Prevenir la depresión posparto

SALUD MATERNAL

Prevenir la depresión posparto

Pocas veces un estado de ánimo bajo tras el parto es una verdadera depresión, pero en ambos casos podemos tomar medidas para mitigarlos o prevenirlos.

Pilar de la Cueva

Tener una depresión tras el parto parece formar parte del conjunto de molestias que una madre puede esperar. A menudo no se da demasiada importancia a su sufrimiento por ser considerado un hecho “normal” y “típico”. Tampoco se suele entender por qué algunas mujeres se sienten felices y llenas de energía y otras están agotadas y con fugaces deseos de que su vida vuelva a ser como antes.

Seguramente se debe a que existe cierta confusión acerca de qué es una depresión posparto, qué no lo es y cómo se puede prevenir.

En primer lugar, hay que aclarar que lo que comúnmente se llama depresión posparto no lo es verdaderamente, es solo un estado de ánimo bajo, con tendencia al llanto fácil sin motivo aparente, que sucede sobre todo hacia última hora del día.

Es el maternity blues o días oscuros de la maternidad. Suele aparecer a partir del tercer día tras dar a luz, más o menos.

Momentos delicados

Pero reflexionemos. ¿Quién no estaría agotado y muerto de sueño, después de pasarse varios días sangrando, a veces con dolor en el pecho y levantándose varias veces por la noche? ¿Quién no estaría bajo de ánimo habiendo dejado todas las actividades habituales para atender 24 horas al día a otro ser cambiando ropas y pañales? Y el posparto es todavía más difícil si además ha habido complicaciones durante el parto o ha sido traumático, si se tiene una sutura en la vagina, que duele al moverse y sentarse, o una cicatriz de cesárea.

A pesar de todo, se espera que la mujer atienda a las visitas sin expresar lo agotada o agobiada que se siente.

No siempre es así, también hay muchos puerperios maravillosos. Pero lo descrito no es una caricatura, sino la realidad para muchas mujeres. A todo esto se le une el aislamiento social en la familia nuclear moderna. Antes las madres recientes siempre tenían tiempo para descansar y recuperarse gracias a los cuidados de la red social formada por familiares o vecinas.

Signos de alerta

Pero a veces sí se trata de una depresión de verdad. Los síntomas que nos alertan son: si la mujer parece realmente deprimida a lo largo de todo el día, especialmente por las mañanas, o si está muy baja de ánimo todo el tiempo (no confundir con el llanto repentino o el ánimo variable que se alterna con momentos felices), si no logra ocuparse de ella ni del bebé, si está inexpresiva y su hijo llora sin cesar y parece no estar bien. Estos estados pueden tener diferentes desencadenantes:

  • Causas físicas. Conviene descartar sobre todo un problema de tiroides, una anemia seria o un fallo de otras glándulas endocrinas, que se dan cuando ha habido una hemorragia abundante. Puede ser transitorio, pero produce agotamiento extremo y falta de leche.
  • Antecedentes traumáticos. Los recuerdos de traumas pasados pueden irrumpir sorpresivamente. Mujeres que han vivido un suceso traumático, sobre todo si fue violento o de tipo sexual, pueden encontrarse con que el recuerdo aflora durante el embarazo o el parto, generando miedo, angustia y bloqueos. En ocasiones, el haberlo hecho consciente y sentido físicamente en el parto deja secuelas psicológicas como ansiedad, pesadillas, depresión. Son cosas de las que no se suele hablar y que además pueden llegar a condicionar la lactancia materna.
  • Problemas de pareja. Cuando hay tensiones y conflictos no resueltos, seguramente van a agravarse en el puerperio. Ante situaciones como estas –que desborden a la madre o a la familia–, conviene acudir a un especialista en psicología perinatal.

El enamoramiento

La naturaleza ha provisto a todas las especies mamíferas de un mecanismo de protección para la perpetuación de la especie que consiste en asegurar que la madre se enamore de su bebé. Cuando se está enamorado, hay un deseo instintivo de cuidar a esa otra persona sin que las molestias se perciban como tales.

Si el parto no se interfiere, en ese momento se movilizan enormes cantidades de las hormonas responsables del vínculo y el apego biológico, que preparan el cerebro para ese primer contacto madre-bebé. Ese contacto sucede a nivel totalmente intuitivo, en él intervienen el sentido del tacto, el olfato, la mirada...

Para que todo esto ocurra es imprescindible no alterar el equilibrio hormonal de la madre ni del bebé durante el parto con hormonas sintéticas, como recomiendan las guías científicas actuales, para no bloquear la secreción interna de oxitocina, prolactina y endorfinas que generan ese sentimiento de amor instintivo. Por otra parte, es necesario no separar ni un segundo a la madre del bebé, ponerlo en contacto piel con piel de inmediato, y en un ambiente íntimo, y dejar que el bebé toque, huela y repte de forma natural hasta alcanzar el pecho e inicie la lactancia por sí mismo. Este ritual genera un sello en la parte más profunda del cerebro de ambos, crea el vínculo biológico e intensifica el deseo de cuidar.

Las madres cuidan siempre de sus bebés, pero este mecanismo ayuda a hacerlo con más placer y menos esfuerzo. Otras especies, en cambio, pueden llegar a abandonar a sus crías si se interfiere en el momento del nacimiento.

Pero una vez superado el parto, hay más cosas que ayudarán a prevenir la depresión y que están en nuestra mano.

