Primeros controles médicos del recién nacido ¿son necesarios?

TRAS EL NACIMIENTO

Primeros controles médicos del recién nacido ¿son necesarios?

En la mayoría de los casos, las intervenciones que se hacen de rutina a los recién nacidos pueden esperar. En sus primeros minutos de vida lo que más necesitan es estar piel con piel sobre su madre.

Adolfo Gómez Papí

Hace tiempo que madres y profesionales se cuestionan si la acogida que recibe el recién nacido en un hospital convencional es la más adecuada, teniendo en cuenta que se trata de un momento tan especial. Sin embargo, al mismo tiempo surge la duda de si es conveniente dejar juntos a la madre y su bebé nada más nacer sin que el pediatra le haya examinado, sin que lo hayan pasado sondas por la nariz o la boca, sin pesarlo o medirlo, sin ponerle la vitamina K o el colirio; en definitiva, sin hacer los procedimientos habituales en los paritorios.

El motivo principal para hacer todas estas intervenciones es asegurarse de que el bebé está bien y no corre ningún peligro en su inicio a la vida extrauterina.

Sin embargo, los estudios están demostrando que la primera necesidad del bebé, y lo mejor para su salud, es estar junto a su madre, y que intervenciones que se consideraban imprescindibles en la gran mayoría de los casos no son tan necesarias, o tan urgentes, y se pueden posponer. Cambiarlas está permitiendo dar a los bebés una bienvenida más cálida y amorosa.

Ambiente protector

En el vientre materno, el futuro bebé vive en un ambiente muy especial, alejado de ruidos molestos, acompañado de la voz amortiguada de su madre, bañado por fuera y por dentro por el líquido amniótico que huele a su madre; no precisa comer, ni respirar, ni hacer caca; está rodeado de una oscuridad protectora, contenido por el útero materno, en flexión de cuerpo y extremidades, con las manos frente a su boca. Está, en resumidas cuentas, en una situación ideal, alejado de peligros como el hambre, la desprotección y el frío.

En un momento concreto, el parto se pone en marcha. El útero, que antes le ofrecía refugio seguro, se contrae rítmicamente y le empuja poco a poco hacia el exterior.

Las contracciones uterinas que le proyectan hacia el exterior, lo que se llama el trabajo de parto, provocan estrés en el bebé, una descarga de noradrenalina. Los niveles elevados de esta hormona en su sangre hacen que nazca en alerta tranquila y que permanezca así entre hora y media y dos horas. Es un estado especial, y tardará unos dos meses en volver a estar tanto tiempo pendiente de lo que pasa a su alrededor.

Necesita recuperarse

¿Cuál es el motivo por el que nacemos en alerta tranquila? Si se coloca al recién nacido entre los pechos desnudos de su madre, primero se queda inmóvil. Posteriormente, y poco a poco, salivea, chupa su propio puño –lo que acostumbraba a hacer antes de nacer y que ahora aún conserva el olor del líquido amniótico–, huele la piel de su madre e, inconscientemente, comprueba que huele igual que su mano, que está en el lugar adecuado y seguro. Luego lame la piel, empieza a mover sus extremidades, repta hacia los pechos, toca el pezón y lo mueve como si fuera el dial de una radio, acerca su cara al pecho, nota el pezón en su mejilla, abre la boca y acaba mamando del pecho, colocando la boca de forma totalmente correcta.

Una vez que el bebé ha mamado así, las siguientes tomas las hará correctamente, hecho que contribuye al éxito de la lactancia materna. Todo este proceso puede tomarle unos 50-70 minutos y es bueno dejar a la madre y a su hijo tranquilos, sin molestarles, durante todo este tiempo.

Colocar al bebé recién nacido en contacto piel con piel es un estímulo vagal –opuesto al de la noradrenalina– y succionar el pecho le relaja. Ambas cosas, succionar y sentir el contacto con su madre, le ayudan a recuperarse del estrés del parto, además de regular perfectamente su temperatura corporal.

