3 alternativas a la escuela de siempre

UNA NUEVA EDUCACIÓN

3 alternativas a la escuela de siempre

Los sistemas pedagógicos que fomentan la experimentación y respetan los ritmos de aprendizaje de los niños cada vez están más presentes porque se ha demostrado que memorizar información no los hace más inteligentes.

Isabel Fernández del Castillo

5 de septiembre de 2017, 21:40 | Actualizado a

El sistema educativo español se encuentra en un periodo de cambio donde están surgiendo cada vez más alternativas a la escuela convencional, en parte, motivadas por la búsqueda de las propias familias.

Dado que nuestra sociedad cambia a un ritmo vertiginoso, y los valores, las aptitudes y el sistema de trabajo es diferente que años atrás, quizá es preferible potenciar la creatividad y la autoescucha de los niños en lugar de limitarlos a memorizar fechas, números, textos...

  • Esta es la base de las escuelas que siguen el método pedagógico de la polifacética Maria Montessori, que revolucionó el mundo de la enseñanza a principios del siglo XX.
  • De las escuelas Waldorf, inspiradas en las teorías del filósofo Rudolf Steiner, donde la sensibilidad artística tiene una gran importancia.
  • O de las escuelas libres o activas que siguen una línea más abierta y en constante renovación, basada en los descubrimientos y aportaciones de pedagogos como el suizo Johann Heinrich Pestalozzi, el matrimonio Rebeca y Mauricio Wild (creadores de la escuela Pestalozzi de Perú), Alexander Neill (fundador de la escuela Summerhill en Inglaterra) o la doctora austríaca Emmi Pikler, que defendía la capacidad del niño de conducir su propio desarrollo motor sin necesidad de actividades dirigidas. Este movimiento de renovación pedagógica está dando lugar a un cambio de consciencia y de visión por parte del adulto, que deja de ver al niño pequeño como un ser incompleto e inmaduro al que hay que dirigir y administrar conocimientos, para apreciar en él un genio en potencia con un programa y un calendario propio de desarrollo, con numerosos recursos para el autoaprendizaje.

Dentro de este nuevo paradigma, el adulto ha dejado de ser el centro de sabiduría que imparte los conocimientos. Ahora observa y facilita al niño el entorno y las herramientas necesarias para que aprenda por sí mismo, motivado por su propia pasión por descubrir.

Al cole a jugar (el sistema finlandés como modelo)

Para obtener buenos resultados académicos en el futuro, los niños necesitan jugar mucho tiempo en sus primeros años. Los datos aportados por el informe PISA son claros:

A pesar de que los niños finlandeses no van al colegio ni aprenden a leer y escribir hasta los siete años, obtienen los mejores resultados en todas las materias.

Esto demuestra que adelantar el aprendizaje hace que el niño deba dedicar mucho tiempo a estudiar, porque le cuesta más adquirir conocimientos, restándolo del tiempo de juego a una edad en la que esta actividad es indispensable para favorecer sus desarrollo a todos los niveles.

  • En la escuela convencional las actividades de los niños están muy dirigidas, ya que suelen dedicarse a colorear y completar fichas, a aprender a leer y escribir, y poco a jugar libremente.
  • En las pedagogías alternativas, el juego libre y espontáneo se considera la actividad más importante para el niño. Por este motivo, las aulas no están diseñadas pensando en las mesas y las sillas como elementos fundamentales del espacio, sino que el objetivo es que los niños puedan moverse a su voluntad y tengan a su disposición todo aquello que necesitan para poder jugar o realizar actividades manuales por iniciativa propia.
  • Para estas líneas no dirigidas es importante que la mayor parte del juego transcurra al aire libre, en un entorno natural en contacto con tierra, arena, plantas, árboles... En Finlandia, a pesar del clima, los niños pasan gran parte del día jugando al aire libre.

Conceptos compartidos

Por el momento, debido a la complejidad que supone la creación de un centro de primaria y secundaria basado en estas filosofías, la mayoría se centran en la etapa infantil y, en casos excepcionales, en la educación primaria.

Aunque estas escuelas no dirigidas tienen como punto de referencia la sabiduría innata del niño, tienen aspectos en los que difieren. Primero, repasemos aquellos que comparten:

  • El niño es el centro. Ya no es considerado un mero receptor de contenidos, sino un ser automotivado, ávido de saber y con los recursos necesarios para satisfacer dicha necesidad. Por su parte, el adulto es el responsable de facilitar al niño unas condiciones adecuadas y un entorno suficientemente rico y estimulante para que pueda desarrollar sus capacidades, y siempre protegiendo su espíritu investigador, su autonomía y su búsqueda de sentido.

