El aprendizaje debe ser placentero, memorable e importante

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El aprendizaje debe ser placentero, memorable e importante

No apaguemos la magia y la chispa que todos lo niños tienen de forma natural para descubrir por su propios medios. Esa debe ser la misión del maestro: acompañar todas sus habilidades.

Richard Gerver

9 de febrero de 2018, 07:00 | Actualizado a

Los niños no son contenedores vacíos a la espera de que se les llene hasta el borde de conocimientos. No se les debe juzgar por cuánto pueden contener. ¡Después de todo, el fuego no fue descubierto por un alumno de matrícula de honor!

Así, durante generaciones el foco de la educación se ha situado en el apredizaje de nuevas cosas, sobre todo conceptos e información. Aprendimos las tablas de multiplicar de memoria, aprendimos a dividir por varias cifras y a operar con fracciones usando libros de texto, que un año tiene 365 días y que el rey Enrique VII de Inglaterra tuvo seis esposas, algunas de las cuales no acabaron muy bien.

Todo esto lo aprendimos porque nos lo dijeron los maestros. Sin embargo, ahora sabemos que lo que hoy se considera información importante puede que no lo sea mañana.

Lo que es seguro es que lo que durará para siempre son las habilidades para adquirir conocimientos y para comprender.

Quizá lo que es más importante, la visión del proceso educativo de arriba a abajo en la que los maestros son quienes proporcionan los datos, la sabiduría y el conocimiento, y los alumnos son receptores, conduce a un estado en que los niños son aprendices cada vez más pasivos y sus procesos creativos se van reduciendo lentamente, cuando ven que el aprendizaje es simplemente una cuestión de correcto o incorrecto y que el maestro les va a dar lo que necesiten.

Eso hace que pierda ese sentido mágico de poder con el que nacen y que es clave, puesto que proporciona el impulso para el verdadero aprendizaje, para el sentido de pertenencia y de la propia valía, y lo que es más importante, proporciona la confianza para evolucionar y para relacionarse activamente con el mundo.

El papel del maestro

Se nos ha hecho creer que los niños solo pueden aprender si están sentados ante un maestro dinámico. Esto presupone que que te cuenten algo es el punto álgido del aprendizaje. No se puede negar que un maestro ameno siempre es mejor que uno gris y monótono.

Un buen vendedor normalmente consigue la venta, pero si el producto es lo suficientemente atractivo y uno lo desea de todas formas, se sabe que se va a comprar antes de entrar en la tienda.

Si dependemos de los maestros para que nos entreguen el aprendizaje, ¿por qué la mayor parte del aprendizaje humano tiene lugar antes los tres años, antes de que seamos conscientes de que existen escuelas, y antes de que aparezcan los maestros?

Los docentes constituyen una parte esencial del proceso de aprendizaje. Su pasión, profesionalidad y experiencia son vitales en cualquier escuela que funcione, pero nuestra obsesión porque ellos sean los mediadores de todo aprendizaje es errónea.

Un sendero propio

He visto muy a menudo a un maestro inspirar a un alumno para que aprenda y luego que ese mismo chico, con otro maestro de un estilo dis-tinto, desconecta por un choque de personalidades.

Con frecuencia, he visto a chicos que sacaban muy buenas notas y avanzaban mucho cuando tenían delante un buen maestro, y luego lo pasaban muy mal en la educación superior porque les correspondía a ellos la responsabilidad de aprender por sí mismos y no sabían cómo hacerlo.

Los maestros pueden abrir puertas, pero los senderos deben tener su propia magia.

Los maestros verdaderamente buenos poseen la habilidad de inspirar interés y luego crear un aprendizaje que permita que los chicos exploren, cuestionen y descubran por sí mismos.

Los grandes maestros inspiran y luego dan poder y autonomía a sus aprendices.

Nuestro trabajo como educadores es garantizar que nuestros alumnos sepan que son responsables de su aprendizaje y que son ellos quienes tienen el poder para controlar su propia vida.

En Grange no queríamos que nuestros chicos "se portaran bien" porque se les ordenaba, sino porque ellos querían.

Igualmente, queríamos que aprendieran porque querían aprender y no deseábamos que dependieran del maestro para llevar a cabo ese aprendizaje.

