Qué hacer si se da un golpe

NIÑOS MÁS SANOS

Qué hacer si se da un golpe

Rebajar la hinchazón y tratar el dolor es fundamental. Y si tiene una herida, antes de lavarla conviene detener el sangrado. En este artículo se detalla la actuación más adecuada para diversos accidentes infantiles.

Luis Ruiz

Moratones en las piernas, en los brazos, en la cadera... ¡Qué niño no ha vuelto a casa con un hematoma en alguna parte del cuerpo! Su gran actividad física, la menor consciencia de los peligros que algunas acciones comportan y su interés inagotable por aprender y experimentar hacen que los golpes y traumatismos sean incidentes muy habituales.

Un traumatismo es una lesión accidental provocada por un agente mecánico externo. Los daños que causa pueden ser de distinta consideración:

  • heridas
  • escoceduras
  • arañazos
  • excoriaciones
  • contusiones
  • torceduras
  • estiramientos
  • fracturas...

La intensidad, el objeto o la circunstancia que lo causa y la parte del cuerpo afectada determinarán el alcance de esta lesión. No es lo mismo un corte producido por un cuchillo cuando el niño intenta trocear una fruta, que un corte por traumatismo si se cae sobre un canto agudo. En este último caso, los bordes pueden ser más difíciles de unir, mientras que el cuchillo llega con más facilidad a zonas profundas y vasos sanguíneos importantes. Ocurra lo que ocurra, es fundamental saber reaccionar.

Las primeras medidas

En todos los traumatismos y golpes sin herida es importante evitar la inflamación que se produce después. Aplicar frío es la mejor medida, ya que disminuye la hinchazón y, al mismo tiempo, calma el dolor. El hielo puede provocar quemaduras, por lo que, a no ser que tengamos a mano esas bolsas de gel frío que usan los deportistas, no lo debemos aplicar directamente sobre la piel. Envuelto en un paño mantiene el frío y evita la quemadura.

Después de un golpe es casi inevitable que aparezca un cardenal. Si ha sido en la frente, es posible que el hematoma “baje” a los párpados. Eso es normal y no supone ningún problema para los ojos.

La segunda acción útil en todas las contusiones y heridas es calmar el dolor. Para aliviarlo se puede administrar un analgésico, como el paracetamol o el ibuprofeno. En ocasiones, el dolor es un mecanismo natural para disminuir la movilidad, un aspecto importante del tratamiento. Para impedir el movimiento de la extremidad y el área de la contusión podemos usar fijaciones externas: un pañuelo a modo de cabestrillo para el brazo, un pequeño listón fijado con esparadrapo al dedo lesionado (incluso se puede usar el dedo contiguo)...

Sangrado y desinfección

En una herida lo primero es detener el sangrado. Si es abundante, hay que buscar el lugar concreto de salida y presionar con una gasa hasta que deje de sangrar, lo que suele ocurrir en unos 8-10 minutos. Si a pesar de la presión la herida sigue sangrando al retirar la mano, posiblemente estamos ante la rotura de un vaso sanguíneo importante y habrá que mantener la presión hasta poder ser atendidos en un centro sanitario. En estos casos, frenar la hemorragia es más urgente que cualquier otra acción relacionada con la cura de una herida, como su limpieza o desinfección.

Cuando las heridas son más superficiales –arañazos, quemaduras superficiales, escarificación, escoceduras...– la limpieza es importante. La mayoría de las veces con un lavado con agua y jabón es suficiente, aunque si la herida es más profunda, no estará de más lavarla con suero fisiológico abundante. Estas heridas representan el 3-5% de las lesiones traumáticas atendidas en servicios de urgencias de atención primaria.

Las mordeduras y algunas heridas que han sido causadas por objetos sucios son candidatas a necesitar tratamiento antiinfeccioso. En caso de que se tenga que hacer alguna sutura, se debe realizar en las seis horas siguientes, por lo que acudir a un centro sanitario para acabar de desinfectar y finalizar la cura es imprescindible.

Caídas que asustan

Los golpes en la cabeza son los que realmente nos preocupan a los padres. Pueden ir del simple coscorrón contra la pared a una caída desde lo alto de un tobogán, pero siempre nos inquietan aunque sean casos muy distintos.

La caída desde un cambiador de un lactante menor de 12 meses puede implicar una fractura de cráneo, por lo que es preciso que un médico realice un diagnóstico adecuado. No obstante, si el bebé, tras un período de llanto al inicio, se tranquiliza y sigue con su sonrisa habitual y sus movimientos sin alterarse, no debemos angustiarnos. En la mayor parte de casos de traumatismo craneal, los huesos de la cabeza hacen su función y protegen el cerebro de lesiones mayores. Aun así, hay que vigilar al niño que lo ha sufrido durante las siguientes 24 horas. No hay que impedir que duerma, pero sí asegurarnos de que responde cuando se le despierta.

