De la teta al plato

LIBRO RECOMENDADO

De la teta al plato

Tu hijo acabará comiendo de todo, no tengas prisa. Olvídate de calendarios, de qué tienes que darle primero, y permítele que sea él quien elija qué comer y cuándo. ¡Te sorprenderán sus ganas de probar!

Lucio Piermarini

Este es un fragmento adaptado del libro "De la teta al plato" (Sirio) donde se reflejan las situaciones más habituales que viven los padres cuando empiezan a darle a su hijo un alimento distinto a la leche. Basándose en su experiencia y con
un toque de humor, el Dr. Piermarini explica lo sencilla y divertida que puede ser esta etapa si se confía más en el bebé.


El niño se lanzó con avidez sobre la cucharilla tratando de agarrarla, inútilmente, también con las manos. La mamá guió con habilidad el insignificante trocito de comida a través de los labios abiertos de par en par, para verlos apretarse sobre el mango inmediatamente después. La cara del niño gesticuló una serie de intraducibles muecas de aparente disgusto, al mismo tiempo que su mandíbula continuaba con su redundante trabajo demoledor, pero un repentino relajamiento había convencido a sus padres para dejarle probar otra vez.

Parece un cuento, si no fuese porque es un hecho que ha ocurrido tantísimas veces. Cuántos niños consiguen convencer a sus padres para que confíen en ellos. Creo que no hay ningún padre que no pueda contar una historia parecida sobre sus hijos. El problema es que cuando sucede se interpreta a la luz de una visión absolutamente distorsionada del niño, la de un sujeto movido por impulsos irracionales, cuya satisfacción solo traería consecuencias negativas.

El niño, con una mímica irresistible, ha hecho entender a sus padres que él también quiere hacer lo mismo que ellos. Es muy probable que no sepa que lo que hay en los platos es comida. Seguramente no tenga ni idea un niño al que nunca se le ha ofrecido una comida en un plato, pero también en este caso se asiste al mismo comportamiento: observación atenta, tensión directa hacia los padres, sus platos, sus gestos, e inquietud motora y vocal, hasta extenderse con el tronco y las manos hacia el objeto del deseo.

Ningún padre está en condiciones de resistirse a un reclamo como este. Si se presiona, todos confiesan que lo han hecho rara vez o una sola vez, porque "no somos unos inconscientes, seguimos las indicaciones del pediatra".

Otra vez hay que pensar en que alguien haya ordenado las cosas de tal manera que, a una cierta edad, el niño desarrolle un comportamiento que obligue a los padres a ceder a sus peticiones de comida. Porque, en ausencia de vínculos de cualquier naturaleza, es precisamente esto lo que siempre ha ocurrido.

Es suficiente con ver la época de destete en las poblaciones no industriales, es decir, lejos de nuestra manera medicalizada de considerar el cuidado del niño.

Entonces se descubre que, de media, los niños se destetaban entre los cinco y los seis meses, porque todos los niños presentan un ritmo de desarrollo psicológico y motor parecido.

Las diferencias de niño a niño existirán siempre, pero nunca son amplias. Por eso, todos los lactantes, alrededor de los seis meses, además de madurar las diferentes competencias motoras necesarias para la deglución de los alimentos sólidos y las digestivas, empiezan a presentar una insaciable curiosidad y un comportamiento imitativo cada vez más vivo: ponen las manos por todas partes, agarran cualquier objeto... Incluso sin que se haga nada activo para favorecerlo, aprenden la mímica, la manera de hablar, la búsqueda y aceptación de la comida; en resumen, todo lo que es típico de sus padres.

Las ganas de experimentar del niño parecen inagotables. Mostrará interés por todos los platos, y cuanta mayor libertad tenga para experimentar, menor será la probabilidad de tener problemas después. Lo que consideréis que no le podéis proponer porque creéis que es un riesgo, negádselo, pero tratando de enmascarar vuestra decisión al atraer su atención sobre otro alimento. No tenéis que dar preferencia a ningún alimento en particular, porque todos, para una buena nutrición, tienen la misma importancia.

Mientras esto ocurre, el niño sigue tomando su leche tranquilamente. Por otra parte, las pruebas han empezado sin una programación, pudiendo hacerse incluso con una estrecha cercanía a la toma, ya sea antes o después. En un primer momento no cambiará casi nada, pero después, a medida que las pruebas aumenten en consistencia, también disminuirá la cantidad de leche. Los alimentos sólidos han llegado a representar un aporte significativo de sustancias nutritivas, por eso se habla más correctamente de "alimentación complementaria" y no de "destete", que por otra parte, en su acepción original, indica interrupción definitiva de la lactancia materna.

Más o menos rápido las pruebas irán aumentando hasta representar una comida completa que podrá sustituir a la leche. Pero también es verdad que, en este punto, es probable que la toma ya se haya convertido de manera espontánea en una especie de postre o en un aperitivo. De hecho, no representa un obstáculo para los cambios que se producen. Sobre todo con la lactancia materna, por su mayor práctica y connotación afectiva, disfrutad también de estos momentos importantes de intimidad.

Si el aumento de la cantidad de comida sólida os parece modesto, no le metáis prisa.

Os arriesgaríais a volver a caer en los viejos esquemas. Sed pacientes y confiados. No abandonéis su conquista. Todos, antes o después, hemos llegado a ese fin. Y así, sin haber decidido nada, sin haberos preocupado por nada, con el mínimo gasto, divirtiéndoos y entusiasmándoos junto a vuestro hijo, os lo encontraréis un día en la mesa, en el desayuno, en el almuerzo y en la cena, para comer con vosotros y como vosotros.

No olvides tener en cuenta

  • No lo forcéis nunca, porque forzar causa hostilidad, rechazo..., y por lo tanto, y según el contexto familiar, obesidad o malnutrición. Tanto pide, tanto se le da. Algunos niños son más rápidos en incrementar las peticiones y otros más lentos, pero todos son normales.
  • Las comidas sólidas del niño se van estructurando sobre los horarios de la familia, lo que representa un gran ahorro de tiempo para los padres. No es necesario cambiar los ritmos ni la duración de las comidas familiares, porque los niños se adaptan perfectamente.
  • La lactancia continúa su ritmo a pesar de los cambios que se están produciendo. Dar el pecho, incluso después del inicio de los alimentos sólidos, es un hecho privado entre madre e hijo, y a menos de una petición expresa, los pediatras deberíamos dejar de opinar sobre ello.

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