3 razones para seguir cuidando lo que comes

POSPARTO

3 razones para seguir cuidando lo que comes

La mejor manera de recuperarse de un embarazo es seguir una alimentación saludable, sin pretender que los dígitos de la báscula desciendan a toda velocidad.

Julio Basulto

La alimentación desempeña un papel fundamental en nuestra salud. Lo desempeña en todos los momentos de la vida, pero en el caso de las madres recientes, existen tres motivos de peso para agarrar con firmeza las riendas de una dieta sana:

1. Ayuda a recuperar lentamente el peso y a mantenerlo estable

En España estamos, sin duda, aumentando de peso. Prácticamente seis de cada diez españoles tenemos sobrepeso u obesidad, así que no estamos hablando de una enfermedad rara, sino casi de una epidemia.

El caso es que después de los embarazos suele producirse un punto de inflexión en el peso corporal de muchas mujeres: tras varios años de relativa estabilidad, comienza a aumentar de forma inexorable. Es el momento ideal, por lo tanto, para adquirir unos buenos hábitos de alimentación que permitan volver, sin prisas, al peso que se tenía antes del embarazo, y tratar de mantenerlo de por vida.

Permíteme que me detenga un momento para subrayar dos palabras: “sin prisas”. Después del parto no es saludable, ni para tu cuerpo ni para tu mente, perder peso de forma brusca. De hecho, nunca lo es. Es por ello que no resulta en absoluto conveniente que sigas alguna de las llamadas “dietas milagro”.

La última de moda es la “Dukan”, desaconsejada por nuestro Ministerio de Sanidad. Pese a que puede que pierdas algo de peso al principio, lo recuperarás en breve, produciéndose el denominado “efecto yoyó" de consecuencias nefastas.

Como seguramente ya sabes, suelen ser dietas muy desequilibradas y potencialmente peligrosas.

Dicho esto, no debemos desatender la importancia (insisto: con calma) de recuperar el peso previo al embarazo a base de ir mejorando todos nuestros hábitos.

2. Influirá en la alimentación de los hijos (amamantados o no)

La dieta de la madre influye, aunque no demasiado, en la “calidad” de la leche materna. Encontramos un ejemplo en el yodo. Si la madre toma suficiente yodo con su dieta, su bebé podrá fabricar sin problemas sus propias hormonas tiroideas. Para cubrir las necesidades de yodo, es recomendable que una madre que da el pecho tome un poquito de sal yodada de forma habitual (no se debe confundir con “sal marina”) y un suplemento diario de 200 microgramos de yodo.

Pero la alimentación de la madre influirá muchísimo en algo más: en cómo se alimentará su hijo con el paso de los años. Uno de los factores que más influye en la alimentación de nuestros hijos es el ejemplo que les damos con nuestra dieta. ¿Nos alimentamos bien? Pues no: la suma de grasas sólidas y azúcares añadidos representa, aproximadamente, el 35% de nuestra ingesta calórica. Seguro que sabes dónde se esconden los azúcares añadidos, pero no tengo tan claro que sepas encontrar lo que las autoridades en nutrición llaman grasas sólidas. Las tomamos con los quesos, las cremas, los helados, la carne roja, el bacón, las salchichas y gran parte de la bollería, repostería y pastelería. Un dato más: el 61% de las calorías que tomamos los españoles proviene de alimentos “altamente procesados”.

3. Prepara el cuerpo para el siguiente embarazo

Una mala alimentación disminuye tus posibilidades de éxito si quieres quedarte embarazada de nuevo. Aunque esto es algo que no afecta solo a la mujer: tanto la calidad como la cantidad de espermatozoides de los varones que se alimentan mal es peor que la de los que siguen una dieta saludable (esa que está formada por alimentos que no necesitan anunciarse en televisión para que sepas que son fundamentales para tu salud).

Toda esta explicación viene a cuento porque muchas mujeres que durante el embarazo han mejorado notablemente sus hábitos alimentarios, tras el parto retoman los anteriores, que no eran precisamente sanos. De hecho, esto se puede aplicar también al tabaquismo y a la ingesta de bebidas alcohólicas.

