La lactancia repara los efectos de la depresión

POSPARTO

La lactancia como medicina antidepresiva

Si una mujer no se siente bien después de que nazca el bebé es necesario buscar el origen de su malestar. Pero dar el pecho influye positivamente en su estado de ánimo.

Cristina Silvente

La depresión posparto quizá es uno de los trastornos relacionados con la maternidad más nombrado. Muchas veces, solo es el cajón de sastre donde van a parar todas las alteraciones emocionales que tiene una mujer durante el puerperio.

Es importante aclarar que no todas las mujeres se tienen que sentir tristes en los meses siguientes al nacimiento de su bebé.

El embarazo, el parto y el posparto forman parte de la salud sexual y reproductiva de la mujer. Lo normal es que se encuentre bien en cada una de estas etapas, pero con los cambios físicos y emocionales, los reajustes hormonales, la sensibilidad a flor de piel y el cansancio que conlleva vivir un momento tan especial.

Aun así, existen muchos factores que pueden estar causando ese malestar que deben tenerse en cuenta.

Bienestar a tu alcance

A veces sentirse bien no resulta tan complicado ni requiere grandes esfuerzos.

Durante el embarazo, es recomendable ponerse en contacto con un grupo de apoyo a la lactancia o a la crianza cercano, porque es muy reconfortante compartir tus experiencias y tus preocupaciones con otras mujeres que están pasando por el mismo momento vital.

Igual de importante es salir a pasear cada día con el bebé. La luz del sol ayuda a poner apunto el reloj biológico que regula las hormonas y favorece la síntesis de vitamina D.

También dificulta la aparición de la depresión posparto practicar ejercicio, ya que asi se generan endorfinas y se reduce el estrés, así como tomar ácidos, grasos omega 3, porque estimulan la producción del neurotransmisor responsable del bienestar: la serotonína. Se encuentra en los frutos secos.

¿Qué puede provocarlo?

  • Un hipotiroidismo no detectado o incorrectamente tratado
  • Un déficit orgánico (anemia, vitamina D)
  • La vivencia del mismo parto (si fue traumático, si permaneció separada de su hijo unas horas o incluso días, si el bebé tuvo que ser ingresado en la unidad de cuidados intensivos...)
  • Las consecuencias de las intervenciones que le hayan practicado al dar a luz (dolor, cicatriz...)
  • También puede estar originado por una percepción de falta de apoyo familiar, social o profesional,
  • Una experiencia traumática previa o durante el embarazo (una pérdida, un accidente...)
  • Problemas en alguna relación afectiva
  • Cambios o complicaciones en el trabajo
  • Dificultades económicas o sociales
  • Ya haber sufrido episodios de depresión o ansiedad con anterioridad.

Valorar el entorno

Cuando una mujer se queda embarazada, y una vez da a luz, se pone en marcha todo un engranaje hormonal y neuropsicológico con el fin de atender a la nueva criatura.

La reciente madre necesita desarrollar sus sentidos para captar las necesidades del bebé y reaccionar rápidamente ante ellas, y es este reajuste del cuerpo el que la hace estar más sensible: es fácil ver cómo se emociona ante un gesto cariñoso, unas palabras agradables...

Hasta aquí es signo de salud, porque los cambios hormonales no son los responsables de que la mujer se encuentre deprimida al ser madre.

Si se siente mal durante el posparto, es necesario valorar todos los factores que están incidiendo en su vida e intervenir de forma adecuada, ya que una aparente tristeza puede ser la punta del iceberg de una serie de problemas más graves que necesitan ser atendidos, y que se pueden resolver con la asistencia precisa.

Incluso en algunos casos es necesario recurrir a la ayuda de un profesional. Puede tratarse de un trastorno de ansiedad, de estrés postraumático, o incluso de una psicosis.

Expresar las emociones

Algunos autores consideran que el llamado baby blues no es más que una señal temprana de depresión, que no se debería ignorar. Cuanto antes se detecte, antes se podrá resolver. Muchas mujeres no requieren un gran trabajo para volver a sentirse bien, pero hace falta una buena evaluación para valorarlo.

El modo de tratar una depresión posparto dependerá de su origen. Si la causa es el trauma del parto, será necesario expresar y procesar esa experiencia y minimizar sus consecuencias; si es una dificultad afectiva, habrá que darle herramientas para afrontarla; si es un problema de autoestima, trabajar para mejorarla; si es una falta de apoyo, ayudarla a buscar recursos en su zona o en internet. Y si es un problema orgánico, evaluarlo para ofrecer el tratamiento necesario.

Por otra parte, no hay que olvidar que la administración de hormonas sintéticas en el parto modifica el sistema hormonal de la madre, lo que puede influir en su estado emocional, en el establecimiento del vínculo y en el inicio de la lactancia materna.

La lactancia como medicina

Según los últimos estudios científicos, existe un factor clave para la salud emocional de la madre y del bebé: la lactancia materna. Así se confirma lo errónea que era aquella tendencia del pasado que recomendaba interrumpirla ante la presencia de estados de tristeza o de depresión, especialmente si se tomaban medicamentos.

Se temía que los fármacos pudiesen perjudicar la salud del bebé, pero hoy se sabe que muchos son compatibles (www.e-lactancia.org) y que es precisamente la leche de la madre la que protege a su hijo de los efectos que pudieran causar las medicinas. Así lo demuestran investigaciones llevadas a cabo con el fin de averiguar de qué forma las experiencias adversas vividas en la infancia podían afectar a la salud emocional de las madres después de dar a luz.

