Trastornos propios del verano que sufren los niños

SALUD INFANTIL

Trastornos del verano que sufren los niños

Todos estamos deseando que lleguen las vacaciones para disfrutar del sol, del descanso y de las actividades en familia. Tomar algunas precauciones nos ayudará a pasarlo aún mejor.

Luis Ruiz

El verano es la época del año que más nos gusta. Disponemos de más horas de luz, nos bañamos en el mar o la piscina, pasamos más tiempo con la familia, llegan las merecidas vacaciones... Es muy probable que en este período viajemos y cambiemos temporalmente de domicilio, realicemos actividades deportivas, o tomemos alimentos poco o nada habituales en nuestra dieta. Como consecuencia, estamos expuestos a una serie de riesgos y no resulta extraño que algún miembro de la famila contraiga alguna de las llamadas típicas enfermedades del verano: otitis, diarrea, una erupción por una picadura...

En este período también se pueden avivar enfermedades que se padecen habitualmente. Por otra parte, al entrar en contacto con nuevas situaciones y un ambiente diferente, las personas con hipersensibilidad pueden manifestar nuevas alergias. Ninguna de estas razones tiene que amargarnos las vacaciones, pero conocer los posibles riesgos a los que nos enfrentamos nos puede ayudar a tomar algunas precauciones ya desde el momento que empezamos a planificarlas. Como siempre, saber valorar un trastorno y conocer la manera correcta de reaccionar nos proporcionará mayor tranquilidad.

El problema más frecuente

La llamada diarrea del viajero –por cambio de aguas, intoxicación alimentaria, indigestión...– es casi una constante en los períodos vacacionales. El cambio de los hábitos alimentarios que se producen en esta época, así como el contacto con virus diferentes a los de nuestro entorno habitual, pueden generarlas.

La diarrea es un proceso que en la mayoría de los casos se cura solo. Mientras dura, lo más importante es tomar líquidos isotónicos con mucha frecuencia. En ese sentido, con las sales de rehidratación oral se obtienen mejores resultados que con los refrescos. Si también se tienen vómitos, la rehidratación debe realizarse de forma fraccionada, tomando pequeñas cantidades de líquido cada cinco minutos.

No se deberían tomar medicamentos que evitan las deposiciones, ya que existe el riesgo de que se trate de un proceso infeccioso. Si evitamos defecar, estamos impidiendo que el organismo elimine el germen que ha originado la infección, que, además, puede producir más agresión en la mucosa intestinal. Tras una buena hidratación, cuando se recupera el apetito, se puede seguir con la dieta habitual.

El típico dolor de oídos

La otitis más frecuente en verano es la externa, aunque es cierto que hay niños que tienen más predispsicón a padecerla que otros. Al sumergir la cabeza en el agua durante el baño, el agua que entra en los oídos puede generar la inflamación y posterior infección de la parte externa del tímpano. Es muy dolorosa y, al ser la oreja un soporte único de cartílago, cualquier movimiento hace que el dolor se incremente. En algunos casos, los tapones especiales pueden evitarlas.

Suele tratarse con un antibiótico y un antiinflamatorio tópicos. De todos modos, antes de iniciar el tratamiento, debemos asegurarnos de que se trata de una otitis externa y no de una otitis media, ya que en este caso puede ser necesario hacerlo por vía oral.

Barreras contra los insectos

En verano, insectos de diversa índole atacan las partes descubiertas de la piel. Por lo general, las picaduras causan un enrojecimiento de la zona y una ligera hinchazón.

Los mosquitos suelen ser los más activos. No solo provocan malestar tras la picadura sino que, además, son el origen de pequeñas infecciones en la piel por el inevitable rascado posterior. Estos insectos tienen un ciclo vital que les lleva a “actuar” sobre todo por la noche y al atardecer. Por este motivo, al salir de paseo tras la siesta, la aplicación de repelentes naturales en forma de barra o loción puede ser útil. En las habitaciones se pueden colocar enchufes con insecticidas, aunque si la zona es “conflictiva”, buscar residencias con mosquiteras en puertas y ventanas sería una buena idea.

Las picadas de otros insectos, como abejas, avispas, arañas, pulgas, carcoma o chinches, también son más frecuentes en esta época del año, pero no suelen generar más complicaciones que las del mosquito, aunque en individuos predispuestos algunas pueden causar una reacción alérgica. Los productos antimosquitos no son eficaces en estos casos. Tras la picadura se recomienda aplicar una pomada corticoide y antibiótica, y, si es necesario, administrar un antihistamínico para evitar el rascado.

