Adopción: una maternidad diferente

MATERNIDAD PLENA

Adopción: una maternidad diferente

La idea de adoptar es muy gratificante, satisface nuestra necesidad de ser madres, pero necesitamos ponernos en la piel del niño para poder establecer un vínculo fuerte y sólido.

Isabel Fernández del Castillo

4 de septiembre de 2017, 19:28 | Actualizado a

Desde las adopciones en las que se simulaba el embarazo y se intentaba mantener en secreto que el hijo no era suyo genéticamente a las adopciones actuales, en las que los padres no tienen reparos en explicar cómo han vivido este proceso, han pasado unos cuantos decenios y, sobre todo, han caído muchos prejuicios.

Si uno de los imperativos biológicos de todas las especies animales es la transmisión de los propios genes, cada vez más parejas lo consideran algo secundario y entienden que ser madre y padre es algo que se teje día a día: con la presencia, los cuidados, los abrazos, la convivencia. Así, algunos hombres y mujeres con dificultades o imposibilidad para concebir un embarazo se decantan directamente por la adopción antes que por la reproducción asistida, incluso hay familias que aun teniendo hijos recurren a esta alternativa a la hora de aumentar la familia.

Emociones intensas

En el año 1995, el programa de Televisión Española Documentos TV dedicó una de sus emisiones a la situación en la que se encontraban las niñas en los orfanatos chinos. Las habitaciones de la muerte, como se tituló el documental, mostraba cómo la política de hijo único que tienen en China y la sobrevaloración de los varones hacía (y está haciendo) que muchas recién nacidas fueran abandonadas, y otras tantas mujeres decidieran abortar cuando descubrían que su bebé era una niña. Este programa provocó un gran escándalo y desató una ola de adopciones de niñas chinas, llegando a suponer el 50% de todas las adopciones tramitadas en España.

“Mi marido y yo estábamos pensando en adoptar cuando vimos el documental. Nos causó tal impresión ver esas bebés abandonadas a su suerte, tanta tristeza, soledad y desolación, que de inmediato tomamos la decisión de iniciar los trámites para adoptar a una niña de aquel país. Aquella noche tuve problemas para dormir, no me podía quitar aquellas imágenes de la cabeza”, afirma María Rosa, feliz madre de dos hijas adolescentes nacidas en China.

La burocracia es tan lenta que este proceso supone un auténtico “embarazo prolongado”, donde se pasa por todos los estados anímicos posibles: eufórico, soñador, impaciente, pero también decaído porque parece que nunca va a llegar ese momento tan deseado de estar juntos, en casa, como una familia.

Sin embargo, a pesar de que cada uno vive esta experiencia a su manera, todos los padres coinciden en que hay un momento mágico: cuando ven por primera vez la foto de su hijo. “Es una sensación indescriptible. Ya es alguien concreto que está esperando a que lleguemos. Te dan ganas de coger el avión en ese mismo instante”. Pero los siguientes meses se hacen, si cabe, todavía más interminables aunque la recompensa final de sobra merece tantos esfuerzos. “Cuando al fin pude cogerla en brazos, me sentí en el cielo”, dice María Rosa.

Cuando el proyecto fracasa

No obstante, a veces no se logra formar esa familia que tanto se ha buscado. En España, entre un 8 y un 12% de los niños son devueltos a las instituciones de acogida. Una realidad que pasa prácticamente desapercibida y que constituye una verdadera tragedia para ellos, muchos de los cuales ya nunca disfrutarán de una vida familiar. Ocurre especialmente en menores adoptados con más de seis años, cuando ya es más difícil establecer un vínculo afectivo sólido. Sus vidas están marcadas por el abandono, por la falta de un adulto que les procure cuidados y amor, y en ocasiones, también por la violencia, cuyas consecuencias acaban manifestándose en su conducta y en la convivencia. Si tenían menos de un año cuando llegaron a su nuevo hogar, es menos probable que tengan que regresar a su lugar de procedencia.

Los periodos más críticos son: los primeros seis meses y la adolescencia, una etapa en la que afloran los traumas de la primera infancia. Cuando son adoptados con más edad y han llegado a las instituciones después de haber pasado por abusos, maltratos... es más complicado reconstruir la capacidad de vincularse afectivamente, por eso es necesario que los padres adoptivos estén muy bien asesorados y preparados para que su sueño tenga un final feliz.

La importancia del vínculo

La principal prioridad de los recién estrenados padres es establecer un lazo afectivo sólido, ya que solo así el niño podrá desarrollarse plenamente, tal y como lo demuestran numerosos estudios. Uno de los más curiosos lo llevó a cabo el emperador Federico II con el fin de saber en qué idioma diría un bebé sus primeras palabras si al nacer no se le hablara. Por este motivo, ordenó que un grupo de niños abandonados en un orfanato fuera atendido por cuidadoras que no les hablasen ni les hiciesen ningún gesto. El resultado fue concluyente: todos los niños murieron.

