"Adoptar me permitió conocer la otra cara del amor"

TESTIMONIO

"Adoptar me permitió conocer la otra cara del amor"

Un testimonio de cómo la adopción cambio la vida de esta nueva mamá.

Sandra P. Wilches

2 de noviembre de 2018, 07:00 | Actualizado a

Hoy, con su dulce y hermosa sonrisa, Luisa Fernanda toma la foto en la que su padre y yo la tenemos por primera vez en brazos, repasando sus facciones, comprobando que era así como la soñábamos, teniendo por fin la certeza de que era nuestra hija.

Toma la foto y me pide que le describa de nuevo ese maravilloso acontecimiento. Y yo, como si fuese ese día, le repito cada minuto; me deleito con cada palabra que relata nuestra felicidad, y nuevamente le reitero que era a ella a quien esperábamos y amábamos desde siempre.

Logro que, acunada en mi pecho, sonría cuando le cuento que pude amamantarla gracias a la ayuda de mi doctor, al incondicional apoyo de mi esposo y a una fantástica red de amigos, amigas y hermanas, que como cómplices de esta felicidad, contribuyeron a que fuera una realidad; unos, con su experiencia de padres adoptivos, y otros, con la simple convicción de que valía la pena intentarlo. Y cuando se lo cuento, compruebo de nuevo la indescriptible emoción que experimenté cuando la sentí por primera vez en mi pecho, y que selló nuestra unión.

Esto me permite afirmar que más que el acto de amamantar, es la disposición del cuerpo y del corazón en el momento de alimentar lo que logra establecer y reafirmar el vínculo; y bajo esta premisa, es tan válido el biberón como el pecho.

Mi afán de lograr amamantar estaba más relacionado con no sentir la culpa por no poderlo hacer, por privarla de beneficios a los cuales tendría derecho. Si bien lo logramos, ella me fue enseñando que también era posible alcanzar el regocijo del encuentro a partir de un biberón; eso sí, bien conversado, ameno y cálido.

Ésta ha sido una experiencia de amor que me ha cambiado la vida. Luisa Fernanda ha sido una bendición que finalmente llegó a nuestro hogar después de más de seis años de espera. Tras muchas frustraciones e intentos fallidos, decidimos optar por la adopción como una manera de dar realidad a nuestros deseos de maternidad.

Hoy mi hija ha cumplido dos años y yo me acerco felizmente a los 46. Y sólo puedo dar gracias a Dios y a su madre biológica que en un acto de infinito amor decidió entregar a su hija unas mejores oportunidades, y a nosotros, la posibilidad de conocer otra cara de la felicidad y del amor.

Algunas de las personas que conocen nuestra historia me preguntan si mi experiencia ha sido difícil, si fue fácil entender a mi hija, cómo la recibió la familia...

Yo sólo puedo responder que el mayor vínculo que existe, quizás más que la consanguinidad misma, es el amor.

Mi hija me ha llevado de la mano a transitar el más hermoso camino, ha sido mi maestra, me ha entregado los más espléndidos momentos, me dio la paciencia necesaria para lograr amamantarla, me ha permitido conocer un amor totalmente generoso, incondicional y absoluto.

Es a través de sus ojos y su risa que he conocido la verdadera felicidad.

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