habido expulsión de meconio.

El estudio de la vérnix también resulta atractivo por sus aplicaciones en la cosmética, la dermatología y la neonatología para el desarrollo de cremas de tipo barrera, hidratantes, reparadoras y antiinfecciosas.

En definitiva, sabemos hoy que el baño temprano, así como el resto de rutinas erróneas que separan al bebé de la madre, contribuye a que los recién nacidos tengan más riesgo de enfriamiento, de iniciar más tarde y peor la lactancia, de tener problemas respiratorios e infecciosos y de ingresar más en las unidades neonatales hospitalarias.

Afortunadamente empieza a haber guías y protocolos de actuación serios que apoyan medidas validadas por expertos y trabajos científicos que demuestran que un abordaje cariñoso y exento de agresiones y maniobras innecesarias es la norma deseable para la inmensa mayoría de los bebés que nacen sanos y bien. El baño inmediato se contraindica en las mismas.