Sin embargo, hay diferentes posicionamientos en cuanto al momento en que el niño debe hacer ese aprendizaje. Mientras en la pedagogía Montessori se considera que aprende por sí solo a contar y leer sobre los cuatro o cinco años, en la pedagogía Waldorf no se inicia hasta los seis años. En las escuelas libres no existe un calendario establecido para ello, pero los recursos están presentes para que cada niño lo haga cuando sienta ese impulso interior.

  • Aprendizaje a través de la experiencia. En todas estas pedagogías se reconoce que los niños aprenden con todo su cuerpo y sus sentidos, y la experiencia sensorial y el movimiento forman parte del proceso. Eso hace que el concepto de aula difiera totalmente del de una escuela convencional, en el que las mesas y las sillas ocupan el espacio principal. Estos centros disponen de rincones y talleres temáticos, donde los niños tienen a su disposición los recursos necesarios para el aprendizaje de las materias o las artes, o ambas al mismo tiempo.
  • La importancia del entorno natural. Así como los colegios ubicados dentro de las ciudades no suelen disponer de espacios verdes: jardín, césped, huerto... Para los centros con una línea educativa no dirigida es esencial el contacto con la naturaleza porque favorece el juego creativo, su curiosidad y les permite establecer y experimentar el vínculo con la naturaleza.
  • Diversidad de materiales. A pesar de que no tienen un criterio unánime, estos sistemas consideran que los materiales con los que están fabricados los elementos que tienen los niños a su alcance deben ser variados, porque a través de ellos descubren su entorno. Así los juguetes no pueden ser todos de plástico, ya que eso les impide conocer las cualidades de los materiales, las texturas, el peso...
  • La creatividad. El arte es un medio de expresión y por eso ocupa un lugar preferente dentro de estos sistemas pedagógicos. Los niños tienen a mano los materiales necesarios para poder pintar, modelar, tallar..., con los que no solo manifiestan lo que sienten, sino que también aprenden conocimientos matemáticos, químicos... La música y la danza es otra vertiente del arte muy presente en estas escuelas. De hecho, hay estudios que vinculan el aprendizaje de la música con una notable mejoría en otras materias, especialmente las matemáticas.
  • Ningún tipo de pantalla. Los ordenadores y las televisiones no tienen cabida en estos centros porque, según su filosofía, los niños necesitan experimentar y descubrir el mundo que los rodea a través de su cuerpo.
  • No hay libros de texto. Los niños se encargan de elaborar sus propios cuadernos y materiales, en los cuales recogen los conocimientos que van adquiriendo a través de la experimentación, la observación, el trabajo activo y la recopilación de información.
  • No existe separación por edad. Si en el sistema convencional las clases están perfectamente estructuradas por edades, en estas pedagogías se considera que la convivencia entre niños de distintas edades es positiva para todos, y por eso los niños de entre tres y seis años conviven, al menos, durante la educación infantil.

Conceptos en los que difieren

A pesar de tener muchos puntos en común, estas líneas pedagógicas difieren en aspectos importantes a la hora de ponerlas en práctica.

  • Programa y enfoque. En las escuelas libres que siguen el sistema pedagógico de Johann Heinrich Pestalozzi y Rebeca Wild, no existe un programa ni ritmo determinado para asimilar los contenidos, porque son los niños quienes lo marcan en función de sus intereses. En este caso, la tarea del adulto es propiciar entornos ricos y estimulantes que les permitan desplegar su curiosidad y sus intereses en función de las edades y sus momentos evolutivos. En cambio, la pedagogía Waldorf, exceptuando los tres primeros años, sí tiene un programa definido, aunque no tiene por qué coincidir con el establecido por el Ministerio de Educación.
  • Maestro o acompañante. En la pedagogía Waldorf, los niños disponen de un maestro que los acompaña en los tres años de Educación Infantil y uno más en la primaria. El maestro tiene una gran responsabilidad ya que es considerado un modelo que debe seguirse. Sin embargo, en la pedagogía Montessori, al igual que en las escuelas libres, el énfasis se encuentra en la autonomía del niño y en el aprendizaje autodirigido. En este caso, los adultos son considerados acompañantes del niño y de sus necesidades.
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