Si tras darse un golpe tu hijo:

  • deja de llorar antes de un cuarto de hora
  • tiene buen color
  • no vomita ni tiene otros síntomas

Es poco probable que se haya producido una lesión. Permítele reanudar su vida normal de inmediato, pero obsérvalo durante al menos 24 horas. Si el golpe ha sido fuerte, es mejor que al principio esté despierto. No obstante, si tiene sueño porque suele irse a la cama a esta hora, déjalo dormir y despiértalo cada dos o tres horas para asegurarte de que está bien.

Cuando tras un traumatismo craneal una persona queda inconsciente, tenemos que intentar reanimarla sin movimientos bruscos de cabeza y cuello, y avisar rápidamente a un servicio de urgencias.

Cuándo ir al médico

Desde la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP) se recomienda consultar al pediatra si el niño presenta cualquiera de los siguientes síntomas:

  • Vómitos repetidos.
  • Somnolencia creciente o dificultad para despertarlo.
  • Dolor de cabeza intenso o dolor y dificultad para mover el cuello.
  • Sensación de mareo progresivo, que se favorece al mover al niño.
  • Convulsiones o movimientos extraños de cara o extremidades.
  • Incapacidad para moverse, disminución de la fuerza o sensación de hormigueo.
  • Alteración del comportamiento o de la reactividad.
  • Diferencia de tamaño entre las pupilas de ambos ojos.
  • Alteraciones de la visión o de la posición ocular (ojos “torcidos”).
  • Hablar de forma extraña o decir incoherencias.
  • Andar tambaleándose.
  • Cualquier otro síntoma que preocupe a la familia.

Casos muy especiales

Las contusiones causan hematomas por la rotura de capilares. A pesar de los distintos grados de gravedad, siempre hay que tratar de mantener la calma.

  • Contusiones genitales. El caso más común es el de un golpe directo durante una actividad deportiva. Se puede apreciar hinchazón local en el área genital, dolor y sensibilidad, tumefacción y cambios de coloración en la piel, que comienza con un enrojecimiento y avanza al característico negro y azul de los moratones. Es útil aplicar frío durante 20 minutos tres o cuatro veces al día, y luego calor con esterillas o lámparas.
  • Contusión de la boca. Estos golpes provocan gran alarma, porque es una zona que sangra mucho y por el temor a las secuelas. La pérdida de uno de los dientes se llama avulsión, siendo los incisivos centrales superiores los más afectados. Es una verdadera urgencia si afecta a un diente permanente: hay que acudir al centro médico más próximo para la reimplantación. En ocasiones, el sangrado abundante se debe a la rotura del frenillo labial. Muy aparatoso, la simple presión lo detiene.
  • Contusión torácica. Genera un dolor muy importante y puede desencadenar lesiones en órganos internos. Suele estar causada por accidentes de tráfico. Las afecciones más frecuentes son la lesión pulmonar y la de la pared torácica.

Si sangra por la nariz

  • Es una situación bastante frecuente y que, en muchas ocasiones, ocurre sin que haya habido un traumatismo importante. La razón es que dentro de la nariz hay una gran vascularización que permite un sangrado fácil, sobre todo cuando el niño tiene la mucosa inflamada por un catarro nasal o una alergia.
  • Los padres de niños a los que les suele sangrar con frecuencia saben que la simple presión en la base de la nariz consigue cortar la hemorragia en unos pocos minutos sin necesidad de realizar más maniobras. De todos modos, si el sangrado persiste durante mucho tiempo, puede ser necesario acudir a un centro médico.

Actitudes preventivas

Los traumatismos en la infancia son, en este momento, la primera causa de mortalidad infantil en todo el mundo. La Asamblea Mundial de la Salud en el año 2010 animó a los estados miembros a trabajar en su prevención.

En primer lugar, es fundamental respetar los límites de velocidad y usar siempre –aunque el trayecto sea mínimo– las medidas de sujeción de los niños en los vehículos a motor.

También lo es usar un casco adecuado cuando van en bicicleta (solos o en una sillita sujeta en la del adulto), patinan o realizan otras actividades deportivas “de riesgo”.

Somos los padres los que tenemos que educar y conseguir que nuestros hijas e hijos cumplan las normas básicas de seguridad. Porque queremos protegerlos... y no arrepentirnos de no haberlo hecho.