Yoga con tu bebé

BEBÉS Y MAMÁS FELICES

Yoga con nuestro bebé: una manera de sintonizarnos más

También nos servirá para descubrir qué cosas nos están impidiendo sentirnos felices y satisfechas. Y, evidentemente, este es el primer paso para conseguir transformarlas.

Imma Campos

Con su práctica conseguimos que nuestro día a día resulte más calmado, y nos sintamos más en paz con todo lo que sucede dentro y fuera de nosotros. Esto nos sirve siempre a lo largo de nuestra vida, pero es especialmente importante en aquellos momentos donde los cambios son tan profundos que podrían llegar a producir un desequilibrio en la armonía interna. ¿Y cuál es uno esos momentos vitales en los que se producen más cambios maravillosos...?

Tiempo para vosotros dos

La llegada de un bebé hace que todo dé un giro de 180 grados. Ahora, un ser diminuto depende totalmente de ti, de tus acciones y de tus decisiones. Eso es, sin duda, una gran responsabilidad, pero ¡no una carga!

La naturaleza tiene previsto que tú, como madre, puedas gozar de ese proceso de dar y cuidar. Crea un estado hormonal especial en ti, que te lleva a abrir un espacio de amor incondicional. En ese estado, una siente ganas de estar cerca del bebé: el hecho de abrazarlo y acariciarlo genera un gran placer y gozo. Pero sucede que, si llevamos un ritmo demasiado rápido y queremos hacer multitud de cosas, la mente está demasiado activa, no para de pensar en todo, y ese estado amoroso se convierte en un estado nervioso.

Entonces, ya no podemos disfrutar de la presencia del bebé.

Hoy en día, nuestra sociedad va rápida, se busca el resultado inmediato y la satisfacción se centra en cosas que están fuera de nosotros. Cuando llega un hijo, todo esto se invierte y el ritmo se vuelve lento.

Todo se hace por amor, no para conseguir nada, y el lugar de satisfacción se traslada al interior.

Ante esta gran dualidad, la mujer y el bebé van a necesitar algo que los ayude a situarse donde están ellos, a reconocerse y a encontrar su ritmo.

El yoga te ayuda a conocer qué es lo que se necesita en cada momento al ofrecerte el tiempo necesario para escucharte y escuchar al bebé.

Dos de los elementos clave que usa el yoga son la conciencia corporal y el trabajo con la respiración, que nos llevan a poder darnos cuenta de lo que está ocurriendo en el exterior a través de la observación del estado de nuestro interior. Solo el hecho de parar unos instantes y observar cómo está el cuerpo y cuál es el movimiento de nuestra mente ya nos va a ayudar.

Nos servirá para descubrir qué cosas nos están impidiendo sentirnos felices y satisfechas. Y, evidentemente, este es el primer paso para conseguir transformarlas.

Durante los primeros meses de vida de un hijo, es muy importante que la madre esté siempre cerca del bebé.

Por ello se han creado espacios de yoga para madres y bebés, donde la madre puede practicar sus ejercicios sin necesidad de tener que dejar al pequeño. Cuando el bebé empiece a mirar hacia fuera y sonreír a los otros empieza el tiempo en que papá puede pasar más ratitos con él. Cuando ya gatea y se desplaza, también puede entretenerse jugando al lado de su madre mientras ella practica yoga.

Cómo son las sesiones con bebés

En cualquier circunstancia, las necesidades de los bebés son prioritarias, y mientras se está practicando yoga, también. Así que, si desean comer o dormir, la mamá se va a encargar de todo eso, y se reincorporarán a la sesión cuando estén satisfechos. Los bebés reconocen que en ese espacio sus necesidades básicas están cubiertas, y de ese modo se sienten seguros en él.

La clase empieza observando nuestro cuerpo y nuestra respiración, y cantaremos un mantra para abrir el espacio. Los mantras son sonidos en sánscrito –idioma antiguo de la India– que se repiten de forma monótona, y eso crea una disminución inmediata de los pensamientos, relajando así nuestra mente y nuestro cuerpo. Ese efecto también lo perciben los bebés, que precisan de esa paz en su entorno para poder estar tranquilos y relajados. A ellos les encanta ese sonido y se quedan observando con mucha atención lo que está pasando. A continuación, seguimos con ejercicios para las mamás, moviendo la columna, descargando tensiones de la espalda y liberando la caja torácica con ejercicios de apertura de pecho. Las respiraciones van acompañando a cada propuesta: a veces son más largas y profundas, y otras, más ligeras y activadoras. Cuando las mamás ya han despertado su energía, invitamos a los bebés a hacer sus ejercicios, movemos sus piernas, brazos y columna mientras cantamos mantras y canciones que les encantan. Según van conociendo los ejercicios, ellos se sienten más seguros y ríen mientras mamá goza al verlo feliz.

La sesión va llegando a su fin con una relajación, ambos se estiran o a veces lo hacen sentados mientras el bebé toma su leche. Finalmente, nos sentamos en círculo y meditamos juntos. En ese momento, los bebés pueden estar en brazos de su madre o estirados en el centro del círculo. Cantamos mantras y movemos nuestras manos y brazos realizando mudras –gesto que nos ayuda a captar energía–. Acabamos la clase con un mantra de cierre que le indica al bebé que ya estamos finalizando.

Luego damos un espacio para compartir, ya que el tiempo de crianza es una etapa de muchas dudas e inquietudes. Después de la sesión de yoga, la mente está más tranquila, el corazón más abierto y la intuición mucho más despierta, y así es fácil llegar a buenas conclusiones.

En las sesiones en las que participan bebés utilizamos mucho los mantras y las canciones. La música les encanta a los niños, y de esta manera están tranquilos mientras las mamás van haciendo sus ejercicios. También meditamos cantando o recitando mantras, así ellos están entretenidos y disfrutan de que mamá se conecte con su sabiduría interna.

Conoce mejor a tu hijo

El trabajo básico con el bebé se basa en propuestas que ayuden a la mamá a reconocer el cuerpo de su hijo, a observar sus tensiones y ayudarla a que pueda diluirlas. El bebé está en brazos si lo precisa, pero cuando lo dejamos en el suelo, lo hacemos en una superficie rígida, sin cojines debajo y mucho menos en sillitas que puedan dificultar que su cuerpo esté totalmente libre. Se pretende que él mismo pueda mover su cabecita a un lado y al otro, pueda volverse y, finalmente, pueda ponerse boca abajo: desde ahí irá adquiriendo la fuerza para ponerse a cuatro patas y gatear. Todos los bebés cuentan con esa capacidad, solo hay que permitirles que estén mucho tiempo en el suelo en la postura básica, que es boca arriba. Desde ahí ellos van a ir encontrando el camino.

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