Curar el pezón

LACTANCIA MATERNA

Cómo proteger el pezón

Pequeñas erosiones, heridas, irritación... La mayoría de estos problemas que dificultan la lactancia materna se debe a un agarre que se puede mejorar.

Luis Ruiz

No son pocas las personas convencidas de que los bebés maman del pezón. Esa idea equivocada subsiste en los comentarios de madres y algunos sanitarios. En realidad, el bebé mama del pecho, del que el pezón es solo una pequeña parte, una parte que, incluso, tiene menos importancia de lo que la mayoría imagina.

Solo tenemos que observar una toma: el bebé realiza la extracción mediante los movimientos de la mandíbula y la lengua. Una buena parte del pecho queda situada en el interior de la boca y es “exprimida” entre la lengua y el paladar. Cuando el bebé solo se agarra al pezón, la boca queda más cerrada y las encías presionan esta porción del pecho, causando dolor y lesiones.

Además, al no extraer mucha leche, el bebé se inquieta, llora y pemanece mucho más tiempo cogido al pecho –inadecuadamente–, con lo que las molestias y las heridas se agravan. Seguramente, el dolor y las lesiones en los pezones son dos de los principales motivos que llevan a muchas madres a abandonar.

El pezón es una zona muy sensible. Tiene una gran cantidad de terminaciones nerviosas y mucha vascularización; cuando se estimula, se llena de sangre y sobresale. Los tubérculos de Montgomery, esos pequeños bultos de la areola, secretan un material graso que protege la piel de la zona, reduciendo las posibilidades de infección.

Durante el embarazo, el color de la areola y el pezón va cambiando, aumentando primero su intensidad y oscureciéndose después, de tal forma que el recién nacido puede distinguir esta porción del pecho, acercarse a él y empezar a mamar espontáneamente tras el parto.

Heridas dolorosas

La piel del pezón, como la de todo el organismo, si se roza con frecuencia, se irrita. Y eso es lo que suele ocurrir cuando el bebé está mal prendido al pecho; con el movimiento de la lengua y la mandíbula, va rozando el pezón. En estas condiciones, dar el pecho molesta. Eso no ocurre si el bebé está agarrado con la boca abierta y el pezón le llega a la porción posterior de la boca, donde se inicia el paladar blando. Debemos estar atentos a los primeros síntomas: el pezón está sonrosado o enrojecido, como si se hubiera escaldado. Al mejorar la posición –si no existe otra causa orgánica que dificulte al niño abrir bien la boca, como un dolor de oídos, un frenillo lingual corto o una obstrucción nasal–, las molestias desaparecen y el aspecto del pezón mejora. Si el roce es continuado y la malposición persiste, al bebé le puede aparecer un callo de succión en el labio superior y la madre puede acabar teniendo grietas.

Las grietas no son más que pequeñas heridas en el pezón, que pueden tener diferentes formas y aspectos. Pueden estar situadas en la punta, ser circulares en la base del pezón, longitudinales a lo largo del mismo... Una característica común es el dolor. Además, pueden llegar a sangrar. La herida puede sobreinfectarse con facilidad, lo que ralentiza la curación y causa más dolor por la inflamación que genera la propia infección.

La puesta al pecho precoz en la sala de partos es la mejor manera de prevenir las grietas: el bebé se agarrará al pecho de la mejor manera posible por sí solo. Si ya han aparecido, además de la mejora de la posición, será necesario aplicar algún tratamiento: unas gotas de la propia leche de la madre, alguna crema específica o, si se sospecha que existe infección, añadir un antibiótico tópico, como la mupirocina, que, aunque el bebé la tome, no se absorbe y no produce alteraciones intestinales. Desde luego, hay que evitar costumbres perjudiciales como el lavado del pecho antes y después de las tomas, que favorece la aparición de grietas al retirar la secreción grasa protectora de los tubérculos de Montgomery.

Mientras las heridas no se curan, para evitar el dolor es útil usar alguna protección que impida el roce con el sujetador o con la ropa. Por ejemplo, existen unas cazoletas con un orificio en medio que mantienen aireado el pezón. Tomar algún antiinflamatorio o analgésico, como el paracetamol o el ibuprofeno, mejorará la sintomatología y no perjudicará al bebé.

Problemas de circulación

En ocasiones, el malestar es tolerable y desaparece al mejorar la posición y mantener el pezón aireado durante un rato o aplicar un poco de aire con un secador.