  • Dormir suficiente es básico para que no baje el ánimo y debe ser prioritario para cualquier puérpera; dejar cualquier otra tarea, y descansar haciendo pequeñas siestas. El aumento de la hormona prolactina durante la toma da un sueño irresistible y es ideal aprovecharlo. De noche se descansa mejor durmiendo con el bebé. Esta práctica (colecho) ya no es considerada como peligrosa, sino beneficiosa para madre y bebé, siempre que se cumplan una serie de condiciones (la cama sea segura, no se fume ni se tomen fármacos para dormir...).
  • Reorganizar lo doméstico es esencial, mejor antes del parto. No es posible que una mujer atienda a un recién nacido día y noche y cuide de todo sin que se resienta su salud física y emocional. Se puede pedir también ayuda a las visitas o amigos disponibles, y los hijos mayores pueden asumir alguna tarea. Eso les harán sentirse útiles contribuyendo al bienestar familiar.
  • Es bueno encontrarse con amigos y familiares, y entablar nuevas relaciones con personas con los mismos intereses y momento vital, por ejemplo en los parques, y las reuniones de los grupos de posparto y de apoyo a la lactancia.
  • Es decisivo prevenir las complicaciones de la lactancia o abordarlas a tiempo, con la matrona, la enfermera o el pediatra y estar en contacto con grupos de apoyo. Una lactancia satisfactoria es el mejor antidepresivo. Algunas mujeres sienten que han fallado como madres tras la mala experiencia de pasar por un parto traumático o una cesárea. La lactancia repara ese dolor interno, al ver como el bebé se va criando con la propia leche.
  • Los cuidados para la madre son esenciales. El bebé ya tiene todo lo que necesita, con nutrición y contacto, pero quizá la madre necesite un buen masaje, una comida hecha o unas horas de cuidado de la casa.
  • La implicación de la pareja es siempre fundamental. Los estudios han demostrado que cuando el padre cuida al bebé y comparte la cama familiar, también produce hormonas que crean este vínculo biológico y le hacen más receptivo a sus necesidades y deseoso de atenderlo. Así, que la pareja comparta tiempos de contacto piel con piel con su bebé, o permita que duerma sobre su pecho, no solo es agradable sino que facilita la crianza, reduce el riesgo de depresión en la madre y previene la violencia en el seno familiar.

¿Es estrés postraumático?

Si una puérpera se comporta de una forma anormal para las personas que la rodean, no hay que olvidar que existe un cuadro de afectación psicológica, que puede ser ligero o intenso, y que se llama síndrome de estrés postraumático tras el parto. Es considerado como un verdadero trastorno específico de partos traumáticos o cesáreas de urgencia con situación de miedo o estrés materno intenso. Suele alcanzar su intensidad máxima entre las cuatro y seis semanas tras el parto y después va disminuyendo, aunque en algunos casos persiste durante meses o años. La mujer que presenta alguno de estos síntomas puede tener este síndrome:

  • Continuamente recuerda y revive el parto, mediante flashbacks y pesadillas, durante semanas o meses. Cualquier evento puede desencadenar esos recuerdos y causar una reacción ansiosa. Algunas mujeres señalan que esto dificulta mucho sus relaciones de pareja ya que tienen flashbacks del parto durante el coito.
  • Se siente desconectada o extrañada ante su bebé y ausente de la realidad, como si no estuviera allí o no fuera ella misma.
  • Necesita hablar continuamente de lo que sucedió y busca información obstétrica en Internet para entender qué le pasó.
  • Se siente enfadada con los profesionales, sus familiares y consigo misma. Presenta síntomas de ansiedad y depresión.
  • Si su experiencia de la maternidad se ve muy afectada, a menudo se siente distanciada de su hijo y tiene dificultades para relacionarse con otras madres, porque no puede evitar comparar sus partos. El síndrome puede producir un rechazo a la sexualidad, a tener más hijos o a hacer que pida una cesárea programada en el siguiente parto.

Compartir nuestras emociones

  • Un parto diferente del que esperábamos puede dejar una herida emocional que muchas veces no se llega a expresar. Es bueno tratar de compartir con personas de confianza lo que se siente realmente; a veces, solo el hablar de ello es sanador
  • Si las personas del entorno familiar no comprenden los sentimientos de la mujer, se puede acudir al médico de cabecera, a la matrona, a grupos de apoyo entre mujeres o foros de atención a madres que han tenido partos o cesáreas traumáticos.
  • La comunicación con la pareja es un elemento clave de bienestar. El nacimiento de un bebé requiere un gran reajuste en todos los planos: afectivo, social y sexual. Puede haber un cambio de roles y miedos no expresados por parte de ambos a perder a la otra persona. Es importante dedicar un tiempo y un espacio a compartir estos sentimientos desde el afecto y la confianza.

Dieta sana y apetitosa

  • Es necesario evitar que por el cansancio se acaben tomando comidas rápidas todos los días, porque pueden producir un déficit en los nutrientes esenciales que precisa el sistema nervioso y el cerebro. Comer alimentos saludables y apetitosos también mejora el ánimo.
  • Es recomendable tomar cada día unas pocas nueces (ricas en ácidos grasos omega 3), ensaladas, verduras y frutas frescas, todos ricos en minerales y vitaminas.
  • Es mejor que los cereales y derivados sean integrales, porque así conservan toda su riqueza en vitaminas del grupo B que intervienen en el metabolismo de la energía.

Ejercicio y aire libre, buenos antidepresivos

  • Cambiar de escenario, el contacto con la naturaleza y tomar el sol directamente y no a través de una ventana son estímulos positivos que mejoran el bienestar.
  • Los estudios han demostrado que el ejercicio físico regular (mínimo media hora tres veces por semana) tiene una eficacia comparable a los antidepresivos, ya que estimula la secreción de endorfinas y neurotransmisores que generan bienestar.
  • Si estas actividades se realizan en equipo o compañía, su efecto se multiplica.

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