No le demos antibióticos si no son necesarios

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Si no son necesarios, no le demos antibióticos

Gracias al uso del faringotest podemos saber si una faringitis o unas anginas son víricas o bacterianas. Y si se necesitan recetar realmente antibióticos para tratarlas.

Josep Emili de la Flor

Es frecuente que ante las famosas y fastidiosas anginas aparezcan dudas sobre cuál es el tratamiento adecuado. El faringotest es una prueba rápida para determinar la ausencia o presencia en la garganta de estreptococo, la principal bacteria causante de faringitis/amigdalitis aguda (las anginas). Así se consigue diferenciar si la infección es vírica, y no tiene que tomarse antibiótico, o es bacteriana, y entonces sí conviene administrarse.

La faringitis es una de las causas más frecuentes de fiebre en la infancia. La mayor parte de ellas son víricas (un 85%) y no deben ser tratadas con antibióticos porque se curan solas. En cambio, si la faringitis estreptocócica no se trata con antibióticos, puede tener, en muy raras ocasiones, complicaciones severas, como la fiebre reumática (conocida popularmente como “reuma en la sangre”).

Antibióticos sí o no

Si bien hay una serie de datos clínicos y síntomas que le permiten al médico suponer que la causa es vírica o bacteriana, en muchas ocasiones estos datos son compartidos por ambas causas y el error diagnóstico es muy frecuente.

El resultado es que se acaba tratando innecesariamente con antibióticos una enfermedad que no lo requiere.

Las consecuencias de un uso inadecuado de los antibióticos son muy negativas para el niño:

  • Posible aparición de efectos secundarios
  • Desequilibrio de la microbiota (flora intestinal)
  • Molestias en la administración por su sabor
  • Interferencias en las actividades y horarios del niño

Como para la salud pública:

  • Gasto injustificado de recursos económicos
  • Aparición de gérmenes resistentes a los antibióticos, que los harán inútiles en una infección posterior que sí requiera de su utilización.

Un proceso sencillo

Es el propio pediatra el que practica la prueba. El pediatra utiliza el depresor (palo de madera o plástico) para visualizar adecuadamente la faringe y con un escobillón o torunda (un palo delgado en cuyo extremo hay un algodón) frota la superficie de las amígdalas y la pared posterior de la faringe durante unos segundos (esta técnica se llama frotis). Posteriormente, introduce la torunda en una probeta o tubo de ensayo en la que previamente ha mezclado unos reactivos químicos. Después elimina la torunda e introduce en la probeta una pequeña tira reactiva, que es la que marcará la presencia o ausencia de la bacteria.

El resultado está disponible inmediatamente y la duración total del procedimiento es inferior a 5 minutos.

Ante la duda

La prueba es muy fiable, tiene cerca del 100% de exactitud: si el resultado es positivo, indica siempre la presencia de estreptococo, y cuando el resultado es negativo, indica casi siempre su ausencia.

El faringotest cada vez está más extendido, pero en la actualidad aún no está a la disposición de todos los pediatras.

De hecho, no se realiza siempre que un niño tiene fiebre y le duele la garganta. Solo cuando el pediatra tiene dudas de si la faringitis es vírica o bacteriana.

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