Aprender en la escuela de la naturaleza

CRIANZA

Aprender en la escuela de la naturaleza

Una actividad aparentemente tan simple como cultivar un huerto en la escuela se ha revelado como una herramienta de aprendizaje y desarrollo muy estimulante. El secreto está en experimentar.

Isabel Fernández del Castillo

15 de octubre de 2018, 10:57 | Actualizado a

En la era del teléfono móvil, el ordenador, la videoconsola, la realidad virtual y el imperio de la tecla, ver brotar una planta de la tierra, observar cómo crece, cuidarla, regarla y, finalmente, comérsela debe de ser una experiencia realmente sorprendente para la mayoría de los niños.

Desentrañar y comprender los misterios de la vida es uno de los objetivos de la enseñanza de las ciencias en la escuela, pero no hay mayor aprendizaje que ser testigo directo, y actor, del milagro de la naturaleza en acción... ni nada más necesario para equilibrar la progresiva tendencia de nuestros niños a vivir a través de las pantallas.

Por ello, en una época en la cual la mayoría de los niños está convencida de que las lechugas crecen en las estanterías del supermercado, cultivar un huerto en la escuela está convirtiéndose en un instrumento valioso de aprendizaje y contacto con la realidad, el contrapunto necesario para ayudar a los niños a bajar y tocar el mundo físico, y nunca mejor dicho, ya que es imposible cultivar un huerto sin tocar la tierra.

Comprender e integrar conocimientos

En el Reino Unido, la Royal Horticultural Society puso en marcha en 2007 una campaña para introducir los huertos en las escuelas. 11.500 centros educativos de primaria se adhirieron a esta campaña a través de un programa de formación a profesores y un sistema de apoyo técnico. De hecho, introducir a todos los niños en los misterios de la horticultura se ha convertido en un objetivo nacional. No porque todos vayan a ser hortelanos, o muchos tengan un jardín en casa que puedan cultivar, sino porque se trata de una actividad que ayuda a cumplir los objetivos del programa Every Child Matters (Cada niño importa), un plan gubernamental que pretende promover el desarrollo de ciudadanos saludables, activos, emprendedores y capaces de automotivarse para aprender.

Para ello, establece cinco objetivos que debería alcanzar cada niño británico:

  1. estar sano
  2. mantenerse a salvo
  3. disfrutar y conseguir objetivos
  4. hacer una contribución positiva
  5. alcanzar bienestar económico.

Este programa pretende superar la visión tradicional de la enseñanza como una simple forma de impartir y adquirir conocimientos, para poner el énfasis en el desarrollo de las capacidades de los alumnos, como la de comprender e integrar esos conocimientos, para construir una vida satisfactoria y llena de sentido.

Un impacto real sobre los escolares

Desde la puesta en marcha del plan ha transcurrido tiempo suficiente como para empezar a evaluar los resultados de esta campaña. En 2010, la Royal Horticultura Society publicó un informe, Impacto de la horticultura escolar en el aprendizaje, que enumeraba los beneficios principales que estaba teniendo el programa. Para ello entrevistó a más de 1.300 profesores de primaria que habían participado en la campaña. Los resultados no pueden ser más alentadores. Según los profesores, los niños mostraban:

  • Mejor comprensión de los contenidos educativos científicos.
  • Mejora en las habilidades lingüísticas y numéricas, incluyendo el uso de un vocabulario más amplio, y también en las habilidades oratorias.
  • Mejor comprensión del proceso completo de la producción de alimentos y la influencia del clima y las estaciones.
  • Mayor confianza en los propios recursos, en la capacidad para resolver problemas y, por lo tanto, una mejora de la autoestima.
  • Mayor habilidad física, incluida la psicomotricidad fina (acciones de mayor precisión).
  • Mayor sentido de la responsabilidad.
  • Mayor conciencia de lo que son los alimentos saludables, una actitud más positiva hacia ellos y una mejor elección de lo que se come.
  • Mejora de la conducta en general.
  • Mejora en su bienestar emocional y social.

Una inversión a largo plazo

¿Qué traducción tienen todos estos beneficios de cara al futuro? Según esta institución, la práctica de la horticultura tiene una gran influencia sobre la evolución posterior de los niños y su paso a la vida adulta, al estimular el desarrollo de cualidades que son fundamentales para tener éxito en la vida. Concretamente:

  • Los niños se convierten en protagonistas activos de su aprendizaje, más auto-motivados y capaces de aprender por su cuenta, así como de adaptar sus habilidades y conocimientos a los nuevos retos, en el colegio y en su futuro.
  • Desarrollan una actitud ante la vida más resiliente (capacidad de hacer frente a situaciones problemáticas), responsable y con mayor auto-confianza, cualidades esenciales para poder conseguir los propios objetivos en la vida.
  • Aprenden aptitudes útiles en cualquier campo, como, por ejemplo, habilidades de comunicación o de trabajo en equipo. Es un estímulo para su espíritu emprendedor.
  • Adoptan un estilo de vida más activo y saludable, circunstancia que se convierte en una importante herramienta de éxito en el colegio y, posteriormente, en la vida.
  • Desarrollan su capacidad de trabajar y relacionarse con personas de edades y procedencias sociales diferentes.

