8 malas estrategias a evitar

NIÑOS MÁS FELICES

8 malas estrategias a evitar mientras come

La correcta alimentación de nuestros hijos dependede que rompamos con prejuicios como el tan extendido "con la leche no tiene bastante".

Julio Basulto

30 de abril de 2018, 09:58 | Actualizado a

Ante determinadas preguntas, los profesionales sanitarios a menudo nos vemos obligados a responder con otra pregunta. Así lo hice el otro día con una paciente que quería saber cuál de las cinco tomas de pecho es la menos importante. Tras darme unos segundos para no ponerme categórico y dogmático respondiendo: “Las cinco son importantes”, le pregunté por qué quería saberlo. “Para sustituirla por una papilla”, contestó. De ahí parte este artículo. ¿Cuáles son los errores clásicos que cometemos los padres?

1. Priorizar las papillas frente a la leche materna

A los bebés menores de un año tenemos que ofrecerles la leche materna o de fórmula antes que el resto de alimentos. En 2003, expertos de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria ya afirmaron que “a partir de los seis meses no más del 50% de las calorías debe provenir de la alimentación complementaria”.1 Así que ni existen tomas “más importantes”, ni es cuestión de sustituirlas.

Solemos pensar que la leche alimenta menos que lo que damos en una cuchara, cuando no es así. Mientras que 100 g de leche materna aportan 4,4 g de grasa, 100 g de un tarrito de verduras con carne aportan 2,8 g, es decir, un 36% menos. En el caso de las papillas de fruta, la diferencia es mayor: 100 gramos de puré de frutas aportan 0,1 g de grasa, 44 veces menos que la leche materna. Y la grasa es un nutriente muy importante para unos bebés que queremos que crezcan.

2. Darle alimentos distintos de la leche antes de tiempo

Sea porque la madre tiene que empezar a trabajar, sea porque alguien piensa que “este niño no crece lo suficiente”, solemos incorporar alimentos nuevos antes de tiempo en la dieta infantil. La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que conviene iniciar el período de alimentación complementaria cuando empezamos a ofrecer al bebé alimentos distintos de la leche en el momento que el niño cumple siete meses.2 Sin embargo, hay estudios que indican que hasta el 90% de los bebés han tomado algún alimento o bebida antes del 4o mes. Esto es más frecuente cuando la mamá es muy joven, si no le da el pecho o si fuma.3

Dar alimentos o agua antes del final del 6º mes no aporta beneficios a la salud del niño:

  • Si el bebé mama menos porque le estamos dando otros alimentos, la madre producirá menos leche. Y la leche materna (o de fórmula) debe ser la principal fuente de nutrientes durante el primer año del bebé.
  • Los bebés todavía no son capaces de digerir determinados alimentos.
  • Ofrecer demasiado pronto a un bebé alimentos o líquidos que pueden estar contaminados con microbios aumenta su riesgo de diarrea.
  • Exponer demasiado pronto al bebé a ciertos alimentos puede aumentar el riesgo de alergias.

3. Darle zumos porque no come fruta fresca

Pese a que jamás he leído o escuchado a comités de expertos en nutrición infantil recomendar el consumo de zumos de fruta, cada día aumenta el número de bebés que los toman a diario.Seguramente será porque sus padres piensan que si la fruta es buena, el zumo también lo será. Pues ni la fruta es tan buena en bebés menores de un año porque tiene la mitad de calorías que la leche materna ni los zumos de fruta pueden equipararse a la fruta entera. Sean caseros o comerciales, los zumos de fruta en bebés se han asociado desde a retrasos en el crecimiento hasta a un mayor riesgo de padecer obesidad. Y si se ofrecen en biberón, propician la caries dental. Así que cuantos menos zumos, mejor.2

4. Tomar un exceso de proteína

Carne para comer y pescado para cenar. ¿Hacemos bien? La proteína es importante, pero en exceso como cualquier otro nutriente puede ser perjudicial. Veamos un ejemplo.