Este experimento demuestra que los primeros meses son determinantes para el desarrollo de los niños y para establecer un vínculo seguro con los padres. A este respecto, la psicóloga especializada en adopción Montserrat Lapastora recomienda seguir las siguientes pautas:

  1. No escolarizar al niño hasta que no sea obligatorio. Primero debe aprender lo que es una madre y un padre. Si no hay más remedio que dejarlo al cuidado de un adulto, es preferible que sea un familiar o una cuidadora cariñosa que respete sus tiempos y espacios. Es conveniente acogerse al derecho de la baja maternal.
  2. Jugar con él, siempre que sea posible, a juegos que impliquen contacto y desarrollo motriz: masajes, cosquillas... Hay que recordar que su edad no suele corresponderse con su desarrollo, por lo que los juegos y juguetes que le ofrezcáis deben ser apropiados para niños más pequeños.
  3. Dormir juntos o en la misma habitación. El colecho es una de las herramientas más reparadoras y que más seguridad les aporta a los niños porque suelen tener pesadillas, despertares nocturnos...
  4. Lactancia. Algunas madres adoptivas se estimulan los pechos meses antes de la llegada del niño hasta producir leche. No es tan importante el aporte nutricional que tiene como el vínculo afectivo que se crea.
  5. Informarse acerca del carácter y las dificultades que suelen tener los niños adoptados para poder ponerse en su lugar, y así conseguir ir superando las diferentes pruebas que supone la crianza. También se debería leer o asesorar sobre cuándo se debe decir a un niño que es adoptado, cómo hacerlo, si es recomendable hablar sobre su origen, qué responder cuando pregunten por su pasado...

Una alternativa a la adopción

El acogimiento profesional es otro modo de brindar un hogar a menores desamparados, o cuyos padres sin recursos han perdido su custodia... En este caso, no se trata de una adopción definitiva, sino que es un acogimiento temporal, aunque en ocasiones puede prolongarse tanto que los vínculos que se generan son sólidos y duraderos.

A menudo se trata de niños de una cierta edad, y en ocasiones con problemas y necesidades especiales (discapacidad física o psíquica, problemas de aprendizaje, conducta conflictiva...) que requieren una atención especializada. Para poder atender adecuadamente a estos niños, algunas Comunidades Autónomas (Cataluña, País Vasco, Andalucía...) han creado la figura del acogimiento familiar profesionalizado, en el cual el adulto de referencia tiene una profesión relacionada con la educación (psicólogo, educador social...) y se le compensa económicamente.

En otras autonomías, como en Madrid, no ven con buenos ojos esta práctica porque temen que se convierta en una fuente de ingresos, pero para evitar la posibilidad de lucrarse, otras comunidades someten a estas familias a rigurosos controles. Como dice Adela, psicóloga y madre de acogida residente en el País Vasco: “Yo cobro por mi trabajo, pero el estar 24 horas pendiente de mi pequeña autista, las noches en vela cuando se pone enferma, el cariño que le doy como si fuera mi hija no se paga con dinero”.

Información de interés

  • Adopción: La Coordinadora de Asociaciones en Defensa de la Adopción y el Acogimiento lucha por los derechos de los niños y las familias adoptantes.
  • Acogida: Familias para la Acogida brinda asesoramiento a las familias que acogen o adoptan a niños, sobre todo si estos tienen necesidades especiales.
  • Trámites: El proceso de adopción o de acogimiento se debe gestionar a través de la Consejería de Asuntos Sociales de la respectiva Comunidad Autónoma.
  • Si estáis pensando en adoptar, puede ser de ayuda la web postadopcion.org donde encontraréis un blog con información actualizada del estado de las adopciones internacionales y diferentes accesos al contenido del libro La aventura de convertirse en familia.
  • En la web adopteca.blogspot.com.es también hay bibliografía interesante acerca de este tema, pero sobre todo descubriréis cuentos infantiles que permiten hablar con los niños sobre sus orígenes.

Entrevista: "Las expectativas nos alejan del niño real"

Entrevistamos a Montserrat Lapastora es psicóloga clínica especializada en adopción y asesora de asociaciones de padres adoptantes.

¿Cómo es el paso del niño imaginado al real?

En un principio, el paso del niño imaginado al niño real no suele generar mucho problema. Las ganas de ser padres, el tiempo de espera y las contrariedades que han tenido que pasar hacen que este sea aceptado con mucha alegría y satisfacción, y que las dificultades iniciales se minimicen. Pero cuando ese niño real crece y no cumple las expectativas de los padres, cuando su comportamiento no es el esperado, cuando no manifiesta hacia ellos el cariño que tanto anhelaban, es más difícil aceptarlo tal y como es.

¿De qué modo se debe afrontar esta situación?

Los padres necesitan un tiempo para entender que su hijo es diferente en algunos aspectos, que tiene unas características propias, que su vida preadoptiva le está influyendo de una determinada manera. Los padres que no hicieron un auténtico duelo por el hijo biológico tendrán que renunciar ahora a ese ser que se habían imaginado, para aceptar a su hijo desprovisto de todo aquello de lo que lo habían investido.

¿Algún consejo para facilitar el proceso?

Hacer propio al hijo de otro es un proceso psicológico diferente en cada persona, cada cual necesita un tiempo y un ritmo distinto, en el que por supuesto influirá la edad del niño. En general, es más fácil incorporar a un niño de dos meses que a uno de tres años que ya viene con un bagaje vital bastante amplio. Hay que saberlo.

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