Estos trabajos revelaron que las madres que amamantaban a sus hijos de forma exclusiva tenían menos efectos negativos que las que no lo hacían.

Por otro lado, la lactancia materna también protegería a los bebés de aquellas madres que están deprimidas, ya que también se ha podido observar cómo los hijos de mujeres que sufrían este trastorno mostraban una actividad eléctrica cerebral diferente del resto, así como poca reactividad del sistema nervioso, cambios bioquímicos, una conducta más desorganizada y alteraciones en los patrones de sueño.

Los resultados de otro estudio publicado en 2004, mostraban que los bebés de madres deprimidas que eran amamantados tenían unos patrones electroencefalográficos similares a los de las madres que no sufrían este trastorno, a diferencia de los hijos de madres deprimidas que eran alimentados con biberón, que tenían patrones de actividad cerebral característicos.

Hormonas que curan

La lactancia materna puede disminuir el efecto del estrés en las madres, al mismo tiempo que les proporciona calma, y de manera indirecta, también a los bebés. Esto es debido a que durante la lactancia se segregan hormonas que tienen un efecto neurotransmisor positivo: la oxitocina, implicada en los estados de calma y en los procesos de sanación; las endorfinas, hormonas del placer, y la dopamina.

Este complejo hormonal beneficioso no solo genera bienestar y placer, sino que además teje biológicamente el importante vínculo de apego entre la madre y su bebé, que también promueve la salud mental y emocional de ambos.

Dar el pecho reduce las hormonas del estrés cuando la lactancia transcurre sin dificultades.

Parece ser que la elevación de los niveles de prolactina que se producen durante la lactancia tienen también un efecto antiinflamatorio.

La inflamación es una alteración presente en la depresión y en los estados de estrés que disminuye los niveles de otro neurotransmisor relacionado con el bienestar: la serotonina, que a su vez reduce uno de sus precursores, el triptófano. Por esa razón, las personas que sufren enfermedades inflamatorias (dolencias cardiovasculares, diabetes...) con frecuencia luchan contra la depresión.

Consecuencia, no causa

Aunque en ocasiones se piense que la lactancia materna es la causa del cansancio de la madre, hay estudios que demuestran que esto no es así.

La fatiga y los problemas de sueño son a la vez causa y consecuencia de la depresión, pero los resultados de algunas investigaciones indican que las madres que amamantan de forma exclusiva tardan menos en volverse a dormir, y se sienten con más energía que las que no amamantan de forma exclusiva o que las que no lo hacen.

Lo mismo ocurre con el dolor. Es causa y consecuencia de la depresión. Las mujeres que han tenido partos complicados o instrumentalizados pueden llegar a tener secuelas muy molestas a lo largo del posparto. Este dolor las hace estar de peor ánimo, y por eso es tan importante aliviarlo cuanto antes.

Apoyo social y familiar

En definitiva, los datos indican que la lactancia materna podría ser un buen antidepresivo o un buen protector en madres deprimidas, tanto para ellas como para sus hijos, pero también es cierto, que la propia depresión puede dificultar que se establezca. Se ha observado que las madres deprimidas pueden tener menos probabilidades de iniciar la lactancia, e incluso que las complicaciones que a veces se encuentran al dar el pecho pueden ser un importante factor de riesgo.

Cuando una mujer que amamanta sufre depresión, estrés o fatiga, tiene más posibilidades de sufrir una mastitis porque su sistema inmunitario puede ser menos efectivo; si esta inflamación de la glándula mamaria no se atiende convenientemente, puede provocar el abandono de la lactancia. Asimismo, puede influir en el estado emocional de la madre que su hijo haya nacido antes de lo esperado o si tiene necesidades especiales.

En cualquiera de estos casos, la depresión puede aparecer tiempo después de que el bebé haya recibido el alta médica o cuando ya esté fuera de peligro.

Sabremos que está deprimida si...

Adaptarse a la llegada del bebé también conlleva cambios y reajustes emocionales y vitales, pero hay síntomas que no son normales y sería recomendable buscar ayuda:

  • No ha dormido en dos días, ni siquiera algún ratito aprovechando que el bebé descansa.
  • Se está adelgazando rápidamente, más allá de la pérdida de peso natural que se produce en el puerperio.
  • No se puede levantar de la cama. Está tan decaída que no; tiene ánimos suficientes para hacerlo, ni siquiera en algún momento del día.
  • Ha abandonado totalmente su cuidado personal. No hablamos de la falta de tiempo, e incluso de ganas, para maquillarse o para ponerse unos tacones en un momento en que las prioridades pasan a ser las necesidades del bebé, sino que se trata de las cuestiones básicas de higiene personal.
  • Parece desesperanzada, sumida en una tristeza profunda, distinta de la volubilidad emocional propia de una mujer que acaba de dar a luz,
  • Dice que los niños estarían, mejor sin ella. Esto denota una desconexión profunda de su bebé, así como una falta de autoestima y de confianza en su capacidad de ser madre.
  • Abusa de sustancias como los medicamentos, el alcohol u otros estupefacientes.

Apoyemos la lactancia

La lactancia materna necesita un gran apoyo por parte de todos los sectores de la sociedad, no solo para garantizar a los niños el alimento más completo que pueden tomar, sino también para reducir los riesgos de la depresión posparto y para sostener a las madres deprimidas y a sus bebés.

Es importante poder detectar el malestar emocional de las mujeres que acaban de dar a luz y acompañarlo, tanto por su bienestar como por evitar riesgos en la lactancia y en la salud de sus hijos.

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