Aprender del modelo finlandés

EDUCACIÓN INFANTIL

Las 5 claves, para tu hijo, del modelo finlandés

El sistema educativo en España es muy exigente en cuanto a la adquisición de contenidos, algo que no se refleja en los resultados de los test internacionales de competencia. ¿Merece realmente la pena forzar tanto la marcha?

Isabel Fernández del Castillo

23 de junio de 2017, 19:31 | Actualizado a

Una mañana cualquiera en cualquier guardería o escuela infantil española. Un grupo de niños de entre tres y cuatro años están sentados alrededor de una mesa, rodeados por otras mesas con otros niños sentados alrededor de ellas. Todos se afanan por cumplimentar unas fichas que les ha dado la maestra. La tarea es muy sencilla: solo tienen que colorear un dibujo sin salirse de las líneas, siguiendo el modelo de la figura coloreada que se encuentra al lado.

Un mañana cualquiera de un día cualquiera en cualquier escuela infantil en Alemania, Austria o Finlandia, o en España en cualquiera de las escuelas Waldorf o de las escuelas libres que hay por toda su geografía. Hay mesas y sillas a un lado, pero no son las protagonistas del espacio. Porque nadie espera que niños tan pequeños se queden sentados frente a un papel para hacer nada en especial.

En cambio, sí hay espacio para moverse libremente, juguetes adecuados a su edad, pinturas, disfraces, y un acceso fácil al espacio exterior, en el que la naturaleza no falta. El protagonista es el niño, y la principal actividad: cualquiera que desee el niño, dentro de un ambiente acogedor y rico en recursos. No hay fichas que rellenar ni dibujos que copiar o colorear con un tono predeterminado ni letras que aprender en un momento en el que su cuerpo y su mente están por otra cosa.

Cabría pensar que dada la intensa actividad académica de los pequeños alumnos españoles, al llegar a edades más avanzadas sería patente su ventaja sobre sus homólogos europeos. Pero la realidad nunca es tan lineal. Según pone de manifiesto cada edición del Informe PISA (Programme for International Student Assessment, Programa internacional para la evaluación de estudiantes, que evalúa el nivel de competencia tanto de los escolares europeos como de otros países no europeos), el nivel medio de los escolares españoles no consigue salir de la mediocridad, y el índice de fracaso escolar continúa siendo nada menos que del 32%.

Mucha prisa... ¿para llegar adónde?

En España, los niños empiezan la primaria con seis años sabiendo leer y escribir –a su nivel–, es decir, habiendo dedicado muchas horas del tiempo que pasan en la escuela a ese aprendizaje.

En Finlandia, por ejemplo, no aprenden hasta los siete años, momento en que empieza la escuela obligatoria. Sin embargo, según el último informe PISA, el rendimiento de los escolares finlandeses continúa siendo el de mejor nivel de toda Europa en todos los parámetros medidos: comprensión lectora, matemáticas y ciencia.

Los pedagogos atribuyen esta paradoja a la madurez: a los seis o siete años, el niño ya está maduro para aprender a leer, y lo hace con gusto, sin esfuerzo y con relativa rapidez.

Intentarlo antes requiere mucho tiempo y esfuerzo, tiempo que se quita a otras actividades esenciales a esa edad, como son el juego libre, la experimentación, el movimiento...

¿Merece la pena entonces forzar tanto la marcha de los pequeños escolares? ¿Las actividades que realizan sentados frente a un papel son lo ideal a esa edad? Según algunos pedagogos, no.

Las apariencias engañan

Probablemente, el modelo escolar finlandés se considere en España como “alternativo” y poco riguroso... a simple vista. Sin embargo, es un modelo pensado en función del niño, de su evolución psicológica, de la forma en la que aprende y del clima idóneo, no para enseñarles cosas, sino para no neutralizar su extraordinaria capacidad para aprender. En España, prima ante todo el rendimiento, la cantidad de conocimientos que hay que transmitirles a lo largo de su vida escolar. Y como son muchas, conviene empezar cuanto antes. El objetivo es la cantidad.

Una base sólida sobre la que crecer

Los niños finlandeses empiezan la escolarización el año que cumplen siete años.

La etapa anterior se considera esencial, pero no para que aprendan, sino para establecer una base sólida sobre la que se asentará el aprendizaje.

Esa base sólida es el bienestar del niño, que pasa por entender y satisfacer sus necesidades en todos los sentidos. Por eso, en Finlandia no se habla de la educación en la escuela como algo diferente de la crianza en casa, ya que ambas cosas se imbrican en un proceso continuo cuyo centro es el niño, y cuyo objetivo es su bienestar y su pleno desarrollo. Es el programa Early Childhood Education and Care (Educación y Cuidado de la Primera Infancia) que no depende del Ministerio de Educación, sino del de Salud y Asuntos Sociales.

