Hablar con los hijos

Crianza respetuosa

6 claves de crianza respetuosa para hablar con tu hijo

Cómo cuidar vuestra comunicación con estos consejos esenciales.

Carlos González

31 de julio de 2016, 22:51 | Actualizado a

Hablar con los niños no es tan complicado. Solo hay que hacerlo como hablamos con otras personas: con claridad, con respeto, con buena intención. Tampoco es difícil escucharlos. Solo hay que poner interés y dedicar tiempo.

¿Cómo comunicarnos con un hijo pequeño?

Pero, ¿cómo debemos hablar con nuestros hijos? ¿Cuáles son las claves para que la comunicación fluya y se adapte a su edad? Tiempo para esperar sin interrumpir, dejando que terminen sus frases, e interés para hacer comentarios adecuados (y no un simple “sí, sí... ya... sí”).

Y sin corregir constantemente sus errores gramaticales o de pronunciación.

1. Desdramatice sus mentiras

Si somos comprensivos con nuestras propias mentiras, también lo hemos de ser con las ajenas.

Cuando nos dicen que ya se han lavado las manos, que ya han recogido la habitación o que ellos no han roto nada, ¿vamos a estallar de indignación moral, hablando de “mentiras” y “engaños”, o podemos aceptar que, simplemente, ellos también intentan no herir nuestros sentimientos?

2. Use menos “noes”

Una de las primeras palabras que aprenden nuestros hijos es “no”. Lo achacamos a su espíritu de oposición, pero ¿no será porque es una de las palabras que les enseñamos primero? “No toques eso”, “No grites”, “No te muevas tanto”, “No subas ahí”.

¿Se acuerda de aquel juego infantil: “Ni sí, ni no; ni blanco, ni negro”? ¿Cuánto tiempo es capaz de hablar con su hijo sin decir “no”?

3. Sea más amable y use menos órdenes

Nos sorprenderíamos al comprobar cuántas de las cosas que decimos a nuestros hijos son, de una forma u otra, órdenes: “Ponte el abrigo”, “Lávate las manos”, “Estate quieto”, “Para en el semáforo”... Intente contarlas la próxima vez que vayan juntos al parque.

Todos los seres humanos dan, en un momento u otro, órdenes a otros seres humanos. Y, casi siempre, esas órdenes son obedecidas si se dan adecuadamente. Un camarero dice “La mesa del fondo”, “Por aquí, por favor”, “¿Qué desean para beber?”, y banqueros y ministros hacen sin rechistar lo que se espera de ellos. Si ese mismo camarero dijera “¡Que te sientes aquí, te digo, y quietecito!” o “¿Piensas pedir el vino de una vez, o qué? ¡Que no tenemos todo el día!”, seguro que no le obedecería nadie.

4. Recupere el placer de conversar con sus hijos

Pero es posible ir un paso más allá: no hablarles solo para conseguir que hagan lo que queremos, para “manipularlos”; hablarles y escucharles, simplemente, para disfrutar de nuestra mutua compañía. Conversar.

5. Evite los juicios morales

Es importante no confundir los actos con el “carácter moral” de una persona. Por ejemplo, cuando un niño no recoge los juguetes, es muy distinto decirle “No has recogido los juguetes” que “Eres un desordenado”.

Lo primero es una constatación objetiva. Podemos añadir un comentario sobre cómo nos sentimos (“Estoy enfadado porque no has recogido los juguetes”), aunque suele bastar el tono de voz o el gesto para que se note que no nos ha gustado que no haya recogido.

En cambio, la segunda frase es un juicio moral. Estamos atacándole directamente como persona. Algunos niños reaccionarán con lógico enfado, otros acabarán aceptando la etiqueta, pero todos se sentirán heridos.

6. Sin etiquetas

Hagamos un esfuerzo decidido por evitar las etiquetas, tanto cuando hablamos con el niño como cuando hablamos de él. No “es un llorón”, sino que “a veces llora” (o incluso, por qué no, “a veces está tan triste que llora”, ¿verdad que es muy distinto?). En vez de “No seas abusón”, pruebe con “No debes empujar a tu primito porque es pequeño y quiere jugar contigo”. En vez de “Mira que eres vago”, ¿qué cuesta un sencillo “Venga, acaba los deberes, que tenemos que cenar”?

¿Le parece que todas estas estrategias tendrían éxito para mantener el buen ambiente en casa? ¿Cree que podría seguir alguna de ellas?

Pues lo conseguirá, con un poco de esfuerzo.