Hormonas del amor

Tras el trabajo del parto, la piel del tórax y del pecho materno está muy sensible. Al entrar en contacto con el bebé, la madre segrega grandes cantidades de oxitocina. Esta hormona contribuye a contraer el útero, a que salgan algunas gotas de calostro del pecho y a que la madre se sienta totalmente vinculada afectivamente a su hijo o hija. No en vano la llaman la hormona del amor maternal. Parece que en el bebé, el reconocimiento temprano del olor de la madre que tiene lugar durante el contacto piel con piel hace que se vincule más a ella y que se adapte al ambiente extrauterino.

Durante el contacto piel con piel comienza el intercambio emocional madre-bebé:

  • tacto-caricias-abrazos de la madre
  • sensación táctil del bebé en la piel materna
  • olores
  • miradas, etc.

Por ese motivo, hay autores que consideran esa primera toma no como un momento de alimentación, sino como el momento de la impronta, del vínculo afectivo madre-hijo.

Las madres que han podido disfrutar de ese contacto piel con piel con su bebé nada más nacer expresan que ese ha sido el momento más emocionante de su vida.

Bebés que no lloran

Los bebés que permanecen en contacto piel con piel con su madre no lloran, a diferencia de aquéllos a quienes se les ha separado, que lo hacen intermitentemente. No lloran continuamente porque llorar consume mucha energía.

¿En realidad por qué lloran los recién nacidos? En los mamíferos a este llanto se le ha llamado de protesta- desesperación, y está ligado a su instinto de supervivencia. Es una protesta que ocurre durante la separación y cede al reunirse con la madre. Si no tiene lugar la reunión materno-filial, entran en un estado de desesperación que resulta dañino.

Después de 2 horas en alerta tranquila, el bebé entra en un sueño profundo, reparador, que durará varias horas. Cuando vuelva a despertar empezará a reclamar el pecho frecuentemente, pero hay que respetar ese primer sueño del recién nacido y la madre, aprovechar ese tiempo para recuperarse del parto.

Cambiando protocolos

Los estudios científicos están revelando la inteligencia del comportamiento instintivo de los bebés y sus madres después del nacimiento, y cómo esos comportamientos espontáneos ayudan al establecimiento de un vínculo afectivo fuerte, a la adaptación del bebé al mundo extrauterino, y a un comienzo exitoso de la lactancia materna.

Por ese motivo, actualmente las recomendaciones de la Unión Europea para la alimentación de lactantes y niños pequeños dicen, con respecto al momento del nacimiento, que las operaciones rutinarias no destinadas a salvar la vida del recién nacido se han de posponer hasta después de la primera toma y que los profesionales de la salud han de ayudar a la madre a encontrar una posición cómoda, si es posible, empleando una técnica que no implique el uso de las manos.

Además, si la madre o el bebé requieren atención médica urgente, habría que facilitarles de nuevo el contacto piel con piel en cuanto recuperen la estabilidad. Ni siquiera es preciso separales para la identificación del bebé, que puede realizarse mientras están juntos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) también ha hecho recomendaciones similares, que se están incorporando a los protocolos hospitalarios españoles.

Esta nueva forma de recibir al bebé hace que algunos procedimientos hasta ahora habituales, como colocarle sondas por la nariz o la boca, se realicen cada vez menos; mientras que otros, como el test de Apgar, ponerle la vitamina K o el colirio, pesarle o medirle, se pospongan hasta después de terminada la fase del posparto inmediato.

En el hospital

En cuanto el bebé nace se le coloca sobre su madre, se le seca –sin frotarle–, se le pone un pañal y un gorrito y se le cubre la espalda con una toalla precalentada.