Cuatro pequeños consejos te ayudarán a mejorar tu alimentación tras el parto:

  • Prioriza el consumo de alimentos de origen vegetal (frutas frescas y hortalizas, sin olvidarte de cereales integrales, legumbres y frutos secos). Los alimentos superfluos resérvalos para las fiestas.
  • Come poco y a menudo. Es una de las claves para controlar mejor nuestro apetito y nuestros mecanismos de la saciedad.
  • Anota lo que comes (aunque sea de forma desordenada o informal). Te ayudará a ser más consciente de si tu alimentación es o no saludable, e incluso a mantener tu peso.
  • Vigila las raciones. En los restaurantes y en los supermercados, las raciones son cada vez mayores. Lo sabemos, pero nuestros “genes ahorradores de energía” son los mismos que hace miles de años permitían a nuestros antepasados combatir el frío y el ayuno, o afrontar la mucha actividad física que realizaban. Así, si tenemos más comida delante, comemos más.

Una oportunidad que hay que aprovechar

Muchas mujeres consiguen mejorar sus hábitos de alimentación, así como su estilo de vida, durante los nueve meses de embarazo. Así pues, el posparto se convierte en una oportunidad de oro para prolongar estas buenas costumbres. Esta es una circunstancia que deberían tener presente tanto los profesionales sanitarios (para dar los consejos adecuados en esta etapa concreta) como los propios padres del recién nacido.

Los puntos esenciales son:

  • no fumar
  • evitar el sedentarismo
  • no tomar bebidas alcohólicas (o hacerlo con mucha moderación)
  • y priorizar los alimentos vegetales: cereales integrales (pan, pasta, arroz), legumbres, frutas, verduras y hortalizas y frutos secos.

Diabetes gestacional, ¿qué pasa tras el parto?

Las mujeres que han padecido diabetes durante el embarazo (diabetes gestacional) suelen dejar de tener los síntomas de esta patología tras el parto.

Sin embargo, presentan un mayor riesgo de padecer diabetes tipo 2 (llamada “diabetes del adulto”) años más tarde.

  • Si has tenido diabetes gestacional, además de seguir una dieta saludable, lo más indicado es que tu médico de cabecera conozca tu situación para poder revisar periódicamente tus niveles de glucosa en sangre.
  • La recomendación actual es revisar dichos niveles a partir de la sexta semana tras el parto, y una vez al año a partir de entonces. Los controles periódicos son la mejor arma para actuar a tiempo.

Anemia y bajos ingresos

  • La anemia por déficit de hierro afecta aproximadamente a tres de cada diez embarazadas con bajos ingresos, y este problema suele prolongarse en muchas de esas mujeres después del parto.
  • Hay datos que revelan que 12 meses después del nacimiento de su bebé, el 20% de las mujeres con bajos ingresos tienen anemia ferropénica, frente al 8% de mujeres cuya situación económica no está tan comprometida. De nuevo, los profesionales sanitarios deben ser conscientes de este hecho para prevenir los problemas asociados al déficit de hierro.
  • Conviene evitar los alimentos superfluos, limitar el consumo de café, té, alcohol y suplementos de fibra, y no realizar dietas extremas.
  • El tratamiento, en caso de un correcto diagnóstico de anemia, debe quedar siempre en manos del médico.


Precaución con ciertos pescados

El Ministerio de Sanidad ha emitido dos recomendaciones que toda mujer que dé el pecho, o esté en edad fértil, debe recordar.

  1. La primera es que se limite, en la medida de lo posible, el consumo de la carne oscura de los crustáceos (gambas, cangrejos, etc.), localizada en la cabeza, con el objetivo de reducir la exposición al cadmio.
  2. La segunda es no consumir los pescados más contaminados con mercurio (pez espada, tiburón, atún rojo y lucio). Ambos con metales pesados potencialmente tóxicos.


Agua, la primera opción contra la sed

Un consejo obvio, pero necesario, para toda mujer en el posparto es que calme su sed solo con agua.

Tomamos demasiado alcohol y demasiadas bebidas azucaradas y zumos (el consumo de zumos y néctares en España se ha triplicado en los últimos 20 años).

  • Tomar bebidas azucaradas aumenta el riesgo de caries y obesidad. Ocurre lo mismo con los zumos: los azúcares de las frutas se clasifican como hidratos de carbono, mientras que los de los zumos se definen como azúcares libres.
  • En cuanto al alcohol, recuerda el mensaje de la OMS: cuanto menos, mejor.