Flora intestinal madre

BEBÉS Y NIÑOS MÁS SANOS

Todo el sistema inmune depende de la flora intestinal del recién nacido

Nacer a través de un parto natural, recibir lactancia materna o de una madre una madre que ha cuidado previamente su propia flora intestinal bacteriana, es determinante.

Tomás Álvaro

El sistema inmune: integridad en busca de sentido

El sistema inmune (SI) desarrolla un papel fundamental en nuestra salud. Constituye un auténtico cerebro periférico compuesto por linfocitos que actúan como neuronas ambulantes, recogiendo información y actuando a nivel local en cualquier rincón del organismo. Reside en los órganos linfoides, las amígdalas, los ganglios linfáticos y la médula ósea, pero realmente es un sistema ubiquitario, vivaz y dinámico.

Transita de forma permanente por el sistema circulatorio y no deja un solo milímetro de nuestro ser descuidado, desde antes de nacer y hasta la muerte, confiriendo la integridad que se obtiene a través de la capacidad de reconocimiento. El timo, un pequeño órgano que se encuentra por detrás del esternón, representa el sistema de autoreconocimiento celular. Sus células nodrizas reciben a los linfocitos y se produce un proceso de selección negativa que conduce a un 95 % de obediente autosuicidio celular. Solo un 5 % de linfocitos sobrevivirán a la entrevista para desarrollar su importante función: establecer los límites entre lo ajeno y el yo.

La flora intestinal en el bebé recién nacido

El desarrollo normal del sistema inmune (SI) durante el embarazo dota de la capacidad de defensa a la persona. Durante toda la gestación se desarrollan sus principales estructuras anatómicas y cada tipo de célula que lo compone. Sin embargo la funcionalidad efectiva del sistema no se desarrollará si no cuenta con el estímulo apropiado, y por eso bajo condiciones experimentales, ratoncitos criados y alimentados en condiciones de asepsia no llegan a desarrollar nunca un sistema inmune maduro.

Un hito fundamental en el desarrollo del SI corresponde al momento del parto. Es diferente si lo que tiene lugar es un parto natural o bien una cesárea a la hora de poner en marcha dicha capacidad. En el proceso de maduración, el tubo digestivo desempeña un papel primordial, ya que hasta el momento del parto es estéril, pero experimentará una colonización masiva durante el paso del bebé a través del canal del parto. Allí recogerá la flora bacteriana vaginal e intestinal de la madre, que determinará su propio tipo de flora bacteriana gastrointestinal, necesaria para el correcto funcionamiento del aparato digestivo y muy especialmente para la maduración inmunitaria.

El proceso queda afectado en caso de parto por cesárea, ya que entonces los primeros microorganismos con los que el bebé tendrá contacto no será con los de su madre, sino con el ambiente de quirófano, el instrumental que se utilice en su cuidado, el personal sanitario que lo asista y por el tratamiento médico recibido, especialmente antibiótico.

Están en la raíz del asombroso aumento de alteraciones del sistema inmune:

  • el modo de alumbramiento (natural o por cesárea)
  • la disminución de lactancia materna
  • la influencia del ambiente y las estrictas condiciones de higiene en el hogar adoptadas en los países occidentales

Como consecuencia, procesos alérgicos y autoinmunes, enfermedades inflamatorias y cáncer, acompañan el estilo de vida occidental.

El infortunio se ceba especialmente en algunas condiciones, como cuando el nacimiento no puede llegar a término. En niños prematuros se produce un retraso en la implantación de la flora bacteriana intestinal. Ello se debe a que además de su bajo peso y su propio retraso madurativo, se suma el que habitualmente nazcan por cesárea, estén separados de su madre, no reciban lactancia materna, y estén en un ambiente rigurosamente aséptico y sometidos a multitud de instrumentaciones, tratamientos y antibioticoterapia.

Cualquier tipo de estrés prenatal se asocia a parto prematuro y bajo peso al nacer. La situación afecta al SI a lo largo de todas las etapas de la vida. En la infancia y la adolescencia de estas personas disminuye la respuesta vacunal. En el adulto aumentan los niveles de cortisol y en el anciano se observa un incremento de alteraciones metabólicas y cardiovasculares. Es decir, que el estrés prenatal y en la vida temprana produce un importante impacto sobre la fisiología y función inmunes, que serán determinantes del estado de salud y enfermedad del individuo ya para toda la vida.

El sistema inmune también mama

Existen importantes diferencias en la flora intestinal según el tipo de lactancia recibida. Y ello se correlaciona fuertemente con el tipo de maduración inmunitaria del bebé. Por un lado el neonato recibe protección pasiva de los factores de defensa presentes en la leche materna. Pero además, la colonización bacteriana del intestino del niño, ligada a la flora bacteriana de la madre, representa el estímulo madurativo activo que adquiere una importancia principal. Es por ello que debe ser objeto de atención a lo largo de todo el embarazo, y especialmente alrededor del momento del parto y el periodo perinatal, así como durante todo el tiempo que dure la lactancia.

Tras el nacimiento, la madre sigue influyendo en el proceso de maduración del SI de su hijo. La flora bacteriana de la madre pasa a través de la ruta entero-mamaria, que desde el tubo digestivo pasa a la sangre y de allí a la leche con la que amamanta, permitiendo así la colonización progresiva del tubo digestivo del bebé. Gracias a ello se produce el estímulo inmunitario adecuado y crítico en la salud futura tanto del bebé, como del niño mayor y del adulto.