Otra cosa es cuando la madre siente un dolor punzante y agudo al poco de haber acabado la tetada; parece que penetra hacia el interior del pecho, se intensifica durante unos minutos y, posteriormente, desaparece. Se trata del síndrome de Raynaud, una alteración de la vascularización (una falta transitoria de riesgo sanguíneo), que también se puede dar en otras partes del cuerpo, como por ejemplo en la punta de los dedos de las manos o de los pies.

El proceso es el siguiente: los vasos que llevan la sangre al pezón se contraen y la punta adquiere una palidez extrema, que después se extiende al resto del pezón. Se inicia una fase de dolor que dura unos minutos. A continuación, el dolor se hace más interno y se da una vasodilatación: la llegada de mucha más sangre a la zona da un color rojo oscuro e intenso al pezón, que tras unos minutos deja de doler.

El síndrome de Raynaud, que vendría a ser en el pezón como la angina de pecho en el corazón, puede ser muy doloroso. El tratamiento es aplicar calor a la zona antes y después de amamantar y mejorar la posición de agarre al pecho para que no se desencadene la crisis vascular (si el bebé no está bien cogido, “mastica” el pecho, comprometiendo la circulación). Si a pesar de ello el Raynaud persiste, es posible que se deba tomar medicación vasodilatadora (como la que toman los enfermos de corazón): nifedipino. Este fármaco no produce alteraciones en el bebé y debe ser prescrito por vuestro médico.

Una obstrucción en el pezón

La perla de leche es una situación, en ocasiones muy dolorosa, también relacionada con la malposición. La salida de alguna de las glándulas de leche que hay en la piel del pezón se obstruye, cubriéndose de piel. Esto provoca un acúmulo de leche –de ahí su color blanco– que empuja la piel, separándola de la base y provocando mucho dolor. Es una lesión muy llamativa, ya que en el pezón enrojecido por el roce existe un punto blanco que destaca mucho. El mínimo roce aumenta la presión dentro de la ampolla, causando un gran malestar.

Muchas madres que han padecido este proceso saben cómo eliminar las ampollas: un simple pinchazo, que no es doloroso, permite la salida de la leche acumulada.

En otros casos, algunas madres se dan cuenta de que es el mismo bebé, mamando, el que consigue que desaparezcan las lesiones. Este es un proceso benigno que puede repetirse si no mejora la posición de agarre, como vemos, la causa de la mayoría de problemas del pezón.

Dificultades aparentes

Los pezones invertidos y planos generan mucha preocupación en las mujeres durante la gestación y al inicio de la lactancia. Creen que no podrán dar el pecho.

  • Son muy raros los casos en los que realmente hay que tratar un pezón plano o invertido, ya que el bebé, con la succión y el vacío que genera al extraer la leche del pecho, consigue que sobresalga.
  • Las palabras de los profesionales pueden aliviar o generar angustia y miedo. Las madres que creen que tienen el pezón pequeño –plano o invertido– deberían saber que el 80% de los casos se solucionan solos.
  • Es importante prestar más atención a la primera toma del bebé en la sala de partos. Si el agarre es correcto desde el principio, la madre se ahorrará muchos dolores de cabeza. En algunos casos, con un sacaleches también se puede lograr que el pezón sea más prominente.
  • Las pezoneras son unos accesorios de plástico o goma que pueden ayudar en algunas ocasiones. Pero, como los antibióticos, solo hay que usarlas cuando realmente vayan a ser útiles.
  • Aunque con la succión del bebé podría ser suficiente, algunas madres acaban utilizándolas. Si así consiguen que la lactancia sea una experiencia más agradable, no hay nada que decir.

¿Debemos prepararlo?

Aunque esta sea una zona sensible, no necesita preparación. Sin embargo, hay cosas que no se deben hacer, otras que no perjudican y otras que, quizá, ayudan.

  • No hay que hacer ejercicios excesivos ni limpiar el pezón con limón o con tejidos duros para endurecerlo.
  • Si no es visible porque está retraído o el pecho es voluminoso, no hay que hacer nada.
  • Los piercing no favorecen la lactancia porque pueden obstruir y cicatrizar algunos conductos, pero hay que estudiar cada caso.
  • Si te gusta tomar el sol, hazlo con cuidado: es imprescindible usar un fotoprotector antes y un hidratante después.
  • Cuando se da el pecho, no es preciso usar cremas de cera ni pomadas antibióticas como prevención. Es importante evitar que el pezón esté continuamente humedecido, cambiando con frecuencia los discos absorbentes. Y dejando a ratos el pecho al aire, por ejemplo cuando estés en casa.

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