Problemas de oído de mi hijo: síntomas, causas, tratamiento

SALUD INFANTIL

Problemas de oído en mi hijo pequeño: causas, síntomas y tratamiento

Cómo limpiarlos normalmente y cómo cuidarlos ante los signos de dolor, supuración, introducción de cuerpos extraños y otros problemas.

Luis Ruiz

El dolor de oídos es uno de los más intensos, y quien lo ha experimentado lo sabe muy bien. Por ello, cuando un lactante o niño pequeño se toca en esa zona, los padres nos preocupamos enseguida, temiendo que tenga un dolor que no sepa explicar, o que no haya realizado alguna maniobra que pueda haberle provocado algún daño.


El tapón de cera

Si el equilibrio entre la producción de cera y su expulsión progresiva hacia fuera se altera, se produce un tapón que obstruye el conducto auditivo por la acumulación de cerumen compactado, unido a restos de células descamadas de la piel y algún pelo suelto. Es importante evitar que se altere este mecanismo de eliminación fisiológica de la cera y también las maniobras que puedan introducirla hacia el interior del oído. Hay que limpiar exclusivamente la cera que sale hacia fuera y no usar ni bastoncillos, ni sustancias abrasivas, ni jabones, que nunca han de entrar en el oído.

Podemos sospechar que un niño tiene un tapón de cera por la falta de audición cuando aumenta el volumen de la tele, chilla al hablar... Algunos niños se quejan de molestias en el oído, pero muchas veces se descubre de forma accidental durante la visita pediátrica rutinaria.

El tapón se extrae después de humedecerlo y reblandecerlo con agua oxigenada o con algún aceite especial durante unos días. Se realiza la extracción mediante un lavado con agua a presión, que debe realizar el médico para evitar el riesgo de que una presión excesiva llegue a dañar el tímpano.


Cuerpos extraños

Los cuerpos extraños en el oído son una patología frecuente en pediatría. Los niños son curiosos y les gusta explorar y jugar, así que no es raro que se introduzcan cosas en los orificios de la nariz y también en el oído. Lo más habitual es que sean:

  • bolitas de papel
  • bolitas de plástico
  • trozos de materiales diversos
  • incluso semillas

Pueden entrar fácilmente en el conducto auditivo y una vez allí, con la humedad, aumentar de volumen, provocando dolor y haciendo más difícil su extracción. También es posible que estos cuerpos extraños sean pequeños insectos, como hormigas o mosquitos que entran de forma accidental en el oído. En estos casos antes de extraerlos habrá que aplicar algún aceite vegetal dentro de la oreja para inactivar al insecto.

Nunca hay que intentar sacarlos con unas pinzas, porque puede suceder que se introduzca más adentro y causar más problemas. Si hay cuerpos extraños dentro del conducto o lo manipulamos con instrumentos o bastoncillos, podemos provocar lesiones en la piel que pueden infectarse y producir pus, siendo realmente dolorosas y requiriendo tratamiento.

Sea lo que sea, todos deben ser extraídos por el especialista, que tiene los instrumentos necesarios y el microscopio para observar con claridad el conducto auditivo. Los otorrinolaringólogos usan unos lazos metálicos especiales que permiten sacar esos cuerpos extraños de forma muy eficaz y sin ningún daño, aunque en algunos casos es necesario dormir ligeramente a los niños para que no se muevan y así facilitar la maniobra.


Agua y otitis

El agua a veces se comporta como uno de estos cuerpos extraños y produce dificultades de audición y una sensación de obstrucción que puede generar molestias. Es lo que suele ocurrir cuando nos bañamos en la piscina o en el mar y nos zambullimos. Al salir, a veces el agua se queda dentro del conducto auditivo externo y molesta. Mover la mandíbula, como bostezando, con la cabeza inclinada de lado para aprovechar la fuerza de la gravedad parece ayudar a movilizar el agua para que salga.

Tanto el agua que se queda dentro del oído como los cuerpos extraños pueden hacer que la piel del conducto auditivo externo se irrite y se infecte. Esta infección se conoce como otitis externa o también otitis de las piscinas, porque suele acontecer tanto a niños como a adultos que sumergimos mucho la cabeza dentro del agua. Esta es la otitis más frecuente en los meses de verano, y aunque no es la única causa, la humedad y el calor estimulan el crecimiento de bacterias, y el agua disminuye la consistencia del cerumen, todo ello suele favorecer la infección. Inicialmente puede haber picor y es el rascado el que a veces provoca que finalmente se infecte.

Por norma general, con este tipo de otitis el oído medio y la audición no se alteran, pero sí son muy dolorosas, sobre todo cuando se mueve la oreja, ya que la sensibilidad de la piel del conducto auditivo está aumentada y al moverla también se mueve el cartílago del conducto, causando el dolor. Duele incluso al mover la mandíbula para masticar o hablar. Es un dolor intenso y pulsátil (que aumenta con nuestros latidos del corazón).

¿Es una otitis media o externa?