Otra forma de aprender

¿Cómo es que una actividad manual y aparentemente tan sencilla puede tener efectos tan beneficiosos sobre los menores?

Probablemente, el trabajo con la tierra viene a suplir carencias del sistema educativo.


Por ejemplo, ayuda a:

  • Conectar con los ritmos naturales.

Ése es, sin duda, uno de los grandes beneficios de realizar actividades productivas en la naturaleza.

En la era del “todo ya”, de la cultura de lo instantáneo, tener que aceptar y adaptarse al ritmo natural del crecimiento de las plantas ayuda a tener una visión más real de la vida y a desarrollar un mayor respeto por el tempo de los procesos naturales. La paciencia y la espera necesarias para ver los resultados es, para los niños de nuestro tiempo, un gran aprendizaje, útil para su futura vida de adultos. Cultivando alimentos aprenden sin darse cuenta que, antes de florecer, los proyectos tienen una fase subterránea durante la cual aparentemente no sucede nada, pero que es esencial para que aparezca un fruto. En la Pirton Primary School, en Luton, Inglaterra, los niños cultivan y recolectan las calabazas que después utilizarán en Halloween. Todo un prodigio de planificación a largo plazo.

  • Desarrollar la inteligencia de las manos.

Tocar la tierra siempre ha sido un placer para los niños. Realizar con las manos actividades que tienen un sentido, que dan un fruto que ellos mismos pueden cosechar, y hacerlo de forma cuidadosa y precisa los ayuda a estructurar su mente de una forma muy distinta a cuando están aprendiendo cosas que están escritas sobre un papel. Incluso los niños que tienen problemas de concentración en la inmovilidad de un aula convencional encuentran en la clase de horticultura una forma de aprender en movimiento que encaja mejor con la forma en la que los niños pequeños aprenden de forma natural: a través de la experiencia.

Afrontar las dificultades reales de un huerto también es una escuela de vida para los niños. Además de los inevitables tiempos de espera, enfrentarse a los contratiempos imprevistos normales de cualquier tarea campestre (insectos que se comen las verduras, plantas que no prosperan...) obliga a los niños a ser creativos para resolver esos problemas, después de digerir la propia decepción porque las cosas no han salido como estaba previsto. Esa necesidad de afrontar las dificultades y buscar soluciones creativas e inéditas contrasta con el proceso convencional de adquisición de conocimientos, en el que lo que el niño debe aprender está determinado de antemano.

Necesidades especiales

Todo esto hace de la horticultura una actividad totalmente diferente, que cumple funciones que una asignatura normal no podría cumplir. Además, uno de los beneficios de la práctica de la horticultura escolar es su capacidad para equilibrar la clase. Según Emma Woollon, subdirectora de la Pirton Primary School, “nuestros profesores tienen que lidiar con alumnos con comportamientos muy conflictivos. Pero ver a esos alumnos cuidar y proteger una planta que está creciendo nos proporciona una gran satisfacción”. Según Woollon, un efecto positivo de la horticultura es que produce resultados tangibles y visibles, mientras que la educación formal resulta una fuente constante de frustración para los niños con dificultades de aprendizaje, que no consiguen llegar a los niveles mínimos exigidos. En niños con bajo rendimiento escolar o con problemas de conducta, esta actividad se convierte en un estímulo para su autoestima y sus ganas de aprender.

Ecopsicología

La psicología y la ecología se combinan en esta nueva disciplina para recordarnos que no hay lugar para una humanidad saludable en una naturaleza destruida, ni bienestar físico y emocional posible si vivimos alienados y de espaldas a ella.

Estar en contacto con la naturaleza, disfrutar de su belleza, sentir el placer de sus estímulos, cuidarla, son esenciales para una salud física y emocional plenas. En los niños, este contacto es un poderoso promotor de salud y bienestar físico, emocional y mental.

La ecopsicología traza un paralelismo entre el devastador efecto que sufre el bebé o el niño separado de su madre y la alienación que experimenta el ser humano alejado de la naturaleza. Según esta disciplina, gran parte del malestar psíquico de la humanidad se debe a la ruptura de este vínculo físico y emocional con la Madre Tierra.

Según el Dr. Michel Odent, la capacidad de amar y de sentirse “parte de” está estrechamente ligada a las vivencias del nacimiento y las etapas tempranas. El vínculo con la madre es el vínculo con la vida y la Tierra. Para cambiar como especie la actitud hacia la naturaleza, es preciso cambiar también la forma de nacer.

Según la psiquiatra infantil Ibone Olza, hay un inconsciente ecológico que surge en el bebé en estrecho contacto con su madre –su nicho ecológico natural–. Así, el Método Madre Canguro no sólo es bueno para la salud de los bebés, también es el más ecológico desde el punto de vista humano.