Si uno va a la escuela que cubre todas las etapas educativas, incluida la educación infantil, se observa un patrón curioso. En la guardería a los niños se les permite un alto grado de independencia, ellos mismos seleccionan las actividades y exploran las formas, el espacio, el color, la comunicación, la reptición de motivos y patrones. No están sentados ante un maestro escuchando. Saben intrínsecamente cómo aprender, exploran, cuestionan y evolucionan.

Si se pasea por la escuela primaria o elemental, se ven menos pruebas de esto hasta que, finalmente, se ve al maestro de pie ante los alumnos hablando. No estamos promoviendo estrategias de aprendizaje autónomo, casi las estamos suprimiendo.

Para que los chicos se conviertan en aprendices expertos, debemos trabajar con ellos para ayudarles a comprender sus instintos y habili-dades naturales para aprender y ayudar a que los desarrollen, de forma que puedan utilizarlos a lo largo de su vida.

De esa manera, ellos no solo contribuyen al proceso de aprendizaje, sino que van definiendo las habilidades que ponen de manifiesto la iniciativa, el pensamiento innovador, la forma creativa de resolver problemas y la autonomía, elementos todos que ahora se hallan ausentes entre nuestra fuerza de trabajo.

Por desgracia, a veces el aprendizaje "correcto" va contra nuestro instinto natural.

Cuando nuestro hijo se debate buscando una respuesta, todos somos culpables de dársela sin esperar que la encuentre por sí mismo. Cuando oímos a nuestro hijos leer en casa y chocan con una palabra que no conocen, casi como un acto reflejo se la decimos, cuando deberíamos animarles a usar las claves que tienen a su disposición para encontrar la solución: "Inténtalo. ¿Te ayuda el dibujo? Lee el resto de la frase para ver qué palabra encajaría para que tenga sentido".

Cómo aprender y cómo vivir

Por tanto, es esencial que en el núcleo del programa de estudios de cualquier escuela se sitúe la reflexión sobre cómo aprendemos y cómo vivimos. No tenemos que construirles la casa, podemos darles las herramientas que nosotros les hemos ayudado a usar, de forma que se la construyan ellos mismos de una manera tan creativa como les apetezca.

Aunque esto parezca una tarea hercúlea, incluso abstracta, no lo es. Ayudar a los niños a comprender cómo pueden aprender mejor, no solo consiste en desarrollar destrezas y competencias, también tiene mucho que ver con comprender cada vez mejor cómo el bienestar personal, el entorno y la salud pueden afectar a nuestra disposición y capacidad para aprender.

Aprender con sentido

Aprendí a andar para poder llegar hasta la lata de galletas. Aprendí a conducir para poder ir a sitios sin que se enteraran mis padres... Tal vez sea egoista, pero la educación debe respoder a la pregunta que se formulan nuestros alumnos: ¿qué saco yo con esto?

El aprendizaje debe ser placentero, memorable e importante.

Para saber más

Texto extraído y adaptado de Crear hoy la escuela de mañana, de Richard Gerver (SM)

Richard Gerver es profesor y dirigió la escuela de primaria Grange hasta convertirla en una de las más innovadoras del mundo. También fue asesor de política educativa del Gobierno británico.

Este libro divide en dos partes el análisis del sistema educativo actual. En la primera aparecen las reflexiones y en la segunda la experiencia. En ambos lados encontramos uno de los principales mensajes de la obra: el verdadero aprendizaje se basa en la autonomía, en la responsa-bilidad y en el placer de aprender.

El mejor ejemplo de cómo hacerlo culmina en Grangetown, una verdadera ciudad gestionada por los propios alumos de la escuela de primaria Grange. El resultado fue de una asombrosa complejidad: un sistema político propio, un museo, un centro de medios de comunicación, varias tiendas y hasta una universidad.

Pero el éxito más extraordinario fue que los niños sintieron que la escuela les pertenecía, que tenían la confianza, que eran capaces de salir al mundo. Como dice Richard Gerver:

"La educación no es un rito iniciático... Para que sea real debe tener significado, ha de hacernos sentir mejor con nosotros mismos y contribuir a que nos convirtamos en personas más completas."

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