Sus principales características son:

1. La mejor guardería, el hogar

La baja maternal en Finlandia es de 43 semanas, ya que se considera que los mejores cuidadores, en principio, son los padres, y el mejor ambiente donde pasar ese casi primer año es el hogar.

A partir de ese momento, existen varias posibilidades, todas ellas sufragadas en gran medida por el Estado: una excedencia pagada que la madre o el padre pueden solicitar hasta que el menor de los niños cumpla tres años, guarderías públicas o privadas en las que no hay actividades académicas o un sistema de “madres de día” cuya ratio máxima es de cuatro niños por cuidadora (incluido el suyo propio).

En todas las opciones se busca ofrecer a las familias la posibilidad de elegir lo más adecuado a sus intereses, valores y estilo de vida, tratando de satisfacer la necesidad de los niños de tener una atención individualizada. Esta atención es mucho más importante que el hecho de que el niño aprenda cosas concretas. Así lo afirma la pedagoga y maestra de educación infantil Waldorf Elena Martín-Artajo:

“El niño necesita sentirse reflejado en el alma de otro ser humano, madre, padre, tutores, maestros, en cualquier persona que le haga sentir que sus actos y sentimientos son importantes y que resuenan en ese adulto que cree en sus facultades a pesar de las apariencias. Cuando un niño se siente reconocido, todo su potencial comienza a vibrar como una cuerda de violín afinada, su mundo emocional crece y se fortalece la seguridad en sí mismo.”

2. El interés del niño como motor del aprendizaje

En Finlandia, y en sistemas educativos como la educación libre o la pedagogía Waldorf, se considera que el objetivo en los primeros años no es “enseñar” cosas al niño, sino favorecer que este pueda desplegar sus capacidades y su extraordinario afán por aprender. Así, los niños son considerados unos “aprendices” excepcionales gracias al poderoso recurso de la imitación, especialmente cuando el impulso y el interés por aprender algo surge de su interior.

3. Prescindir de las sillas y las mesas

El movimiento libre se considera esencial para el desarrollo de los niños, como pusieron de manifiesto los trabajos de la pediatra Emmi Pikler y los sucesivos equipos del Instituto Loczy que dirigió en Budapest (Hungría).

No es lógico pretender que niños de dos, tres o cuatro años estén sentados en una clase, algo totalmente desterrado de las aulas del norte de Europa desde hace mucho tiempo.

En nuestro país, a la falta de movimiento en la escuela se une la falta de movimiento fuera de ella. Según comenta Elena Martín-Artajo, “vivimos la paradoja de que nuestra manera de vivir está paralizando a los niños. En la plaza del mismo pueblo donde el año pasado todas las noches se jugaba sin descanso a policias y ladrones, este verano lo único que movían los niños eran sus dedos pulgares, inmovilizados frente a las pantallas de sus videojuegos. La paradoja, digo, es que cuanto menos se mueven los niños, más problemas de hiperactividad hay. Las travesuras se han convertido en síntoma de enfermedad”.

4. Jugar, una actividad fundamental

El juego se considera un elemento esencial del desarrollo del niño, de su inteligencia y su creatividad, y lo más importante que puede hacer en sus primeros años. “El juego es la actividad más seria que un niño realiza, una forma poderosísima de ensayar la vida, con sus roles, sus normas, planificaciones, tiempos, espacios, etc.”, afirma Martín-Artajo.

5. Y la cuestión de las ratios

Una de las claves del éxito del modelo finlandés es el número de alumnos por grupo.

  • Si los niños tienen menos de tres años, el máximo por cuidador es de cuatro.
  • Cuando se trata de niños de entre tres y seis años, cada cuidador tiene a su cargo a siete niños, si se trata de una guardería, y trece, si se trata de un colegio.
  • Si hay otra persona de apoyo en clase, pueden ser veinte.

Cuando lo normal resulta alternativo

En España, el sistema educativo discurre por caminos opuestos, con un énfasis cada vez mayor en programas concretos para los más pequeños. Aun así, hay corrientes educativas ajenas a esta tendencia, como las escuelas Waldorf o las escuelas libres.

El homeschooling es otra fórmula arraigada en algunos países (Estados Unidos, Canadá, Inglaterra...), aunque en nuestro país se considera una forma de “desescolarización”. En cualquier caso, parece evidente que el sistema necesita cambios profundos para que nuestros niños no tengan que decir algún día lo que afirmó el dramaturgo Bernard Shaw hace siglo y medio:

“Desde muy niño tuve que interrumpir mi educación para acudir a la escuela”.


El fracaso escolar en cifras

32% en España

España es uno de los países con un sistema educativo más rígido, más forzado desde el principio, y con un mayor registro de abandono por parte de los alumnos.

10% en Finlandia

A pesar de empezar a ir la escuela a los siete años, Finlandia tiene uno de los sistemas educativos más eficaces en cuanto a resultados en los test convencionales.