Durante el contacto piel con piel se procede a identificar al bebé. Una enfermera está junto a la madre explicándole en qué consiste el procedimiento, las ventajas que tiene y cómo se comportará el bebé. Posteriormente, acompañará a la madre, al bebé y al padre desde la sala de partos hasta la habitación, donde permanecerán juntos durante toda la estancia en el hospital.

Cuando se ha completado la primera toma, y cuando el bebé se adormila, la enfermera procede a explorar al recién nacido, le toma las constantes, le pone el colirio y la vitamina K, lo pesa y lo mide.

Las madres se sorprenden cuando les explicamos de lo que su hijo es capaz, y más mientras lo experimentan en el contacto piel con piel.


El contacto piel con piel

  • Estar juntos mitiga el estrés del parto.
  • El olfato juega un papel esencial en el vínculo.
  • El bebé nace sabiendo encontrar el pecho.
  • La primera toma instintiva siempre es correcta.
  • Ambos precisan intimidad, calma y calor.


Algunos son prescindibles

Comprobar que el recién nacido se comporta normalmente hace obvio el test de Apgar. Éste es un test basado en la observación que se hace al minuto y a los 5 minutos de nacer. Cuando el bebé tiene su comportamiento instintivo normal, la puntuación no puede ser menor de nueve y convierte en innecesarias acciones como la aspiración de las fosas nasales.

  • Los orificios nasales están permeables si el bebé respira con normalidad. Los recién nacidos no saben respirar por la boca y sólo lo hacen cuando lloran. Por lo tanto, si respiran bien no es necesario pasarles la sonda por la nariz y la boca.
  • Muy raramente un bebé puede necesitar que un equipo de expertos en reanimación postnatal le atienda. Sólo en estos casos es necesario aspirar las fosas nasales y pasar la sonda para ayudarle a respirar.


Rutinas en el recién nacido

A los recién nacidos se les administra vitamina K y un colirio para evitar complicaciones. Pero ambos procedimientos se pueden aplazar hasta que se haya producido el contacto piel con piel y después de la primera toma. También se puede esperar hasta entonces para pesarlo y medirlo.

  • Prevenir la conjuntivitis. El colirio se administra de rutina a todos los recién nacidos para prevenir la conjuntivitis neonatal. El riesgo de contraerla se debe a que cuando el bebé atraviesa el canal del parto, la conjuntiva se contamina por los gérmenes presentes en él.
  • Contra las hemorragias. La administracción de vitamina K (la vitamina de la coagulación) es útil para prevenir la llamada enfermedad hemorragípara del recién nacido, que consiste en hemorragias digestivas, en los lugares de punción e, incluso, cerebrales. La vitamina K es normalmente sintetizada (fabricada) por las bacterias intestinales y para ello necesita recibir un sustrato (alimento) en ciertas cantidades.
  • Nuevos estudios. La presencia de alimento en el tubo digestivo del bebé tras una primera toma precoz hace que el intestino del bebé pueda formar más tempranamente una flora intestinal adecuada. Podría ser que en estas circunstancias no hiciera falta darles vitamina K. Sin embargo, todavía no existe evidencia científica que apoye esta hipótesis, por lo que actualmente se sigue recomendando administrar la vitamina K a todos los bebés recién nacidos.


El baño, para más tarde

Hasta hace poco era costumbre bañar a los bebés nada más nacer, eliminando los restos de líquido amniótico y la sustancia blanca que los recubre.

  • No está recomendado bañar al bebé al nacer. Es importante que la piel del bebé mantenga el vérmix caseoso (esa sustancia blanquecina y grasienta) porque nutre su piel y tiene el olor del líquido amniótico.
  • Es importante que el bebé conserve el olor del líquido amniótico de su madre en su cuerpo y en los puños. Cuando los succione regulará mejor sus emociones, y el olor le guiará al pecho materno.
  • El olfato es el sentido más importante para el establecimiento del vínculo materno filial. Las preferencias olfativas del bebé evolucionan con él y le permiten ir adaptándose a la vida extrauterina.

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