Raúl, que tiene nueve meses, debería tomar 13,7 g de proteína al día, según la OMS. ¿Cubriremos esta cifra si le damos un puré con 50 g de pollo para comer, 60 g de pescado para cenar, además de medio litro de leche de fórmula a lo largo del día? Los cálculos revelan que Raúl ha tomado 32 g de proteína. Es decir, ha multiplicado por dos las recomendaciones, que ya estaban estimadas al alza. La cuestión es que el caso de Raúl no es una excepción, sino la norma. Por eso, la sociedad de nutrición pediátrica de referencia en Europa señala que nuestros bebés presentan un riesgo nada desdeñable de tomar demasiada cantidad de proteína.4 La OMS advierte, además, que una introducción temprana y excesiva de proteína podría tener efectos adversos (una sobrecarga de hígado y riñón). El último estudio al respecto hizo un seguimiento a 203 niños desde los seis meses hasta los siete años: concluyó que un exceso de proteína en bebés está asociado a un mayor riesgo de obesidad.

8 malas estrategias a evitar

Algunas frases jamás deberían decirse a un niño que no parece decidido a terminarse el plato:

  1. Amenazar: “O te lo comes o me enfado”.
  2. Presionar: “¿Seguro que no quieres más?” o “¿Te lo has acabado todo?”.
  3. Forzar: “Va, un poquito más”.
  4. Humillar o despreciar: “Debería darte vergüenza, tan mayor y todavía no sabes comer”.
  5. Manipular: “¡Con la de niños que se mueren de hambre!” o “Mami se quedará triste si no te lo acabas todo”.
  6. Comparar: “Tu hermanito pequeño ya ha terminado y tú todavía ahí”.
  7. Premiar: “Si te lo comes todo, te compro un...”.
  8. Mentir: “No crecerás”.

Dar ejemplo en lugar de inculcar

  • La revista Archives of Pediatric and Adolescent Medicine publicó en noviembre de 2008 que los niños empiezan a asimilar y a mimetizar las selecciones de alimentos de sus padres a una edad muy temprana, incluso antes de ser capaces de apreciar las implicaciones de dichas selecciones. Así que no es cuestión de “inculcar” buenos hábitos, sino de “predicar con el ejemplo”. Numerosos estudios y revisiones de la literatura científica señalan que si queremos que nuestros niños coman de forma saludable, primero tenemos que hacerlo los padres.
  • Muchos padres inducen a sus hijos a comer más allá de las llamadas “señales de autorregulación innatas”, es decir, más allá de lo que dictamina su sabio mecanismo del apetito. Sin embargo, los niños poseen una valiosa capacidad para modular el volumen de alimentos que necesitan. Hay autores que sostienen que cuanto menos se adhieren los niños a las “reglas familiares”, y cuanto más responden a sus señales internas de saciedad y hambre, mejor.

Restringir su acceso a determinados alimentos incrementa su deseo por ellos, mientras que forzarlos a comer disminuirá su interés por hacerlo.

  • Así que los padres haríamos bien en relajarnos, borrar de nuestro diccionario la frase “inculcar hábitos de alimentación”, controlar menos cuánto comen nuestros hijos, poner a su alcance alimentos saludables y predicar con el ejemplo.

Los niños se alimentan mejor en atmósferas emocionalmente positivas.

Fuera de casa, ¿come mejor?

Existe la creencia popular de que fuera de casa los niños comen mejor. Aunque es cierto que la presión de grupo hace que los niños coman más variedad de alimentos en sitios como guarderías o escuelas, la realidad es que el niño aprende mejores hábitos de alimentación –que usará de por vida– en casa que fuera de ella. Las investigaciones muestran que las comidas familiares ejercen un impacto significativo en la calidad nutricional de las dietas infantiles. Así, se sabe que los niños que comen en casa acaban tomando, de mayores, más frutas y hortalizas y menos bebidas refrescantes y alimentos superfluos.

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