El fallo del proceso en relación con el uso creciente de fórmulas infantiles, tendrá una repercusión inmediata en forma de infecciones recidivantes, enfermedades inflamatorias y alergias, como la enfermedad atópica. Ello se debe a una flora bacteriana con una cantidad menor de lactobacilos y bífidobacterias en el intestino de los niños alérgicos.

Y más adelante, a lo largo de toda la vida de la persona, aparecerá un número mayor de procesos inflamatorios ligados a enfermedades cardiovasculares y metabólicas, así como un riesgo incrementado de cáncer en la vida adulta.

Cuando la lactancia se hace con leches maternizadas, se pierde el estímulo óptimo de estimulación inmunitaria. Estas leches han sido tratadas y pasteurizadas y no llevan flora bacteriana alguna, por lo que propician una colonización microbiana intestinal insuficiente.

La lactancia materna representa no solo un estímulo inmunitario y contribuye a la formación de la flora del bebé, sino que también actúa como estimulante del nivel cognitivo del niño, y es capaz de incrementar su coeficiente intelectual e inteligencia verbal en la infancia tardía y adolescencia.

Vamos viendo cómo la condición idónea para la educación inmunológica en la vida temprana es:

  1. la de aquel bebé que nace a término
  2. con un peso adecuado
  3. a través de un parto normal
  4. en una madre que ha cuidado previamente su propia flora intestinal bacteriana, que no ha sido sometida a ningún tipo de tratamiento médico, especialmente antibiótico
  5. y que es alimentado con lactancia materna.

El análisis de la flora fecal a los pocos días del nacimiento muestra como los lactantes que reciben fórmulas infantiles en vez de lactancia materna, tienden a mostrar un aumento en la concentración de Escherichia Coli, Enterococos y Clostridium, con una menor concentración de bífidobacterias, que sin embargo son dominantes en los niños amamantados. Además de las inmunoglobulinas de la madre que son transmitidas a través de la leche, otras proteínas solubles como la lisozima y la lactoferrina, equilibran la flora bacteriana en el tubo digestivo del bebé y muestran un importante efecto de modulación de la respuesta inmunitaria.

Las infecciones de la infancia y la hipótesis de la higiene

En la biología como en la vida, pocas cosas ocurren al azar o carecen de sentido. Las infecciones bacterianas ocasionales de la infancia, especialmente las intestinales, esas diarreas y molestias a veces tan inoportunas, también tienen su función. Esa inflamación gastrointestinal posee la capacidad de estimular la inmunidad, lo que se acompañará de una serie de beneficios adicionales para toda la vida. Incluyen la composición de la flora bacteriana y la incidencia de enfermedades relacionadas con la inmunidad, ya sea por exceso (alergias, autoinmunidad) o por defecto (inmunodepresión, infecciones y cáncer).

El mundo occidental y sus sociedades con rigurosas prácticas higiénicas presentan la mayor incidencia de tumores asociados a inflamación, entre los que cabe destacar el cáncer de mama, colon y próstata.

Tal y como ha sido probado, la exposición bacteriana infantil aumenta la eficiencia de las células capaces de regular un correcto funcionamiento del sistema inmune, incluyendo la protección para desarrollar esos tumores en la vida adulta. Y todavía más, la transferencia de dichas células de una persona con un sistema inmune correctamente “educado” a través de dichas infecciones gastrointestinales de la infancia representa hoy una promesa terapéutica. Esas células donadas se han mostrado capaces de suprimir los cambios inflamatorios, restaurar el equilibrio inmunitario y prevenir la proliferación tumoral en el receptor enfermo de cáncer.

Esta es la conocida hipótesis de la higiene, que cobra su fuerza de la acumulación de datos que muestran mayor incidencia de alergias conforme disminuyen el número de infecciones comunes de la vida temprana.

La bienvenida al microbio nuestro de cada día encuentra su esencia en la “educación” del sistema inmune.

Comienza en el momento del parto con las bacterias comensales y saprofitas de la madre, sigue con la lactancia y continúa con el entorno, ayudando a la maduración de esas células capaces de hacer eficaz el proceso inmunitario. Saber que la maduración y puesta a punto del sistema continuará durante toda la vida, quizás permita relajar en la infancia la excesiva obsesión por una higiene excesiva, el tratamiento antibiótico y la administración de algunas vacunas. Y más adelante prestar especial atención al estilo de vida, evitando en lo posible la exposición a tóxicos y las situaciones de estrés, y propiciando unos buenos cuidados del SI a través de la alimentación, el ejercicio físico y el cultivo adecuado de la esfera afectiva y la alegría.

La flora o microbiota intestinal son las bacterias que viven en el intestino, en una relación de simbiosis. La gran mayoría son beneficiosas y necesarias para una correcta digestión, función inmune y estado de salud físico y mental.

La leche humana no es estéril, sino que es portadora de la microbiota natural de la madre, que servirá para colonizar el intestino del niño.

El estímulo más importante para el desarrollo del sistema inmune del bebé es la exposición a los agentes microbianos inmediatamente después del nacimiento.

La microbiota del intestino del lactante constituye un fiel reflejo de la existente en la leche materna.

El retraso en la colonización microbiana del intestino producirá cambios permanentes en el sistema inmune de la persona durante toda la vida.

Los niños que reciben antibióticos en las primeras etapas de sus vidas, presentarán un riesgo incrementado de enfermedades infecciosas, autoinmunes y tumorales cuando sean adultos.

Una lactancia materna exclusiva se asocia a tasas más bajas de asma y dermatitis atópica, es capaz de prevenir múltiples infecciones y contribuye al desarrollo del tejido linfoide de la mucosa intestinal y a conseguir una respuesta antiinfecciosa y antialérgica eficaz.