Picaduras en el mar

El aumento de la temperatura de las aguas del Mediterráneo y otros desequilibrios ecológicos están detrás de las actuales plagas de medusas. El contacto con sus tentáculos causa una lesión urticariforme que debe limpiarse con agua salada, nunca con agua dulce, porque eso podría ocasionar la rotura de las células que han quedado adheridas y producir aún más daño. Si quedan restos, se deben quitar con pinzas o con una toalla, sin frotar ni introducir arena en la herida. Aplicar frío –unos cubitos de hielo en una bolsa de plástico, por ejemplo– reduce el picor y la inflamación.


El temido golpe de calor

Se debe a una excesiva e indebida exposición al sol y al sometimiento continuo a temperaturas elevadas.

El calor provoca que los capilares se dilaten, iniciándose la sudoración para favorecer el enfriamiento de la piel. Si este mecanismo está poco desarrollado, como ocurre en los niños, o no se repone el líquido perdido, puede producirse el golpe de calor.

Los síntomas son:

  • fiebre alta (muy superior a los 38 °C de temperatura axilar)
  • dolor de cabeza
  • sed intensa
  • sensación de cansancio
  • náuseas y vómitos
  • calambres musculares
  • convulsiones
  • sudoración abundante que cesa de golpe (la piel está seca, caliente y enrojecida)
  • alteraciones de la conciencia con tendencia al sueño (somnolencia)
  • alteraciones de la frecuencia respiratoria y circulatoria.

Actuar con rapidez y decisión

Hay que bajar la temperatura lo más rápidamente posible (más o menos en una hora). Si el tratamiento se retrasa o no es eficaz, se puede llegar a producir una afectación grave. Los pasos a seguir son:

  1. Trasladar al niño a la sombra, a un lugar fresco y tranquilo manteniéndolo incorporado (con la cabeza en alto).
  2. Mojarle la ropa y aplicar hielo en la cabeza y/o compresas con agua fría.
  3. Darle a beber líquidos de rehidratación oral o agua fresca a pequeños sorbos.
  4. Si es posible, desnudar al niño hasta que la temperatura del cuerpo haya descendido por debajo de los 38 °C, envolverlo luego en toallas húmedas y colocarlo en posición lateral de seguridad en un lugar aireado hasta la llegada del médico.

Efectos nocivos del sol

La exposición al sol es beneficiosa y necesaria para la vida; estimula la síntesis de vitamina D, favorece la circulación y es buena para algunas dermatosis.

Pero en exceso puede acarrear una serie de efectos malignos para la piel y la salud en general, que van mucho más allá de las quemaduras de los días inmediatos, pudiendo ser el detonante de manchas, arrugas, cataratas, cáncer y tumoraciones superficiales a largo plazo.

Es muy importante evitar la sobreexposición a las horas en las que el sol está más alto, siendo imprescindible el uso de fotoprotectores. Hay que aplicarlos antes de salir de casa y renovarlos cada dos horas, o antes si el baño es prolongado o se suda mucho.


Atraídos por cada novedad

  • En un entorno nuevo hay que estar más atento porque los accidentes se multiplican. El niño no conoce los riesgos de la zona, pero su espíritu curioso le invita a explorarla. Además, los padres suelen relajar ligeramente su atención.
  • En la carretera siempre hay que tomar las medidas de seguridad adecuadas: sistemas de retención en el coche, cascos en la moto o la bicicleta...
  • Por las estadísticas sabemos que un gran número de accidentes se producen en los trayectos cortos. En estas circunstancias tenemos que extremar la precaución.


Salir de casa con todos los medicamentos

  • Para los niños enfermos, sobre todo si tienen alguna patología crónica, los cambios que implican las vacaciones pueden complicar el curso de su enfermedad, por lo que hay que tener un especial cuidado.
  • Así, los niños asmáticos o diabéticos, por ejemplo, han de llevar consigo el arsenal terapéutico que utilizan habitualmente, además de tener identificados centros sanitarios de referencia en la zona para acudir a ellos en caso de necesidad.
  • Estos niños también pueden padecer las enfermedades y complicaciones que mencionamos y, por su patología de base, precisar un tratamiento específico.