Aunque ambas tienen el calificativo de inflamación del oído, las formas, el diagnóstico y el tratamiento son completamente diferentes.

La otitis externa:

  • La externa afecta al conducto auditivo externo y suele ser una infección o inflamación de la piel que lo recubre. Se relaciona con los baños de inmersión y con el uso de bastoncillos para limpiar las orejas.
  • Una de las diferencias básicas es que no se acompaña de catarro y se da más en verano. Duelen siempre y mucho, y al mover la oreja se acentúa este dolor.
  • Otro síntoma diferente es que normalmente no da fiebre, pero sí supuración por fuera, que suele ser purulenta. El tratamiento antibiótico tópico suele ser suficiente.

La otitis media:

  • La otitis media afecta a la caja del oído medio, y normalmente es una inflamación o infección de la mucosa de esta cámara.
  • A diferencia de la externa, lo más habitual es que venga precedida de un catarro y aparezca más en invierno. Produce dolor, aunque este no aumenta cuando se mueve la oreja. Suele dar fiebre, pero no siempre supura, y si lo hace, son mocos.
  • Puede necesitar antibiótico oral (amoxicilina). Si se hace crónica y supura, puede producir trastornos de audición.


Alivio y tratamiento

Es importante consolar al niño, y si el dolor es intenso, se puede administrar ibuprofeno, pero nunca gotas ni otros medicamentos sin consultar antes con el médico, al que hay que acudir si los síntomas persisten más de 12-24 horas. El tratamiento de estas otitis es evitar los baños de inmersión mientras dura la infección y aplicar un tratamiento tópico con el antibiótico que ha recetado el médico. Si hubiera tapones de cera o cuerpos extraños en el interior del conducto, también es imprescindible extraerlos.

Cuando se aplica un colirio antibiótico con un antiinflamatorio, la mejoría suele ser rápida, observándose una disminución del dolor y las molestias en pocos días. Siempre hay que tomar la precaución de calentar las gotas entre las manos antes de aplicarlas en el oído.


Otros problemas, poco frecuentes

La audición es tan importante en la comunicación que cualquier alteración de los oídos o las orejas genera preocupación. Existen, por ejemplo, algunas alteraciones de la forma de la oreja o una implantación baja que pueden estar asociadas a malformaciones en otros órganos del cuerpo. Son muy poco frecuentes, pero siempre se suele investigar y descartar.

La ausencia o malformación del pabellón auditivo se da en 8 de cada 10.000 nacidos, aproximadamente. El grado es variable: desde la ausencia total de conducto auditivo hasta pequeñas malformaciones de la oreja con estrechez del conducto, que pueden tener un tratamiento quirúrgico. También las fístulas se tratan quirúrgicamente, pero después de cumplir los 5 años.


Limpiarlos correctamente

Los niños nunca han tenido tantos cuidados higiénicos como tienen ahora. Sin embargo, en el caso de los oídos es necesaria mucha precaución, pues se trata de una estructura delicada. ¿Cómo lavarlos?

  • No hemos de limpiarlos con demasiada fuerza ni frecuencia. Hay que lavar de manera normal la cabeza y secarlos con la toalla hasta donde cabe el dedo. No hace falta usar tapones durante la ducha diaria, pero hay que evitar el chorro de agua directo.
  • Es importante no usar bastoncillos de algodón para limpiar o secar el conducto auditivo. Por una parte, puede ocurrir que se empuje el cerumen hacia dentro. Por otra, se aumenta la descamación del conducto y, por lo tanto, la cantidad de cera.
  • También existe el riesgo de perforar el tímpano. Algunas madres usan los bastoncillos para secar los pliegues de la oreja de sus bebés. No pasa nada, pero si se hace sistemáticamente hay el riesgo de que el niño aprenda a usarlos así y se lastime.


Golpes y heridas

La oreja tiene características muy especiales, por lo que las pequeñas lesiones y heridas necesitan cuidados específicos.

  • La oreja está formada por un cartílago al que se adhiere directamente la piel, sin mediar tejido graso ni conjuntivo, de tal manera que cualquier herida o lesión en esta piel puede comprometer los vasos sanguíneos que irrigan el cartílago, lesionándolo. Por esta razón, si se produce una herida en la piel, habrá que suturarla cuidadosamente para evitar este tipo de situación.
  • Si se produce un hematoma bajo la piel, habrá que acudir al servicio de urgencias para drenarlo y así permitir que la piel siga vascularizando al cartílago subyacente.
  • Un accidente con bastante incidencia en las niñas es el desgarro producido por un pendiente. Ocurre cuando llevan pendientes de aro, uno de ellos se engancha en algún lugar y con un tirón se produce un desgarro en el lóbulo de la oreja. En estas circunstancias, hay que hacer sutura quirúrgica antes de volver a abrir el agujero del pendiente. Para que esto no ocurra es mejor que las niñas pequeñas usen los pendientes de bola, ya que es más difícil que se queden enganchados.